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Publicaciones, presentaciones, charlas, premios… Los últimos meses han sido muy activos, por lo que es buen momento ahora de dejar aquí el recurrente post de recopilación y marca en el camino como una idea de dónde estoy y en qué dirección voy. A ello:

COSAS QUE HAGO


  • Recientemente han visto la luz, además del artefacto-conjuro Luz simiente, dos relatos ciertamente importantes para mí, ya que tengo la sensación de que sientan las bases de lo que pretendo hacer a medio plazo, exponen más de lo que había sido capaz de exponer hasta ahora los temas y las formas y los dejes de los que estoy rodeado y con los que estoy operando, y han emanado de forma preciosa desde el extraño estado mental alterado en el que me sumí en algún punto a finales del año pasado después de que éste, de algún modo, dejase preñada a mi manera de escribir:

Un altar — publicado como regalo de bienvenida y declaración de intenciones para los suscriptores del Inner Circle de Orciny Press, es una pieza de horror cósmico trenzado con metafísica y política nihilistas que juega a la poética de la degradación y la intrascendencia de lo social y lo íntimo.

Extractos de una última instantánea — publicado en el número 7 de la revista SuperSonic, es una fantasmagoría fragmentaria y psicodélica que explora las calidades hauntológicas del cáncer, la soledad, la filosofía normativista, la hipernormalización y lo performativo.

 

 

  • Hace aproximadamente un mes, con la excusa del día dedicado a la editorial GasMask en la librería Gigamesh, impartí una larga y fructífera charla sobre teoría de la Hiperstición y el resto de temas alrededor de los que se arma Homo Tenuis:

 

 

COSAS QUE DICEN


 

 

 

Por supuesto, hay más cosas, más noticias, infinitos detalles ínfimos que quedan ahogados de inmediatez entre lo dicho, lo hecho a medias, lo hecho por completo y lo desechado, las redes sociales y los instrumentos del ahora mismo acelerado, pero aquello es el territorio sensible de los días y esto sólo pretende ser un mapa; y como tal, así queda. Seguimos.

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Y el caos me llama es mi contribución a la antología Whitestar (ed. Palabristas), una obra coral que recoge 32 textos (relatos, poesía, experimentos formales varios…) dedicados a la música, la figura y la presencia de David Bowie y cuyos beneficios serán donados íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer.

Hoy, al cumplirse un año del fallecimiento del Duque Blanco, se nos pide a los colaboradores que compartamos un fragmento de nuestra pieza para el volumen, así que dejo aquí aproximadamente la mitad de mi relato, un artefacto industrial-psicodélico que pretende rizar el tributo para hacerlo extensible a Brion Gysin, influencia capital en cómo Bowie afrontaba la escritura de la letra de sus canciones y referente personal básico al que debía desde hace tiempo, como poco, un toque de sombrero…

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Y EL CAOS ME LLAMA

La escena de tortura como definición de la silueta en forma de responsabilidades vicarias y materiales, representantes, agentes, sin calificación por edad a la que aferrarse.

Encarnada en todo, muda.

Son los primeros años de la atemporalidad, una imposibilidad en la precisión de lo apreciable, papel de revista desde el que se añoran artefactos voladores que nunca se patentaron, gargantas cerradas de decepción; un poco más allá, en el televisor LED: la primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva como un portal estrecho y redondeado a la luz de plasma de una bombilla envuelta en celofán, representada en una habitación de hotel; en alguna parte: pelo, uñas y dientes pintados en tonos cobre, hilos, una conexión fallando, coaxiales no tanto sacudidos como mecidos por la marejada de datos: “la polla pingada de purpurina, lo que pasa cuando te follas a un unicornio”; cerca andan también las cabinas de bronceado en áreas de avituallamiento para los que han adoptado como hobby el monocultivo de marihuana en interiores, los armarios de los que se sale y se entra según haya quedado aplastado el peinado de cada cual la noche anterior.

