RETÓRICA

Una cosita que se me ocurre…

Pongamos que llega el día en que definitivamente cambia el modelo de negocio cultural, sobretodo el discográfico, de modo que, por ejemplo, NADIE en absoluto puede ya nunca más vivir de la música. Sin discográficas, ni promotoras, ni mánagers, ni Sociedades Generales varias. Por supuesto, la música seguirá existiendo y seguirá habiendo gente con el deseo, la fantasía y, por qué no, la necesidad de expresarse mediante esa magia atávica de sonido y pulso, ruido puesto en órden. La diferencia estribará en que esas hipotéticas “estrellas” del Pop del futuro se verán obligadas a dedicarse a cualquier otra cosa, probablemente ajena, para poder subvencionarse el vicio. Artistas y compositores saltando de trabajo de mierda en trabajo de mierda y de ahí al paro; poblando oficinas, fábricas, peluquerías, servicios de mensajería, barras de bares y demás; teniendo que hacer horas extras en sus empleos miserables para poder mejorar el equipo; calculando cómo cuadrar las vacaciones con la próxima gira de presentación del disco que acaban de autopublicar en Internet; escribiendo partituras y letras en lavabos, en el metro, mientras esperan a la novia, aprovechando la pausa para el café; subordinando alegrías y arrebatos creativos a la burla desdeñosa de los compañeros de trabajo…

Panorama ante el cual me pregunto…

¿En esas condiciones no llegaríamos, por fin, al punto en que la gran mayoría de la música “popular” sería de verdad auténtica (ese concepto tan denostado hoy en día, a fuerza de mal uso), vibrante, real; parida y tocada por gente que literalmente vive POR (no DE, recuerden) ella, A TRAVÉS (porque cuando existe impulso artístico, el resto de vida no es vida) de ella, y se deja el culo para que ésta pueda llegar al público y transmitir lo que en realidad se pretende transmitir, no como esa pandilla de capullos mediocres y autocomplacientes que tenemos ahora, los mismos que se manifestaron ayer “en contra de la pirateria”?

Pregunto…

Y en otro momento, hablaremos de literatura.

10 comentarios
  1. Míriam dijo:

    Totalmente de acuerdo. Viéndolo así, ¡bendita sea la piratería!

  2. Si a mí, después de pasarme currando hasta doce horas al día, me dice alguien que no tendrían que pagarme porque lo mío es vocación y mi curro mola y hasta salgo en la tele y esas cosas, le arranco la cabeza de una patada giratoria. Trato de tener eso muy presente antes de meterme en discusiones sobre las retribuciones de los artistas. Otra cosa es que el modelo va a cambiar por pelotas porque no hay vuelta atrás.

  3. Urtain dijo:

    brillante entrada, amigo

  4. Hasta ahora la mayoría de músicos vivían con un sueldo inferior al salario mínimo interprofesional (y estoy hablando de gente medianamente conocida como Kiko Veneno). Esto es lo que ocurría bajo el modelo que ahora parece que llega a su fin. Si el siguiente paso es que nadie cobre ni un euro más por vender discos en las tiendas tras haber firmado un draconiano contrato con una discográfica, la diferencia será tan pequeña que no creo que pase nada. Pero no creo que pase eso. Lo que creo que pasará es que se llevará a cabo uno de tantos nuevos modelos de negocio que ya se están abriendo camino y que se basan en la premisa lógica (en tanto en cuanto la música ya son bits) de que sólo saldrá adelante el negocio que ofrezca gratis la música, la literatura y demás.

    Y eso sin empezar a hablar del tema de que, en realidad, la fuerza primigenia que lleva a la gente a crear arte, el impulso freático y fundamental que empuja al iluso a escribir, componer o bailar una jota, no es en absoluto el dinero, sino el follar (o a nivel más técnico, el intercambiar segmentos de ADN con féminas para ser, de algún modo, eternos). De modo que, os lo garantizo: incluso gratis, incluso si hay que pagar, seguiremos/an muchos haciendo ARTE. Y olé.

