ESTAMOS DE VUELTA (bueno… más o menos…)

Pues sí, ya he vuelto del Expocómic. Y se supone que, ahora, debería actualizar el blog con una sesuda y emocionada crónica de lo que vi, viví y sentí durante esos dos días de masajes de ego y sensaciones nuevas asociadas al hecho de vestir, por primera vez en la vida, el disfraz de autor-promesa en un entorno tan agasajador y mucho menos hostil de lo que esperaba como es una convención de editores, autores consagrados y aficionados al cómic en la mismísima capital del reino de España.

Pero… ¿Cuándo he hecho yo precisamente lo que se espera de mí? Creo que la última vez fue en mi primer año de parvulario…

Así pues, ésta va a ser una entrada más bien corta, apenas una lista de agradecimientos. Es lo que tiene ser post-moderno y prestarle atención a esas voces en tu cabeza que proclaman que tu mierda, a diferencia de la mierda del común de los mortales, no huele.

Quisiera empezar dándole las gracias a mi editor, José María Carrasco, por los mimos y las atenciones y las risas, y por presentarme a lo mejorcito de este mundillo. A Javier Esteban, por confirmarme que es mi gemelo maligno, del que me separaron al nacer. A Pily B., que se pasó por el stand a regalarnos una sonrisa preciosa y tanta sabiduría, que no sé cómo coño la mete en esa cabecita. A Gerard y Daniel, de Planeta, por ser como son y tratarme como si fuesemos colegas de toda la vida (aunque sospecho que son tan buena gente que tratan a prácticamente todo el mundo de esa manera…). A Lorenzo Pascual, de Diábolo, y Álex Ogalla, de la Revista Cthulhu, dos tipos que viven entregados a lo que hacen. A la gente de Aleta Ediciones, por el cachondeo y la camiseta de Watchmen. A los Canibalibro, que me dejaron sin palabras. A Sergio Ortiz, de Saturno, por abrir la puerta a algo con muy buena pinta. Y a Carlos Pacheco, por ser un puto mito con patas y tener más clase en una uña del pie de la que yo tendré en mi vida.

Y alguno de vosotros dirá “¿de verdad esto lo está escribiendo Fco. Javier Pérez?” “Pero, ¿este hombre es capaz de sentir emociones humanas y dar las gracias a toda esa gente?” “¿Tan bien se lo pasó?” “¿Dónde está el odio al que nos tiene acostumbrados?”. A lo que sólo puedo responder que yo soy el primer sorprendido. Que sí, que me creo en la obligación de agraceder públicamente a esa lista de personas de un poco más arriba el haber pasado un fin de semana del que me acordaré siempre (sobretodo, por las implicaciones: todo ese rollo de vestir el disfraz de autor-promesa y tal…). Y que todo mi odio durante esas 48 horas se encarriló, básicamente, hacia la “parejita” de Dreamers, con los que mi editor compartía stand: un par de impresentables nada profesionales que estaban allí como al que le subvencionan una segunda luna de miel, jodiendo por omisión a sus compañeros, y casi matándome de hambre (ya está… si no lo digo, reviento…).

Más o menos, eso es todo lo que voy a contar de mi Expocómic. Así, en dos brochazos y sin fotos ni nada. Ahora, de vuelta al trabajo, a la rutina y a la enfermedad mental en ciernes.

Ride on!

1 comentario
  1. Joder, pues sí que cambias… Eres un blando, un braga y un jodido abrazafarolas. Pero bueno, muchas gracias por mi parte, y todo sea por el convencimiento que en algo no nos equivocamos. Para más adelante, más.
    ¡¡Vencereeeeeeeeemos!!

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