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Archivos Mensuales: octubre 2012

Hace unos meses, el fabuloso artista Álvaro Barcala y un servidor estuvimos trabajando en una colaboración extraña, un proyecto preñado de intimidad y tejido con todos los intereses compartidos por ambos, recurrentes en nuestras conversaciones y en base a los cuales habíamos trabado amistad: la magia, el mito, el futurismo, Ballard, lo sagrado y lo mundano en el arte, el fetichismo y la tecnología social.

Algo que dice así:

“Érase una vez…

una Niña de futuro desecho por las costuras, una virgen del satélite, sin rasgos reseñables más allá de la beatería que le dejó las rodillas peladas y las marcas visibles… cicatrices gnósticas… de un pasado de abandono a las escaleras de un convento de Hermanas Clarisas de las Fibrilas Amiloideas, de unas fiebres y unas piedras en el vientre… Érase una vez una Niña que caminaba por su cuenta y riesgo y a la sombra de un cierto invierno nuclear…”

Colapsorama es un cuento ilustrado para adultos que, a la manera de los relatos de la infancia, pretende funcionar como un tapiz tejido de ideas morales, políticas, espirituales y culturales. Una fábula en la que texto e imagen se retroalimentan, dando lugar a diferentes niveles de lectura; en la que a través de un lenguaje simbólico y aparentemente onírico se muestran problemas muy concretos de nuestra sociedad actual, que el personaje protagonista desvela con su sola presencia, por medio de la observación, como si de una cámara cinematográfica sensible y consciente se tratase.

Colapsorama es la historia de una niña, Cénit, y del viaje iniciático que es su paso a la edad adulta, análogo al proceso de degradación de la forma de civilización que habita, por el que la civilización misma despierta a la iluminación del individuo y la voluntad. Para ello, narración e ilustración se trenzan en un lenguaje alegórico en consonancia, inventando una nueva iconografía mitológica; la iconografía de los mitos del colapso.

Hoy, Álvaro y yo decidimos que esto ya no sea más sólo nuestro. Colapsorama, este maridaje entre texto e imagen en el que tanto hemos volcado los dos, debe salir al mundo y ver la luz, todas las luces; debe abandonar la choza de nuestras cabezas y nuestros bocetos y nuestros ordenadores y nuestras mejores intenciones, para echar a andar hacia donde sea; pero no queremos que entre en los bretes y retruécanos de los procesos habituales de publicación, de ser evaluado a destiempo y sin ganas, no queremos que acabe en un cajón, o la espera ad infinitum de que alguien apueste por ponerle una etiqueta con el precio.

Por todo esto, y tres o cuatro cosas más, hemos optado por regalarlo.

Desde hoy, Colapsorama está disponible en iSuu, gratis, para lectura, descarga o lo que buenamente os plazca hacer con ello. También podéis bajar el Pdf desde COLAPSORAMA y leerlo, perderos en él, imprimirlo, fotocopiarlo o compartirlo.

Desde ya mismo, es vuestro. Ahí va, con toda nuestra satisfacción y orgullo y la esperanza de que lo disfrutéis tanto como hemos disfrutado nosotros pariéndolo. Así sea.

Describí mi voluntad, en su forma más simple y eficaz, en una sola frase, con rotulador sobre el pedazo de papel más blanco que pude encontrar. Tal como manda la técnica, taché las vocales de mi deseo; luego eliminé las consonantes repetidas. Con la ristra de letras no asociadas más que a sonidos de ángulo recto y mantra, monté un símbolo, una representación de B fusionándose con R y V pisando a T y degradándose en D y Q, dibujando y redibujando, reconfigurando, repasando, una línea sobre otra línea y emborrando ambas con la siguiente, hasta que el símbolo fue abstracción pura, a medio camino entre una pintura rupestre y un diseño alienígena. Tenía un sígilo.

Me forcé a observarlo atentamente, sin pestañear, resiguiendo cada trazo, fijándome en cada mancha, rehusando la asociación de cada quiebro con el grafema del que había partido, hasta que el sello mágico de mi voluntad pura me quedó grabado en la retina, de forma que al cerrar los ojos éste se pintase automáticamente en los párpados.