Gérmenes transformadores de víctimas cubren como un paladar a las personas presas en Tetuán, que están incubando la temerosa anticipación de algún poco concreto desastre. Tanquetas del servicio de mantenimiento del Resonador patrullan la verja del Paseo de la Castellana arriba y abajo y arriba, y anuncian, en ruido de fondo al que el oído se acostumbra en menos de cinco minutos, durísimas sanciones a aquellos que tengan el poco criterio de tratar de cruzar a El Viso o Nueva España sin llevar en la solapa el distintivo de los empleados por la Catedral de los Medios Convencionales o sus empresas afluentes. A las seis de la mañana del sábado, sólo recorre las calles del distrito una piara de pretéritas formas circulares de encantamiento de la zona: traperos e higienistas del cable; mi hija tomándose una fotografía de fósforo en la que aparecerá a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga; tuberculosos que estudian con detenimiento esos pasquines políticos que lo mismo reniegan del invisibilismo de unos planos urbanísticos sobre los que no se levantará nada, como llaman a desconectar el mismísimo Resonador y activar el Clítoris, un clítoris cualquiera, abstracto de subversión; “juraría que las chabolas que aparecen no están exactamente al final de la calle Pinos Alta sino al final de las de Isabel Serrano, Sorgo y Alberdi, el Barrio del Pilar son los edificios de la derecha, no los del fondo y no corresponde exactamente con el límite de la ventilla sino de Valdeacederas con el Barrio del Pilar, en una foto aérea de 1993, la Avenida de Asturias se puede ver aún en la esquina inferior izquierda, fueron derribadas y ahora, en ese lugar, está la ampliación del Parque Rodríguez Sahagún”; los profundamente extrañados grupos de pecios del Plan Bidagor, gentes de negativo probable de bajo espectro al sepia fractal, palpan muretes y bancos y pilones y una intervención artística en forma de mirador de cilindros de hormigón comunicados por una estructura de escaleras esmaltadas en turquesa, cosas que no deberían estar ahí, superposiciones esotéricas del presente inmediato al miserable pasado ideal. Heme aquí, dando cortos exorcismos por una tarifa simbólica.

Grandiosos proyectos en curso dejan a la vista espinas altas como placas dorsales en el dinosaurio abatido de una plaza dura, alambre y fusible que capturan sobrecargas sintomatológicas; “como ése, el Dañador, futuro suegro de Maltrana, un furtivo que completa su dieta con lo que puede pillar saltando la valla del Pardo y entrando a cazar en la Propiedad Real”… Y se da la desaparición intermitente de un importante nódulo de Publimax: ahora el emisor de espectros sintéticos, efecto especial por el que los retazos fantasmales del sesgo histórico, ultra-manipulados obedeciendo a fines de propaganda institucional y voluntad museística impuestos al distrito, y que contrastan con lo exudado por los propios vecinos en distorsión por mal acople y retroalimentación, se esfuman; ahora son recuperado por los mismos personajes que el Publimax ha disparado al transeúnte, quienes, presas del pánico existencial de la acotación suelta al azar en el guión que el ayuntamiento preparase para ellos, embrujan los circuitos del aparato y le insuflan nuevos bríos; “el suburbio de Madrid es un hedor, una mezcla de hojalata, de solares con sórdidas chozas; sus habitantes son obreros, gente pobre; es una ciudad sin techo, un sumidero de miseria, hasta una vara de suciedad en el suelo, ratas, tifus, tuberculosis, promiscuidad; y, más que medicinas, necesitan los habitantes del suburbio pan, leche, alimentos”.

“When you cut into the present, the future leaks out”, leo en alguna parte.

Rebusco en mi mochila y extraigo, cuando el momento es el correcto, un ataúd de plástico no más largo que mi brazo y un rollo de papel de aluminio, del que corto pedazos que cuadro tomando la medida de un pliegue en diagonal. De los cuadrados hago cubos cerrados, coquetos acumuladores plateados. Tapo una papelera con el ataúd, que me sirve de expositor para estos joyeros imposibles y voceo las bondades de mi mercancía a la concurrencia, cuyo número se ha multiplicado exponencialmente conforme se ha ido avecinando el mediodía.

Tome usted uno de estos cubos, Caballero, ¿qué pensaría si le digo que son cabinas de desplazamiento para la gente diminuta que hay encerrada dentro de ellas, que si compra usted una de estas y la sacude, la sacude con todo lo que le den las fuerzas, hará que el interior se curve en determinada fase, a una frecuencia distinta de la frecuencia normal, distinta incluso de la frecuencia a la que vibran sus inoportunos convecinos al sepia fractal? ¿Quién no querría una mascota así? Esos duendecillos y duendecillas, aplicada la torsión apropiada sobre su ahora, le susurrarán leyes y recetas titubeantes, llenas de interferencias de emisiones provenientes del infierno, sí, del único e incomparable infierno, porque, entérese, entérese con las orejas de enterarse, a estas alturas, con usted en su cueva y a gusto y ocioso y sacudiendo la cajita como si no hubiese un mañana, el infierno será la idea de infierno que usted y los que son como usted tengan de ello; entérese: una trenza sin valor ninguno a la que irá porque en el fondo, muy en el fondo, quiere usted ir, y estos duendecillos y duendecillas le traen, ¡albricias!, una inminencia de castigo eterno en las fauces del naranja profundo del averno en forma de tarjeta de felicitación, para que vaya usted preparando los bártulos anímicos. Compre, Caballero, compre…

Banda sonora en la Catedral de los Medios Convencionales; televisión, radio, prensa online y offline, Aumentáformo y Publimax: “en Mil Mesetas, en lo que Brassier describe como manotazos que vinieron a continuación, en los inconscientes materiales tanatrópicos, de su estómago reptamos por la trampilla a la inevitabilidad de la esquizofrenia cósmica, en sus colegas, más que la mascarada de la que se sirve La Bella, están algunos periódicos haciendo referencia a la izquierda parlamentaria, la disolución en máquinas de silicio, bacterias, rayos cósmicos, en postulaciones continuas que son la historia del universo y, tras lo impersonal, lo colectivo, lo social, lo inevitable, nos parece que esta lucha ha tenido características de autodeterminación.

