EL MANICOMIO ARMADO

Contemplando la mortalidad ajena como una secuencia de unos y ceros. Circuito abierto y circuito cerrado y está todo tan a mano: desde el cuchillo, un poco demasiado grande para servir a una cotidiana función aparente, que descansa sin usar en el cajón de los cubiertos, a las bombas de racimo que vaya usted a saber de dónde salen porque nadie admite abiertamente fabricarlas. Digamos que hay una mujer a la que no conocías, pero que por lo visto sí te conocía a tí, a la que acaban de asesinar en un bar my cerca de casa. Dicen tus fuentes: alguien estaba preocupado porque la mujer no volvió a casa después de su turno y le pidió a una tercera persona que se acercase al bar a echar un vistazo; la Tercera Persona encuentra a la Mujer a medio degollar, con la cabeza partida sobre la barra y es una amasijo eviscerado sobre el proverbial charco de sangre. Una desagradable historia real. Los rumores, a partir de ahí, se magnifican. El asesinato ha salido en el telediario y en los periódicos, lo cual sublima el rumor y lo oficializa. Aún así, ni tus fuentes ni los periodistas tienen ni puta idea de lo que ha pasado. Siéntate a reflexionar: ¿habías oído hablar alguna vez de la Mujer? Creo que no… si la llegaste a conocer, fue durante tu periodo cubista, el de las borracheras suicidas y los malos polvos con la que ahora es una ex a la que incluso por aquel entonces te daba pereza guardarle rencor… ¿No están todas estas calles repletas de putas cámaras de vigilancia (en el banco de al lado, en la fachada de enfrente, sobre el cruce de calzadas, en la farmacia de un poco más allá)? Sí, pero nadie ha visto nada… Como dicen: pueden sembrarlo todo de videovigilancia, pero no pueden evitar que los encargados de mirar al monitor se dediquen a jugar al Doom o hacerse pajas en lugar de hacer su trabajo… ¿Alguno de los sospechosos habituales de moda: violencia de género, robo desproporcionado, ajuste de cuentas? Mis unidireccionales fuentes dicen que no había problema con la actual pareja y que los que tenía con la anterior estaban ya más que olvidados, que el asesino revolvió la caja registradora y no se llevó nada… pero últimamente se ven cosas muy raras por el barrio… Está ese gilipollas que también tiene un bar y que va siempre pasadísimo de coca y gritando que le persiguen y que lleva un machete escondido en el bolsillo interior de la chaqueta… Está el anormal que apuñaló a otra mujer en esa misma esquina hace dos meses… Está el veterano de la Guerra Civil que farda de tener una Luger aún funcional en  la mesilla de noche y que se caga en Zapatero y todos nosotros, artistillas pelanas y maricones, a poco que le den oportunidad… ¿No estás divagando un pelín? Es posible… ¿No será que ayer tuviste otro ataque de ansiedad y ahora dos hechos ailados conectan y buscas un exorcismo? Es que… ¿Te importa realmente la muerte de la Mujer? ¿O es que ésta es un grumo de terror salpicado a la página en blanco en el procesador de textos de tu día a día y te toca de cerca y te altera y, en cierta morbosa manera, te lleva a una catarsis de bajo rango? Eres un poeta de mierda.

Un Jodido Egoista.

Sí, pero los egoistas y los cobardes tendemos a sobrevivir. Nuestra tasa de mortalidad es increíblemente baja y nos vanagloriaríamos de ello más a menudo si no estuviésemos escondidos y somos tan tristes y pequeños y damos tanto asco que, claro, también pagamos un precio: a veces mirarse al espejo puede ser una forma de sutil tortura que vuelve el cuarto de baño de nuestro encierro solipsista una zona caliente de escombros morales y angustia.

Qué Excusa Tan Barata.

La aleatoriedad de la mortalidad ajena es, en un tanto por ciento muy elevado de ocasiones, no tan aleatoria. Puede que no veas la pauta de unos y ceros, pero algún otro mecanismo externo, créeme, puede hacerlo por ti. Aplica un poco de sana paranoia de supervivencia y verás el barrio como territorio sitiado. Un manicomio armado por el que caminas, despreocupado, una mañana de viernes cualquiera. Todos culpables y al acecho. Vivir así no puede ser bueno para la cordura de nadie, joder.

(Por cierto: todo esto es verdad. La Mujer se llamaba Elena. Aprovecho este espacio para dar el pésame a sus familiares y amigos. Y espero que lo aquí escrito no se interprete como nada más que lo que es: una divagación subjetiva entorno a incidente cercano y que, precisamente por eso, subjetivamente, merecía algo más que una cutre reseña en la sección de sucesos de un periódico on-line)

2 comentarios
  1. Ernesto dijo:

    buenísimo!

  2. Míriam dijo:

    Gracias por escribir algo así, Elena se merecía algo más que ese macabro final reflejado en tan sólo 10 línias de un triste periódico digital, como tu dices. Me ha removido un poco la mierda que siempre hace emerger una muerte, pero joder, el texto es buenísimo y salpica muchas verdades…
    En cuanto al barrio…como decía Isi, tiene que haber un puto cementerio indio ahí debajo que hace enloquecer a los que estais, estuvimos y estarán…Dudo que se pueda reunir tanta patología en tan pocas calles 😛

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