REDOBLÁ

Nonada absurda, diestra, en el canto de una mano, contra la otra mano.

En compás y patrón de azules hielo y pañales. Intercambiando el rio de cuerdas sueltas, clavijas, destrezas zurdas por mecanismos de relojería.

Los campanarios de garganta tísica gorjean, o puede que ladren

ladren

ladren

al tiempo con la nueva ausencia.

Aun así todo es presto, pierde un eccema como de noche que deja sobre la almohada costras en escamaciones de sudor coital.

Una mano contra la otra mano, y entre ellas cabe un muslo,

curvatura de pasta de papel que no ha visto el sol desde que fuimos aquellos dos pájaros contando

-si es que aún contamos-,

con los dedos,

los avatares de la guerra a la ciencia de estar arruinados,

acomplejados y mal cartografiados

por los maestros a los que, copa en mano,

rendimos pleitesía cuando nos aburrimos.

(:::)

(graffiti de El Niño de las Pinturas)

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