—¿Por qué la textura de las cosas pasa a través de mí por una tachadura de ausencia en los receptores, sin asirse, como lo demás, al aparato cognitivo? —pregunto.

Silbo una melodía tenue de réplicas y mala soldadura de otras melodías a medio oír y medio degustar, mientras aguardo en el andén a que los mozos de carga llenen el vagón de cola del tren de alta velocidad que tomaré hasta la siguiente estación en mi peregrinaje. Hacia el Resonador, sin más pausas y con los talones asaeteados por el acoso del monstruo que acabo de entrever al mirarme en la superficie reflectante del plafón en el que se muestran los horarios y destinos de los convoyes llevándose mercancía mal flambeada al blanco roto del PolvoLunar.

Una bestia se ha hecho con mi hija (“la escena de tortura como definición de la silueta, primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva, portal estrecho y redondeado a la luz de plasma, a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga”) y la retiene contra su pecho marchito y seco y que desnutre.

(Whitestar puede adquirirse en Lektu, en descarga digital, por 2.99€)

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El próximo 12 de octubre, GasMask Editores, en su colección Pop Kills, publica mi último libro, un artefacto que se siente como el cierre de un círculo y una suerte de punto de inflexión en lo que hago. Esta vez no se trata de una novela, un poemario o cualquier otra forma de infección conceptual en forma más o menos de ficción, sino que aquí el proceso (mis procesos) se invierte (n): Homo Tenuis se alimenta de ficciones y construcciones metafóricas, alegóricas y alucinatorias para generar un ensayo muy poco convencional alrededor de dos temas principales: la teoría de la Hiperstición y la figura del SlenderMan…

“El 31 de mayo de 2014, en Waukesha (Wisconsin), dos niñas de doce años de edad apuñalaron diecinueve veces a una compañera de clase. Al ser interrogadas, declararon que debían cometer aquel asesinato (que quedó milagrosamente en un intento) porque el SlenderMan, una criatura imaginaria concebida en un foro de Internet dedicado a los cuentos de terror y las leyendas urbanas, así se lo había pedido tras presentarse ante ellas y prometerles llevárselas consigo a su mansión en el bosque…”

Homo Tenuis es una obra de teoría-ficción centrada en la figura del SlenderMan (el“Hombre Esbelto”) como elemento ficcional que, habiendo trascendido su condición de leyenda urbana radicalmente nativa del siglo XXI a través de su naturalización y absorción en el consciente colectivo, ha dejado de ser verosímil para convertirse en verificable; esto es, el Slenderman como objeto hipersticioso, una superación de la superstición, una suerte de profecía cultural autocomplida.

A partir de una introducción en el concepto de hiperstición tal como éste se entiende en el campo de la teoría cultural de vanguardia, y de la autopsia del objeto hipersticioso, se formula un estudio del modo en que ciertas ideas, por mucho que en un principio se presenten como aterradores espejismos, son capaces de demostrarse lo suficientemente poderosas como para transformar el mundo y todo lo contenido en él de forma en absoluto metafórica.

De la mano del Hombre Esbelto, en dirección a una hipotética mansión en los bosques del imaginario global, el presente libro cartografía un territorio poblado de mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera, artificios publicitarios y discursos económicos de la coerción, conjuros lovecraftianos, prospecciones transhumanistas, revoluciones electrónicas y lémures cantores.

Tejido como un collage de técnicas y modelos narrativos experimentales que van desde el artículo filosófico a la prosa poética pasando por el método paranoicocrítico daliniano, la micro-ficción, el esquizoanálisis deleuziano o el hiperrelato de terror, Homo Tenuis resulta un artefacto polisémico que trasciende el ensayo formal para articular sus tesis, cuestiones y conclusiones de forma más evocativa que explicativa, en un intento por provocar en el lector la experiencia más inmersiva posible.

Algo eminentemente teórico, pero a la vez íntimo… Llevo estudiando la teoría de la Hiperstición desde la primera vez que usé una aproximación a sus postulados para mi Ciencia Raíz, y desde entonces no sólo ha sido una herramienta de ensamblaje básica para mis novelas Aceldama y Pasaje a las Dehesas de Invierno, sino también un cimiento esencial y plataforma de lanzamiento para media docena de mis relatos y experimentos narrativos, y el tema central de dos extensas conferencias (la que impartí en la MirCon 2014 y mi contribución a las Jornadas de Metal Extremo de Vitoria-Gasteiz)… En cuanto al SlenderMan, es para mí un ente esotérico ejemplar que dice mucho, muchísimo, de los tiempos que nos han tocado vivir, con el que he tenido la relativa fortuna de tener contacto explícito y onírico tras haberlo invocado en las calles de Aceldama y en las de mi barrio, y una suerte de tótem adoptado a través del que entender mi propia relación con la Alucinación y los canales relativos de la Realidad… El libro, además, está empapado de la mayor parte de aquellos autores, pensadores y conceptos que han venido influenciándome y obsesionándome durante los últimos diez o doce años: Anna Kavan, William Burroughs, Layla Martínez, Doris Lessing, Donna Haraway, Kenji Siratori, Reza Negarestani, Nick Land, María Eugenia Esté, Bruce Bégout, Deleuze y Guattari, Germán Sierra, William Gibson, R.W. Chambers, H.P. Lovecraft, Felipe Fernández Armesto, Teresa Aguilar García, el paréntesis de Gutemberg, el arte glitch, la necropolítica, la psiconautica, el transhumanismo…

TABLA DE CONTENIDOS

INTRODUCCIÓN

CONJURO DEL HOMBRE ESBELTO

_Hiperstición: una definición

_SlenderMan: El Hombre Esbelto

ENDORCISMO SUPERMASIVO

_Hiperstición: difuminado del pasaje Real/Imaginario

_Mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera: La Ley de Moore: Los Fantasmas Semióticos: El Stalker

_Ficción publicitaria y la Bolsa de Valores: coerción

ENTES SIN ROSTRO

_Hiperstición: la dimensión oculta

_El Rey de Amarillo: Nyarlathotep: SlenderMan

_Hombre Esbelto: Rastreable: Ente: Exterior

_Caos: Evento: Extinción: Recarga: Terror

CIENCIA FICCIÓN NEGASÓNICA DE COMBATE

_Hiperstición: mística radioactiva

_Cthulhuceno: el Cíborg: el Transhumano: el Monstruo

_K: Persistente revolución electrónica: Hielo intravenoso del futuro: Neuro-arquitecturas aberrantes

BIBLIOGRAFÍA

Como se podrá comprobar, Homo Tenuis es una obra de esencia literaria, no sólo en cuanto a su forma sino en tanto he procurado mantener fuera de sus tesis y giros todo lo que tenga que ver con cualquier manifestación hipersticiosa fuera de la palabra escrita; a modo de reivindicación, he obviado referir más que de forma puntual al cine, la música, los videojuegos o la televisión para centrarme en la literatura de género, la poesía, la filosofía de vanguardia, las creepypastas, el periodismo de investigación y otros canales de contagio por vía de la escritura que, considero, a día de hoy poseen tanta capacidad de subversión y poder de cambio e inferencia mágica en bruto como lo han tenido desde que se garabateo en el polvo la primera frase (si no más, considerando cómo ahora mismo la escritura se ve obligada a mutar y acelerar su plasticidad para afrontar las interferencias de lo audiovisual, lo radicalmente inmediato y los sistemas de educación coercitiva impuestos por los poderes fácticos…

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Y esto es (casi) todo lo que es Homo Tenuis, ahora ya proverbialmente más vuestro que mío. Desde ayer pueden reservarse ejemplares en la tienda online de la editorial (la precompra incluye, como regalo exclusivo para los primeros en hacerse con la cosa, una edición en folleto del cuaderno de dibujos de Morgan Geyser, una de las niñas perpetradoras de lo que ha venido a llamarse “el crímen de SlenderMan”), en Cyberdark y en Hombrecillos Verdes. Ahí está. Sumérjanse en ello con cautela.

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Hoy desvelamos una sorpresa. Hoy sale al mundo una de las cosas más peculiares en las que he tenido el placer de enredarme. De la mano de la distribuidora de fanzines/organización religiosa ANTIPERSONA, aparece, brotado de un rincón excéntrico en el no-espacio mental combinado de Ellos y Yo, Polybius.

 

El videojuego Polybius, presentado en forma de arcade tradicional, fue lanzado al mercado en 1981 por una compañía desconocida llamada Sinneslöschen. Su distribución fue escasa, apenas unas pocas salas recreativas de los suburbios de Portland, Estados Unidos. La simplicidad del juego y la superioridad de los gráficos y el sonido lo convirtieron en un videojuego tremendamente adictivo. No obstante, sus efectos eran demoledores en el subconsciente del jugador: brotes epilépticos, mareos, pérdidas de memoria, náuseas, alucinaciones, terrores nocturnos. Se han documentado incluso intentos de suicidio propiciados por los mensajes subliminales del juego: murmullos ininteligibles que brotaban sin obedecer a ninguna lógica interactiva, gritos aterradores y quejidos de dolor. Después de que un niño de ocho años falleciese de un ataque epiléptico, las máquinas fueron retiradas de los salones recreativos y Polybius desapareció para siempre. El propio nombre de la compañía ya era una advertencia: en alemán Sinneslöchen significa “pérdida de los sentidos”.

