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Archivos Mensuales: diciembre 2008

A mí la navidad me la sopla un poco bastante, pero hay que reconocer que algunos se curran muchísimo las felicitaciones, y ya que se toman la molestia de acordarse de uno y enviármelas, pues eso…

Emma Rios:

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Victor Santos:

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Antoni Garcés:

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Desde aquí, muchas gracias a los tres y mis mejores deseos de cara al año que viene para vosotros también (guiño, guiño, codazo, codazo).

Después de un 2008 de lo más movidito, con la publicación de Dionisia Pop! a principios de año y la de Antifuente a finales, más unas cuantas cositas repartidas por ahí, el inminente 2009 se presenta con una lista de proyectos que, si acaban materializándose (ya sabéis cómo funciona esto…), promete ser vertiginoso.

Adelanto aquí los más o menos cerrados:

* La Memoria Invisible. Hiper-surrealista novela gráfica de la que ya he hablado por aquí, dibujada por Ernesto Rodríguez y a editar por Viaje a Bizancio Ediciones hacia mitades de año.

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* Tierra Hueca. Serie limitada de cómics breves, deconstructivistas, ultraviolentos, iconoclastas e hipersexuales, en 6 números, con dibujo de Pablo E. Soto. También en Viaje a Bizancio y con fecha aún por confirmar.

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* Hierático. Novela. Una pulp fiction desbocada a editar por AJEC a finales de 2009, de la que os adelanto una primera sinopsis:

Barcelona, en algún momento a principios del siglo XXI. La ciudad, tras la subida del nivel del mar provocada por la fusión de los polos terráqueos, es ahora un inmenso cenagal anárquico poblado por pervertidos, traficantes, gurús alternativos y toda la escoria que dejó atrás el éxodo posterior a su anegamiento.

El hogar ideal para Aitor Estebowsky, un detective homosexual, decrépito, adicto a las drogas, el alcohol y el sexo. Expulsado con deshonor de La Compañía, la mayor organización de contraespionaje mundial, el detective consume sus días en este pantano futurista entre la desesperante falta de clientes y sus devaneos por RealKonsens, un simulador social on-line en forma de realidad alternativa no mucho más agradable que la realidad formal.

Pero todo cambiará cuando Aitor reciba la visita del coronel Pascual El Lagarto Larraz, quien trae consigo un encargo imposible de rechazar: La Compañía ha perdido en Barcelona la pista a algo llamado “El Demótico”, un artefacto neurolingüístico extraterrestre que puede ser la última esperanza de la humanidad de salir de este planeta Tierra condenado a muerte; y el ex-operativo de campo Estebowsky, por sus contactos y sus peculiares inclinaciones, es el único cualificado para encontrarlo.

Poco se imagina el malogrado héroe accidental, sin embargo, que en sus pesquisa se verá obligado a enfrentarse a ejércitos ninja, fantasmas del pasado, muertos vivientes lotófagos, villanos de serie B y conspiraciones dentro de conspiraciones dentro de conspiraciones capaces de volver del revés la cordura de cualquiera.

Como el mismo Aitor Estebowsky bien dice: “maldigo a los profetas porque aún no se ha inventado la máquina del tiempo que me permita volver atrás, al momento justo antes de decir que sí y estrecharle la mano al Lagarto, para pegarme un tiro por gilipollas”.

En Hierático, Fco. Javier Pérez (autor de Dionisia Pop! y Antifuente) pervierte y retuerce los mecanismos y lugares comunes de las antaño populares novelas “de a duro” para dar a luz a una obra que es tanto una actualización como un homenaje a éstas, un ejercicio de revisionismo como una parodia psico-sexual. Desopilante, explícita, alucinada, clásica sólo en la forma… Una Pulp Fiction no apta para todos los públicos.

