NITRATO ALIEN

La inquieta primavera del 2010 atornilla espinas -raíces- al núcleo de silicio de la biomasa autóctona, como patitas del bicho fracaso garrapateando pasos lentos,

a velocidad de glacial,

y sólo los gitanos son capaces de levantar sus dedos y señalar al cielo.

Venidos de ahí (farfullan), en turba de ausencia de fe y, si no, que baje Dios también con ellos y lo vea. Si no (dicen: en los telediarios, entre las ruinas de la prensa escrita, en los boletines de las chabolas), que toda esa elegancia en la sangre de nuestras nanas se nos seque y esterilice. El problema es que (según me cuenta otra fuente) uno no se puede fiar de los gitanos.

Porque roban el sueño de los niños

cuando éstos son incapaces aún de formar marco referencial alguno,

y porque su fanatismo es tan triste que apenas puede medirse con una lágrima.

Lástima de gitanos y sus caballucos, pretendiendo desde siempre esquivar la invasión con genocidio. Su último relato, al final, será un poema autoconsciente que durará para siempre.

Entre guitarras y cajones y alienígenas -nitrato sal de la tierra, sal, canta Osana, en el cielo- y palmas y una belleza blanca, princesa de cuento, princesa gitana de allende la Singularidad, no hay barro suficiente con el que construir armaduras para todos.

(:::)

(foto de Marta Lamovsek)

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