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En las últimas semanas han coincidido dos intervenciones radiofónicas de un servidor a propósito de Homo Tenuis:

Algo flota en el aire cuando las coincidencias aceleran. Levanten la mirada del suelo y vean.

«Ojalá hubiese habido más oscuridad aquella madrugada. Esa sensación, el descenso, la anticipación del odio que guiase el tirón, el olor a gasolina, a nitroglicerina y algodón en los portales en los que la procesión había dejado su marca. Algo más allá, la fragancia del papel recién impregnado de cola, el ruido sordo e interno de las proclamas escritas y el tacto acuoso y áspero de los rezagados cuando se tendían la mano para levantarse unos a otros. Habíamos vencido a los lobos y cantábamos, nuestra señora del cadalso había ardido y las calles se empinaban de nuevo bajo nosotros, nuestros pies volvían a sentir el desnivel».

Los miembros del Inner Circle de Orciny Press reciben desde hoy mismo uno de mis nuevos relatos, «Agalma»: licantropía, resistencia, arte y el saberse obsoleto, hacer las paces con ello y pasar el testigo a la siguiente que vaya a correr en dirección al abismo.

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El próximo 28 de enero sale a la venta, en formato físico y digital simultáneamente, la reedición-pero-no-pero-sí de mi ensayo Homo Tenuis.

¿Y qué es eso de una «reedición-pero-no-pero-sí»? Veamos… A mediados del pasado año, la editorial Gasmask dejó de funcionar como tal para pasar a convertirse en el sello dentro de Ediciones El Transbordador que albergaría la colección de no-ficción. Se perfilaron detalles, se retocaron contratos, se llegó a acuerdos y, en el proceso de traspaso de una editorial a la otra de los títulos vigentes, se dio la circunstancia de que la primera edición de Homo Tenuis se había agotado y que aún existía demanda de él, por lo que se imponía una segunda. El problema (esencialmente legal) radicaba en que El Transbordador no podía reeditar algo que no había editado originalmente y en que Gasmask, en fin, ya no existía como tal. Así, y dándose la circunstancia de que ambos editores tienen el libro en altísima estima, se optó por una nueva «primera edición». Que no es una reedición, pero sí lo es.

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Esa nueva edición consiste en el texto original, revisado y maquetado de nuevo para adaptarlo a su versión digital y darle un aspecto algo más fresco, e incluye, como extra a la versión anterior, Ocultismo noumenal: seis textos sobre psicodelia oscura, una recopilación de artículos alrededor de los mismos temas explorados en el ensayo principal, concretamente «La forma inhumana», «Sed Contra» y «Bienes dañados», tres piezas experimentales sobre nihilismo y psicodelia publicados anteriormente en este mismo blog, y «Siempre hay un faro», «Siempre hay una ciudad» y «Siempre hay un hombre», mis tres colaboraciones para Láudano Magazine en forma de análisis de la trilogía de videojuegos Bioshock en clave de transhumanismo, realismo especulativo y teoría de la hiperstición.

Ni que decir tiene que estoy orgullosísimo de que mi único ensayo hasta la fecha haya gustado como lo ha hecho (con muy buenas reseñas por parte de lectores bastante exigentes, menciones en otros ensayos y estudios, nominaciones a un par de premios y demás) y vaya a tener una segunda vida, engalanada además con dos detalles que, para mí (y probablemente solo para mí), significan muchísimo: que su publicación vaya a coincidir, en fecha y casa, con la de la esperadísima novela de Pilar Pedraza, «Pánikas», y que la ilustración de cubierta del nuevo-pero-viejo monstruo sea obra de Joel Pérez, mi hijo mayor.

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A por ello.

 

 

Algo más de seis meses después de que Teratoma viese le luz, y antes de lo que está a punto de llegar, vale la pena (aunque solo sea en beneficio de la centralización) recopilar lo que la novela ha dado de sí ahí afuera, una vez salida de la jaula pequeñita para recorrer a paso de insecto los bordes de la jaula grande del Simulacro.

