666

portada_grisos_905

Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.

Apocalipsis 13:18

 

Número de hombre y nombre de hombre. Ya está. Son las únicas pistas. Y es lo único que necesitas. El número, claro, es el 666, esa golosa cifra que, por desgaste, ya no significa nada: se ha identificado con fechas, lugares y cosas, se ha permutado en prácticamente cualquier símbolo concebible y pasado por el filtro de toda semiótica existente e incluso se ha descifrado como la naturaleza intrínseca de la World Wide Web; es la contraseña del Enemigo, inválida por breve, capciosa por sobreinterpretación. El nombre… El nombre es José Puente, autor de uno de los mejores aparejos conceptuales (porque para según qué, según cómo, hablar de “libros” queda pequeño) que he leído en lo que va de año: 666:

 

Piensa un espejo y dentro de él, un hombre enfermo. Piensa un hombre enfermo y dentro de él, su enfermedad. Llámala Madre, llámala Padre, llámala Cualquier parásito y Todas y cada una de las personas a las que has engañado para llegar aquí. Abre los ojos y siente cómo la enfermedad resbala por las piernas: tú estás dentro del espejo, tú eres José Puente. Es el retrato de una vida consciente de vivir un presente crudo, normal, con una soledad pegajosa como una rutina. 666 es lo inesperado de cada día, es todas las vidas que ves mientras sólo vives una. Muchas historias y un único testigo.

 

José Puente es el Enemigo acechando tras el número, un agente decondicionador; basta con echarle un vistazo a su blog para darse cuenta. Y su obra, su 666, es (permítanme ustedes el exabrupto sin matices) algo rabiosamente necesario en los tiempos que nos ha tocado vivir… atornilla espinas -raíces- al núcleo de silicio de la biomasa autóctona, como patitas del bicho fracaso garrapateando pasos lentos… Aquí, en la golosa cifra que ha caducado, en la dulce referencia que se ha vuelto agria y tóxica y ha adquirido una nueva connotación absolutamente subconsciente, se diseccionan las ligaduras familiares como se exorcizan fantasmas a base de porno y música, se habla de política real y desobediente, se devuelve la alucinación a la ciudad y sus ritmos y flujos (tema con el que, ya lo sabes, lector, estoy especialmente obsesionado) y, de continuo, se planta cara al costumbrismo-realista-chachi que Mundo Karaoke intenta legislar como canon multinivel (…así en el mainstream como en lo indie… una realidad-chachi-grande-y-libre…).

 

No corres peligro, no te desgarrarán sus raíces, digo.

Sé que le tiemblan los labios porque es transparente y a través de ella puedo ver

el latido enfermo del mundo, las luces agitándose en la calle, los coches en la niebla, los

cuerpos mintiéndose, la tarde que se apaga y el bosque hasta la autopista, allí donde los

cuerpos bajo la cuneta.

El olor de su pelo a jabón neutro y la piel fina sobre una herida en el pecho,

suave como la seda, como el vientre de una polilla blanca recién nacida. Los huesos de

la mujer son una frágil catedral del deseo donde el maquillaje sobre sus párpados y el

miedo brillan como medusas excitadas.

Soy un ángel, digo.

Y llevo tanto tiempo esperándote[…]

 

Articulado como pseudo-novela a base de seiscientas sesenta y seis piezas de prosa poética regentadas por un narrador protagonista que recorre un camino como una cinta de Moebius que tanto lleva a la autodestrucción nihilista como al equilibrio entre la propia ansiedad y lo socioculturalmente deseable que impone el entorno inmediato, seiscientas sesenta y seis bocanadas de microrrelatos sin fondo en los que resulta absurdo buscar una influencia evidente, porque si algo queda claro ya desde la primera lectura del aparejo es que, aunque esta sea (que yo sepa) su primera referencia larga, José Puente tiene una voz rotunda y propia y con la que puede hacer lo que le dé la real gana, 666 resulta de una profundidad que asusta, de una precisión que desarma, de una belleza que es la belleza fascinante del funámbulo haciendo equilibrios sin percha en la cornisa del edificio de oficinas más alto del barrio… sabemos que no se va a matar, pero podría matarse, pero ¿y si se mata? ¿Cómo reaccionaremos?Se ha definido por ahí como “la lucidez de las vísceras”, y sí, de acuerdo, el rango visceral está y, desde luego, está la lucidez, la lucidez rayana con lo homicida del forense, pero lo que en última instancia define este 666la contraseña del Enemigo, inválida por breve, capciosa por sobreinterpretación… es la brutal imaginación que desborda, para bien, al que se le acerque, los giros metafóricos que se escapan de la página para roturar la memoria y los cristalitos de mugre inteligentísima que quedan adheridos a Todo cuando uno levanta la vista de la frase y se fija en lo que hay ahí fuera, lo que ha estado ahí todo el rato pero que, hasta que no ha venido este tal José Puente a darnos la tecnología narrativa con la que entenderlo, no ha sido capaz de entrar en el índice de nuestro mapa perceptual. Así de bueno es. El que tenga entendimiento, que lo cuente. Si se atreve.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: