archivo

Archivos Mensuales: abril 2012

Más cosas…

Durante los últimos dos meses o así, he estado supervisando y colaborando en la edición de M.E.T.A, un extraño fanzine más o menos metatextual que es uno de los proyectos con los que más he disfrutado en bastante tiempo.

Digo que este Multi-Emulador de Texto Arcade es extraño porque, si bien trata de videojuegos,  ahí no encontraréis reseñas, opiniones, novedades ni absolutamente nada de lo que pueda verse en cualquier otra publicación al respecto. M.E.T.A. es sólo texto, texto y más texto; una recopilación de ficciones al respecto de una serie de videojuegos, en su mayoría clásicos; sin fotos, sin ilustraciones, pero sí con códigos QR flotantes que ponen al lector en situación.

Como se especifica en la declaración de intenciones:

M.E.T.A. es lo que es: un Multi-Emulador de Texto Arcade: un fanzine de metatextos inspirados por videojuegos antiguos, o no tanto, en los que sus autores se sirven de escenarios, personajes, tramas, fondos y formas para emular, replicar e incluso a veces amplificar las sensaciones, reminiscencias y procesos mentales inherentes al juego, a la partida: un juego ficcional sobre el juego real, que al tiempo es ficción a la que se juega: un Multi-Emulador de Texto Arcade: una galería de espejos frente a espejos frente a espejos que son pantallas de recreativas, pantallas de televisores de tubo conectados a videoconsolas obsoletas, pantallas de PC de última generación en la que corren sofisticadas aplicaciones de retro-juego y, finalmente, la pantalla como una caverna platónica de los ojos del jugador: M.E.T.A es producto y propiedad de sus escritores tanto como es producto y propiedad de los que programaron los juegos a los que se refiere, tal como éstos son, en última instancia, producto y propiedad del jugador, del lector: M.E.T.A. es lo que es.

Digo que M.E.T.A es más o menos metatextual porque, tal como su título índica, la intención de la revista es presentarse como “emulador textual”. En ella, los distintos autores tratan de reflejar su experiencia con el juego usando los elementos mismos de éste, confeccionando una réplica, una suerte de actualización que, sin ser una fan-fiction ni un análisis, opera según las dinámicas del juego, se mueve en su mismo contexto.

Desde hace unas semanas pueden verse aproximaciones, muestras de lo que será, tanto en el BLOG que hemos habilitado a propósito como en su mandatoria PÁGINA EN FACEBOOK, que ofrecerán complementos a la lectura y servirán de contacto directo con los artífices, y a través de los cuales se podrán solicitar ejemplares.

Digo que el fanzine es uno de los proyectos con los que más he disfrutado en bastante tiempo, porque, maldita sea, todos los implicados en él son amigos míos. Podría decirse que íntimos. Entre todos lo hemos cocido, como si de una conspiración se tratase, para que el resultado fuese exactamente el que pretendíamos antes de presentarlo al mundo. Es posible que, si la cosa funciona, en el futuro se invite a colaborar a otros autores; pero, por el momento, queríamos concedernos el experimento a nosotros mismos, por nosotros mismos. Y la experiencia ha acabado resultando un viaje apasionante.

Así, la nómina de relatos y colaboradores para este número 1 es la que sigue:

COMPLEJO por Fco. Javier Pérez

DOUBLE DRAGON por J.M. Morón

HALF THROTTLE por Úrsula McCorkle

THRILL KILL por Óscar Espinosa

METRO CITY por Iván Valle

GHOSTS´N GOBLINS por Marco Antonio Raya

TRIBULACIONES DE UN MEGA HOMBRE  por Forfy Von Zipper

PITFALL 2 por Daniel Lasmarías

EL CÍRCULO DE BELANGOR por Ricardo Riera

(diseño y maquetación: Astrid Ortiz)

Todo esto es M.E.T.A.

Por apenas 3€.

Disponible a partir del próximo lunes 23 de abril.

A por ello.