En primer lugar, algo que considero particularmente especial: en El coloquio de los perros, Alfonso García-Villalba dedica al libro un artículo que es más bien un ensayo sobre sus potencias, su legitimidad (si acaso eso existe, hoy, en relación a la palabra escrita en negro sobre blanco y en papel) y su profundidades, Regreso a la metrópolis del Simulacro (notas sobre una novela de Francisco Jota-Pérez):

Las visiones de los profetas (sus discursos) tienen mucho de mecánica irracional, lingüística del inconsciente, artefacto surreal: un mantra que alguien recita porque los dioses susurran al oído aquello que estará por venir (una simulación, un leviatán tal vez). Algo así sucedía con la Sibila de Delfos, con la de Cumas: susurros sagrados, ventriloquía divina. Igual ocurría con Ezequiel o Daniel en el Antiguo Testamento, San Juan trazando una caligrafía delirante en Patmos, Francisco Jota-Pérez abducido por una voz narrativa que interpreta el futuro como un nódulo patológico, haciendo literatura neoplásica que, en sí misma, es una célula tumoral, una célula germinativa que vive dentro del cadáver de la literatura contemporánea (una parte de ella), un núcleo resplandeciente más allá de la putrefacción ambiente.

Otro detalle que atesorar: Sabrina Rodríguez (actriz, bruja y artista digital, y copresentadora del artefacto en sociedad) aplica un proceso de databending a la versión en formato PDF del libro, traduciéndolo a sonido y obteniendo así una pieza ruidista que condensa, de algún modo, la esencia del libro y la vuelve una experiencia (aún más) sensorial; luego vuelve aplicar el mismo sistema sobre la canción para transformarla en imagen dando resultado a un paisaje visual como una especie de muralla virtual con la que contener el contexto en el que se desarrolla la novela:

 

Y hablando de la presentación, aquí tenéis el vídeo de la misma, que tuvo lugar en la ya tristemente desaparecida librería Chronos y durante cual me acompañaron la mencionada Sabrina Rodríguez y la futuróloga e investigadora de tendencias Elisabet Roselló:

 

También ha habido un puñado de reseñas, de las que me quedo con la de Ekaitz Ortega en su blog:

…es raro que seas vanguardia si no demuestras gran conocimiento de las herramientas, o no puedes ser revolucionario sin una base ideológica asentada. En Teratoma no encuentro oposición a estos requisitos.

Y la peculiar y sandunguera crítica de Lucas Albor en Libros prohibidos:

La obra consigue traspasar los límites de la racionalidad, utilizando digresiones inacabables, subordinadas tras subordinadas, o escisiones continuas de significante y significado. Por encima de todo, el elemento que se impone con mayor fuerza es el de la sucesión de imágenes, a través de las que se va dibujando un contexto futurista, violento y deshumanizado.

Para ir acabando, solo recordar que podéis añadir Teratoma a vuestra estantería de Goodreads, que el primer capítulo de la cosa aún está disponible para descarga en la página de la editorial, a modo de adelanto, y que este sábado andaremos por Madrid firmando ejemplares:

Vayan en paz…

Publicaciones, presentaciones, charlas, premios… Los últimos meses han sido muy activos, por lo que es buen momento ahora de dejar aquí el recurrente post de recopilación y marca en el camino como una idea de dónde estoy y en qué dirección voy. A ello:

COSAS QUE HAGO


  • Recientemente han visto la luz, además del artefacto-conjuro Luz simiente, dos relatos ciertamente importantes para mí, ya que tengo la sensación de que sientan las bases de lo que pretendo hacer a medio plazo, exponen más de lo que había sido capaz de exponer hasta ahora los temas y las formas y los dejes de los que estoy rodeado y con los que estoy operando, y han emanado de forma preciosa desde el extraño estado mental alterado en el que me sumí en algún punto a finales del año pasado después de que éste, de algún modo, dejase preñada a mi manera de escribir:

Un altar — publicado como regalo de bienvenida y declaración de intenciones para los suscriptores del Inner Circle de Orciny Press, es una pieza de horror cósmico trenzado con metafísica y política nihilistas que juega a la poética de la degradación y la intrascendencia de lo social y lo íntimo.

