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Archivos Mensuales: noviembre 2011

Forman como nuevos reclutas, tan limpios y tan recién salidos del pasado inmediato y que desde hoy ya no importa, listos para ocupar cierta trinchera, a las órdenes de sus nuevos amos. Van a morir, de algún modo. Forman sobre la funda azul pitonisa de la mesa, echando de menos a la bola de cristal, las runas, la vela y la campana; el libro está. Los libros están. Dispuestos a ser eviscerados pero sólo desde un plano; un plano intelectual y ambiguo.

 

La concurrencia. Los que no conozco, los que conozco mucho y los que conozco algo menos. En primer plano, de izquierda a derecha, yo -el autor-, Javier Calvo -traductor y novelista, maestro de ceremonias- y Luis Gámez -escritor y músico, forense-; en segundo, los intrumentos biológicos de escaneo y registro. Empieza la disección y se dice que Orígenes del Lodo amalgama tanto que es imposible encuadrarlo en un solo género,  “no es ciencia ficción, no es alegoría, no es surrealismo y no es terror: es simplemente un monumento a sí misma. Genera su propia definición y sus propias normas.” . Intentamos ajustar el diafragma de la imagen de conjunto: defino a algunos de mis libros, sobre todo Cinco Canciones de Cuna y este Orígenes del Lodo como artefactos: dispositivos de mecánica alquímica para la hipnosis cultural que monto a base de géneros y de interferencias. Algo de lo que he dicho ha debido, necesariamente, convencer a alguien. Aun así, seguimos debatiendo.

Se supone, y se supone bien, que un escritor más o menos siempre se adscribe a alguna tradición, a alguna corriente, se dibuja en una esquina como un afluente de un todo mayor. Se me calientan los cascos y tomo notas y me dibujo en mi propia libreta. Espirales, más que nada. También un sello, que no me saca del apuro pero me consuela. Declaro que soy mi propia corriente literaria, porque no sé qué más decir y porque le debo demasiado a demasiados antes y otros tantos que vendrán. Para decir eso hay que o bien tener muchos huevos, o ser un inconsciente de cojones. Adivinad qué soy yo. Ni un soldado ni una pitonisa, eso os lo aclaro desde ya.

La terrible y pequeña muerte que representa explicarse. No, no me considero hermético, pero creo con fe ciega y fanática que lo que hago sólo puede traducirse desde la escritura misma, desde la abstracción de la letra y los procesos implicados en su decodificación, desde el intelecto sobrerrevolucionado, desde que los conceptos adquieran entidad Dentro, porque Fuera, en el espacio comunal de lo oral y la conversación, éstos tienden a convertirse en mutantes defectuosos, deformidades cojas y tuertas y medio idiotas.

“En Orígenes del Lodo, la segunda entrega de la trilogía iniciada con su anterior Cinco Canciones de Cuna, Fco. Javier Pérez lleva al lector de vuelta al espacio, texturas y temas en ésta con una historia radicalmente distinta y, al tiempo, paralela; un cuento de hadas industrial y posmoderno sobre la contaminación ambiental y psicológica, y los límites de la realidad consensual.”

Aún no hace cuatro días de la presentación de Orígenes del Lodo, y ya tenemos aquí la primera reseña. Espectacular, sonrojante y de la mano del señor Rotbailer:

Imaginemos una red. Dentro de la red un núcleo. Personajes atrapados por aquello de lo que están indefectiblemente construidos, sea esto el estado químico cualesquiera. Ahora piensen, ¿qué es lo que siempre puede moverse dentro de una red, cuando todo está atado y bien atado? Claro que hay agujeros, joder. Si no, ¿de qué mierda de red estamos hablando? ¿Quién ha dicho cucarachas? ¿Quién ha dicho palabras-miasma, twisted things, twisted creepy words, nuevos SIGNIFICADOS obligan a nuevos BAUTIZOS?

Así da gusto, joder.

Es viernes y esta tarde presentamos Orígenes del Lodo. Ahora son las nueve y media de la mañana. Es viernes y esta tarde presentamos Orígenes del Lodo, son las nueve y media de la mañana y estoy teniendo un ataque de pánico en el metro, de vuelta a casa tras dejar a mi hijo en el colegio. No puede ser que ambos hechos estén relacionados. No, porque es viernes, es temprano, esta tarde presentamos Orígenes del Lodo y un par o tres llevan desde ayer noche, desde la presentación de la nueva colección de la editorial, hinchándome el ego con las posibilidades del artefacto, haciendo mapas imaginarios de lo lejos que puedo llegar con los libros que hay hasta la fecha y los que hipotéticamente vendrán detrás. No puede ser. Me bajo en mi parada y llego al portal de mi edificio (del lugar que habito, pero no el metafórico sino el real) y subo las escaleras de dos en dos. No recuerdo abrir la puerta. No recupero el aliento hasta que me tiro en el sofá y me hundo durante un par de horas en una suave y gris languidez post-traumática.

Digamos que ya estoy preparado.

