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Archivos Mensuales: agosto 2010

BudaBot no es exactamente un microrrelato. No va de nada en particular. BudaBot es un sígilo (o sígil, no acabamos de ponernos de acuerdo en la terminología… algunos lo llaman también “sello mágico”). BudaBot es un mantra que funciona mejor recitado de memoria y a la luz de media docena de pantallas LED. BudaBot no es exactamente CiFi. Pero parte de demasiadas lecturas al respecto de las posibilidades de la nanotecnología. Palabras y signos como nanobots ontológicos preprogramados. Inductores de Iluminación Gnóstico-Informática.

BudaBot es el número 36 en la colección de narrativa de Nanonediciones. Descargable desde hoy mismo AQUÍ.

Poco ejercer de blogger estos días. Inmerso por completo en el Laboratorio Sináptico y paleando montones de documentación y revisitando Espacios Interiores de la última adolescencia, de los que traerme como souvenir texturas, vibraciones y alguna que otra alucinación con las que estoy tejiendo una nueva novela (“La-Ter-Cera / La-Ter-Cera…” Invocan los trolls samoanos a los que mantengo como esclavos sexuales, encadenados bajo la cama, alimentados con sobras y frases enteras eliminadas del procesador de texto). Al mismo tiempo, chapoteo en la semiótica de los videojuegos y la inmanencia de ese Escatón fabulosamente pOp que nos espera, guionizando con la vista puesta en crucetas y “pads” la segunda fase de mi experimentos Estrategias Contra la Arquitectura. Por las mañanas, frente al espejo, me digo: “habito una superestructura pentadimensional en la que el tiempo se arquitectura en formas no euclidianas o, cuanto menos, pasa de distinto modo a como pasa el tuyo, gilipollas”. Es mi mantra favorito para este verano. Mucho mejor que el mantra del verano pasado, dónde va a parar… Y detrás, como una estela, más que como una cruz, una estela de peso y consistencia variable a capricho del clima y de qué luz tenga el cielo hoy, cargo con un cómic de zombies recién horneado y buscando editorial, cargo con la espera y la visión periférica de los, como mínimo, dos libros de mi autoría que voy a tener en las tiendas antes de finales de año. No está mal, ¿eh?

Pero el caso es que toda esta locura, todo este nadar en elipsis y, como dice un buen colega, “caminar por la fractal”, al final del día y sincerándome muy mucho conmigo mismo, lo hago para que en un futuro alguien como Rachel Bloom se curre con mi nombre una canción y un vídeo tan enormes como éste (via Moises Cabello):

Los bohemios de hoy aspiramos a curiosas formas de trascendencia, oiga. No me juzgen.