Extractos de una última instantánea — publicado en el número 7 de la revista SuperSonic, es una fantasmagoría fragmentaria y psicodélica que explora las calidades hauntológicas del cáncer, la soledad, la filosofía normativista, la hipernormalización y lo performativo.

 

 

  • Hace aproximadamente un mes, con la excusa del día dedicado a la editorial GasMask en la librería Gigamesh, impartí una larga y fructífera charla sobre teoría de la Hiperstición y el resto de temas alrededor de los que se arma Homo Tenuis:

 

 

COSAS QUE DICEN


 

 

 

Por supuesto, hay más cosas, más noticias, infinitos detalles ínfimos que quedan ahogados de inmediatez entre lo dicho, lo hecho a medias, lo hecho por completo y lo desechado, las redes sociales y los instrumentos del ahora mismo acelerado, pero aquello es el territorio sensible de los días y esto sólo pretende ser un mapa; y como tal, así queda. Seguimos.

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Y el caos me llama es mi contribución a la antología Whitestar (ed. Palabristas), una obra coral que recoge 32 textos (relatos, poesía, experimentos formales varios…) dedicados a la música, la figura y la presencia de David Bowie y cuyos beneficios serán donados íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer.

Hoy, al cumplirse un año del fallecimiento del Duque Blanco, se nos pide a los colaboradores que compartamos un fragmento de nuestra pieza para el volumen, así que dejo aquí aproximadamente la mitad de mi relato, un artefacto industrial-psicodélico que pretende rizar el tributo para hacerlo extensible a Brion Gysin, influencia capital en cómo Bowie afrontaba la escritura de la letra de sus canciones y referente personal básico al que debía desde hace tiempo, como poco, un toque de sombrero…

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Y EL CAOS ME LLAMA

La escena de tortura como definición de la silueta en forma de responsabilidades vicarias y materiales, representantes, agentes, sin calificación por edad a la que aferrarse.

Encarnada en todo, muda.

Son los primeros años de la atemporalidad, una imposibilidad en la precisión de lo apreciable, papel de revista desde el que se añoran artefactos voladores que nunca se patentaron, gargantas cerradas de decepción; un poco más allá, en el televisor LED: la primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva como un portal estrecho y redondeado a la luz de plasma de una bombilla envuelta en celofán, representada en una habitación de hotel; en alguna parte: pelo, uñas y dientes pintados en tonos cobre, hilos, una conexión fallando, coaxiales no tanto sacudidos como mecidos por la marejada de datos: “la polla pingada de purpurina, lo que pasa cuando te follas a un unicornio”; cerca andan también las cabinas de bronceado en áreas de avituallamiento para los que han adoptado como hobby el monocultivo de marihuana en interiores, los armarios de los que se sale y se entra según haya quedado aplastado el peinado de cada cual la noche anterior.

