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Archivos Mensuales: noviembre 2009

Desde hoy mismo puede descargarse el doble nº 4-5 de la cuarta época de la decana revista Artifex, que en éste incluye otro de mis relatos más recientes, Supercerdo Antiterrorista. Al respecto del cual, en el breve texto bio-bibliográfico que lo acompaña, se dice que es…

“Una verdadera muestra de ciencia ficción surrealista como se han escrito muy poquitas por estos pagos.”

Ahí queda eso.

(lo que ya no mola tanto es eso que dice el mismo texto un poco más arriba, lo de que “cabe la posibilidad de que el relato no se entienda en absoluto”… Porque sí que se entiende… Va de videojuegos… Está bastante claro, ¿no?..)

Este enorme nuevo número (enorme en muchos sentidos: tamaño, sí, pero también calidad de lo que llevo leído hasta el momento)  puede descargarse, en Pdf y ePub, aquí.

Hace unos días, Santiago Eximeno, entre otras cosas responsable de Ediciones Efímeras, lanzó un guante: a raíz de la publicación de su estupendo Bilis, invitaba a cualquiera con los redaños necesarios a escribir algo similar, esto es, 140 relatos a base de entradas en Twitter, de como máximo 140 caracteres (el límite que marca el portal de microblogging, para los tres o cuatro que aún no lo saben…), que pudiesen ser recopilados después en un volumen a publicar en digital y bajo licencia Creative Commons.

Yo recogí el guante. Porque la idea sonaba bien, y porque me gustan los desafíos, y porque, visto lo visto y vivido esta última semana, empiezo a sospechar que estoy como una puta cabra.

Así pues, me puse a ello. Le di un par de vueltas y decidí que, claro, siendo como soy (tenga usted presente el concepto “como una puta cabra” durante todo el tiempo que tarde en leer este blog, apreciado lector), ya que me ponía, iba a intentar hacer algo como mínimo excitante, fresco, “distinto”. A tales efectos, planifiqué, no una antología, sino una historia con su principio, nudo, desenlace y coda, articulada en 140 entradas también (y aproximadamente) autoconclusivas, en una cuenta en Twitter abierta a efectos, teniendo en mente siempre, además, el hacerlo usando lo que yo creo que es el lenguaje propio del mismo medio, abusando de sus herramientas inherentes, dotando de cierta cualidad poética a cada una de ellas, adaptándolas a esquemas VERDADERAMENTE rizomáticos (y otro montón de puñetas con las que me motivaba a mí mismo de continuo…). ¿Parece fácil? Pues no lo es en absouto. No para mí, al menos, y desde luego no tanto como me parecía que iba a serlo. Lo siguiente han sido días, muchos días, de muchas horas con la vista perdida en la pared para luego sólo teclear 140 caracteres cada vez en una cuenta que nadie seguía, retorciendo y puliendo y quemando neuronas empapadas en cafeína, perdido y encontrado en una paranoia a base de ficción pulp setentera y psicología y matemáticas lingüísticas (por cierto, he pensado subir a próximas entradas de este blog parte de la tonelada y media de material visual que utilicé en el proceso, por si a alguien pudiese interesarle). Dándole forma a un monstruo a pedazos al que he bautizado “Parsifal Novo y la Descomposición Ortogonal de Vectores”.

He mantenido esto más o menos en secreto hasta ahora, primero, porque era un work-in-progress y yo soy muy celoso de según qué cosas y, segundo, porque me daba un poco de vergüenza, para qué negarlo, la posibilidad de venirme abajo en cualquier momento y dejar el asunto pendiente y a medias. Pero hoy mismo he colgado la última entrada, la 140, y estoy encantado con el resultado.

Podéis echarle un vistazo AQUÍ. Y, si gustáis, dejad algún comentario en esta entrada al respecto. Me interesa recabar opiniones, de verdad, ya que además, después de una somera y rápida búsqueda en Google me he dado cuenta, en contra de lo que yo creía en un principio (nunca he pretendido inventar la sopa de ajo y, de hecho, tiendo a pensar que lo que se me ocurre ya se le ha ocurrido a alguien mucho más listo, mucho antes que a mí…) de que no hay absolutamente nada como este “Parsifal…” en ninguna parte. Sí, he encontrado novelas escritas en Twitter, pero eran más bien historias prefabricadas y luego recortadas para encajar en microblogs. Y he ojeado alguna novela “coral”. Y algún que otro proyecto, tanteo, o lo que sea, pero nada ex profeso, supongo, más que nada, que porque por suerte no hay tanta gente por ahí que esté como la proverbial puta cabra. En cualquier caso, si tenéis noticias de algo similar, si os ha gustado la propuesta, o directamente para mandarme a la mierda por hacerme perder un ratejo de vuestro valiosísimo tiempo, hacédmelo saber, por favor.

