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Archivos Mensuales: noviembre 2019

Ya he desmenuzado aquí casi todo lo que tiene que ver con Endo, mi nuevo artefacto, pero estoy metido en un montón más de cosas importantes en esta recta final de año y primera del siguiente, en las que mi “carrera” está tocando tantos techos que va por ahí con los dedos rebozados de pintura desconchada y telarañas, y quizá estaría bien hacer un pequeño resumen.

  • La semana pasada salió a la luz Horror Cósmyco, el último trabajo de una de mis bandas favoritas del panorama actual, PYLAR, en el que tengo el inmenso placer de colaborar aportando el poema Anástrofe, que el grupo hizo suyo y transformó a su antojo para configurar las vibrantes invocaciones que son los cuatro temas que componen el disco.
Metal experimental, filosofía contemporánea y literatura de vanguardia… Nada puede fallar ahí:
https://pylar.bandcamp.com/album/horror-c-smyco-2
  • Acaba de confirmarse mi participación en el próximo Cosmic Fest de Vitoria Gasteiz, que incluirá en sus actividades del día 27 de marzo mi charla Nihilogía: nuevo nihilismo y su autopsia de lo humano.

El pensamiento sobre la nada, la reflexión sobre el vacío y en el vacío, ha sido desterrado a un margen minúsculo y muy concreto de la conversación social, encerrado a base de repeticiones de tópicos en los compartimentos estancos de la psicología popular al respecto de la depresión y la enfermedad, y de la crítica demagógica a los desórdenes del individuo instalado en el simple tránsito por el mundo posmoderno globalizado. La nada, como la muerte, el terror y la anarquía, resulta execrable al máximo común denominador de la opinión pública virtualizada en el hecho social por su capacidad de desmantelamiento radical y modelado extremo de esa opresiva realidad escatológica que nos asigna vidas que no solo no pueden ser vividas sino que coartan cualquier posibilidad de vivir-siendo. La presente charla propone un mapa ideal de la nuevas formas de entender la nada y el vacío desde la teoría cultural a partir del cual buscar una vía filosófica por la que devolver a la conciencia el vacío inherente a la irrelevancia de lo humano, históricamente instrumentalizado justo en contra de lo humano y su intuición de que el único sentido de la vida es la vida y aun así esta le es negada de continuo para hacer pasar su nada intrínseca por factores individuales en las cuentas residuales de una serie de perversas operaciones económica, cuando no de números a bulto en el recuento de víctimas de una sistematización de conflictos que no le pertenecen. Porque nada le pertenece.

  • La editorial Materia Oscura publicará en breve mi traducción de Tentáculos más largos que la noche, tercer volumen de la serie El horror de la filosofía, de Eugene Thacker.

El imperativo fantasmagórico: todo lo irreal debe aparecer. El imperativo fantasma: actúa como si todo lo real fuese irreal.

  • He abierto una página en Ko-fi con la intención de poder mantener cierta independencia. Si te gusta lo que escribo tanto en mis libros como aquí o en redes sociales, mis intervenciones en podcasts como La liga de los céroes, mis conferencias y demás, puedes contribuir a que siga experimentando y rompiendo cosas mediante un pequeño donativo (a partir de solo 3€): ko-fi.com/jotaperez
  • Y se pone en marcha la gira de presentación de Endo, que tras su arranque en la librería barcelonesa La Inexplicable pasa este mismo viernes, 15 de noviembre, por la madrileña Pasajes, vuelve a Barcelona el día 22, cuando hablaremos del libro durante las jornadas Coll Fantasy del Centre Cívic Coll-La Bruguera, y luego pasará por la mismísma Vilanova i la Geltrú, Zaragoza, Bilbao y Málaga (fechas aún por cerrar).

EXTRA: –Cosas que dicen– Hoy, los miembros del Inner Circle de Orciny Press reciben en exclusiva el ensayo crítico-reactivo que el poeta Sergio Chesán ha escrito tras la lectura de Endo, en el que deja caer cosas como la siguiente:

…su monstrificación, su vocación de salirse de toda estructura prefabricada —que queda patente en todo Endo— salvan a la obra, ya de partida, del proceso de vaciamiento y mercantilización, de vectorización, al que están abocados casi todos los libros en una sociedad como la nuestra. Aunque lo cierto es que no podía ser de otra forma, siendo Endo un libro que ataca sin reparos a la gentrificación (recordemos que la palabra proviene de gentry, un término usado antiguamente para referirse a la baja nobleza o alta burguesía) urbana, que su lenguaje huyera también de mitos burgueses y demás clichés de ese pollaviejismo literario que impera en lo que aquellos que ostentan el capital cultural han convenido en llamar «alta literatura». Y es que, Jota-Pérez, como todo escritor que aspira a ser artista, escupe sobre la palabra exacta, la economía del lenguaje, la escritura desapasionada, la literatura como espacio completamente autónomo y cualquier otra estupidez que los cuatro burgueses de turno usen para justificar la asepsia, la mediocridad de sus obras, de esos libros que disfrazan, a base de dinero y lameculismo, de Sagradas Escrituras.

