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Archivos Mensuales: octubre 2009

El Anciano está intubado y Yago en el agujero. Un mono que mira raro, este Yago, subido a su escalera y bajando. Huele a azufre, un poco a lo Dachau. Langostas como aeroplanos de una Ciencia Ficción que no escribo chocan contra los cristales. Al perro del nuevo vecino de la acera de enfrente le han salido dos cabezas extra. Piensa mitológicamente, actúa como si no pasase nada. Un grupito de estorninos tísicos picotean ahora la piel muerta tras la metamorfosis del chucho.

El lunes, como dijo el bardo, la Tierra murió gritando. Mientras yo soñaba contigo.

El infierno, por lo visto, según la radio y esta somera información directa de miércoles, está lleno. Por eso los muertos vuelven a la vida y echan tragos de agua de las calaveras rebosantes de lluvia de aquellos que no tuvieron la suerte de llegar después del overbooking definitivo. Se reparten los despojos con las hormigas, que están ahí, bien y atentas y fuertes y en formación cerrada. Todas las plazas son la Plaza de los Bichos.

Como dijo el bardo, la Tierra murió gritando. Mientras yo soñaba contigo. Una buena forma de decantar, anestesiado, al final.

Espera… Tres rayos, un trueno. Otro trueno. Lejos, otro. Las estrellas se fundieron anteayer. Así comenzó. Temen que la luna caiga en cualquier momento. Lluvia, luego granizo, luego meteoritos, luego cemento al azul vivo. El día de furia, en pausa entre el paréntesis de dos titulares. Los supervivientes se parecen todos a oficinistas Michael Douglas con pistolas de pintura. Y es que el paintball estuvo de moda justo media hora antes del final. Lo último que abandonaremos, cariño, es la estética. Ojos rojos de barro. Cara de poker con quemaduras de tercer grado. Es tendencia con todas las tendencias caducadas ya.

Lo peor es que, como dijo el bardo, la Tierra murió gritando. Mientras yo soñaba contigo. Una buena forma de decantar, anestesiado, al final. Seguro que fue un buen sueño. Lástima que no me acuerde.

Como ya sabréis, o como mínimo sospecharéis, yo no soy muy de adherirme a iniciativas. Pero hoy voy a hacer una excepción. Voy a sumarme a este “La Ciencia en España No Necesita Tijeras” porque por lo visto es la única forma de que tú o yo podamos mostrar lo que nos indigna y hacernos eco de una situación contextual inmediata totalmente bochornosa. Está claro que la democracia no funciona (y hace siglos que no funciona), que aquí mandan los de siempre y son tíos gordos que fuman puros y llevan gafas de sol horribles, y que muy pocos o ninguno están interesados en que el mundo se mueva hacia adelante. Aun así, tú y yo tenemos a Internet. Y eso gracias a cierta ciencia.

Me adhiero a este asunto, y espero que éste pueda realmente provocar una reacción, porque soy uno de esos tíos cándidos que ponen su fe en el convencimiento de que en alguna de las páginas de los libros escritos por doctores en disciplinas cuyo sólo nombre causa vértigo al lector medio de la trilogía Millenium, encontrará de una maldita vez una explicación a TODO.

Porque quiero ver el día en que alguien me ofrezca la posibilidad de salir a darme una vuelta por el espacio a un precio módico, y sería bonito que ese tal alguien hablase castellano.

Porque al ser humano, a estas alturas, ya no le corresponde estar en la fase infantiloide en que está y hace una buena temporada que debería haber empezado cierto tipo de evolución. Evolución que no precipitará ningún cura, monje, rabino, ni vendemotos varias, ningún banquero ni político interdependiente de éstos, ningún charlatán contracultural con pantalones de pana, sino la clase científica en general, y aquellos expertos con suficiente imaginación, cojones y libertad de movimientos en particular.

Porque ayer mismo conocí a una chica a la que, por recortes presupuestarios, no le han renovado el contrato de investigación, y me contaba que lo peor es que ahora no puede tener acceso a los robots de unos experimentos con androides que estaba llevando a cabo un colega. (¡Robots, por el amor de Dios! ¡Todo el mundo debería tener libre acceso a sus propios robots!)

Porque quiero, o más bien exijo, el futuro que me prometieron.

Porque sin Ciencia, no hay Ciencia-Ficción. Y entonces sí que estaremos jodidos. Apaga y vámonos.

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