Gérmenes transformadores de víctimas cubren como un paladar a las personas presas en Tetuán, que están incubando la temerosa anticipación de algún poco concreto desastre. Tanquetas del servicio de mantenimiento del Resonador patrullan la verja del Paseo de la Castellana arriba y abajo y arriba, y anuncian, en ruido de fondo al que el oído se acostumbra en menos de cinco minutos, durísimas sanciones a aquellos que tengan el poco criterio de tratar de cruzar a El Viso o Nueva España sin llevar en la solapa el distintivo de los empleados por la Catedral de los Medios Convencionales o sus empresas afluentes. A las seis de la mañana del sábado, sólo recorre las calles del distrito una piara de pretéritas formas circulares de encantamiento de la zona: traperos e higienistas del cable; mi hija tomándose una fotografía de fósforo en la que aparecerá a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga; tuberculosos que estudian con detenimiento esos pasquines políticos que lo mismo reniegan del invisibilismo de unos planos urbanísticos sobre los que no se levantará nada, como llaman a desconectar el mismísimo Resonador y activar el Clítoris, un clítoris cualquiera, abstracto de subversión; “juraría que las chabolas que aparecen no están exactamente al final de la calle Pinos Alta sino al final de las de Isabel Serrano, Sorgo y Alberdi, el Barrio del Pilar son los edificios de la derecha, no los del fondo y no corresponde exactamente con el límite de la ventilla sino de Valdeacederas con el Barrio del Pilar, en una foto aérea de 1993, la Avenida de Asturias se puede ver aún en la esquina inferior izquierda, fueron derribadas y ahora, en ese lugar, está la ampliación del Parque Rodríguez Sahagún”; los profundamente extrañados grupos de pecios del Plan Bidagor, gentes de negativo probable de bajo espectro al sepia fractal, palpan muretes y bancos y pilones y una intervención artística en forma de mirador de cilindros de hormigón comunicados por una estructura de escaleras esmaltadas en turquesa, cosas que no deberían estar ahí, superposiciones esotéricas del presente inmediato al miserable pasado ideal. Heme aquí, dando cortos exorcismos por una tarifa simbólica.

Grandiosos proyectos en curso dejan a la vista espinas altas como placas dorsales en el dinosaurio abatido de una plaza dura, alambre y fusible que capturan sobrecargas sintomatológicas; “como ése, el Dañador, futuro suegro de Maltrana, un furtivo que completa su dieta con lo que puede pillar saltando la valla del Pardo y entrando a cazar en la Propiedad Real”… Y se da la desaparición intermitente de un importante nódulo de Publimax: ahora el emisor de espectros sintéticos, efecto especial por el que los retazos fantasmales del sesgo histórico, ultra-manipulados obedeciendo a fines de propaganda institucional y voluntad museística impuestos al distrito, y que contrastan con lo exudado por los propios vecinos en distorsión por mal acople y retroalimentación, se esfuman; ahora son recuperado por los mismos personajes que el Publimax ha disparado al transeúnte, quienes, presas del pánico existencial de la acotación suelta al azar en el guión que el ayuntamiento preparase para ellos, embrujan los circuitos del aparato y le insuflan nuevos bríos; “el suburbio de Madrid es un hedor, una mezcla de hojalata, de solares con sórdidas chozas; sus habitantes son obreros, gente pobre; es una ciudad sin techo, un sumidero de miseria, hasta una vara de suciedad en el suelo, ratas, tifus, tuberculosis, promiscuidad; y, más que medicinas, necesitan los habitantes del suburbio pan, leche, alimentos”.

“When you cut into the present, the future leaks out”, leo en alguna parte.

Rebusco en mi mochila y extraigo, cuando el momento es el correcto, un ataúd de plástico no más largo que mi brazo y un rollo de papel de aluminio, del que corto pedazos que cuadro tomando la medida de un pliegue en diagonal. De los cuadrados hago cubos cerrados, coquetos acumuladores plateados. Tapo una papelera con el ataúd, que me sirve de expositor para estos joyeros imposibles y voceo las bondades de mi mercancía a la concurrencia, cuyo número se ha multiplicado exponencialmente conforme se ha ido avecinando el mediodía.

Tome usted uno de estos cubos, Caballero, ¿qué pensaría si le digo que son cabinas de desplazamiento para la gente diminuta que hay encerrada dentro de ellas, que si compra usted una de estas y la sacude, la sacude con todo lo que le den las fuerzas, hará que el interior se curve en determinada fase, a una frecuencia distinta de la frecuencia normal, distinta incluso de la frecuencia a la que vibran sus inoportunos convecinos al sepia fractal? ¿Quién no querría una mascota así? Esos duendecillos y duendecillas, aplicada la torsión apropiada sobre su ahora, le susurrarán leyes y recetas titubeantes, llenas de interferencias de emisiones provenientes del infierno, sí, del único e incomparable infierno, porque, entérese, entérese con las orejas de enterarse, a estas alturas, con usted en su cueva y a gusto y ocioso y sacudiendo la cajita como si no hubiese un mañana, el infierno será la idea de infierno que usted y los que son como usted tengan de ello; entérese: una trenza sin valor ninguno a la que irá porque en el fondo, muy en el fondo, quiere usted ir, y estos duendecillos y duendecillas le traen, ¡albricias!, una inminencia de castigo eterno en las fauces del naranja profundo del averno en forma de tarjeta de felicitación, para que vaya usted preparando los bártulos anímicos. Compre, Caballero, compre…