Ahora, me voy a la cama.

Primero, algo más de estúpido autobombo:

Anoche, Ernesto Rodríguez y yo estuvimos en Catalunya Radio, donde nos entrevistaron al respecto de La Memoria Invisible (aunque, claro, acabamos hablando de cualquier otra cosa). Podéis escuchar la parte del programa de la que fuimos protagonistas aquí.

Luego esto:

Una pandilla de zumbados, porque no tienen otro nombre, obsesionados con ese enorme videojuego que es Bioshock (por otra parte tan obsesionados como cualquiera, entre los que me cuento, que haya tenido oportunidad de chutarle una dosis de ese pastiche steampunk-marxista-drogata a su videoconsola favorita), han creado una réplica de un Big Daddy y se lo han llevado al acuario de Georgia para una sesión de fotos alucinante:

La ficción se cuela por una rendija en la realidad, una vez más. Y eso me pone.

Un fragmento del último ensayo que he escrito para CaldodeCultivo:

 

Sólo caben posibilidades. El tiempo no es una línea recta trazada con tiza en la pizarra de tu clase de primaria, sino que tiene tres dimensiones, como el espacio. Todos los momentos son ahora y ninguno es ahora —ahora ya pasó: lo efímero del presente es un chiste cósmico en una obra patafísica sin guión ni planos: ja, ja y puto ja— y la realidad es elección y bifurcación. Quizá en la víspera del final escojamos todos, por consenso, ser personajes de dibujos animados actuando para las cámaras de control del tráfico; avatares psicodélicos con la moral escondida que se sueñan un presente a medida porque, ahora sí, de verdad, empíricamente y dejando de lado todas esas chorradas de superchería, budismo y best-sellerismo ciencia-ficcional, el futuro no existe. Llegamos al 2012 y resulta que los mayas tenían razón y el calendario ya no tiene más hojas, pero nuestra capacidad de asimilación de información se adapta a la constante de duplicación de la misma y por fin sabemos cómo fabricar una máquina del tiempo con cosas que se adquieren en cualquier ferretería; le enseñamos el dedo corazón a H. G. Wells y nos vamos silbando a habitar realidades paralelas, pasadas y desechadas para escapar del Apocalipsis. Qué gracia: en esas realidades —que no son del todo supercuerdas equidistantes, lejos de mi intención sugerir tal cosa— los actos propios están por realizar y los ajenos por padecer: tenemos carta blanca para mostrar las bazas escondidas de nuestros peores “y si…”, para volver a repetir errores y dejar la planificación probable en manos de literatos pulp y pitonisas, para seguir quejándonos o maravillarnos, sentarnos a ver cómo nos engorda el culo y nos importa una mierda o aprender kung-fu ontológico y abandonarnos a nuestras ansías de dominar el nuevo mundo. Llegamos al libre albedrío auténtico usando apenas cuatro tornillos, un ordenador cuántico y montones de cinta aislante. Llegamos a la precognición teniendo sólo que recordar. ¿Distopía? Que le den a la distopía. Mi abanico de contingencias es más grande que el tuyo, porque es infinito, como mi imaginación, y tú sólo contemplas un paradigma, profeta del tres al cuarto.

 

Que coincide con esta noticia con la que me acabo de topar:

…Los viajes en el tiempo dejarían de ser un argumento de escritores de ciencia ficción para convertirse en una realidad científica, desde mayo de este año. Es más, la maquina que permitiría este tipo de viajes ya esta lista, y la conoces: se trata del Large Hadron Collider (Gran Colisionador de Hadrones o LHC), construida por el CERN al noroeste de Ginebra, en la frontera entre Francia y Suiza.

Según los matemáticos rusos Irina Aref’eva e Igor Volovich,El LHC es una maquina muy compleja, de hecho se trata del proyecto de cooperación científico más grande del mundo, del que participan más de 2.000 físicos provenientes de 34 países. Ciertamente, al proyecto no falta materia gris. ambos pertenecientes al Instituto Matemático Steklov, la puesta en marcha del LHC en el próximo mayo podría abrir una puerta que permita los viajes en el tiempo.

“Las colisiones protón- protón dentro del LHC podrían dar lugar a la formación de máquinas del tiempo que violan la causalidad”, explican en su trabajo Irina Aref’eva e Igor Volovich. De acuerdo, esto es técnicamente, esto es una maquina para viajar en el tiempo. Pero el tamaño de lo que podrá atravesar esas regiones del espacio-tiempo tan particulares creadas por el LHC se limita a partículas quánticas.

 

 

Time Machine, Go!