Sería un conjuro de rojo, llama, calor, masculinidad, enfrentamiento, martes y sexo: me senté a meditar en una habitación a oscuras, suspendido en la discordancia de los sonidos de la urbe a primera hora de la mañana colándose por las rendijas de las persianas bajadas en las ventanas abiertas, en postura de medio loto, concentrado sólo en la respiración, diafragmática, y en el sígilo tatuado en el nervio óptico, usando toda la imaginación, todo artificio aprendido hasta hoy mismo, para expulsar al sello del plano físico, haciéndolo refulgir al ritmo de mi inspirar y expirar: ya no papel sino mente, ya no tinta sino plasma psíquico, ya no el color del rotulador sino una paleta no representable y que no existe fuera de mí. Veinte minutos después, el sígilo estaba cargado y, al recuperar la cuartilla sobre la que había garabateado su tosca matriz perinatal, ésta ya no significaba nada, sólo un cascarón al que prendí fuego y arrojé a la taza del váter. Tirar de la cadena fue el pase mágico que lanzó el hechizo; sin amarras de memoria, duda o intención, el sígilo me abandonó para ir a hacer la tarea encomendada. En cuanto me olvidase completamente de él, mi deseo quedaría cumplido y ya sólo restaría lidiar con la cuestión del pago, de a qué habría de renunciar cuando el aspecto concreto de la realidad sobre el que había decidido imponer mi voluntad se plegase y concediese.

El encantamiento dejó atrás el parque de atracciones de la psique y se fue a un cielo de concesionarios y máquinas, filtrado por la lente de una cámara de seguridad, rebotando en una bolsa de bajas presiones, por canales y lagunas donde centauros adictos al orgasmo y paralizados por la fuerza de las necesidades del mercado de intercambio subconsciente guían cubas comunales de sueño a las cabezas de los seres de sangre en los barrios bajos de la mujer Barcelona, con los fríos azules de sus planes urbanísticos solapándose en la Historia para permitir que quepan temperaturas sociales variables, la Barcelona madre de virtudes, matrona de vicios, charadas eléctricas batientes y la naturaleza bermellón de un encantamiento a la deriva maridando con ese azul y dando lugar al violeta de algo cinco grados por encima de una alucinación, itinearios de hábito de consumo y tiempo perdido en contemplaciones, mi esposa Barcelona hueca de pasadizos convergiendo en un centro del mundo y sus leyendas urbanas a buen recaudo como nuestros hijos con ojos de santa, de todas las santas, patronas de los barrios, consagraciones, canales y lagunas patrullados por barcazas que son ideas con el escudo de la policía municipal rotulado en los laterales, ciudad condal en cuyas carnes constituyentes se escondió el encantamiento de mí e hilo conductor umbilical abierto de inspiración con el que nutrirme sin intermediarios, puertas al campo mórfico, pase, la idea Barcelona ciudad siendo mi idea Barcelona, encantada, fertilizada por el mago, todos ellos, los que moran, contra el polvo grasiento en las torres de escucha y los centros mágicos, cielo roto, ahora sinfonía, los que bailan luminosos y los que agachan la cabeza fueron terreno yermo para el pacto, de intramuros a los pueblos simbiontes que acabaron siendo consustanciales. El encantamiento. La mujer ciudad. Un nudo.

Al día siguiente, varios de mis contactos en Facebook e Instagram fotografiaron la cama deshecha de Barcelona, sus sábanas revueltas durante el sueño inducido por el hechizo y los restos orgánicos a ellas adheridos, la huella de radiación de la fiebre nocturna y el hálito flotante de fantasía, y subieron las imágenes a sus respectivos perfiles.