Casi nada, ¿eh?

Vaciado. A todas horas. Incluso tras los atracones enajenados del final del día; la comida, el alcohol, las caricias… amargantes como advertencia ante lo potencialmente peligroso por indeterminado. Los diez metros de caída por el patio de luces y, allá abajo, un árbol negro del que colgarse. El escrutinio condicionado por la depresión —¿estamos seguros de esto?— no lleva sino a otras fugas, ninguna un estado ideal. Este poniente del cuerpo hace que el desplazamiento por los espacios de los demás tronche la rama y —¿así que llegaste a hacerlo, más allá de la consideración?— trae otro fracaso.

Rutas por un mundo a semejanza de una mente solo mencionada por otros. El impostor que se despereza y anda, ahí vamos —¿quién más?—, pendientes aun distraídos del sonsonete del lenguaje y que así la apariencia se proyecte sobre lo que soy, pleno impulso, y lo vaya gastando de fuera a dentro. No trato con una culpa, no se está negociando un peso ideal. La culpa no hace saltar diferenciales ni pincha diafragmas sino que corroe despacio —¿y de dentro a fuera? ¿Tan aburrida resulta?—, muy despacio, y crece y enroma las puntas de la voluntad con planes y posibilidades descabelladas que se van volviendo plausibles, planta portales engañosos hacia una libertad verdaderamente duradera y enfría la animosidad hacia motivos, funcionamientos, fricciones y evoluciones hasta que solo queda culpa y cálculo y solución. La fría matemática de lo que me envuelve ya no permite siquiera eso. Vaciado, solo entretengo a las versiones hipernormalizadas del momento exacto ahora hasta que acaban por marcharse y entonces, ya sí, podemos ir a dormir.

«No debatimos la Ley, sino las leyes; como si nuestro sometimiento a la autoridad quedase fuera de toda cuestión, fuese una posición por defecto. En Europa, el uso de la fuerza es prerrogativa del estado, no del individuo. Así como la moral no existe, la ley no tiene fundamento alguno, por lo que toda ley no es más que una unidad de gente gobernando por la fuerza sobre los demás»

Uno puede repetirse a sí mismo ante cualquier reliquia —¿quieres decir fetiche?— y limpiarlo de cualquier veneración por tanto exponerse por tanto en analogía con sus trayectos por tanto el eco de una visión sobre el pistón de vacuidad en la máquina de semiotización generalizada que detiene los procesos, formula una magia que no es original ni distinta de cualquier prejuicio respecto a la disciplina pero que adquiere un brío inusitado en esta fantasmagoría que estoy representando: incluso la propia idea de ilimitación carece de sentido, si no es en contraste con lo limitado. Vaciado, como la nota vacía dentro de la nota hueca de la composición de lo que es en-nada.

Proceder por reconocimiento parte el alma y dentro no hay palabras. Queda el trazado y lo que está trazando —¿se extingue el cronotopo de mis conexiones?—, un género inmaterial fabuloso por cuanto nadie hace sincero uso de él y puede vestirse según la ocasión convenga, siempre cuando sea tarde. Hinchado, me pueblo de miedo por si este fuese capaz de compensar la masa del todo clara —¿por cómo se limita a lo percibido, y por tanto es una fracción mínima de lo que existe y lo que se piensa, o por lo que tiene de admisión de derrota, y pues, ya que nada existe ni se piensa, el mejor curso de acción quizá sea plegarse a la evidencia?— que se acumula y se escurre sobre los frenos de los que tira la necesidad de dejar descansar a lo que es sincero fuera mí y que acentúa esta intrascendencia. En la duda prospero. Y así.

«…un silencio de leche de hielo de huesos / nos envolvía con un halo / eres la transfigurada / mi destino te ha roto los dientes / tu corazón es un hipo / tus uñas han hallado el vacío…»