  5. Javier dijo:

    Para mí los problemas son la libertad del flujo de información y el modelo industrial y de negocio ineficiente, no la retribución de los artistas en sí. Francamente, focalizar en ello el debate es un trampa, por parte de unos y otros. Vivimos en una sociedad de mercado y en tanto uno ofrece un producto –no confundir con el mero objeto físico, como un libro o un disco– tiene derecho a recibir algo a cambio. Máxime cuando fabricar ese producto cuesta pasta: en el caso de la música, contratar a un estudio de grabación, músicos de estudio o un productor –¿qué sería del mundo sin Flood, Brian Eno, Ross Robinson o Trent Reznor?–.

  6. fjavierp dijo:

    Partiendo del hecho de que con esta entrada no pretendía en absoluto defender postura alguna (si acaso la mía, y ésta es demasiado confusa al respecto como para que tenga ninguna validez, o credibilidad), ni denunciar nada, ni mucho menos crear polémica, debo decir que estoy totalmente de acuerdo contigo, Javi, en que el máximo problema son la libertad del flujo de información (la cultura, mal que les pese a algunos, no deja de ser información intercambiada, viva en cuanto se transmite, no cuando se cobra por ella) y los modelos industrial y de negocio ya no ineficientes, sino evidentemente caducos y, en ocasiones, rallando con lo abusivo y la extorsión. Y de ninguna de ambas cosas, a priori, tiene la culpa el músico de turno (o el escritor de turno, o el cineasta de turno…).
    A priori.
    Porque ninguno somos niños ya, y hoy en día la información rebosa por todas partes y, a mi entender, un “artista” (y pónganse aquí las comillas que se quieran) tiene la obligación moral de, como mínimo, poner su arte por delante de todo (sinceramente: si uno no se mete en esto para dar lo mejor de sí mismo, reviente quien reviente, si lo hace por cualquier otro motivo que no sea ése, mejor que no se meta; nadie le va a echar de menos, de todos modos), después, las ramificaciones que su arte pueda tener en el “Supertodo Cultural”, cómo su arte se adapta a los tiempos, bebe de ellos o influye en ellos, y mucho, mucho después, enmerdarse con reivindicaciones absurdas. Sin hablar de que, tal como lo veo, un artista no debería nunca, nunca, jamás siquiera pararse en pensar en entrar al trapo en debates que no dejan de ser políticos y económicos, en esencia; dinosaurios-banquero y dinosaurios-legisladores repartiéndose la carroña de algo que cada vez parece entender menos (otra vez: la cultura), antes siquiera de que el cuerpo haya muerto.
    No estaba planteando un sacrificio, sino una purga, un necesario reajuste en positivo, a partir de un drástico cambio de paradigma.
    Pero bueno…
    Esta entradilla ridícula al blog no era más que una exageración, un “what if…” que invitase a cierta reflexión, y por supuesto no abogo en absoluto por que la gente con trabajos que molan no cobren por el hecho de que sus trabajos molan. En absoluto. Precisamente defiendo y defenderé siempre a muerte el que, para lo bueno y para lo malo, cada cual debería recibir justo lo que merece (por ejemplo: el justo equilibio kármico impone que Trent Reznor debería ser uno de los mayores líderes mundiales, mientras Emilio Botín debería ser ese tío asqueroso que vive en el contendor de basura de la esquina y agoniza y enloquece de dolor por culpa del tifus y la gonorrea).
    Lo que me jode es este estado de las cosas contemporáneas por el que es consensualmente aceptado que TODO es un producto. TODO debe tener asociado, o estar asociado, a un producto. Lo que me jode, y aquí sí me voy a mojar, es que gente con poco o ningún talento, que es quien es y a quienes se les presta atención sólo porque deciden jugar según unas reglas que se demuestran de continuo corruptas y perniciosas, y me estoy refiriendo a todos y cada uno de los que se citaban en la noticia al respecto de la manifestación de la que hablábamos, pretendan decirle a nadie lo que tienen que hacer, pretendan ejercer influencia de ningún tipo y escudarse, entre llantos y pataletas, detrás de algo que no es que no les pertenezca, es que ni siquiera lo respetan.
    Y que levante la mano quien no crea que tiene muchos cojones que una concursante de Operación Triunfo, ese invento del demonio cuyo único fin es mediocrizar la música para luego violarla y cagársele encima hasta conseguir el tan ansiado PRODUCTO, cada vez más sinónimo de bazofia unitaria, salga a la palestra a decir que los taimadísimos piratas son los que están acabando con la cultura…
    En definitiva, si ella (ellos, porque esta pobre alelada, por desgracia, no está sola en esto) es (son) La Cultura, pues que le den por el culo a La Cultura, que vivan los piratas y que paren el mundo, que yo me bajo.