Almuerzo con los editores y recojo al niño del colegio. Digamos que ya estoy preparado porque, de lo de esta mañana, no le digo nada a nadie. En Gigamesh, antes de la presentación, hay gente a la que no conozco y gente a la que conozco muchísimo y gente a la que conozco un poco menos. Están y estoy. Bien. Digamos que preparado. Un par de mis mejores amigos me abrazan. Preparado, pues. Echo de menos a otro par, pero cada uno de los presentes cuenta por uno, así que bien. Bien. El sr. Javier Calvo y el sr. Luis Gámez son los mejores maestros de ceremonias posibles. Vengo leyendo religiosamente (y aquí el adverbio no es gratuito) la obra del primero desde que un colega me la recomendase allá por el año 2001, y a día de hoy van ya cuatro lecturas exhaustiva del Libro de las Transformaciones del segundo, así que os podéis hacer a la idea de lo que representa que gente a la que admiras de esa forma acepten sentarse a la mesa con uno para hablar, no sólo con él, sino de él. El sr. Javier Calvo y el sr. Luis Gámez me ponen de voz propia y autor relevante, y me ponen de amalgamador y raro en general; en realidad, debo quedar en algún punto intermedio entre esas cuatro coordenadas, simplemente, nada más, pero se lo agradezco igual. Desde el momento en que empiezo a contribuir yo, la presentación se convierte en un juego del pilla-pilla: Calvo y Gámez son listos, muy listos, y saben muchísimo de lo suyo y de lo mío, pero yo estoy de un humor raro y nervioso: me persiguen y cercan, tratando de que desvele en voz alta mis mecanismos y mis temas y mis intenciones, y yo finto y esquivo y a veces huyo y otras me río. Vale, no estaba preparado; aun así, está siendo divertido. Llega el turno de preguntas. Como era de esperar, apenas hay una sola.

Ha acabado. No ha sido para tanto. ¿O sí?

Me preocupa lo de esta mañana, aunque sólo hasta que llega la cerveza. No, en serio: ha acabado, pero no ha acabado, porque en el refrigerio post-presentación (una cerveza tras otra, tras otra, en una terraza cercana, no os vayáis a creer…) se sigue hablando de mí y aún tengo que ejecutar un par de fintas, en pleno bajón de adrenalina. Seguimos así hasta la cena y al fin yo ya no soy yo. No ha sido para tanto. Más cerveza, un par de ellas de doce grados, y charla filosófica con el que, para mí, es uno de los cinco mejores poetas españoles contemporáneos. No está mal. De lujo. Además, llegan las doce y resulta que, con la hora, llega su cumpleaños. Me siento cojo. Sensaciones contradictorias. Feliz pero preocupado; sin creerme del todo lo que ha pasado, pero en algún momento he dicho la soberana gilipollez de que “soy mi propia corriente literaria”, pero no soy casi nada y más bien pequeño, a esta mañana me remito, pero no se me pide otra cosa mas que sea parcial, pero necesito descompresión y poner esto por escrito. Casi mejor admirar a otros pero, joder, tras este viernes igual hasta acabo admirándome a mí mismo un poco más. Sólo un poco.

Casi nada, pero suficiente.

Tercera y última pista: lo que sonaba en el escripto/laboratorio durante las muchas horas de confección de Orígenes del Lodo: porque también es bueno saber de dónde vienen las texturas del revestimiento:

Sunn O))):

Monoliths & Dimensions

Flight of the Behemoth

00 Void

 

Zavod:

Zavod

 

Meshuggah:

Destroy Erase Improve

ObZen

 

Zu:

Carboniferous

 

Alice In Chains:

Dust

Alice In Chains

Music Bank

 

Hecho. A partir de aquí, el libro es todo vuestro. Y, si os apetece, nos vemos esta tarde para darle un par de vueltas.

 

Cucarachas: en Orígenes del Lodo, son más una descripción que un proceso; una herramienta de reconocimiento de patrones repetitivos y bucles, puesta al servicio de los puntos de apalancamiento de la historia  para formular, a modo de código-trampa, opciones, posibilidades y óptimas vías alternativas que eliminen los límites del sistema narrativo.  Avatares de la metanoia, existen sólo cuando las luces del narrador se apagan; acampan en la basura que la omnisciencia del narrador pugna por dejar fuera del relato y la reciclan en estructuras viables que reincorporar a éste: “La marabunta de cucarachas utiliza un río de papel de plata como tobogán. El río se divide en miles de afluentes y las cucarachas se deslizan y dan volteretas y decantan en los miles de costillares abiertos con separadores Gosset que tapizan la plantación de cadáveres. Dentro, construyen sus nidos usando la carne pútrida de corazones secos y pulmones ulcerados. Interrelacionan los nidos y demarcan colonias, estableciéndolas alrededor de factorías de metáforas.” (ODL, página 33 del manuscrito original)

 

Cucarachas: “Un canto de triunfo se elevó en un aire insensible, una antena sondeó el horrible silencio y se replegó sabiéndose satisfecha: todo bien. Todo en su sitio, como era en un principio.” Conversación nocturna con una cucaracha, Wole Soyinka.

 

Cucarachas: pilotos de la metáfora.

