VIERNES

Es viernes y esta tarde presentamos Orígenes del Lodo. Ahora son las nueve y media de la mañana. Es viernes y esta tarde presentamos Orígenes del Lodo, son las nueve y media de la mañana y estoy teniendo un ataque de pánico en el metro, de vuelta a casa tras dejar a mi hijo en el colegio. No puede ser que ambos hechos estén relacionados. No, porque es viernes, es temprano, esta tarde presentamos Orígenes del Lodo y un par o tres llevan desde ayer noche, desde la presentación de la nueva colección de la editorial, hinchándome el ego con las posibilidades del artefacto, haciendo mapas imaginarios de lo lejos que puedo llegar con los libros que hay hasta la fecha y los que hipotéticamente vendrán detrás. No puede ser. Me bajo en mi parada y llego al portal de mi edificio (del lugar que habito, pero no el metafórico sino el real) y subo las escaleras de dos en dos. No recuerdo abrir la puerta. No recupero el aliento hasta que me tiro en el sofá y me hundo durante un par de horas en una suave y gris languidez post-traumática.

Digamos que ya estoy preparado.

Almuerzo con los editores y recojo al niño del colegio. Digamos que ya estoy preparado porque, de lo de esta mañana, no le digo nada a nadie. En Gigamesh, antes de la presentación, hay gente a la que no conozco y gente a la que conozco muchísimo y gente a la que conozco un poco menos. Están y estoy. Bien. Digamos que preparado. Un par de mis mejores amigos me abrazan. Preparado, pues. Echo de menos a otro par, pero cada uno de los presentes cuenta por uno, así que bien. Bien. El sr. Javier Calvo y el sr. Luis Gámez son los mejores maestros de ceremonias posibles. Vengo leyendo religiosamente (y aquí el adverbio no es gratuito) la obra del primero desde que un colega me la recomendase allá por el año 2001, y a día de hoy van ya cuatro lecturas exhaustiva del Libro de las Transformaciones del segundo, así que os podéis hacer a la idea de lo que representa que gente a la que admiras de esa forma acepten sentarse a la mesa con uno para hablar, no sólo con él, sino de él. El sr. Javier Calvo y el sr. Luis Gámez me ponen de voz propia y autor relevante, y me ponen de amalgamador y raro en general; en realidad, debo quedar en algún punto intermedio entre esas cuatro coordenadas, simplemente, nada más, pero se lo agradezco igual. Desde el momento en que empiezo a contribuir yo, la presentación se convierte en un juego del pilla-pilla: Calvo y Gámez son listos, muy listos, y saben muchísimo de lo suyo y de lo mío, pero yo estoy de un humor raro y nervioso: me persiguen y cercan, tratando de que desvele en voz alta mis mecanismos y mis temas y mis intenciones, y yo finto y esquivo y a veces huyo y otras me río. Vale, no estaba preparado; aun así, está siendo divertido. Llega el turno de preguntas. Como era de esperar, apenas hay una sola.

Ha acabado. No ha sido para tanto. ¿O sí?

Me preocupa lo de esta mañana, aunque sólo hasta que llega la cerveza. No, en serio: ha acabado, pero no ha acabado, porque en el refrigerio post-presentación (una cerveza tras otra, tras otra, en una terraza cercana, no os vayáis a creer…) se sigue hablando de mí y aún tengo que ejecutar un par de fintas, en pleno bajón de adrenalina. Seguimos así hasta la cena y al fin yo ya no soy yo. No ha sido para tanto. Más cerveza, un par de ellas de doce grados, y charla filosófica con el que, para mí, es uno de los cinco mejores poetas españoles contemporáneos. No está mal. De lujo. Además, llegan las doce y resulta que, con la hora, llega su cumpleaños. Me siento cojo. Sensaciones contradictorias. Feliz pero preocupado; sin creerme del todo lo que ha pasado, pero en algún momento he dicho la soberana gilipollez de que “soy mi propia corriente literaria”, pero no soy casi nada y más bien pequeño, a esta mañana me remito, pero no se me pide otra cosa mas que sea parcial, pero necesito descompresión y poner esto por escrito. Casi mejor admirar a otros pero, joder, tras este viernes igual hasta acabo admirándome a mí mismo un poco más. Sólo un poco.

Casi nada, pero suficiente.

3 comentarios
  1. Marco dijo:

    Grande la etiqueta “Hecho vs. ficción”.
    Grande eres, joder. Ya partiendo del hecho de que, como bien decías, Ruina, y todo lo demás, por supuesto existe. Asmodeo está ahora mismo pidiéndome que sangre otro abrazo con usted cuando tenga la menor ocasión.
    En cuanto pueda, Rotbailer me ha dicho que dará cuenta de una breve reseña de su engendro.

    Sea condescendiente, es apenas un chiquillo.

  2. yume dijo:

    desde lo lejos nos moríamos de ganas. y no se angustie, no le queremos por los éxitos, si no por las cevezas (y por el niño más listo de la ciudad)

  3. suscribo lo dicho por yume, palabra por palabra.

    (siempre que tengo oportunidad, enseño orgullosa el dibujo del monstruo marino con un ojo de tirar rayos que tengo en mi cuadernito. Y los zombis, claro.)

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