* Napalm Satori. Poemario anarco-zen-futurista en que éste, vuestro servidor, desnuda sus inquietudes como nunca antes lo había hecho, y precisamente por eso una de las cosas que más miedo me da que vean la luz. Ediciones Efímeras la publicará, en digital y bajo licencia Creative Commons, durante el primer trimestre del año. Podéis leer alguna de las piezas incluídas en el libro aquí y aquí.

* Hoppalong Avalon. Otra preciosa novela gráfica, dibujada por Oriol Roca, sobre la vida, milagros y miserias del mejor cowboy de todo Marte. Ese es el guión que me ha traído loco estas últimas semanas, perdido en el mundo de brillantísimos colores que pinta Oriol mientras las horas se consumían entre reflexiones en blanco sobre negro acerca de la raíz del fanatismo religioso, a lomos de una pulga gigante y luchando contra hordas de Umpa-Longs sedientos de sangre mientras cartografiaba un Planeta Rojo que cualquier día de estos podría facilmente llegar a existir. Un infantiloide y a la vez enfermizo viaje de ácido a ninguna parte, que también verá la luz en Viaje a Bizancio en algún momento.

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Y, por ahora, esto es lo que puedo contar.

Seguiremos informando.

Tengo el firme propósito de pasar unos días alejado de Internet, descansando mientras me recupero de una amigdalitis del todo inoportuna y del palizón que me he dado con el guión del que pronto comentaré algunas cosas aquí.

Por ahora, sólo lo nuevo de Mudhoney:

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Y un clásico de Peter Straub:

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Stay Tuned!

La doctrina del Destino manifiesto (en inglés, Manifest Destiny) es una frase e idea que expresa la creencia que los Estados Unidos de América (EE. UU.) está destinado a expandirse desde las costas del Atlántico al Pacífico, también usado por los partidarios, o para justificar, otras adquisiciones territoriales. Los partidarios del Destino manifiesto creen que la expansión no solo es buena sino también obvia (manifiesta) y certera (destino). Se ha comparado frecuentemente con la expansión no internacionalista del socialismo marxista, impuesta por Stalin en la Unión Soviética, con la que guardaría cierto paralelismo.

Tal como yo lo veo, es imposible no hacer referencia a la doctrina del Destino Manifiesto si se va a escribir una historieta de vaqueros, que es precisamente en lo que ando enredado ahora mismo… (Más detalles, próximamente. De momento, quedáos con este credo y hacedme saber si aún veis algo bonito o heroico en la figura arquetípica del Cowboy… Y tiene cojones que raje de esto alguien que de pequeño quería ser Clint Eastwood…)

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Para Marta

Un témpano en las entrañas sacude la cáscara de los días de forma que 48 horas son 24 más de ataraxia de las que necesitamos-por eso la infestación se reduce al momento en que el Punto Omega es el garabato en el líquido ocular que está ahí-en broma Schrodinger-sólo cuando nos apetece acordarnos de mirarlo-el ojo que se mira a sí mismo-la palmada de una sola mano-el diente que se muerde a sí mismo-el sonido del árbol al caer en un bosque vacío-la ciencia de nuestro amor es un canto elíptico-un proceso vírico-cariño-que nos ancla a la cama como un punto y aparte a pesar de los buenos y malos momentos-la cáscara quiere escribirte sonetos con esquema de fanfarria que celebren ese ardor por ti en mis tripas-capaz de deshacerlo todo como un Sexo Omega es capaz de licuar lo peor de las discusiones que aún nos quedan por llegar-pero los ojos de espejo te miran y reflejan así a lo vivo como en la tierra-eres más alta de lo que cabía prever-y en las 24 horas de frío de estos días que ya no son tan enemigos-24 horas que nos sobran hasta el fin que recarga un principio que recarga un fin como la vigilia recarga al sueño que recarga la vigilia-te celebro porque sí.

Esto es lo que vengo intentándole hacer entender a todo el mundo desde hace mil años, sólo que aquí lo explican mucho mejor (y, sobretodo, con menos tacos) de lo que yo pueda hacerlo jamás. Un video imprescindible. Aprendéos de memoria la argumentación y os aseguro que este año trinufaréis en las cenas familiares de navidad.

