LA ECONOMÍA DE NUESTROS PADRES HA MUERTO

La economía de nuestros padres ha muerto pero la Historia no ha acabado, y la necesidad de improvisación hurga en las narices de todos en busca de algún resto, alguna traza, sólo una, por pequeña que sea, algún viso de respuesta que se haya podido filtrar accidentalmente desde estos cerebros nuestros de grupo humano que mayor cantidad de información haya atesorado jamás, porque todos sabemos, a pesar de que la mayoría no sepa que sabe, que a estas alturas de la marcha histórica somos adultos, aunque disfuncionales, negados y anulados por la negación y la anulación mismas, por los estados padre y los sistemas padre y los medios padre para alcanzar ningún fin, por los contrapesos de una tradición madre mal entendida y una fortuna madre mal domada y una esperanza madre mal infundada en tramposos relatos de resiliencia, y aun así, adultos, aquí nos hallamos, ninguneados, bien reducidos a enésima pieza de la masa ignorante que bala a los domingos por la mañana, bien ultracínicos devaluados y siempre sospechosos, bien a perpetuidad distraídos con migajas y discursos obsoletos, en cualquier caso eternos adolescentes como lo fueron y son ellos, pero, en nuestro caso, mal que nos pese, sólo en apariencia, y si bien el potencial está aquí y es nuestro, seguimos emperrados en usar esta energía evolutiva y fundamental para alimentar al motor de consumo eterno, ese que ahora se nos muestra desventrado y en toda su esplendorosa obsolescencia programada, en lugar de embragar y frenar y declarar que, no, ya no necesitamos que nos digan qué esta bien y qué está mal, qué es ley y qué es patria, porque, como especie, hemos tenido tiempo de sobra para aprendérnoslo al dedillo.

La economía de nuestros padres ha muerto, y ya que ellos y sus padres, y los padres de sus padres, colaboracionistas, permitieron que absolutamente todo lo demás se imbricase en ella, participase de ella y corroyese con ella las muchas realidades alternativas que tenemos al alcance de la mano, ahora todo se siente turbio, flácido y ciertamente hediondo, tanto que los vapores no nos dejan ver que esto no es más que el período refractario tras el salvaje coito capitalista, tras la petite mort, y hacia la caricia concupiscente después, o hacia el cigarrillo desdeñoso en la habitación contigua, o hacia reanudar el acto pero esta vez con más delicadeza, más cómplice y atento para con las necesidades y gustos del otro.

La economía de nuestros padres ha muerto y el cadáver se abotarga en nuestras casas, que no nos atrevemos a llamar hogares porque el hogar es aquello a lo que se nos ha programado a aspirar, y se abotarga por ello en la sensación de haber sido deshauciados de antemano del pisito en propiedad de laxa hipoteca y feliz placa de latón para siempre atornillada en el buzón que se nos prometió y aún se nos promete, y ahí llegan los gusanos, hambrientos a un nivel inconcebible, hambrientos pues la economía es sólo un concepto y no precisamente de los más nutritivos, tan y tan y tan hambrientos, estos gusanos, que no les queda más opción que devorarse a sí mismos, y he aquí cómo sobre el despojo putrefacto se impone una pátina de decadencia y terror y asco, porque no tendremos vivienda propia, ya no, y vivir de alquiler hasta que no vivamos más se nos antoja, así de bien hemos sido programados, un gusano gordo con el que lidiar entre calambres de angustia, porque no alzaremos familia alguna desde los cimientos de una relación romántica cuyo erotismo se ha desvanecido rápido por efecto de la rutina y las grietas de lo que no cuentan las comedias ni los manuales de autoayuda, ya no, porque no hay más contratos laborales fijos en el horizonte y el ser eventual también se nutre ahora, la idea prospectiva de ello, de su propia mierda, de su propia cola, porque los dioses Luz, Agua, Gas y Teléfono agonizan y se han mostrado pobres sustitutos, mediocrizaciones, de los objetivos naturales de nuestra necesidad de adoración, y así, mañana, quizá pasado mañana, la costra de lagañas ahora descascarilladas caerá del todo y veremos que el sábado será el día de Saturno, el domingo el del Sol, el lunes el de la Luna, el martes el de Marte, el miércoles el de Mercurio, el jueves el de Júpiter y de vuelta al viernes, día de Venus, veremos días-panteón-planeta-semiótica de forma tan obvia como comprendemos que todo es uno y lo mismo y sólo eso, ya no más nada más que nosotros.

La economía de nuestros padres ha muerto y eso está bien, las cosas tienen que morir, pero acabemos ya con el velatorio, los honores han sido rendidos con creces y las armas entregadas, y es nuestro turno de exigir que se nos devuelva la alucinación y se nos permita convertirla en un proceso de otro signo, quizá absolutamente contrario, así como la opción de dejarla abandonada en la cuneta y tejer otra… muerta la economía, pues,  Ecce Homo.

4 comentarios
  1. I have read so many posts on the topic of the blogger lovers except
    this piece of writing is truly a nice post, keep it up.

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