MAGIA 1.0 – EL SUBSUELO (I)

No creo que sorprenda a nadie si digo que la magia, el ocultismo y lo esotérico son una gran influencia no sólo en lo que hago sino en lo que soy y en cómo vivo. Lo que sí es raro es que, siendo como es esto un puntal tan grande, no me haya prodigado más al respecto aquí, en este bizarro escritorio virtual que me emperro en mantener. La explicación fácil, rápida y simple es que aún me considero un aprendiz en estas lides; estoy muy lejos aún de declararme mago a viva voz y en público (aunque sí lo hago a oscuras y en la intimidad, pero eso es otro tema), si bien he participado en rituales e incluso he dirigido alguno, experimento continuamente con los conceptos y las técnicas de la rama conocida como Magia del Caos, con la semiótica y la simbología religiosas, con el sueño lúcido y la psicogeografía y, por supuesto, todo lo anterior es parte connatural a mi literatura.

Y como lo mío con la literatura, con el hecho de escribir, no sé precisar muy bien cómo empezó, aunque sí me atrevería a definir a partir de qué se encarriló. Las raíces difusas de la inquietud, por expresarlo de algún modo, se hunden más o menos en la primera adolescencia, con el descubrimiento de la figura de Aleister Crowley en alguna revista y el posterior ahondar en su vida y, sobre todo, en su obra, seguido de las visitas a los archivos casi olvidados de la iglesia del pueblo, a los manuales de demonología dejados allí y, de esto, a Anton La Vey y la Biblia Satánica, al pseudo-ocultismo de David Lynch, a los primeros intentos de invocar y contactar con “cosas”  y a profundizar aún más en Crowley… Como el Rock n´Roll, en aquella época la magia y el satanismo eran ese Algo peligroso y atractivo que le desmarcaba a uno de los demás alrededor. Aunque, en mi caso, la exploración no quedó en eso. Seguí adelante y zigzagueé, partí desde Nietzsche hacia el budismo zen y Alan Watts, de él a C.S. Jung y hacia Robert Anton Wilson, de vuelta a Crowley y a John Dee, a Austin Osman Spare, a Kenneth Grant, a los grupos de decondicionamiento y los ciber-chamanes que regentaban una casa okupa en la barceloneta, a Cirlot, al Tarot, a practicar cada vez más, obtener cada vez más resultados y, finalmente, lo que abracé para mí: esa Magia del Caos de la que hablaban Phil Hine y Peter J. Carroll, de la que me enamoré gracias a un texto de Joel Biroco.

Hechicero, escritor, pintor y editor de la esencial revista KAOS (en la que en su día colaborasen tipos del calibre de Lionel Snell o Alan Moore), Biroco ha sido una influencia enorme en mí durante los últimos ocho años y hoy, porque sí, porque es un día tan bueno como cualquier otro, he decidido, con permiso del autor, colgar aquí una traducción de aquella diatriba irreverente y desopilada que no detonó nada pero sí, como he dicho, encarriló mucho.

Un par de advertencia previas… Primero: lo que encontraréis a partir de esta introducción sólo es la primera parte del texto que, por su extensión, he preferido cortar para dejar aquí en dos entregas en el curso de esta semana. Y segundo: no esperéis grandes revelaciones, no al principio cuanto menos; este “Ve al Subsuelo y Sé un Mago del Caos” de Biroco es, a primera vista, un artefacto punk escrito con muy mala uva, irreverente, a ratos simplón, a ratos demagógico, salpicado de rabia y angustia adolescentes, delirante y, quizá, directamente estúpido. En parte me encanta por eso. También porque, como cierta parte de la magia, no debe entenderse o intelectualizarse, sino vivirse y leerse entre líneas, ver en él lo que no se dice pero sí se dice, lo que se dice de muy malos modos pero que en el fondo no se puede decir de otra forma. Me gusta porque habla del Subsuelo, de los cimientos del mago, y nadie antes se había referido a ello en estos término. Sin más, ahí va. Espero que os sirva.

VE AL SUBSUELO Y SÉ UN MAGO DEL CAOS

por Joel Biroco

¿Qué es este mundo de odio y lucha y guerras y odio y lucha y guerras? ¿Es, por casualidad, un mundo de odio y lucha y guerras? La respuesta es SÍ, joder si lo es, y quiero salirme.

Quiero el Subsuelo de la existencia en el que estoy ahora, el Subsuelo de la vida. Pero, ¿dónde está ese Subsuelo?, preguntarás, ¿y cómo puedo llegar hasta él? Bien, si estás trabajando, entonces lárgate de ahí, coge el primer autobús de vuelta a casa, no sin antes decirle a tu empleador que le jodan y que se dé prisa en enviarte el cheque con tu última paga. Que le den por el culo a los preavisos; si no puedes largarte tal cual, por las bravas, no serás capaz de descender al Subsuelo. A continuación, busca un cuchitril donde caerte muerto y apúntate al paro. Prepárate para estar puteado durante semanas hasta que consigas ver algún dinero, sobre todo teniendo en cuenta que has sido tú quien se ha largado del trabajo. Grítate a ti mismo “se acabó toda esta mierda”. Esto es el equivalente a mojar el dedo gordo del pie en las aguas del Subsuelo antes de zambullirte.