Descargando todas ellas y montándolas en mural, obtuve un mapa perfecto en su inadecuación, hecho de arrugas e irregulares y asimétricos redondeles salinos, manchas de sudor, una pestaña como el murete de un resto arqueológico y diminutas escaras de caspa como hidrantes o tomas de alta tensión. Introduje ese callejero privado en el procesador de una aplicación de software abierto que convierte archivos de imagen en archivos audio, analizándolos píxel a píxel y cambiándolos por notas sueltas y espectros de vibración, produciendo una canción a base de drones salpicados de fantasmales siseos de módem y picos de agudos y hondas simas de graves. Comprimí acto seguido la pieza Midi en un Mp3 que poder guardar en el iPod, me vestí y salí a caminar sin rumbo, toda la atención puesta únicamente en el infinito remolino de intimidad, revelaciones y comunión conjurado por la más literal fuerza de mi deseo y susurrado ahora en bucle en mis auriculares. Hipnotizado, desagüé hasta el fondo del Maelstrom de Barcelona y quedé unido a ella para siempre. Todo. Hecho.

Amén.

Toma dos pellizcos de la esfera de piel y neón y los baja con un trago de agua reciclada. La nueva luz carmesí le muerde las pestañas; un chute de sangre limpia al blanco del ojo.

La atmósfera de anticuario le enfría los nervios. Esta casa grande se contrae hasta caber en la hipófisis de la Chica, que pide la palabra y enmudece a la vez cuando los calambres del canal del parto del obturador de su cámara de fotos analógica capturan una a una las piezas del ajedrez expuesto en el escaparate de su ahora: ese reloj parado, ese escritorio rayado de arañazos histéricos, esa figurita de porcelana sucia cuya línea temporal de dueños se cuenta en lápidas, herencias y malas ventas… como si de los fantasmas de todos los finales de verano pasados se tratase. El día claro vuelve los cuerpos de vidrio. Los objetos, sin embargo, siguen sólidos y opacos y como deben, anclados en los años acumulados y en la historia. Armarios repletos de ceniza que encierran a hijos hambrientos y esposas negligentes, calculadoras Rokli de manivela mostrando la fecha de caducidad de los cadáveres abotargados por el ahogamiento de los actores del siglo pasado, sextantes rendidos a la inoperancia a largo plazo de cualquier sistema de medición por estar todos condicionados a cierto antropocentrismo de feria…

Anoche el duende que solía acampar en el dintel de la ventana de su habitación se marchó para no volver. Sexo defenestrado, sí, pero, ah, la soledad mórbida le sienta tan bien.

Fotografía las llamas en las que arde el traje de boda de su padre. Fotografía la franja horaria cristalizada de la masiva acumulación de conflictos familiares que se perdió cuando era niña. Esos que la pasaron por alto, en los que nació, engarzados en los objetos y así materializados, contenidos por la casa grande, metafóricamente idiotas. La Chica engulle otro pedacito de futuro y éste la deja ciega pero le abre de par en par todas las cavidades. El Señor de sus progenitores la penetra por ellos. Su vagina con dientes de cremallera se insensibiliza, su boca exhala fiebre, su ano automáticamente dolorido se blinda, sus oídos llegan a un orgasmo de silencio, su ombligo se abandona al temblor y a la humedad pegajosa de la eyaculación inerme en la marcha atrás del rapto y los colores de todo son sólo uno y atildados en tono sepia. El Señor es lección y estómago.

Horas Alzheimer se acumulan en un condensador. Electricidad tan barata como el cielo. Lenguaje de gemidos. Un olvido de décadas que llevar puesto (la Chica viste hoy botas militares de última generación, medias de rejilla, shorts vaqueros, camiseta genérica negra sin mangas y caperuza roja) y los hipervínculos que entretejen lo que es la casa grande como un solo patrón recurrente en el tapiz del miedo. Gemido herpes en la lengua de las horas.

Fotografía el strip-tease completo. Fotografía el susto y la risa sardónica. Fotografía su reflejo anacrónico en el espejo de cuerpo entero, rococó, que la amilana con sus efectistas fastos. Fotografía el rastro de humo ectoplasma (algo como aceite en agua estancada) que deja el tono de aviso de mensaje entrante en el smartphone enfundado en su bolsillo derecho. Fotografía su propia sombra, subproducto de lámparas de bujías, y se sienta en el suelo.

Las ideas que la Chica desde siempre se ha visto obligada a tragarse, dejan ahora la matriz, hinchan sus senos y salen, vomitadas. Casi vivas. Dolorosamente contemporáneas.

Ideas momento. Suyas. Bienvenidas. A las que la Chica responde y reacciona sin mentiras. Al fin.