O, como me pasa a mí cada vez que saco el tema, os echarán a patadas. Lo cual ya es, en sí mismo, un triunfo.

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Un primer vistazo a La Memoria Invisible en forma de una de las ilustraciones que Ernesto Rodríguez, mientras dibuja, monta y colorea las páginas del cómic, se curra para ponerme (y ojalá poneros) los dientes largos.

(Sí, Trinidad, el protagonista de la historia, es un travesti anoréxico poseído por la visión helénica de las Moiras del Destino…)

Esto va a ser grande, muy grande.

Pues sí, ya he vuelto del Expocómic. Y se supone que, ahora, debería actualizar el blog con una sesuda y emocionada crónica de lo que vi, viví y sentí durante esos dos días de masajes de ego y sensaciones nuevas asociadas al hecho de vestir, por primera vez en la vida, el disfraz de autor-promesa en un entorno tan agasajador y mucho menos hostil de lo que esperaba como es una convención de editores, autores consagrados y aficionados al cómic en la mismísima capital del reino de España.

Pero… ¿Cuándo he hecho yo precisamente lo que se espera de mí? Creo que la última vez fue en mi primer año de parvulario…

Así pues, ésta va a ser una entrada más bien corta, apenas una lista de agradecimientos. Es lo que tiene ser post-moderno y prestarle atención a esas voces en tu cabeza que proclaman que tu mierda, a diferencia de la mierda del común de los mortales, no huele.

Quisiera empezar dándole las gracias a mi editor, José María Carrasco, por los mimos y las atenciones y las risas, y por presentarme a lo mejorcito de este mundillo. A Javier Esteban, por confirmarme que es mi gemelo maligno, del que me separaron al nacer. A Pily B., que se pasó por el stand a regalarnos una sonrisa preciosa y tanta sabiduría, que no sé cómo coño la mete en esa cabecita. A Gerard y Daniel, de Planeta, por ser como son y tratarme como si fuesemos colegas de toda la vida (aunque sospecho que son tan buena gente que tratan a prácticamente todo el mundo de esa manera…). A Lorenzo Pascual, de Diábolo, y Álex Ogalla, de la Revista Cthulhu, dos tipos que viven entregados a lo que hacen. A la gente de Aleta Ediciones, por el cachondeo y la camiseta de Watchmen. A los Canibalibro, que me dejaron sin palabras. A Sergio Ortiz, de Saturno, por abrir la puerta a algo con muy buena pinta. Y a Carlos Pacheco, por ser un puto mito con patas y tener más clase en una uña del pie de la que yo tendré en mi vida.

Y alguno de vosotros dirá “¿de verdad esto lo está escribiendo Fco. Javier Pérez?” “Pero, ¿este hombre es capaz de sentir emociones humanas y dar las gracias a toda esa gente?” “¿Tan bien se lo pasó?” “¿Dónde está el odio al que nos tiene acostumbrados?”. A lo que sólo puedo responder que yo soy el primer sorprendido. Que sí, que me creo en la obligación de agraceder públicamente a esa lista de personas de un poco más arriba el haber pasado un fin de semana del que me acordaré siempre (sobretodo, por las implicaciones: todo ese rollo de vestir el disfraz de autor-promesa y tal…). Y que todo mi odio durante esas 48 horas se encarriló, básicamente, hacia la “parejita” de Dreamers, con los que mi editor compartía stand: un par de impresentables nada profesionales que estaban allí como al que le subvencionan una segunda luna de miel, jodiendo por omisión a sus compañeros, y casi matándome de hambre (ya está… si no lo digo, reviento…).

Más o menos, eso es todo lo que voy a contar de mi Expocómic. Así, en dos brochazos y sin fotos ni nada. Ahora, de vuelta al trabajo, a la rutina y a la enfermedad mental en ciernes.

Ride on!