  7. Maestro, no hay desacuerdo entre tú y yo. Ambos –bueno, tú mucho más que yo– hemos hecho nuestros pinitos en esto de la música lo bastante para saber lo de mierda injusta que es el negocio, y estoy de acuerdo en que un artista no debería pringarse en chiringos como el del otro día en plan LA PIRATERÍA MATA A TUS ÍDOLOS, porque le hace el juego a los intereses de una industria que putea, y mucho a los creadores. Ellos sabrán porque lo hacen… Pero el caso es que no hacen más que jugar a los extremos y en este debate los extremos no nos benefician a ninguno. El debate es complejo y la demagogia es fácil y, mientras, hay movimientos muy inteligentes –cosa que ha hecho san Trent, por ejemplo– que nos indican un nuevo camino muy interesante.

  8. Que conste que para mí lo prioritario es la libertad de ese flujo de información del que habláis. Y cuando he aludido a la retribución, no digo que el artista no tenga derecho a una retribución económica por su trabajo. Lo que digo es que si no existiera tal retribución, seguirían habiendo artistas.

    Aquí lo fundamental es cómo se consigue el dinero para generar esa retribución al artista: hasta ahora, el modelo de negocio menoscababa el flujo de información: si no tenías pasta para pagar al artista por su trabajo, no recibías su trabajo. Sólo la retribución indirecta (hay ya libros enteros sobre decenas de fórmulas para todas las expresiones artísticas) redundaría en el beneficio de generar un flujo de información libre (el consumidor no debe pagar nada si no quiere), el autor recibiría una mayor retribución que la actual y finalmente se repartiría mejor el pastel: no habrán 15 cantantes icónicos o 10 escritores que todo el mundo lee porque los canales de distribuición y el marketing no tendrán tanto control sobre los gustos del consumidor.

    El siguiente paso sería eliminar el copyright totalmente y en todos los casos. Aunque ese escenario todavía es utópico. Tiempo al tiempo.

  9. fjavierp dijo:

    Precisamente lo que ha hecho Trent Reznor (básicamente liarse la manta a la cabeza y lanzar a la industria un sonoro “que os den por el culo”, tomando las riendas de TODO lo que tenga que ver con su arte), es lo que me viene a la cabeza cada vez que intento darle vueltas a este tema que, como bien apuntas, Javi, es más complejo de lo que parece y en relación al cual la demagogia es demasiado tentadora. Muy parecido a lo reivindicas tú, Sergio, además.

    Mierda, caballeros, se nos ha jodido el debate. Estamos todos de acuerdo (en cierto modo).

  10. A los cantantes icónicos no los fabrica el copyright ni los derechos de autor, ni mucho menos la restricción del flujo de información: los fabrica el marketing. El mismo marketing que hace que prefieras contratar para un concierto en las fiestas de tu pueblo o una conferencia en tu universidad –de ello hablamos por retribución indirecta, ¿no?– a un tipo antes que a otro que va a traer mucho menos público. Obviamente, Internet está alterado el modelo de comunicación vicaria que imperaba, pero no va a acabar porque sí con los trepas y los lameculismos y los intereses creados. Como decía el tío Mike, Shit lives forever.

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