Ahora satura tu sistema nervioso central con alucinógenos, escuchando la Novena de Beethoven/The Clash/lo que sea, a todo volumen, durante meses. Cómprate un acuario de segunda mano y móntalo en tu cuchitril; no importa si el cristal está roto, porque vas a usarlo para cultivar psilocybe cubensis. Cuando el clima empiece a ser algo más cálido, empieza a buscar semillas de marihuana. Piensa en ti mismo como en alguien que huye de la ley, o alguien siempre un paso por delante del rebaño, o el dueño de un burdel. Ya no estás “viviendo”, sino “resistiendo”. Busca una forma artística en la que trabajar, empieza a dibujar en lápiz y tinta, cómprate una máquina de escribir baqueteada. Conviértete en un recluso, no te afeites, que te crezca la barba, no te cortes el pelo ni te peines, tira la basura directamente al suelo, cría gallinas en tu habitación. Recita “la propiedad es robo” diez veces al día hasta que te suene como algo obvio. Lee libros como Memorias del Subsuelo de Dostoievsky, Down and Out in Paris and London de Orwell, La Revolución del Día a Día de Vaneighem y el Libro de los Cinco Anillos de Musashi. Empóllate a Burroughs, Beckett, Celine, Kerouac, Coctescu, Rimbaud, Hesse, Poe, Baudelaire, Lautremont, Nietzsche, Joyce, Stein… Eso sería un comienzo decente; ahora las aguas te llegan a la cintura y la marea parece estar arrastrándote cada vez más lejos de la orilla. Lee Desert Island BIFF, sólo para asegurarte de que no te estás convirtiendo en un simple y llano gilipollas. A estas alturas, ya sólo hay dos direcciones que puedas tomar: de vuelta a casa de tus padres, a suplicar que te acojan porque te has dado cuenta de que el ancho mundo es demasiado duro, o seguir adelante. O lo primero seguido de lo segundo, si consideras que necesitas un momento de respiro.

Ahora métete a fondo en Crowley. Lee el trabajo de Austin Osman Spare y empieza a crear sígilos. Gasta más en incienso que en ropa. De hecho, no vuelvas a comprar ropa nueva. Dale dinero a los mendigos aunque no te lo puedas permitir, basándote en que es muy probable que algún día acabes siendo uno de ellos y sólo alguien como tú podrá ayudarte entonces. Así es como empiezas a vislumbrar el mundo del Subsuelo. Date una vuelta por el centro de la ciudad cada semana o dos, y simplemente observa. Sólo quédate quieto y mira. Siéntate en la acera todo el día a ver cómo la gente va y viene, observa a los artistas callejeros y practica cómo decir que estás sin blanca sólo con la expresión del rostro. Hazlo hasta que ya no parezca que finges ser pobre, siente la riqueza de ser pobre. Nunca gastes más de un billete de cinco de una vez, si no es para distribuir tu arte, imprimir tus escritos o producir una revista. Come menos, si con eso puedes tener un rango mayor de Letraset. Aprende las mil cosas que se pueden hacer con lentejas. Después de un tiempo, empezarás a experimentar el Subsuelo como un lugar real, contigo cada vez más y más enredado en él, hasta llegar al punto en el que puedas empezar a establecer tus propias normas; no tienes por qué ser un mendigo, no tienes por qué vivir con las chinches como única compañía, pero por haber soportado esa clase de vida por un tiempo habrás aprendido a ver qué es el Subsuelo y serás capaz de moverte libremente por él. No requerirás más que un vistazo para diferenciar a los chulos de los policías de paisano, a los camellos de los trileros, los vividores, los navajeros, los periodistas freelance y los hackers en busca de una mente criminal maestra que los contrate; todos ellos se mostrarán ante ti tal como son, sin poder ocultarlo. Tú, por otra parte, como mago del caos, tendrás totalmente bajo control la impresión subjetiva que causas en otros; podrás, a conveniencia, proyectar el aura de cualquiera de los anteriormente mencionados y muchos más, o volverte invisible, sólo otra cara en la multitud, según tus deseos y propósitos. He aquí el secreto del Subsuelo: mezclarse, fundirse y perderse, acechar en él, sin amaneramientos.

Uno sólo puede fundirse con algo cuando lo conoce, y no hay lugar que enseñe más lecciones que el Subsuelo, al existir como existe en un plano mágico diferente al que frecuentan aquellos que tratan de ser magos de nueve a cinco, los que conmutan, los “oficinistas”. La magia funciona con mayor efectividad en el Subsuelo al ser la urgencia causada por el caos sustancialmente mayor que la que puedan experimentar aquellos que viven su vida en el marco de un orden impuesto. Así como un hombre corriente posee el potencial de convertirse en un héroe al ser puesto por el destino en una posición de peligro, posee el potencial de hacer cosas de las que no se hubiese creído capaz si hubiese tenido tiempo para pensar en ello, tal puede un mago cualquiera volverse un gran mago cuando su entorno es el puro caos, estribando la diferencia en que este caos es procurado de forma deliberada y encarado despacio y con firmeza, como quien pasa de puntillas junto a un tigre mientras el animal duerme. Uno se coloca en posiciones de peligro cuidadosamente, con la intención de obtener la cooperación y la fuerza del tigre, y quizá su sigilo; la fusión con el entorno para así caminar sin ser visto u oído, para literalmente abalanzarse sobre el objeto de deseo. Eso es la Magia del Caos.

2 comentarios
  1. Felmanuel dijo:

    Esto es como miel. Y cristal. Una puñalada necesaria en el centro de mi mente tambaleante. Y una invitación a… algo que no es para cualquiera, como dijo Hesse. Gracias por compartir el “desvarío” del señor Biroco.

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