RE: HIPERSTICIÓN

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Digamos que…

Hay una vibración subyacente a la ciudad que es el zumbido constante de lo eléctrico y lo electrónico al que ya nos hemos habituado y que se sitúa, aproximadamente, en una frecuencia constante entre los 60 y los 65 hertzios… Este ronroneo de salmodia puede alterarse, afinarse o amplificarse; puede escindirse del resto del paisaje sonoro, del ruido del tráfico, de las interferencias de la naturaleza y de la tecnología pesada, del tictac del biorritmo urbano y volverse accesible gracias al uso de ciertas extravagancias funcionales tales como la psicogeografía o la sintonización ontolingüística… Debido a la  poromecánica del territorio, de la Zona de Operación Humana, en esa vibración se generan Complejo()Agujeros como notas sueltas en el pentagrama para la composición de sólido y vacío que conforma lo real-factual… Entidades meméticas, a las que nos referiremos como Corredores Fantasma No Gregarios, emanan de ellos constantemente, solapando su carrera al trazado de la calle y de la línea de metro, a la arquitectura y circunscripción del sustrato de bodegas y garajes tanto como de edificios y monumentos… Son radicales libres en las historias y las leyendas de la urbe, enraizados en el fondo documental aunque no por ello impermeables a la interpretación subjetiva… Persigo esta noche a uno de ellos, uno de los más pequeños y lentos, que acaba de usar un Arco del Triunfo de estilo mudéjar como punto de control para su maratón perpetua y al que pido humildemente que me guíe hasta casa… Tras su estela ectoplásmica se alzan conexiones con la hueste de escritores y artistas cuya huella en la acera aún resuena… En el área entre el Arco y la Estación del Norte incide con fuerza la radiación residual emanada por el relativamente cercano Parque de la Ciudadela y su masónica Puerta de Europa. No es casualidad que aquí se hayan reunido con asiduidad, durante el último siglo y pico, tertulianos decadentes y conspiradores de la pintura y las letras… En la Estación, el Corredor entretiene la espera hasta que le alcance haciendo cabriolas en el Cielo Caído de Beverly Pepper, el raro grupo escultórico de mosaicos integrados al terreno aledaño (“invertir el espacio y llenarlo con el mundo que lo rodea”, defiende la autora en sus varios manifiestos)… Prosigue, y prosigo yo con él, deteniéndose a menudo a libar la esencia de la sangre vertida por motoristas en los frecuentes accidentes que acontecen en los cruces de calzadas perfectamente verticales y horizontales, venas gordas de Ensanche… Llegamos a una plaza de toros desnaturalizada tras las recientes prohibiciones pero que aún huele a espíritu de degüello bárbaro y sádico sudor ácido de represión sexual mal encauzada; este mes se ha instalado un espectáculo circense aquí y, mira, ahí está el payaso jefe de pista, en el cartelón, con la mirada triste del que implora un perdón culpable al carpetovetónico supervisor de lo rancio… El Corredor rodea la plaza y me hace cruzar un parque a oscuras… Nos detenemos de nuevo, ahora para una micción en una cresta de ladrillo grafiteada con un rostro cubista en azules metalizados que le grita vaya usted a saber qué a los vetustos almacenes que flanquean la glorieta hacia la que se encara; orín dejando una marca de uve invertida en la boca del pelele… Una alfombra ocre de luz de las farolas se desenrolla en línea recta sobre el recuerdo apenas medio formulado de las voces narrativas de algunas de las fábulas ambientadas en el barrio: la crónica del asesinato de la camarera de aquel Snack Bar y su investigación posterior, que llevó a destapar una trama de sobornos para conseguir infladas pensiones alimenticias e injustas custodias maternas en procesos de divorcio amañados; el incendio y la explosión de aquel templo para los mercaderes de la segunda mano, que dejó huérfana a una niña que posteriormente contaría en un escandalosísimo libro su adopción como sirvienta por parte de un matrimonio de potentados fascistas que la introdujeron en el circuito subterráneo de orgías fetichistas entre prohombres de la urbe; el sitio a los trabajadores sindicados en aquella antigua planta procesadora de harina, resuelto con la entrega de un cabeza de turco acusado de sabotaje de los medios de producción absolutista… El barrio de la Hondonada, donde antaño se producía miel para los señoritos del Casco Antiguo y el Centro Neural; miel que aún fluye, radial, bajo los depósitos pluviales, almacenada en dulces grutas apuntaladas por raíles ferroviarios descartados… Mi barrio… Ya casi hemos llegado… Hilaza de pensamiento enhebrada en el Complejo()Agujero; aguja magnética; cuerpo urbano diluido en vibración con la Zona de Operación Humana… Toda la libertad del mundo para deambular al tiempo por el espacio físico y por una imaginaria fotografía mental en blanco y negro, emocionalmente reactiva… La vibración subyacente sube una octava que es un cordón rojo enredándose en chinchetas pinchadas en el mapa recorrido… Cae la última; fachada: 1902; edificio reformado en 1992; rehipotecado en 2012; pintada: EL PUEBLO OLVIDA… Dudo un segundo si llamar al timbre en el portal de casa para despedirme del Corredor con un pitido que desgaje nuestra sintonía. No es necesario; basta con el tintineo de las llaves y con desconcentrarse listando lo que haré al entrar: un beso de bienvenida, un descalzarse, una morosa actualización de estado y un planear el poner esto por escrito… El Corredor Fantasma No Gregario se marcha en espantada. Va a por alguien que podrías ser tú, atento al ruido. Síguele.

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