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Archivos Mensuales: agosto 2014

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Si no puedes alterar algo, significa que no lo posees. No es tuyo, ni es tú…

Los planificadores urbanísticos aprovechan el mes de agosto para desatar una batería de estrategias de mantenimiento, descompensando por partida doble los biorritmos del barrio: la pereza de acumular calorías al sol se alía de manera imposible con el ruido y herida de los martillos neumáticos y los camiones a rebosar de runa… el óxido del verano impregna las vigas a la vista cuando en éstas aún no se ha acabado de decorticar el de la primavera y el invierno pasados… Es una bofetada turística, a pesar de la asfixiante masificación de todas esas fundas de plástico con patas que no andan como tú o yo andamos sino que se arrastran, con la embocadura muy abierta y a ras de suelo, para capturar y rellenarse de todo lo superficial, superfluo y superconcreto; es una incómoda alegría para el ciudadano residente… Pero queda un filo de infancia en esta hondonada verde (ya sabes: cuando el estío era aquel paréntesis; a eso refiere todo y su importancia: el estío era aquel paréntesis que el común denominador humano trata ahora de reproducir año sí y año también, fracasando miserablemente cada vez), que ensancha un Complejo()Agujero a la altura de la Torre del Fang y se coordina con otro en el Arc de San Sever y otro más bajo los cimientos del Hipercor de Meridiana; tres puntos de pivote en los que me detengo a menudo durante mis paseos de los últimos meses, en una triangulación mediante la que me obligo a mí mismo a servir de fusible entre la ficción y el hecho… Porque si no puedes alterar algo, significa que no lo posees. No es tuyo, ni es tú… Altero pues mi aparato cognitivo para que el territorio, al que quiero llamar “mío” (al que quiero llamar “yo”), me cambie y para que ese cambio altere el territorio que, alteración del aparato cognitivo mediante, me cambiará… Una rueda en la que la Visión Interior derrota siempre a la Verdad… La cafeína, la nicotina, el sueño lúcido, el sígilo, la poesía, la cartografía, el costumbrario, la mediúmnica, la paranoia y el ejercicio físico como herramientas para mi propia estrategia de mantenimiento… Yo, la cavidad resonante… La fascinación y el miedo… “Uno no puede engendrar un egregor, un parásito mental colectivo, de signo positivo. Esto es debido a que el parásito mental es energía psíquica cuajada, coagulada. Así, por definición, el egregor ‘envuelve’, mientras que lo bueno, lo positivo, ‘irradia’. El primero es un movimiento de contracción, introspectivo, mientras que lo segundo resulta expansivo, radiante”, dice Robert Godwin… Expando el campo de injerencia del territorio cuajando la ficción que mal que bien puedo captar de él… Torre del Fang, Arc de San Sever e Hipercor de Meridana… “El ayuntamiento ha cercado finalmente el yacimiento arqueológico de la Torre del Fang. Una valla electrificada rodea la necrópolis medieval que descubriesen las obras de la línea de ferrocarril de alta velocidad, así como la villa romana en el substrato siguiente y el asentamiento neolítico aún un estrato por debajo. El pilar de los apuntes para la biografía del sitio, ahora blindado e inspirando un temor ramplón mediante los cartelones de advertencia en gruesas sílabas institucionales sobre fondo amarillo fatal.” “Últimamente está supurando vibraciones retorcidísimas. Si se pone agresivo, Dios no lo quiera, volverá la racha taimada de benzodiazepinas, volverán las luces gris gas cerúleo de inhibición en su jardín a aterrizar y la sucia estridencia de los paneles LED publicitando estupideces tirará de él en cien direcciones a la vez, y ya no cuenta con que San Severo les mande a todos a tomar por el culo.”“—Los ecos de los veintiún muertos en el atentado de Hipercor, en Meridiana, están preparando ya la migración de otoño —dice el muchacho—. Diecisiete adultos y cuatro niños. Apiñados en la Sagrera literal. La Sagrera como el espacio que rodea las iglesias, el que tiene la consideración de territorio sagrado, protegido de la violencia feudal —dice—. Los ecos de diecisiete adultos y cuatro niños se aferran a patrones de conducta pretéritos alrededor de la parroquia de San Juan Bosco. Memoria contaminada. Se pelean, burlando la literalidad. Es un ballet de clientas discutiendo con dependientes por una derrama sin aclarar, inconexa con respecto al entorno. Clientes que preferirían estar en el Museo de la Cerveza, al otro lado del borde sacro —dice—. Los críos echan carreras. Quedando tan poco para la caída de la hoja, resulta hermoso.”… Tres partes móviles en tres piezas, para tres puntos hiperespecíficos de mi lugar y mi tiempo, que sirven a la apropiación del entorno mediante la violación sostenida y constante de la Magna Cortica, la hipotética carta de derechos del sistema cognitivo alterado. Contribuyo a la reforma dejándome poseer y poseyendo. Ya sabes: de otra forma, no es tuyo, ni es tú.