archivo

Archivos Mensuales: mayo 2013

0. Lo que sigue no es una reseña.

portada-256k

1. La Insólita Reunión de los Nueve Ricardo Zacarías es la historia de un científico loco, de una pandilla de monstruos absolutamente materialistas y de una habitación de hotel que cobra vida al ser extirpada de nuestro continuo espacio-temporal para existir en una peculiaridad cuántica.

menojoven

2. Menos Joven es la historia de una entidad daimónica que ni siquiera sabe que lo es, de una pandilla de monstruos ficcionales brotando del proverbial “sueño de la razón” y de una realidad consensual que no es más que un tejido confeccionado con los relatos de nosotros mismos que nos contamos los unos a los otros.

16161433

3. Her Fingers es la historia de una bruja, de una pandilla de monstruos imposibles que vibran en el espacio entre las categorías real/imaginado y de una inmensa metáfora facetada que contiene infinitas metáforas dentro de sí.

4. La Insólita Reunión… es un libro que también es una investigación, un rastro de miguitas en forma de preguntas que, al final, no llevan a ninguna parte. Pero está bien que así sea, porque lo importante aquí son las preguntas y cómo en este juego de espejos (La Insólita Reunión… también es un libro-juego, y un libro-maelstrom) el lector aprende que las coordenadas, cualquier coordenada, es mutable y depende del observador. El poder del oráculo reside en la interpretación de sus respuestas por parte del que formula las preguntas, así como en cuánto de respuesta ya residía en la pregunta.

5. En Menos Joven, sin embargo, las preguntas no caben. Es un libro que es también el mejor programa de radio del mundo, en tanto que evita de forma casi psicópata el silencio (el silencio meditabundo del minimalismo) con grandes pedazos de prosa preciosa y densa que, también, puede servir como banda sonora. Aquí el lector aprende que el lenguaje, por sí mismo y desbocado, es puro placer; que el lenguaje y su uso implacable es terriblemente necesario si tenemos la honesta intención de comprender de qué coño va lo que nos rodea, y que el lenguaje es el más valioso armazón alrededor del cual contruir nuestra personalidad.

6. Y Her Fingers, por su parte, retuerce preguntas, discursos y contextos para mostrar cómo la imaginación pura puede conformar un universo que es tanto paralelo como ligeramente esquinado, desbaratando lo real para regalarnos una suerte de nuevo sistema perceptivo que trae además consigo una sanísima pulsión por la desobediencia. Si nada es cierto, todo está permitido. Si todo es abstracto, podemos conformarnos con la mediocre repetición de esquemas e inquietudes a la que ya se afanaron muchos otros antes que nosotros, o bien optar por lo bizarro, lo radicalmente imposible porque, caramba, resulta que esto es tan válido como lo anterior.

7. Las tres obras son experimentos y, por tanto, muy, muy distintas entre sí. A pesar de ello, tiendo a conectarlas cuando pienso en ellas (quizá sólo a capricho, es cierto…) con puentes blandos y frágiles pero que no puedo evitar cruzar: las tres tienen el sabor caracterísitico de Barcelona (mi ciudad, la ciudad de la que estoy enamorado mal que me pese), el regusto ácido del casco antiguo, el barrio gótico y el raval, lo insípido pero crujiente de los ensanches y lo dulce hasta lo enajenado tanto de Pedralbes como de Sant Martí o Gràcia; las tres entretienen y divierten sin plegarse al entretenimiento porque sí ni a la estupidez, son “difíciles” (entre comillas, porque más bien no son “facilonas”) en idéntico grado y así mismo satisfactorias; las tres subvierten cualquier preconcepción y se niegan a replicar o imitar nada, a pesar de beber de miles de fuentes dispares (generos, referencias culturales cruzadas, influencias del entorno inmediato) derramadas en un torrente de caos del que destilan su propia entidad, su propia voz; las tres hacen del concepto de libro un artefacto tecnológico.

8. Este es el tipo de literatura que quiero leer. Ciencia Ficción que no lo es y, al tiempo, sí lo es. Ideas enormes trenzadas con otras más pequeñas en red de cuentas narrativas. La forma y el contenido en comunión para verdaderamente aportar algo, que hacen de la lectura una verdadera experiencia. Literatura hecha aquí, en España, y que nada tiene que ver con el pseudo-academicismo y la postura vacía de nocilleros, nuevodramáticos, post-nosequé, after-nosecuántos y neopulp-regurgitadores. Lo mejor de todo: a esto de lo que estamos hablando aquí no se le puede poner etiqueta alguna, no es un producto.

9. Lo que sigue sí son reseñas, con las que estoy bastante de acuerdo:

La Insólita Reunión de los Nueve Ricardo Zacarías, en Tendencias 21

Menos Joven, en El Lamento de Portnoy

Her Fingers, en La Biblioteca de Ilium

10. Como indica el título, esta entrada son sólo notas, aceleradas y sin sentido ni intención más allá que el de dar las gracias a Colectivo Juan de Madre, Ruben Martín Giraldez y Tamara Romero por la excitación y la inspiración que me han provocado lo que sus tres retoños me dicen. Debía decirse.

