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Archivos diarios: 10 marzo, 2009

Los Colores Subliminales cogieron sus cosas y se fueron: eran pequeños y estaban ansiosos por descubrir el mundo más allá de las relaciones que los coartaban. Bizarro: querían helados tutti-fruti con los que desbaratar los tonos intermedios, fractales, que les dejaban fuera de la pureza. Una pureza de la especie, eso anhelaban: los Colores Subliminales se dejaban entrever en oficinas y despachos, lugares de aire anquilosado cuyos habitantes paladeaban el aire fresco de los días de lluvia como un organismo intruso que hacía peligrar sus respectivas rutinas (sí, sí, como K, el de El Proceso). La rutina, la sacrosanta rutina: herejía: con la suficiente cantidad de rutina, con las suficientes horas, días, meses, años, décadas, lustros, siglos, eones… se podría, teóricamente, llegar a predecir el futuro, ya que cada mes sería igual al anterior, cada día igual al anterior, cada hora idéntica a las doce previas. Caos: eso no existe, siempre que todo sea lo mismo y los Colores Subliminales se sigan encargando del trabajo sucio.

Pero los Colores Subliminales cogieron sus cosas y se fueron: la falda de Fátima fue un poco menos roja durante un momento, lo difuminado en los tonos eléctricos de los neones al reflejarse en el vómito del gato del Agente Naranja ocupó los cuadros vacíos de negro. Una retícula: como ver el exterior viñeta a viñeta.