CRÓNICA DE LA MIERDA

Que cierre una librería siempre es una pequeña tragedia, por lo mucho y muy feo que el hecho denota. Que cierre una librería especializada en ciertas literaturas, esas que siempre quedan relegadas a las catacumbas de los grandes almacenes y demás artefactos generalistas y homogeneizantes, es una tragedia doble.

OUTSIDER, de la que ya hablé AQUÍ, esa librería consagrada a la CiFi, el terror y lo pulp, dejará de existir a finales de este mismo mes. Sin paliativos. Esto no es un llamamiento a que la gente acuda en masa a gastarse la pasta en la liquidación de emergencia con la que se está saldando absolutamente TODO lo que hay en sus estanterías, y a ver si así podemos salvarla. La decisión ya está tomada y es en firme. OUTSIDER  se nos muere, se nos ha muerto, y ahora sólo queda acercarse a recoger los preciosos pedazos, joyas engarzadas en el cadáver, obscenamente baratas, que nos restarán como recuerdo de extinción.

Acabo de hablar con Alberto, el padre de la recién fenecida. “No sé si es por la puta crisis, porque la librería no está en el centro y la gente es muy vaga, o por qué…”, me ha dicho. Los ojos le brillaban, pero no como brillan habitualmente, como brillan cuando te recomienda una oscurísima obra descatalogada que sabe que, precisamente a ti, te va a encantar. No como brillan cuando cuenta que montó su negocio por puro amor, arriesgando un trabajo fijo y un buen sueldo para que otros amantes de las mismas cosas que ama él, tan desamparados como él, tuviesen un lugar al que acudir cuando la necesidad aprieta y nadie parece ofertar lo que tantos demandamos. No, lo ojos no le brillaban así. Le brillaban porque se estaba aguantando las lágrimas. Al poco, no ha podido aguantar más y las lágrimas han aparecido. Es horrible ver a un hombre adulto llorar porque sus ilusiones, las ilusiones de verdad, las que viven muy dentro pero exudan a la mínima, se han partido en dos y se han podrido y no significan nada.

“Nadie lee ya, tío… Nadie lee…” me ha dicho. Y sé que es mentira, pero he sido incapaz de replicarle.

Desde mi ventana veo el escaparate de la tienda y el rótulo que corona la entrada. Reza: OUTSIDER, librería especializada en literatura popular. Leo el rótulo una y otra vez, y me siento extraño. Oscilo entre la lástima y el cabreo. Hoy vosotros, el pueblo, a quien va dirigida esa “literatura popular”, me parecéis un poquito más una mierda. Un montón de factores se acumulan, pero la conclusión siempre es la misma: sois una mierda, por permitir según qué cosas que luego llevan a que pasen estas.

Necesito salir fuera y ahostiar algo.

1 comentario
  1. albert bachiller dijo:

    Hola como pueblo que soy me pregunto si el problema no está en que lo que para unos cuantos resulta popular para el pueblo realmente no lo es, con ver el nombre de la librería uno puede llegar a pensar que la palabra Outsider (Alguien que no pertenece a un determinado grupo, un extraño, un intruso, un forastero.) no es el mejor nombre para hacerse popular en un país donde todo lo extraño se rehusa por defecto.
    Siento que desaparezca la librería! pero en un país donde hasta en el Mediamarkt se venden “libros” es que la cosa debe ser un negocio¿no?, ¿quizás nos hemos confundido de pueblo? o el pueblo al que la librería representaba posiblemente no sea tanta cantidad.

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