Ciclope gr

Formulémoslo así…

Hiperstición: la superación de la superstición, la profecía autocumplida por el ensalmo del hype, elementos de ficción que se abren paso a la realidad factible… En el principio fue el verbo, sí, pero el verbo refería a algo; refería a una arquitectura que, verbo mediante, se autorrealizó en un discurso performativo que se bautizó a sí mismo como realidad… Luego se encarnó en un ojo en el cielo, dador de vida pues al ser un aparato esencialmente cognitivo creaba al ver, delimitaba al comprobar, plantaba progreso al supervisar… El pecado está en los ojos del que mira; el resultado depende de la coordenada espacio-temporal-sensitiva en la que el observador se encuentre… A imagen y semejanza, el único ojo del Cíclope (esa hipotética raza de gigantes guardianes de la ansiedad por falta de vínculo con lo divino del primer Hombre) fue la especulación materialista del verbo… El primer Hombre llevaba a cuestas una concha de caracol hecha de conceptos secretados por él mismo, carga informativa cristalizada en algo físico e integrada a lo aparentemente no-informacional, a lo material, a lo estructural, y bajo el peso de esa concha el Hombre se arrastraba por la Tierra, dejando un rastro de baba para que el Cíclope pudiese seguirle, encontrarle y, en el mejor de los casos, prever su rumbo y quizá (la eterna esperanza del Hombre puesta en la acción que nunca se realizará) intervenir, como un padre severo pero justo o como una confirmación de que tras el verbo había alguna clase de Gran Plan Último… Aunque dentro de la concha resonaba cada noche la misma pregunta: ¿existía tal Cíclope, o era sólo una invención del Hombre, un consuelo?… Los caminos del Hombre y el Cíclope nunca llegaron a cruzarse, pero siempre quedaba la fe… Cosa que no evitó que el Cíclope se extinguiese, cuando la concha del primer Hombre fue tan grande como para albergar a su descendencia de millones… Ahora la concha como una epidermis y un mapa es explícita, y tira de magia barata al exhibir el concepto en, digamos, una valla publicitaria o una campaña de concienciación o la especulación de los mercados bursátiles, antes de escarcharse en concretamente ese producto que tras mucho anunciarse ya está a la venta, en concretamente ese éxito de público que ya venía pregonándose al público mismo antes de que éste tuviese la oportunidad de juzgar, en concretamente ese repunte en el valor de la empresa… Hiperstición; ficción tornándose realidad… En honor al Cíclope, en legado y por si acaso, queda el ojo en las cámaras del telediario y el ojo en el medidor de audiencia, el ojo en las comisiones de control gubernamental y la pregunta: ¿acaso el supervisor del Hombre no es más que una invención del Hombre?… El ojo en el papel moneda, el ojo en el tratado de anatomía topográfica y, más allá del ojo, el verbo, todo eso que tú y yo usamos para contarnos de qué va este contexto mientras lo recorremos en círculos, paso a paso a paso a paso.

Articulo0002658

Veámoslo de esta forma…

Antes del Hombre, el ritual consistía en atar un dios muerto a un dios vivo, frente a frente… Desnudos, despojados de sus respectivos atributos… De tal modo que cada parte de uno estuviese en contacto con su contrapartida… Boca viva contra boca muerta, palma de la mano viva contra palma de la mano muerta, genitales vivos contra genitales muertos… Durante lo que durase el proceso de degradación del dios vivo, el Consejo Gaia seguía alimentándole con plegarias, fórmulas mnemotécnicas y artificios neurolingüísticos, bien mediante pictogramas, bien por transmisión oral… Porque el lenguaje y la comunicación no son un virus, sino su vehículo; el vehículo de los dioses, que sí son el agente infeccioso súper-multiplicable transmitido al Hombre… En determinado momento, los límites entre lo vivo y lo muerto se emborronaban, los gusanos y las toxinas derivadas de la descomposición formaban un puente pútrido que deshacía las diferencias superficiales entre el cadáver y el cuerpo aún latiente, estableciendo una continuidad indisoluble, una indistinción absoluta, entre ambos… Era entonces, sólo entonces, en ese infinito segundo de comunión, cuando se dejaba morir de hambre al dios vivo… Rápidamente, la doble carcasa machihembrada se ennegrecía y licuaba en una Negra Sangre de la Tierra que el Consejo Gaia inhumaba como una proyección de futuro, un modo quizá cruel pero eficaz de asegurar la supervivencia de lo que siempre fue y debe ser siempre… ¿Qué significa “supervivencia”, de todos modos? Si la vida es un factor constituyente, inherente a cada acción (sólo “hace” lo que está “vivo”), superarla, aun formando parte de ésta, para conservarla, no es más que una paradoja estúpida… Y así la Negra Sangre de la Tierra llegó al Hombre y a las máquinas del Hombre y a los objetos del Hombre… Polucionando, por supuesto, y delimitando políticas geológicas tras máscaras de monoteísmo y provocando guerras, pero también inspirando… El movimiento, el avance… Y acelerando la evolución con otros aspectos de dioses emparejados suspendidos en estados simultáneos (vivo/no-vivo)… Tanto tizne en las estatuas, que son una imagen idealizada de lo que fuesen, como anhelo y desvelo en el patrón que pugna por imponerse sobre el patrón Oro (ese Tejido Amarillo de la Tierra cuyas células invadir y volver cancerígenas) en la escala de valores del Hombre… Así en la atmósfera como en la endodoncia… Mediante la Negra Sangre de la Tierra se devuelve a la ciudad su quintaesencia, por la que esas entidades que se dejaron matar encuentran más significado y beneficio en sus restos exhumados (como objetos concretos, tangibles y reverenciables para el Hombre) que en lo abstracto de su divinidad; al fin, de tal modo, pueden copular y contaminar y, bajo su manto, tú y yo, ciudadanos, aquí, les replicamos.