 

Polybius (el libro) es un breve y muy poco ortodoxo ensayo no sólo sobre Polybius (el mito) sino sobre el potencial infeccioso, vía hiperstición, de la leyendas urbanas generadas desde un contexto tan particular y poderoso como los videojuegos, sobre el impacto que los nuevos lenguajes generados por éstos tienen en la narrativa consensual del hecho cultural y sobre cómo el Jugador puede llegar a integrar de forma protésica esos lenguajes y usarlos de filtro con los que retocar y aumentar su contemporáneo y su cotidianidad.

 

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En una reivindicación del videojuego como forma artística de pleno derecho y, por tanto, acto mágico capaz de operar cambios en la Realidad mediante la Voluntad y la Alucinación, Polybius (el libro) aprovecha el análisis de Polybius (el objeto hipersticioso) para articular un relato esotérico y excéntrico en el que teoría, ficción, autobiografía, poesía, psicodelia y psicotronía se confunden y tratan de provocar el mismo efecto de aniquilación de lo que damos por sentado, inyectar la misma maldición, que se supone se pretendía provocar e inyectar mediante Polybius (el arma original), ahora buscando no el control del Jugador y la sumisión de éste a los poderes fácticos sino la liberación de ese “edificio exosomático de lo humano” del que tantas veces hemos hablado ya aquí, la presentación de un plan de fuga de la cárcel de Lo Real Materialista.

 

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Apenas cien páginas de genuino ejercicio de MindFuck. Para vosotros.

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Assumpta Serrano es una bruja. Recluida entre los límites del barcelonés barrio del Clot y vencida por la pérdida del único hombre que ha estado a la altura de sus capacidades, pasa los días ejerciendo de fisioterapeuta a domicilio, durmiendo en habitaciones de hotel que luego reseñará para una web turística y acudiendo a las llamadas de La Jauría, un misterioso comando vandálico dedicado a dar palizas a los viandantes.

La mujer —la bruja, la reclusa, la viuda, la enajenada— se halla inmersa por accidente en un pasaje hacia cierta forma de trascendencia que promete hacer de ella algo más que la simple suma de sus partes. Pero para ello deberá pagar el precio más alto de todos.

Densa, íntima y fantasmagórica, Pasaje a las Dehesas de Invierno es una novela en la que esoterismo y topografía profunda convergen para explorar el género y la identidad sexual, así como las posibilidades de la relación con el territorio mediante la magia y la alucinación; un relato que profundiza en las dinámicas poéticas del luto y la redención, y un drama psicológico que reivindica la libertad de evolución personal a toda costa.

 

Este abril, y de la mano de la novísima editorial Esdrújula, verá la luz mi nuevo artefacto, Pasaje a las Dehesas de Invierno; una novela que, tal como cuenta la sinopsis, se mantiene en equilibrio entre lo esotérico y esa forma de decodificación y recodificación del territorio a la que nos referimos como topografía profunda; un trabajo de inmersión trenzada en las corrientes de información en el mar de fondo que es mi barrio (el Clot-Sant Martí), en las turbulencias y áreas de calma de mi ideal relacional con mi mujer (de mi relación, como hombre, con ella, pero también de su relación, como mujer, conmigo; de mi relación, como mujer, con “él”; y de su relación, como hombre, conmigo), y en las cuestiones mágicas y políticas asociadas a ambos (territorio-matrimonio). Es un grado de torsión más en mi habitual juego con el drama, el terror, la filosofía, la ciencia ficción y la neurolingüística, articulado esta vez desde mi propia mecánica sentimental.

Armada sobre las investigaciones que en los últimos tiempos he venido haciendo en los estudios de género, el transhumanismo crítico, la teoría de la hiperstición y las áreas de fricción entre Hecho y Alucinación (temas de los que hablaré en una próxima entrada al respecto de las influencias y texturas del asunto), Pasaje a las Dehesas de Invierno es una historia de brujas, transhumanos, extraterrestres, terroristas y monstruos en una porción de Barcelona ahogada en una forma de futuro brutalmente psicodélica, y es también el relato de una mujer especial que aun sumida en un duro proceso de duelo no se resigna a quedar estancada en lo que los demás esperan de ella.

 

No eres más que una parte de mí, encajado entre dos vértebras, cosquilleando la espina dorsal, humo ensoñado, un recuerdo sintético.

 

Como suele decirse, Pasaje a las Dehesas de Invierno es, desde ya, más vuestro que mío. Ahí queda.

