HONDONADA II

A un no del cataclismo. Naipes sin sus colores originales, naipes actualizados, naipes que trabajan mejor por la sensibilidad moderna repartidos en el cenit divisorio de la probabilidad y de lo que está pasando. El cataclismo/la prospección, la función simbólica del orden. Ahora mismo cuando lo que se presupone es preeminente. Porque de las alternativas a lo que rápido se revela como tópico no queda rastro. Fueron arrebatadas y hechas desaparecer, esa es la marca (inevitabilidad del sufrimiento propio y ajeno, traición vicaria, fundamento de telenovela) —verdugo de la intuición, dándole al garrote de la imaginación castrada. En la tirada de tarot que achica los giros traslúcidos de la trama, rayas mate de alar nocturno. A su luz, lo inmoral, aprensiones que el hecho consensual mantiene prístinas. Aunque una deriva siniestra exija su derecho a ser tenida en cuenta. Régimen escarcha que atraviesa, doctrina cimentada en leucemia (la médula produce glóbulos blancos anormales que se dividen para hacer copias de sí), diseño de señal, va a la caza hasta la extenuación de los esquinados que aun así no se pliegan, el bendito diseño ladrón conduce las naves hasta los escollos infinitos una y otra y otra y aún otra vez, el algoritmo —réplicas fallidas de un transportador cognitivo injertan memes no sintientes en las ranuras de la ética.

Por donde pisan no vuelve a crecer el goce, quedan sus huellas como priones latentes

el goce

río de hierro líquido aún por descubrir en el polo

sublimados desde el no-cuerpo programático que los constreñía,

los sentidos del avatar montan por toda la eternidad en escaleras mecánicas

en entornos artificiales, más y al mismo tiempo menos errantes,

gestionados por drogas que controlan la subida y la bajada, catalizados,

consumiendo y siendo consumidos por una inexorable y rica economía

de lo sensorial, tasados por el píxel

 

 

Los pantanos de poniente, desecados en el siglo XIX y que dieron paso a las huertas y las bacinas de emigrantes fabriles, el Gorg, eje de pivote hoy tomado por los coches que se enfrían en el aparcamiento del pabellón de deportes (límite de pinar guiado, pasajes de ventilación de la avenida d’Alfons XIII y la del Marqués de Mont-Roig); el metalizado de las nubes conjunta la escena, ruta de El Loco hacia La Estrella hacia La Templanza hacia El Juicio, La Torre centra el foco en el rayo que la hiende y Los Amantes optan por saltar hacia La Rueda hundida en el fango, huir del desastre yendo al deceso, aquí donde antes no se podía edificar por la amenaza de piratería —tantos frentes marítimos catalanes han sido antes denominados Ribes Roges, riveras de arena y piedra carmesí por la dedicación con la que los piratas limpiaban sus espadas en la orilla, cada incursión en el pillaje un siguiente puñado de tinte, un cuenco de linfa cobriza, sal y espuma y regreso al lodo, polvo de aluminio ahora. ¿Cómo interpretar el macrocosmos de la Topografía y la Historia del contexto en el que las cartas son barajadas de nuevo, en relación con las mismas cartas, si no a través de la fibra que conecta con la cuestión deontológica? Lluvia, agujas en las rejillas, un charco espeja tres chimeneas humeantes, el olor del yodo hace más empalagosa la humedad, la playa en invierno desde décadas atrás hace las veces de símil de la introspección que no comprende hacia dónde dirigir el espéculo —¿qué entradas cabe dilatar ya? ¿Por qué cavidad va a ser bienvenido lo que se intuye pero sigue deforme en la comisura de lo concebible?

Área limítrofe del destello rosa, comer de la simiente, negar la mayor hasta su consecuencia

en las llagas de la decisión tomada por otro

la simiente

el cultivo blando y el lugar rígido desde el que echar de menos

lo que ya no crece porque ha sido transformado en una precipitación

residual de la atemporalidad imperante y el grito atrapado en la burbuja de afinidad,

las muchas máscaras superpuestas que conforman el marco

la turbulencia de la estática, en su reflejo vale mirarse, quizá, y de ese ruido

inferir como fabulosas criaturas de leyenda urbana

aunque heridas por la pose

la hondonada

estratos, arcos de histeria en los que se comban viejos poderes

aquellos que se gangrenan bajo las tablas, en silencio, lo que no cabe

la hondonada, otra

—Antoni Montserrat, rector de Santa María, 1789:

los matriculados, por ser tantos en número, disminuyen el de los jornaleros que se necesitan para el cultivo de estas tierras, los que suplen forasteros que vienen…

y no lográndose remediar aquí la falta, se va despoblando la montaña en detrimento del estado—

 

 

Crecer desde las aristas al núcleo, porciones amontonadas, ínfimas elevaciones provocadas por lo que se escinde del bloque principal, monolítico. En los uniformes desteñidos por la claridad de la duda, madejas de nada particular, tachadas de egoísmo. La tirada en Cruz Celta —el naipe central es la parte oculta del consultante, cubierto por el naipe del reto inmediato; cuatro arcanos alrededor, en sentido horario: el de los objetivos, el del pasado/consecuencia (por sobreflotación de las urdimbres del lapso y la fase y el momento), el de las alianzas y el de la inevitable prospección (el cataclismo, a un no condicional); cuatro arcanos en columna, a la derecha del cartomante, de abajo a arriba: uno para las esperanzas y recursos, otro para los obstáculos, uno para las reticencias y otro a modo de consejo y conclusión. Se nubla el pensar fuera de y todo es marco, aun cuando al fondo centellean dos brasas siamesas como el empellón directo al sexo de la hormona gastada por el uso y la desidia. Lo subterráneo también debería comportarse en detrimento del estado.

Cómo la antisistematización se va estructurando semejante a la formación

de un esqueleto: osteoblastos que depositan regulaciones a la multiplicidad sensorial

radix et principium sensuum externorum—

osteoclastos que reabsorben hasta el asco

cañas, cieno y acetaminofenos

el esqueleto

interioridad errada en sus significaciones

según la voz del asistente, recibida por vibración craneal, no cuenta el castigo sino el entendimiento

Psique abre su caja dorada, y dentro sólo hay inmundicia

aun así, Psique está, presente, y su caja sigue siendo de oro

 

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