 

Black Pulp Box es el descomunal nuevo proyecto al que mi casa madre, Aristas Martinez, está a un tris de dar a luz. Como su nombre indica, se trata de una caja, una caja “negroide” más que “negra”, que contendrá una antología de relatos, una revista de cómic, un ensayo, dos novelas cortas y un fanzine. 976 páginas en total, en las que 85 autores pivotan alrededor del que quizá sea el punto de partida, la excusa de homenaje, menos ortodoxa que yo haya visto jamás: lo Blaxploitation, para más inri pasado por el tamiz de lo autóctono. 85 autores (cuya nómina completa puede encontrarse AQUÍ) con los que, a mi entender, el asunto acoge en su monstruoso seno una representación de prácticamente toda la cultura (sub-, contra- y mainstream) española contemporánea: Laura Fernández, Robert-Juan Cantavella, Antonio J. Rodríguez, Grace Morales, Darío Adanti, David Rubín, Patxi Irurzun, Manuel Donada, la gente de 5000 Negros, la gente de Enlace Funk…

85 autores entre los que tengo la inmensísima fortuna de contarme, aportando, por mi parte, tres piezas hechas a propósito para la ocasión:

“Las Nuevas Aventuras de Ganchete y el Ruso Blanco”, incluído en la antología Amazing Bold Stories; un largo relato Pynchoniano-Cyberpunk con inteligencias artificiales venidas del espacio exterior y Mad Doctors negratas y arrabaleros.

“Maquia”, incluído en el fanzine Aftersun; un cómic breve protagonizado por un superhéroe posmoderno capaz de moverse en el tiempo a voluntad, Einstein, Franco disfrazado de gorila y ancianos a los que en sus residencias se les obliga a maquillarse como cantores de jazz para ser humillados en público.

Y “Carnaval Según San Judas”, mi última novela corta, cuya sinopsis viene a explicar lo siguiente:

Tras la muerte de su padre, Plinio Santero es ahora el único negro en San Judas; por herencia, chamán y vertebrador del pueblo entero. Y, a pesar de él mismo, a pesar de lo cansado y desesperado que pueda estar, no le va a quedar más remedio que cargar con la cruz que le ha caído encima.

Porque puede que su mejor amigo esté a punto de morir. Porque la cohesión y los afectos de su harén de mulatas se están viniendo abajo a causa de la intromisión de un periodista venido de la capital. Porque los técnicos del ministerio están sembrando San Judas de cámaras de videovigilancia. Porque cada uno de estos despropósitos tiene lugar a la vez que llega Carnaval, el tiempo en el que nada es cierto y todo está permitido.

Carnaval Según San Judas es el escalofriante y adrenalínico relato de bienvenida al progreso en un paraje atrasado y enquistado en la sima más honda de la España más profunda, en el que la superstición impera y los descastados, los malditos y los locos campan a sus anchas.

La verdad, no se me ocurre una forma cabal y mesurada de expresar lo muy, muy orgulloso que estoy de participar en algo así.

Si existe algo susceptible de ser etiquetado como “acontecimiento editorial del año”, sin duda es esto.

A por ello, pues.

Entrad. Bienvenidos. Esto no es una crítica y casi, casi, casi no es ni una opinión. Estáis en mi versión particular de la Suîte Momo. Tiene tanto que ver conmigo mismo como con el “Decálogo de poemas desesperados y una canción de amor” que los altavoces de mi ordenador están escupiendo en este preciso instante. No es un crítica. Casi, casi, casi ni siquiera una confesión. Sí, pero no, pero sí. Quedaos un rato, por favor, pero no prestéis demasiada atención a los acabados. Mi Suîte Momo no está tan ordenada como la de otros; definitivamente, no es ni mucho menos tan bella. Escuchad…

 