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Tal como apuntaba en la anterior entrada, dedico esta de hoy a parte del mucho material de referencia que estuve manejando durante la composición de Aceldama, en un complemento a la suerte de guía de lectura que propuse allí. Por bloques y a grandes rasgos, ahí va…

TEXTO, ESTILO Y FILOSOFÍA

* Reza Negarestani, filósofo iraní al que definen como “pionero de la teoría-ficción”, es una de las dos o tres mayores influencias en lo trato de hacer últimamente, no sólo en Aceldama sino también en la mayoría de las piezas breves que publiqué a finales del año pasado y principios de este. Tanto su Cyclonopedia, como su bitácora personal y sus colaboraciones para la revista Collapse e intervenciones en la vasta red de blogs y páginas dedicadas a ese “Realismo Especulativo” que pregona, se han ido convirtiendo en lecturas esenciales y recurrentes y han acabado por infectar muy mucho lo que hago. Pero la verdadera piedra de toque, una de las chispas esenciales en la bujía que permitió poner en marcha el motor de mi libro, fueron sus textos sobre las “fronteras de la manipulación”, perfectamente ordenados y resumidos por el mismo Negarestani en esta conferencia del pasado enero:

 

* Paul di Filippo, maravilloso escritor de ciencia-ficción y aún mejor meta-pensador, presentó hace años en una entrevista para Wired un concepto que me inquietó profundamente y al que aún sigo dando vueltas , el “Ribofunk”, su propia propuesta para esa evolución bastarda del cyberpunk llamada “biopunk” y basada en la especulación prospectiva en base a la biología sintética (y no, como su abuelo “cyber”, en base a las tecnologías de la información). Yo ya había tenido contacto anteriormente con varias de esas ideas, gracias a Bruce Sterling y Frederik Pohl, básicamente, pero profundizar en el Ribofunk me llevó durante las investigaciones para Kulturtectura y para este libro a descubrir a gente dedicada a abordar los mismos postulados no desde la ficción pura sino dentro de la teoría futurológica (que tiene mucho de ficción, sí, pero también de datos concretos, experimentación científica y predicción plausible); así, gracias a Meredith Patterson, Analee Newitz y, sobre todo, Rachel Armstrong y Jamais Cascio, determinadas visiones e intuiciones que llevaban rondándome desde la época en la que escribí Hierático se hicieron más sólidas y concretas que nunca, proporcionándome texturas y capas de significado esenciales para tejer el escenario en el que transcurriese la historía que quería contar, del modo en que quería contarla.

 

 

* En la fase de planificación de Aceldama, mientras me documentaba sobre las leyendas urbanas y las curiosidades históricas del aspecto de Barcelona que he pretendido reflejar en el libro (porque Aceldama, la ciudad, no es más que una hipotética Ciudad Condal del futuro cercano, una Barcelona idealizada a base de psicodelia profunda, en la que el sustrato ficcional-retórico reflota y se apelotona en la superficie materialista-consensual del territorio), llegué a obsesionarme con cuatro autores a los que, de forma muy poco objetiva y francamente arrogante, quise mirar de tú a tú con esta obra, acabando por directamente incorporarlos a la misma a modo de un engranaje más, otra parte del pistón para ese motor mencionado un poco más arriba: Pedro Antonio de Alarcón, Nilo María Fabra, Pilar Pedraza y Emilio Adolfo Westphalen. De algún modo, en mis paseos por lo que aún era el esqueleto de la urbe que estaba diseñando, apenas huesos combados como vigas y cimientos abiertos y a rebosar de material palpitante estancado ahí para que ciertas nanomáquinas lo devorasen y luego excretasen en forma de algo sólo ligeramente más noble con lo que erigir edificios y mobiliario y lugares mutados, me encontré a menudo con la Mujer Alta de la novela corta de Alarcón, acechando y encantando el paisaje, como evaluando los rincones en busca de alguno en el que habitar; mientras, los personajes de los relatos en Por los espacios imaginarios de Fabra mantenían conversaciones políticas y místicas con los del Arcano trece de Pedraza, en el contexto de las guerras secretas librándose en paralelo a las de dominio público en el frente barcelonés durante el Corpus de Sangre, la guerra de sucesión, la guerra del francés, la Semana Trágica, la guerra civil y el contemporáneo Conflicto Cosmético, debatiendo sobre el origen de la añeja costumbre de los Verdugos Voluntarios y el por qué de las autóctonas libélulas espiademonios, y lo hacían presentando sus argumentos con la misma recia técnica poética de Westphalen, usando la misma asociación surrealista de conceptos, convirtiéndose así en avatares polimorfos y multirreferenciales, más allá de ser la pálida traducción psicológica de una personalidad hipotética, ni siquiera uno o dos o una docena de personajes concretos, sino todos y ninguno a la vez, intercambiándose e interactuando en mi imaginación como abstracciones descontroladas.

