BLACK PULP BOX

Black Pulp Box es el descomunal nuevo proyecto al que mi casa madre, Aristas Martinez, está a un tris de dar a luz. Como su nombre indica, se trata de una caja, una caja “negroide” más que “negra”, que contendrá una antología de relatos, una revista de cómic, un ensayo, dos novelas cortas y un fanzine. 976 páginas en total, en las que 85 autores pivotan alrededor del que quizá sea el punto de partida, la excusa de homenaje, menos ortodoxa que yo haya visto jamás: lo Blaxploitation, para más inri pasado por el tamiz de lo autóctono. 85 autores (cuya nómina completa puede encontrarse AQUÍ) con los que, a mi entender, el asunto acoge en su monstruoso seno una representación de prácticamente toda la cultura (sub-, contra- y mainstream) española contemporánea: Laura Fernández, Robert-Juan Cantavella, Antonio J. Rodríguez, Grace Morales, Darío Adanti, David Rubín, Patxi Irurzun, Manuel Donada, la gente de 5000 Negros, la gente de Enlace Funk…

85 autores entre los que tengo la inmensísima fortuna de contarme, aportando, por mi parte, tres piezas hechas a propósito para la ocasión:

“Las Nuevas Aventuras de Ganchete y el Ruso Blanco”, incluído en la antología Amazing Bold Stories; un largo relato Pynchoniano-Cyberpunk con inteligencias artificiales venidas del espacio exterior y Mad Doctors negratas y arrabaleros.

“Maquia”, incluído en el fanzine Aftersun; un cómic breve protagonizado por un superhéroe posmoderno capaz de moverse en el tiempo a voluntad, Einstein, Franco disfrazado de gorila y ancianos a los que en sus residencias se les obliga a maquillarse como cantores de jazz para ser humillados en público.

Y “Carnaval Según San Judas”, mi última novela corta, cuya sinopsis viene a explicar lo siguiente:

Tras la muerte de su padre, Plinio Santero es ahora el único negro en San Judas; por herencia, chamán y vertebrador del pueblo entero. Y, a pesar de él mismo, a pesar de lo cansado y desesperado que pueda estar, no le va a quedar más remedio que cargar con la cruz que le ha caído encima.

Porque puede que su mejor amigo esté a punto de morir. Porque la cohesión y los afectos de su harén de mulatas se están viniendo abajo a causa de la intromisión de un periodista venido de la capital. Porque los técnicos del ministerio están sembrando San Judas de cámaras de videovigilancia. Porque cada uno de estos despropósitos tiene lugar a la vez que llega Carnaval, el tiempo en el que nada es cierto y todo está permitido.

Carnaval Según San Judas es el escalofriante y adrenalínico relato de bienvenida al progreso en un paraje atrasado y enquistado en la sima más honda de la España más profunda, en el que la superstición impera y los descastados, los malditos y los locos campan a sus anchas.

La verdad, no se me ocurre una forma cabal y mesurada de expresar lo muy, muy orgulloso que estoy de participar en algo así.

Si existe algo susceptible de ser etiquetado como “acontecimiento editorial del año”, sin duda es esto.

A por ello, pues.

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