HIPERSTICIÓN

Ciclope gr

Formulémoslo así…

Hiperstición: la superación de la superstición, la profecía autocumplida por el ensalmo del hype, elementos de ficción que se abren paso a la realidad factible… En el principio fue el verbo, sí, pero el verbo refería a algo; refería a una arquitectura que, verbo mediante, se autorrealizó en un discurso performativo que se bautizó a sí mismo como realidad… Luego se encarnó en un ojo en el cielo, dador de vida pues al ser un aparato esencialmente cognitivo creaba al ver, delimitaba al comprobar, plantaba progreso al supervisar… El pecado está en los ojos del que mira; el resultado depende de la coordenada espacio-temporal-sensitiva en la que el observador se encuentre… A imagen y semejanza, el único ojo del Cíclope (esa hipotética raza de gigantes guardianes de la ansiedad por falta de vínculo con lo divino del primer Hombre) fue la especulación materialista del verbo… El primer Hombre llevaba a cuestas una concha de caracol hecha de conceptos secretados por él mismo, carga informativa cristalizada en algo físico e integrada a lo aparentemente no-informacional, a lo material, a lo estructural, y bajo el peso de esa concha el Hombre se arrastraba por la Tierra, dejando un rastro de baba para que el Cíclope pudiese seguirle, encontrarle y, en el mejor de los casos, prever su rumbo y quizá (la eterna esperanza del Hombre puesta en la acción que nunca se realizará) intervenir, como un padre severo pero justo o como una confirmación de que tras el verbo había alguna clase de Gran Plan Último… Aunque dentro de la concha resonaba cada noche la misma pregunta: ¿existía tal Cíclope, o era sólo una invención del Hombre, un consuelo?… Los caminos del Hombre y el Cíclope nunca llegaron a cruzarse, pero siempre quedaba la fe… Cosa que no evitó que el Cíclope se extinguiese, cuando la concha del primer Hombre fue tan grande como para albergar a su descendencia de millones… Ahora la concha como una epidermis y un mapa es explícita, y tira de magia barata al exhibir el concepto en, digamos, una valla publicitaria o una campaña de concienciación o la especulación de los mercados bursátiles, antes de escarcharse en concretamente ese producto que tras mucho anunciarse ya está a la venta, en concretamente ese éxito de público que ya venía pregonándose al público mismo antes de que éste tuviese la oportunidad de juzgar, en concretamente ese repunte en el valor de la empresa… Hiperstición; ficción tornándose realidad… En honor al Cíclope, en legado y por si acaso, queda el ojo en las cámaras del telediario y el ojo en el medidor de audiencia, el ojo en las comisiones de control gubernamental y la pregunta: ¿acaso el supervisor del Hombre no es más que una invención del Hombre?… El ojo en el papel moneda, el ojo en el tratado de anatomía topográfica y, más allá del ojo, el verbo, todo eso que tú y yo usamos para contarnos de qué va este contexto mientras lo recorremos en círculos, paso a paso a paso a paso.

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