1. Lo mismo que ayer.

Sí, hola, muy buenas. Estoy de vuelta, después de unas casi dieciséis semanas perseguido por cosas hechas de sombra y que me han estado empujando a una ristra de proyectos hacia los que de buena gana he corrido como propulsado por cierta pulsión suicida, como necesitando dejar cosas claras a modo de nota de suicidio. En estas casi dieciséis semanas de ser acosado por concupiscentes musas oscuras y gaseosas, manando de tapas de alcantarilla, surgiendo de túneles del metro, poseyéndome a plena luz del día y a la vista de todo el mundo en la esquina menos pensada, musas a prueba de balas y conjuros, por más estrambóticos que fuesen éstos, pero francamente majas, sinceramente cariñosas, he pergeñado una primera versión de la que espero sea mi nueva novela, la continuadora y entrega final de la trilogía Cinco Canciones de Cuna y Orígenes del Lodo; he jugado a ser editor de un fanzine a medias entre la literatura y el videojuego; he creado y pulido hasta la extenuación el guión de mi segunda película; y he luchado a cuchillo con una crisis nerviosa con cuerpo de quiebra económica, genitales de mala suerte envolvente, extremidades viscosas de autocrítica destructiva y el rostro de todas las mujeres que me han roto el corazón o simplemente negado sus favores sexuales durante toda mi vida adulta. Han sido dieciséis semanas de aventura; sí, podríamos llamarlo así. Sí, hola otra vez, muy buenas. Estoy de vuelta, tras casi dieciséis semanas y voy a intentar sacarme ahora la penúltima espina que me queda clavada y molesta en el espíritu, una constante recurrente, constantemente aplazada: decir algo del nuevo disco de Suîte Momo.

Del resto, de la novela y el fanzine y otro par de asuntos que dejo en el tintero electrónico, hablaremos otro día. Hoy, toca arremangarse y publicar esto de una maldita vez ya. No va a ser fácil.

 

2. Dionysos.

No va a ser fácil porque escuché por primera vez ese “Decálogo de poemas desesperados y una canción de amor” que va a ocuparnos durante los siguientes párrafos la noche del mismísimo día de mi cumpleaños; de fondo, celebrando con los colegas; a la mañana siguiente le dediqué otra buena escucha, atenta y paciente y resacosa; desde entonces llevo dándole vueltas a este texto; vueltas, literalmente. Porque mientras aún ponía en claro mis primeras ideas al respecto del disco, acudí a la presentación en directo de éste, y tuve que coger todo lo que llevaba redactado y tirarlo a la basura. Porque, permitidme el arranque de sinceridad, la media docena de veces que me había sentado a prestarle atención a lo nuevo de Suîte Momo, antes de aquel concierto, no me había gustado; el juego de palabras del título me parecía blando y facilón, la letra de algunos de los temas me parecía torpe y a medio hacer, la producción y el sonido de la mayoría de ellos se me antojaba pobre, irregular, descompensada, demasiado amateur para lo ambicioso que pintaba el disco en un primer momento y la calidad que el grupo había demostrado en la anterior entrega; tenía la continua sensación de que uno de mis grupos favoritos había dado un paso en falso, peor aún, un paso atrás. Sigamos sincerándonos: llegado el día de la presentación, ya casi había desistido de dar mi opinión en público de “Decálogo..”; Suîte Momo son viejos conocidos de esta casa, aún más viejos y aún más conocidos si tenemos en cuenta que un tercio de la formación actual del grupo son antiguos compañeros de instituto y amigos que antaño fueron íntimos, y no me parecía bien echarles mierda encima, menos aún si tenía en cuenta que era muy probable que esa mierda sólo estuviese en mi cabeza. Pero entonces fui al concierto…

 

3. Guantánamo.

En concierto, “Decálogo de poemas desesperados y una canción de amor” es otro, suena como debería. Un consejo, que contradice los rituales tradicionales de la historia del Pop: id a ver a Suîte Momo en directo antes de escucharles en la intimidad de vuestro hogar; luego, comprad sus discos y apreciadles a partir de la primera impresión resultado de su puesta en escena. Sólo entonces Suîte Momo serán vuestros, en la acepción más amplia de la expresión.

Para describir aquella presentación, necesitaría otro post entero. Tendrá que valer un resumen: encerrado en aquella sala con el grupo y sus acólitos, con su brutal distorsión y la madurez que demuestra cada componente sobre las tablas, me sentí estúpido más allá de toda profundidad y medida. Bien. En directo, Suîte Momo son algo así como el sueño húmedo de una adolescente tardía: algo duro y musculoso pero dotado de una sensibilidad serena y segura de sí misma; algo tan capaz de partirle la cara a quien te falte al respeto como de prestarte un recio hombro en el que llorar, un pecho en el que acurrucarte durante una perezosa mañana de domingo. A guitarrazos, Dani y David y los demás barrieron de encima de mi mesa ontológica toda esa mierda que, efectivamente, sólo estaba en mi cabeza.

