CÓMO EL MUNDO SE CONVIRTIÓ EN UNA CORPORACIÓN

…y cómo recuperarlo.

LIFE inc., el nuevo libro del imprescindible Douglas Rushkoff, pinta así de bien:

“Fui atracado en navidades.

Estaba frente a mi apartamento de Brooklyn, sacando la basura, cuando un hombre me apuntó con una pistola y me dijo que vaciase los bolsillos. Le di mi dinero, la cartera y el teléfono móvil. Entonces -recordando algo que había visto en una película sobre negociadores de rehenes- le supliqué que me dejase quedarme con la targeta del seguro médico. Si era capaz de humanizarme a mí mismo ante su percepción, pensé, se sentiría menos propenso a matarme.

Él aceptó mi exposición sobre cuánto me costaría conseguir asistencia médica sin la targeta, y me la devolvió. Ahora éramos nosotros dos contra el establisment, e hicimos algo parecido a un trato: a cambio de su piedad, yo no le denunciaría -incluso aunque le había visto la cara clarísimamente. Estuve de acuerdo, y él salió corriendo calle abajo. Yo, como un imbécil, mantuve mi parte del trato, por muy coercionado que éste hubiese resultado, durante unas cuantas horas. Como si de verdad creyese en que se pueden cerrar tratos a punta de pistola.

Mientras tanto, posteé una nota sobre mi extraña y aterradora experiencia en la Park Slope List -una comunidad de Internet para madres, voluntarios de ONGs y otros izquierdistas, dedicada al cuidado de la salud y el bienestar de sus familias y de su decididamente progresista y aburguesado barrio. Parecía lo más responsable que hacer en aquel momento, y supongo que, en parte, también acudí allí en busca de consuelo y apoyo.

Increíblemente, los dos primeros emails que recibí eran de gente enfandada porque en mi post había escrito el nombre de la calle en la que el crimen se había cometido. ¿Es que acaso no era consciente de que esa clase de publicidad adversa iba a afectar necesariamente al valor de nuestras propiedades? ¡El “mercado de vendedores” ya estaba lo suficientemente difícil!”

Porque, como dijo el bardo, no todo tiene por qué tener un puto signo de dolar pintado encima. Y ya va siendo hora de que las verdaderas mentes pensantes de este agujero del infierno en que hemos convertido a la sociedad occidental, salgan ahí fuera y lo cuenten.

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