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* Si bien la fuente principal de las corrientes mágicas que fluyen por el libro son las conclusiones de mis propios experimentos y ejercicios mágicos, cabe puntualizar que éstos, durante aquella época, bebían con muchísima sed de los escritos de Joel Birocco, Austin Osman Spare, Juan Eduardo Cirlot, Ramón Llull y el De Heptarchia Mystica de John Dee.

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* Y ya entrado en materia, durante el proceso de elaboración del primer borrador para el artefacto, recurrí a un buen puñado de autores (algunos de los cuales tengo la grandísima fortuna de contar entre mis mejores amigos), que más que influir directamente en la obra en curso, me sirvieron para allanarme el camino, ponerme sobre la pista de la forma y el planteamiento y los motivos correctos, y darme el empujón que de tanto en cuanto se hace necesario. Sirva pues este último punto como agradecimiento nada velado a Robert Anton Wilson, Emilio Prados, José Lezama Lima, Leopoldo María Panero, Agota Kristof, William S. Burroughs, Anna Kavan, Susan Sontag, Alexandra David-Néel, Theodor Sturgeon, Arthur Machen, Iain Sinclair, Ales Kot, Paul Virilio, Alan Watts, Yasutaka Tsutsui, Kenji Siratori, María Rubio Méndez, Marco A. Raya, Javier Esteban, Daniel Pérez Navarro, Tony Fuentes, Raúl Quinto, Sergi de Diego y Nick Papadimitriou (protagonista absoluto de The London Perambulator, documental en el que me perdí una docena de veces seguidas durante los descansos entre capítulo y capítulo del manuscrito).

 

IMAGEN E ICONO

* Luis González Palma

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* Nandan Ghiya

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* Álvaro Barcala

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* Peter Bardazzi

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* Shintaro Kago

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* Beyond the Black Rainbow

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* Antiviral

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* Marble Hornets

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* Year Walk

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SONIDO AMBIENTE

* Altar of Plagues, White Tomb

                              Tides

                              Mammal

 

* Terra Tenebrosa, The Tunnels

                              The Purging

 

* Älymystö, Atomgrad

 

* Portal, Vexovoid

 

* Khanate, Capture & Release

                  Clean Hands Go Foul

 

* Helen Money, Arriving Angels

 

* Earth, Hex; or Printing the Infernal Method

 

* Cult of Luna, Eternal Kingdom

 

* Blut Aus Nord, 777-The Desanctication

                           777-Sect(s)

777-Cosmosophy

 

* Batillus, Concrete Sustain

 

MATERIA

* El último elemento amalgamador de Aceldama, algo así como el yeso del proceso de creación de la obra, y que también merece ser reseñado aquí, para acabar, fueron las horas que pasé alejado del manuscrito y sus consiguientes permutaciones y correcciones, entrenando con el Team Moya en el Gimnasio Esport Rogent y dejándome llevar en largas caminatas psicogeográficas por el Eixample, El Clot, Sant Martí, Ciudatella y el Poblenou. Esos momentos puramente físicos fueron cruciales para dar empaque al libro y hacer que su escritura acabase resultando personalísima e íntima, un algo tan orgánico como intelectual de lo que no podría estar más satisfecho y orgulloso. Y agradecido. Y un poco enamorado, también. Como dice el poeta, cosas así son las que nos salvan de nuestra “herencia de muertos”.

Sea, pues.

 

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Cubierta de Julia D. Velázquez

Booktrailer de Velasco Broca / Sanket Singh

 

Hay formas de moverse por Aceldama más adecuadas que otras. Está el modo en que cualquiera puede recorrer la ciudad, sólo un transeúnte en el territorio, y está la manera que hace que persona y mapa se confundan en una misma cosa, se amalgamen en un todo extraño y mágico que devenga algo más real que la vida real misma.

Esta última es la opción de Samuel y Adriana, condenados a que sus caminos se trencen a pesar de lo mucho que quieren alejarse el uno del otro. Sus deseos, sin embargo, caminan parejos a la necesidad de otros porque el orden establecido en la urbe, la estabilidad de los sistemas y biorritmos de ésta, se mantengan en equilibrio. Así, la lucha de él contra ella, y de ellos contra el statu quo, resonará no sólo en la metrópoli entera sino también en los variopintos personajes con los que toparán durante su discurrir por esa senda oscura, paranoica y maravillosa.

Ambientada en una hipotética ciudad española subyugada por las corporaciones transnacionales y en estado de shock por el avecinamiento de un futuro profundamente psicodélico en el que tanto caben los barrios estructurados en laberintos de Casas Vivas, los drones de videovigilancia y los androides de uso común, como los fantasmas de un pasado mitológico, las fábulas y las leyendas urbanas, Aceldama es la obra más personal de Francisco Jota-Pérez, un collage multirreferencial en el que se mezclan y confunden el cyberpunk, el ensayo-ficción, la teoría cultural futurológica, la psicogeografía y el realismo sucio en una obra más lírica que formalmente narrativa.

