archivo

Archivos diarios: 20 marzo, 2009

“Los legisladores que han autorizado esto, hace unos años corrían o decían que corrían delante de los grises. Sólo espero que los chavales que corrían ayer no sean los legisladores de mañana.”

El caso que estas palabras han salido de la boca de alguien que acaba de finalizar sus estudios en la misma facultad que ayer los Mossos d´Esquadra, esa para-policía pintona que tenemos en Catalunya, desalojaron con, desde luego, mucha más saña y tesón que los que aplican, por decir algo, a la investigación interna de los montones de acusaciones de malos tratos en el interior de sus comisarías que se acumulan día sí y día también.

El caso es que esta misma fuente (vamos a ponernos periodísticos aquí), pregona que muchos se lo merecían. Que la mayoría de los que estaban en el desalojo, plantándoles cara a los antidisturbios y blandiendo en alto sus cuadernos, al grito de: “nosotros tenemos libros, ¿vosotros qué tenéis” (consigna declamada en perfecto catalán con precioso acento de Pedralbes, dicho sea de paso), son gente que se caracteriza, precisamente, por no haber abierto un puto libro en toda la carrera, chavalines con su pose neo-hippie a cuestas, la de “anarquía y cerveza fría”, esos que babean con las portadas de FHM pero no les queda más remedio que acostarse con chicas de sobacos peludos mínimamente afines a la ideología-de-ligoteo a la se han visto obligados (por falta de inteligencia, de autoestima, de presencia, de lo que sea…) a adherirse. Dice mi fuente, como un paréntesis que es más bien un punto y aparte, que una de las personas que acampaban en la ahora infame facultad es la hija del mismísimo Aleix Vidal-Quadras.

Llegados a este punto, tengo que darle la razón a mi fuente. Puede que se lo mereciesen, después de todo. ¿No sois estudiantes “en lucha”? Pues luchar, básicamente, consiste en partir y que le partan la crisma a uno muchas veces. Atención, sin embargo, aquí, al condicional. “Puede” que se lo mereciesen. Sobre esto, cada cual tendrá su opinión. Y espero que la mía haya quedado más o menos clara.

Pero uno ve las imágenes de la televisión, que luego confirma en tres o cuatro sitios de Internet “de confianza” (esto es el siglo XXI, colegas; el que se queda con una sola versión de la historia, hoy, es porque es directamente gilipollas), y ahí tenemos a un crío de diez años con la barbilla abierta a golpe de porra, a un periodista sangrando, a una familia que pasaba por allí, papá, mamá y los niños, acorralada y muerta de miedo, a otro periodista sangrando y, espera un momento, otro periodista herido más… Uno ve a los agentes de policía antidisturbios, con las porras bien duras y los ojos inyectados de lujuria y ese meneo pélvico con el que acompañan cada golpe… Uno recuerda que una vez se estuvo documentando, y ya se escandalizó entonces de que las pruebas de acceso a los Mossos d´Esquadra fuesen muy duras en lo físico pero muy poco en lo intelectual, gracias a lo cual uno ve ahora a los Mossos como skinheads medio retrasados, pero guapos y en forma, utilizados como herramienta de una política que ni comparten ni entienden (cierta tarde, oí de pasada a un Mosso decirle a su compañero “¡Nah!… que les den a esos putos catalufos”, después de haber atendido a una pareja de catalanitos de pro que pedían indicaciones para llegar a la boca de metro más cercana). Y no hablemos del miedo atávico y nada accidental al que apelan esos uniformes perfectamente diseñados por las cabezas pensantes del “govern”…

El caso es que éste es de esos asuntos en que, a pesar de tener la borrosa certeza de que TODO está mal y sentir la necesidad de escribir al respecto, el que escribe acaba por enmarañarse en lo relativo. Mientras una parte de él clama “¡Sedición! ¡Sedición!” y propone ir a la guerra, de verdad y sin chorradas, ir a la guerra y que los estudiantes a los que el Plan Bolonia va a joderles el asunto a base de bien (los que son, y los que serán) asalten comisarías y hagan volar por los aires coches patrulla, y que la policía se militarice y secuestre y encarcele a los disidentes como presos políticos, otra parte se encoge de hombros en un que les den a todos y, total, cualquier día de estos habrá otro partido de fútbol importante y todo se olvidará, y una tercera parte se caga de miedo porque los relativistas como él, los descreídos como él, los panolis con la boca demasiado grande y acceso a un teclado y una red de datos como él, son los primeros en caer cuando estalla un conflicto abierto y la cosa se pone seria. También hay una cuarta parte, que se empeña en defender que las cosas se harán de forma civilizada y que habrá una investigación interna de la policía y una declaración de repulsa de lo acontecido por parte de los poderes fácticos y que los estudiantes, al menos, tendrán algo chachi que explicarle a los nietos; pero esa parte, aunque acierte a veces en sus predicciones, se equivoca de plano en la mayoría, así que el que escribe le baja el volumen al mínimo y sigue tecleando, no vaya a ser que nos acusen de ser políticamente correctos.

En definitiva, todo esto no es más que otra opinión innecesaria al respecto de lo que pasó. Y es parcial, claro que sí. Y no conduce a nada (o sí, dependiendo de cuánto hayáis decidido leer entre líneas o, directamente, malinterpretar). Y es que el hecho que ha “conmocionado a la opinión pública” es tan simple como que ver a hombretones armados e idiotas, cargados de órdenes, razón o no, apaleando ya no sólo a manifestantes idiotas, cargados de consignas vacías, razón o no, sino también a civiles y a la sacrosanta condición de comodín de los representantes de la prensa, es un montón de mierda que se aleja demasiado de esa idea de plástico, y tan preciosa como absurda, que es el estado del bienestar, la democracia y el consenso. Da rabia, da miedo, o pone cachondo, pero desde luego no debería dejar indiferente. Si es así, ya podemos ir haciendo las maletas, porque nos vamos todos a tomar por el culo, silbando de cabeza al infierno, pero ya.