 

 

Asmodeo: contrafuerte arquetípico que sirve como transmisión de las cargas transversales a la cimentación de la estructura que compone mi nueva novela, Orígenes del Lodo: “llegó el futuro como un chaparrón y nos dejó a todos cobrando los cheques de Asmodeo, anegados de posibilidades desde el momento en que la tecnología se nos abrió a la manera en que se abre una pústula sobre la que luego caerán moscas como paramédicos del fin de la historia” (ODL, notas al pie de la página 40 del manuscrito original).

 

Asmodeo: “En la demonología hebrea, gran jerarca diabólico, ocasionalmente identificado con Belcebú, Príncipe del Infierno. Llamado “el destructor”, es uno de los demonios de más rancio abolengo. Aparece ya en la Biblia como el tenaz enamorado de Sara, quien sería luego mujer de Tobías: hasta la llegada del piadoso varón, que lo derrota, consigue matar en el lecho nupcial a siete aspirantes a la virginidad de Sara. En esta historia, Asmodeo se enamora de Sara, hija de Raquel, y cada vez que aquélla contrae matrimonio, mata al marido durante la noche de bodas. Así llega a matar a siete hombres, impidiendo que consumen el matrimonio. Más tarde, Sara se promete a un joven llamado Tobías, hijo de Tobit. Éste recibe la ayuda del arcángel Rafael, el cual le enseña cómo librarse del demonio. De este modo, Tobías coge un pez y le arranca el corazón, los riñones y el hígado, colocándolos sobre brasas. Asmodeo no puede soportar los vapores así desprendidos, y huye a Egipto, en donde Rafael le encadena.  En el Talmud, Asmodeo no parece ser una criatura tan maligna como en otros libros, sino que relata historias sobre su trato con el rey Salomón a quien -de mala gana- habría ayudado a construir el Templo de Jerusalén. En efecto estaba prohibido por las Escrituras construir un sagrado símbolo de la paz, tal el caso, usando instrumentos de hierro, el metal de la guerra por excelencia. Pero ¿cómo partir las piedras para construir sin usar herramientas? Salomón necesitaba el Shomir, que en algunas versiones de esta historia es una piedra capaz de partir rocas y metales, y en otras es un gusano. Benaia, el más valiente de los generales de Salomón, logra dominar a Asmodeo y traerlo a su presencia. Y a través de Asmodeo, el rey obtiene el Shomir. Pero Asmodeo, en venganza, toma la forma del rey Salomón y lo reemplaza durante cierto tiempo en el trono, mientras el verdadero rey vaga como un mendigo en tierras extranjeras.  En otra historia, Asmodeo es presentado como el rey de todos los demonios, similar al concepto cristiano de Satán, y como amante de Lilith después de que ésta abandonara a Adán.
Más cercanamente en la historia, es uno de los protagonistas del juicio de las posesas de Loudun. Alvaro Cunqueiro -siguiendo a Cabeil- asegura que en una de sus últimas apariciones fue amigo de Oscar Wilde, y que “su pasaporte inglés lo había conseguido gracias a la influencia de Florence Nightingale, y a la amistad de ésta con la reina Victoria”. El mismo Cunqueiro lo responsabiliza de la financiación de “la gran industria pornográfica europea” contemporánea. No parece difícil aceptar este último extremo, ya que los demonólogos lo dan como uno de los máximos corruptores, como el sembrador de la disipación y el error, y le atribuyen -en los infiernos- la superintendencia de las casas de juego.” (Francmasonería Simbólica del Segundo Grado, documentos de interés)

 

Asmodeo:  “Soy Asmodeo, inspirador de tahúres y dueño de todas las fichas del mundo. Conozco de memoria todas las manos que se han repartido en la historia de las barajas.  También conozco las que se repartirán en el futuro. Los dados y las ruletas me obedecen. Mi cara está en todos los naipes. Y poseo la cifra secreta y fatal que han de sumar tus generales cuando llegue el fin de tu vida.
Salzman: ¿ No desea jugar al chinchón?
Asmodeo: No, Salzman. Vengo a ofrecerte el triunfo perpetuo. Con sólo adorarme, ganarás siempre a cualquier juego.
Salzman: No sé si quiero ganar.
Asmodeo: ¡Imbécil…! ¿Acaso quieres perder?
Salzman: No, tampoco quiero perder.
Asmodeo:¿ Qué es lo que quieres entonces?
Salzman: Jugar. Quiero jugar maestro….Hagamos un chinchón.”

(Crónicas del Ángel Gris. Alejandro Dolina)

 

Asmodeo: Dios extraterrestre del sexo y la guerra.

 

 

El próximo viernes 25 de noviembre, y con la ayuda de los escritores Luís Gámez y Javier Calvo, será presentada en sociedad lo que viene a ser mi tercera novela, Orígenes del Lodo  (la cual ya presenté de forma algo menos formal AQUÍ).

El evento, al que quedáis desde ya todos invitados, tendrá lugar en la librería Gigamesh (Ronda St. Pere, 53. Barcelona) a las 19:00. Traed cerveza.