 

4. 2 peces

En directo, Suîte Momo son puro y perfecto Pop. Son reales, honestos y efectivos, y comunican directamente como sólo el Pop puro, perfecto y verdadero puede hacer: de forma sentimental: hablan a la rabia (nótese el matiz: hablan “a”, no “de”) con rabia, hablan a la añoranza con añoranza, hablan al gusto pubescente por lo dionisíaco con gusto pubescente por lo dionisíaco y hablan al amor con amor.

“Decálogo de poemas desesperados y una canción de amor” es, por tanto y a la nueva luz, un disfraz. Y yo era un gilipollas que no había pillado el chiste.

 

5. Punto y final.

La contracubierta de “Decálogo de poemas desesperados y una canción de amor” reza:

“Suîte Momo nos introduce en diez historias de búsqueda de uno mismo, inquietas anécdotas de desencanto de sus protagonistas, escalones que cuando son superados nos llevan a la cima de la escalera de la vida: el amor”

Vale. El disco es un disfraz, yo soy gilipollas, veamos si podemos pillar el chiste… Dejo en la papelera todos los archivos de texto con mis prejuicios, hago sonar el “Decálogo…” en bucle en los altavoces de mi ordenador y escribo…

 

6. Momo 6.

(notas para una evaluación pista a pista del dichoso “Decálogo de poemas desesperados y una canción de amor”)

“Lo mismo que ayer”: sampler con ínfulas zen, puede que una declaración de intenciones – un riff de introducción que funciona a la perfección – “sigo pensando lo mismo que ayer”, desde luego, suena a los Suîte Momo de siempre – la canción estalla y se estabiliza y estalla de nuevo – un juego de sonidos anárquicos como colchón – remisión al sampler inicial – una puerta abierta – coros de fantasía.

“Dionysos”: rock noventero – algo de psicodelia forzada – primer problema con la producción: el tema podría sonar muchísimo más oscuro de cómo lo hace – aun así, la rugosidad de las guitarras y el bajo machacando cumplen de sobra a la hora de traer a primer término la angustia veinteañera que, creo, se pretende – ahí está parte del disfraz: la canción podría ser una cosa, pero es otra completamente distinta, como el mismo adolescente protagonista de la letra, que podría ser alguien pero es otro alguien completamente distinto del marco referencial en el que se le quiere encajar.

“Guantánamo”: corte brusco – acústicas sincopadas – otro espejo tramposo: podría ser una canción protesta, pero es algo distinto – aquí la psicodelia no se busca, no parece solicitada con tanta urgencia, pero desde luego llega y se queda, fluye – una muerte subacuática, renacimiento en una ínsula de distorsión y un coro deliciosamente intrascendente.

“2 peces”: oscuridad proto-grunge, ahora sí – esa modulación no le hace ningún bien a la voz pero, paradójicamente, sirve a la letra – baja definición – sin vestimentas superfluas – el punteo suelto de la guitarra solista le lleva a uno atrás en el tiempo, veinte años atrás.

“Punto y final”: el single que debería haber sido y no fue – otra capa pelada al disfraz – tan Suîte Momo como en el primer corte, pero con un tanto por ciento indeterminado a sumar de pura actitud – se invoca a la serenidad desde los campanarios de un órgano demasiado alto – campanarios que las guitarras tratan de escalar, ayudados de efectos – “escondido en el pasado” de la canción anterior, aún no recuperado para ésta, son indisociables, “punto y final” – esa batería es el tipo de corazón que me gustaría tener, la pieza que necesitaría si quisiese convertirme en un tanque mental humano.

“Momo 6”: embriagador y exasperante síndrome de derrochar el tiempo – letra perezosa arropada por una base rítmica de punk-rock rápido como un manifiesto automático – la psicodelia se ha quedado y no nos deja volver al presente.