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:espíritu de MISTER HAMBRE acecha Europa, por todas las cosas=acecha, acecha, acecha=feas que dijeron de ti. Un palacio de la ópera de la mente en el que colocar las cargas explosivas no-metafóricas necesarias para la risión=derramamiento=contra abrigos de visón independentista… la fuerza burguesa de MISTER HAMBRE niega a las estrellas si no son viejas glorias o patrones de pensamiento resistentes a las vacunas ANTROPOQuímicas del nuevo siglo=que ya tiene doce años y sus propias profecías apocalípticas, amor=>>SUPERPOLVO de niñas de sexualidad anulada por la imaginería conservadora/escatológica=la válvula de escape de lo bienpensante=aislada en aulas de segregación que son, otras no-metáforas, las condiciones ambientales de la represión sufrida por los abuelos.

:el SUPERPOLVO de MISTER HAMBRE como romantiquísima idea de anarquista-héroe-cultural que también es un producto vendible a Mundo Karaoke=oh, mis cicatrices Rock n´Roll=… haz lo que quieras será el total de la ley…=cuando los medios de información convencional han embarrancado en su propio fracaso e intereses creados y está todo ahí para que todo el mundo tenga la misma=exacta, doble, elíptica, sucia, sucia, fea=visión cosmética, MISTER HAMBRE se hace un pajote con nodos y rizomas, corriente excéntrica de pensamiento puesto por escrito>>con las niñas al pajar, lente sucia de la webcam=sucia, sucia, fea, pule, brilla=¿qué MARCA PAÍS tenderá con sus armiños en el patio de luz vocinglero hoy, PIEZOELÉCTRICA madame agorafóbica=mamá, teta, tele, democracia=, con su debate armado de conceptos que no le interesa se sepan abstractos?>>vaya a ser que otras abstracciones la recubran a usted, grandísima puta social, con un exoesqueleto viscoso, blando, adaptable, que corroe de fuera a dentro y vuelve el contenido vapor y…

:un maquinal ANIMAL SOCIAL desolla en funcionamiento>>el envoltorio psico-sexual PIEZOELÉCTRICO de la infinita broma institucional clamando respeto en pose de MARCA PAÍS: la cultura siempre fue de la danza de fantasmas, pero no como un recrear nostálgico=no-hubo-unos-buenos-viejos-tiempos-sólo-Tiempo-viejo-gastado-en-las-costuras=que se pega a la suela de la evolución, sino como legado, pliegos, paquetes de datos transmisibles por vía esotérica=el contacto con los afluentes ectoplásmicos que pasan pero no quedan cuando el ANIMAL SOCIAL se sienta a su meditación zazen diaria=sobreexposición, contraexposición, respirar, estar sentado solo, sólo sentado=hasta llegar a MISTER HAMBRE con la dosis justa de conocimiento tan adulterado que es Una Cosa Nueva.

:MARCA PAÍS: ¿Cuándo llegaron las viejas humanidades a hacerse verdaderamente viejas? ¿Dónde dejaron de ser niños para desafiar la autoridad por una autoridad mayor, más ancha, más guerrera, que hubo de llevar a la mente colmena? En nuestra celda, en nuestro claustro, velamos… MISTER HAMBRE: En mi inmenso olvido, el intrincado mecanismo de coordinación que nos es análogo se ha quedado con las pulsiones más básicas…=>> Tú, PIEZOELÉCTRICA fulana MARCA PAÍS, como recordatorio de la madre alegórica en la que encarnaste la guerra y el terror, te estableces por carencia constitutiva… Y, así, vuelvo a ti… O te devuelvo…=dejémonos fuera y ardamos como no hemos ardido nunca antes, nunca después y malencarados vayamos al círculo a partir del que definir las nuevas esferas que, por esta suerte de maldición no va a ser tal… no va a ser nueva nunca… nunca antes y nunca después lo será… perdidos en los verbos que contorsiona la hosanna salvaje… MISTER ANIMAL HAMBRE SOCIAL: la subjetividad humana se caracterizaba por la brecha entre esferas, hasta que llegamos nosotros, oh.

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