 

Esto es lo que dice el texto de contraportada de la que va a ser mi quinta novela, Aceldama, que verá la luz a principios del próximo mes de abril de la mano de la maravillosa editorial Origami.

Antes de que os podáis hacer con ella, sin embargo, quisiera dejar aquí algunas aclaraciones al respecto, a modo de guía de lectura.

Según la misma sinopsis apunta, Aceldama es un collage que tiende muchísimo más hacia la lírica que hacia la narrativa formal. Desde luego, es mi obra más personal, y también con la que me he concedido más licencias a mí mismo, a mis formas y a mis fondos, significando esto que el artefacto ha resultado el capítulo quizá más experimental hasta la fecha en una “carrera” ya cimentada, para algunos, en experimentar más allá de lo que se considera prudente. Por otro lado, es mi primera obra larga tras el Tríptico Linde, por lo que al menos estoy en sobradas condiciones de prometer que la experiencia (sí, “experimental”; sí, “nada convencional”; sí, “marginal”; sí, bordeando la locura y justo en el extremo de “lo que puede o no puede hacerse”, “debe o no debe hacerse”, a la hora de articular la narración de algo en concreto) será radicalmente distinta, para bien o para mal.

Tal como la entiendo y tal como me la explico a mí mismo (por tanto, desde la óptica absolutamente subjetiva del autor, pero que, por ello, es virtualmente la esencia del libro), Aceldama puede entenderse, o como mínimo leerse, de tres formas distintas.

Por una parte, como una novela más o menos corta, una nouvelle densa aunque líquida, que sigue de forma excéntrica el devenir de una serie de personajes a los que en ningún momento la historia en la que se integran les exige que sean otra cosa que eso; personajes, no personas, no traslaciones de complejas entidades de psicología y carne recortadas para caber en la página impresa. Personajes-engranaje entretejidos en un argumento que lo mismo investiga las dinámicas del amor romántico y las interrelaciones personales, como filosofa sobre la importancia y la presencia del mito y la leyenda, como reivindica la naturaleza monumental de España y qué nos depararía que la ciudad, cualquier gran ciudad española, nuestro campo de juegos, se volviese autoconsciente a través de esos organismos extraños que la pueblan, miserables pero también capaces de atesorar toda la bondad del mundo, embelesados con el relato de sí mismos, acomplejados y torpes aunque decididos.

Igualmente válido sería el acercamiento a Aceldama como si de un largo poema se tratase. La estructura del libro, confeccionado en pasajes sin marcas explícitas de diálogo e invadido por los puntos suspensivos y las figuras retóricas, las elipsis y las cesuras y las suspensiones temporales, se presta a que el lector (si me concede el privilegio de abusar de su paciencia, claro) lo descifre desde la asunción del verso y de que la concisión y la complejidad inherentes sirven a que, esperemos, en él se activen los mecanismos que hagan que lo que pretendo argumentar no llegue por cauces estrictamente intelectuales, sino eminentemente sensoriales. Como en varios de mis trabajos actuales, he querido operar aquí con herramientas cercanas a la hipnosis y a la programación neurolingüística, ahora más pulidas y afiladas que nunca.

Por último, el tercer modo de asimilación del asunto sería como ensayo-ficción futurológico, como una extensión ficcional (pura y llana ciencia-ficción, pues) de lo mismo que hago en mi columna KULTURTECTURA, esto es, defender una serie de predicciones, prospecciones, relativas al futuro cercano, centradas en el hecho cultural y tendiendo una línea coherente desde la tradición hacia las múltiples posibilidades del presente para comprobar si el cabo a reseguir escogido pudiese o no ser el más deseable, responsable y liberador. Una distopía enraizada en teorías muy, muy concretas, de las que daré más información en el próximo post dedicado a la novela, donde detallaré las referencias manejadas durante el proceso de escritura.

Por supuesto, todo lo anteriormente expuesto es, como comentaba, una guía. Sólo una guía. Y, como cualquier guía, es falible y puede que lo que esté hablando por mí sea el entusiasmo y (¿por-qué-no?) el orgullo de asistir a cómo cristaliza una labor que, aunque agradabilísima, no ha sido precisamente fácil, y que me ha llevado a terrenos alucinantes, fascinantes coordenadas de la alucinación que me muero por compartir con cualquiera que tenga a bien dejar que se lo brinde. Creo sinceramente que lo que cuenta el libro debía ser contado, y sólo podía ser contado del modo en que lo he hecho. Es mi apuesta y en ella está puesta toda mi fe, porque, en definitiva, sólo se puede escribir desde esa perspectiva fanática.

A partir de ya mismo, entonces, Aceldama será más tuya que mía, estimado lector, lo cual no sólo me hace feliz, aun asustándome, sino que me parece necesario que así sea. Entra, muévete por ella y, por favor, disfruta. De eso se trata.