 

7. Caperucita a ciegas.

En su día, Dani, el líder de la banda, me hizo llegar una copia previa del videoclip para que le diese mi opinión. Lo que le dije es algo que queda entre él y yo. Sólo voy a especificar que me parece una de las mejores conjunciones de imagen, música y letra que yo me haya echado a la cara en mucho tiempo, y que de cuando en vez rezo a deidades malévolas y manipuladores para que favorezcan que, en el futuro, en lugar de mi opinión, Suîte Momo me pidan que les escriba el guión de algo como esto. Así de efectivo.

 

8. Johnny muy mal.

expolio a las arcas de los primeros Soundgarden – más o menos lo que Stone Temple Pilots siempre hubiesen querido hacer – pero, la pereza en las letras, de nuevo… – hubiera preferido un mensaje algo más claro y, al tiempo, menos banal – los últimos parches del disfraz o, como poco, uno más de éstos: Suîte Momo huye de la réplica, claro que podrían haber calcado a los grupos anteriormente citados, pero entonces no serían ellos – en última instancia, es su elección – “muy mal”, pero sólo para mí y desde una sola perspectiva, lo cual no significa más que “muy bien”, contemplado desde cualquier otra perspectiva posible.

 

9. Los nihilistas de Lebowski.

desnudos – órgano y violín y flauta travesera- y luego la canción se viste a sí misma, calzándose el disfraz pieza a pieza a pieza a pieza – mi favorita, sin duda – una llamada al orden del medio tiempo – la presión musical acumulada busca una brecha de salida y resulta que aquí uno se enamora, tal cual, del “Decálogo…” – inspiración, síncopa, una esperanza declamada desde las profundas cuerdas – aquí se gana a los puntos y el tiempo es desperdiciado – a estas alturas, sólo hay Suîte Momo – el “perdedor”, gilipollas, eres tú – no te despistes.

 

10. Matrix.

menos de tres minutos de redundancia rockera – nuevos ecos a Soundgarden y otro viaje atrás que no llega a sublimar, porque queda manchado por un sonido demasiado limpio – claro: “descubrir lo que se esconde detrás” – allanando el terreno para el final – el punto de pivote con restallido de platos de la cara B de una hipotética versión en vinilo del “Decálogo…”.

 

11. Libélulas.

más Pop que el Pop mismo – acústicas calmas y más violines, jugueteo de teclados – Suîte Momo se quitan la careta en un estribillo que no dice nada – y, oh “caja de sorpresas”, cabría pensar que esta es la canción de amor del título, pero no, sólo es el correcto cierre, porque la canción de amor, la verdadera aunque disfrazada, está cuatro temas antes, triscando por el bosque que contiene a estas libélulas, siguiendo a Caperucita – vuelve a escucharlo todo desde el principio, y estate atento a las máscaras – bajo el antifaz y el artificio, sí, sí y sí, “Decálogo de poemas desesperados y una canción de amor”, como su generador nodriza, es algo duro y musculoso, sensible y  sereno y seguro de sí mismo – a pesar de tus primeras preconcepciones – algo tan capaz de partirle la cara a quien te falte al respeto – partírtela a ti – como de prestar un recio hombro en el que llorar -prestártelo a ti- un pecho en el que acurrucarte durante una perezosa mañana de domingo – y también es un viaje y también… – joder – funciona – vuelve a escucharlo todo desde el principio, entra al disfraz…

 

Y ahora suena la alarma de incendios en mi Suîte Momo. La terrible estridencia vacía los pasillos del edificio abandonado al que os he invitado hoy. La alarma chilla, implora perdón por lo larguísimo del texto. Es totalmente impropio para una entrada en un blog de las características de este. El cortocircuito que son los últimos tiempos, las colinas de la percepción desmoronándose tal como en esta misma casi, casi, casi crítica se cuenta de soslayo, traen habitualmente monstruos así. Esa va a ser mi única excusa. Todo lo que se ha dicho debía decirse. Debía decirlo. Cuenta saldada, pues. Cerrad la puerta al salir, por favor. Yo voy a quedarme un rato más, probándome los disfraces localizados, sacándolos de sus perchas y forrando el suelo y las paredes con ellos. Me gusta esto de decorar mi propia Suîte Momo, a mi propio gusto.

