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Archivos Mensuales: agosto 2015

“La tentación de la atemporalidad. Más allá del límite. La atemporalidad es un sueño de claridad, la realidad separada de sí misma”

Birgitta Trotzig

 

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El socavamiento y la disolución de las redes sociales —ya no redes de agentes, sino Algo Más— quedan claramente ejemplificados en la siguiente arquitectura atemporal: una diminuta cámara GoPro pegada con cinta aislante a la corredera y la curva de la culata de una Walther P22… Pongamos que aprieta usted el gatillo de ese artefacto… La cámara lo está registrando todo, y el enlace de ésta con su teléfono móvil permite que la grabación suba en tiempo real, a intervalos de 45 segundos, a sus cuentas en Twitter y Facebook… Pongamos que aprieta usted el gatillo… En el vídeo, que pronto se hace viral, no aparecen sujetos sino el objeto fantasmático que ejerce de verdugo en la escena de juego de disparo en primera persona, el objeto fetiche como un apero retrofuturista de bajo coste, los objetos víctima y todos los demás objetos flotantes imposibles de ser identificados por la ramplona percepción…

Dicen: “el ser humano siempre está en relación consigo mismo o con el mundo. Y esos tipos de relación se solapan: el humano sólo puede entender al humano transformándolo en un objeto con el que poder relacionarse (mediante la psicología, la sociología…), al tiempo que únicamente puede relacionarse con la esfera de los objetos transformándola en algo familiar, accesible o intuido en términos humanos (a través de la biología, la geología, la cosmología…)”

 

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La realidad, separada de sí misma y luego virtualizada. Un estigma. Al abolir el limbo de esa correlación, se generaría una viscosa sustancia ontológica —llámele “pensamiento de lo impensable”, si gusta— en la que el sujeto visitante —eventual: sujeto a cualquier evento o contingencia— quedaría hundido hasta las rodillas… Fíjese: allí al fondo, al final de ese pasillo anegado, hay una habitación bañada en luz negra y que mide mil años de ancho, desprovista de muebles; sus paredes, techo y suelo están surcados de filamentos crepitantes de estática. Hace mucho que nada vivo ha entrado en ella. La tenue radiación de las lámparas ultravioletas parasitadas por las enredaderas de nervadura enraizadas a la mínima composición del cuarto, hacen destacar lo que se halla grabado en el muchísimo polvo que satura el ambiente, siendo esto toda idea que cualquier ser humano haya tenido jamás. Ideas sueltas, comprendidas en el abanico casi infinito entre las reutilizadas hasta el desgaste y las apenas esbozadas, talladas en esferas microscópicas de cobre y hierro, en esporas, en polen, en diatomeas, en moléculas de caucho y de madera, en escamas de piel y en deposiciones de ácaro… Reaccionan a los haces estroboscópicos en vibrante turquesa. Se hacen legibles. Las formas en que ese polvo fluye, idas y venidas y cambios de rumbo, y sus itinerarios, son una traslación a escala de la simulación de las cambiantes líneas del campo magnético terrestre… Y, claro, aquí tampoco hay transferencia sin transformación… No hay más juego que el juego de simulación de masas… En esta habitación, la realidad virtual, como una bailarina, se alimenta de bolas de algodón y cigarrillo tras cigarrillo tras cigarrillo. ¿Qué hay de usted?…

Dicen: “en general, el lenguaje más poderoso y más vivo logra decir cosas sin decirlas: no por un amor inherente a lo vago y lo borroso, sino simplemente porque las cosas nunca pueden ser conocidas o abordadas directamente en su repliegue de la mirada humana. Para llegar hasta la naturaleza oculta de las cosas, la oblicuidad y la metáfora son herramientas más precisas que cualquier catálogo engreído, despreciativo y reduccionista de sus rasgos palpables.”

 

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Titulares: “No existe conjunto fijo de leyes naturales”“A día de hoy ya sólo queda la ficción de una esfera política”“Meester snijt die Keye ras”: en la Habitación de Mil Años de Ancho cabe un amplio paisaje despoblado, con la línea del horizonte elevada amplificando el efecto dramático del decorado. En primer plano, coágulos de IdeoPolvo compactado forman figuras que imitan los movimientos de cuatro personajes muy concretos: el trasunto autómata de usted mismo, prematuramente envejecido, yace en un sillón, vestido con una suelta bata de hospital y ceñidos pantalones de terciopelo rojo… Abalanzado sobre el pelele, un Autómata Padre le extirpa de entre las cuerdas vocales un tulipán lacustre color perla… El Autómata Padre luce un embudo por sombrero y un jarro pendiendo del cinturón que le ciñe la túnica de curandero… Observando la operación, disfrazado de fraile, un Abuelo Autómata da su bendición al asesinato conceptual de su nieto, acompañado por una Abuela Autómata, que lleva un libro cerrado en equilibrio sobre la coronilla y está acodada a una mesa redonda de pie bulboso, contemplando atenta y aprendiendo de las falsas doctrinas curativas de los hombres… Si lo desea, puede usted introducir otra moneda en el escaparate animado y que los androides de polvo repitan su mensaje. O, si lo prefiere, puede pasar a la siguiente composición, donde se le mostrará a una Esposa Autómata abierta de piernas, desparramada en la camilla de un relojero, con la falda arremangada hasta la cintura, pariendo ahora una aguja percutora, ahora un armazón hueco, ahora una corredera, el mecanismo de un gatillo, el martillo del percutor, un cañón, su correspondiente guía y muelle recuperador, y una diminuta cámara GoPro… Engranajes que un Autómata Amigo recogerá a manos llenas y achicará hacia una Autómata Madre que los hará encajar unos con otros con unos con otros y, descuide, no oirá usted los berridos de tormento del aborto, pero asistirá al procedimiento con toda la fidelidad que los autómatas puedan escenificar, toda la plástica hemoglobina que unas bragas baratas puedan absorber…