¿Oís eso? La alarma. Se ha callado. Así que, hasta luego.

A otra cosa.

 

Hay un proverbio Zen grabado en el arco de la puerta por la que se accede a mi escritorio:

 

El Maestro en el Arte de Vivir

apenas distingue entre

sus obligaciones y sus aficiones,

su trabajo y su ocio,

su mente y su cuerpo,

su educación y su recreo,

su amor y su religión.

Simplemente persigue su visión de la excelencia

en todo aquello que hace,

dejando a los demás que decidan

si está trabajando o jugando.

Para él, siempre está haciendo ambas cosas.

 

Sólo para que lo sepáis.

 

 

 

Cristo es el paraguas de nuestras camisitas verde lechuga… corean los Valientes Pelagatos Sin Guerra Que Les Ladre… Porque no vea usted la que está cayendo… Parece un raro Vade Retro, esto de enseñarle el crucifijo a las nubes vampiras… Llueve… Hace unas semanas, varias mezquitas de toda España organizaron una serie de rezos públicos llamando a la lluvia; ha funcionado; parece que su Dios la tiene más larga que vuestro Dios, ¿eh? O puede que simplemente a ningún Dios le gusten las procesiones… Me divierte tanto como al que más ver llorar a los capillitas porque no pueden sacar a la virgen a pasear por culpa de la tormenta… Pero míralos qué monos, con sus camisitas verde lechuga, el rapado perfecto de sus cráneos, el perfecto recorte de barbas y perillas, ni un pelo fuera de sitio; he visto marchantes del Orgullo Gay más desarreglados que ellos… Bellos y honorables… Recuperar el honor… dice la Voz Del Pueblo Retrógadro Y Horripilante… Y si estas demostraciones ramplonas de no-sé-muy-bien-qué-pero-da-risa-y-un-poco-de-vergüenza-ajena tienen algo de recuperación del honor, ya podemos ir haciendo las maletas y a correr… Porque salgo a pasear una tarde cualquiera, pongamos ayer por la tarde, y veo hordas de pobres desarrapados desmantelando en migajas la chatarra acumulada junto a los contenedores de basura, dándose prisa antes de que llegue la brigada municipal de recogida de trastos viejos… ¿Recuperarán ellos su honor en algún momento, o el honor de estos no importa?.. Aún os va a caer una hostia por entorpecimiento del buen funcionamiento de los engranajes cívicos, montón de mierda violenta-pasiva… Dos esquinas más allá hay un grupo de estudiantes revolviendo en otro contenedor, dentro del contenedor, cribando lo que las fruterías y colmados han tirado tras el cierre porque ya no lo pueden vender, en busca de algo que llevarse a la boca; hay chavales con pinta de estudiantes, algún inmigrante, alguna altanera ama de casa… más desarrapados… ¿El honor de esto tampoco cuenta, o es que rebuscar comida en la basura se pesa con otra báscula moral?.. Es necesario restringir el derecho de reunión y de seguridad ciudadana, para que se aborde la problemática de la ocultación de identidad… declara el Perro de Presa De Las Escuadras de Tíndalos, mientras con una mano bajo la mesa sigue cobrando los intereses de los sobornos por las obras defectuosas que llevaron al derrumbe del barrio del Carmel, por ejemplo; con la otra mano da un último empujoncito que coloque a su hermano en un cargo fácil, cómodo y que mueva un buen dinero para la familia, digamos el Servicio de Meteorología de la Generalitat… Y, sin embargo, llueve, los capillitas lloran… Muy, muy honorable, bastardo… ¿Sabían ustedes que a los crucificados, como a los ahorcados, se les sueltan los esfínteres medio segundo después de que se produzca la muerte cerebral?.. Imaginad el mejunje de lluvia sucia, heces licuefactadas y orines, resbalando, goteando desde el madero, escurriéndose por las muñecas de los Valientes Pelagatos, colándose por los escotes abiertos y salpicándoles las camisitas verde lechuga; imaginad esa peste y tendréis una preciosa metáfora de este vuestro país, ahora, en este vuestro presente inmediato… Feliz Batalla Perdida, guapos.