Banda sonora en la Catedral de los Medios Convencionales; televisión, radio, prensa online y offline, Aumentáformo y Publimax: “en Mil Mesetas, en lo que Brassier describe como manotazos que vinieron a continuación, en los inconscientes materiales tanatrópicos, de su estómago reptamos por la trampilla a la inevitabilidad de la esquizofrenia cósmica, en sus colegas, más que la mascarada de la que se sirve La Bella, están algunos periódicos haciendo referencia a la izquierda parlamentaria, la disolución en máquinas de silicio, bacterias, rayos cósmicos, en postulaciones continuas que son la historia del universo y, tras lo impersonal, lo colectivo, lo social, lo inevitable, nos parece que esta lucha ha tenido características de autodeterminación.

—¿Por qué la textura de las cosas pasa a través de mí por una tachadura de ausencia en los receptores, sin asirse, como lo demás, al aparato cognitivo? —pregunto.

Silbo una melodía tenue de réplicas y mala soldadura de otras melodías a medio oír y medio degustar, mientras aguardo en el andén a que los mozos de carga llenen el vagón de cola del tren de alta velocidad que tomaré hasta la siguiente estación en mi peregrinaje. Hacia el Resonador, sin más pausas y con los talones asaeteados por el acoso del monstruo que acabo de entrever al mirarme en la superficie reflectante del plafón en el que se muestran los horarios y destinos de los convoyes llevándose mercancía mal flambeada al blanco roto del PolvoLunar.

Una bestia se ha hecho con mi hija (“la escena de tortura como definición de la silueta, primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva, portal estrecho y redondeado a la luz de plasma, a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga”) y la retiene contra su pecho marchito y seco y que desnutre.

(Whitestar puede adquirirse en Lektu, en descarga digital, por 2.99€)

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El próximo 12 de octubre, GasMask Editores, en su colección Pop Kills, publica mi último libro, un artefacto que se siente como el cierre de un círculo y una suerte de punto de inflexión en lo que hago. Esta vez no se trata de una novela, un poemario o cualquier otra forma de infección conceptual en forma más o menos de ficción, sino que aquí el proceso (mis procesos) se invierte (n): Homo Tenuis se alimenta de ficciones y construcciones metafóricas, alegóricas y alucinatorias para generar un ensayo muy poco convencional alrededor de dos temas principales: la teoría de la Hiperstición y la figura del SlenderMan…

“El 31 de mayo de 2014, en Waukesha (Wisconsin), dos niñas de doce años de edad apuñalaron diecinueve veces a una compañera de clase. Al ser interrogadas, declararon que debían cometer aquel asesinato (que quedó milagrosamente en un intento) porque el SlenderMan, una criatura imaginaria concebida en un foro de Internet dedicado a los cuentos de terror y las leyendas urbanas, así se lo había pedido tras presentarse ante ellas y prometerles llevárselas consigo a su mansión en el bosque…”

Homo Tenuis es una obra de teoría-ficción centrada en la figura del SlenderMan (el“Hombre Esbelto”) como elemento ficcional que, habiendo trascendido su condición de leyenda urbana radicalmente nativa del siglo XXI a través de su naturalización y absorción en el consciente colectivo, ha dejado de ser verosímil para convertirse en verificable; esto es, el Slenderman como objeto hipersticioso, una superación de la superstición, una suerte de profecía cultural autocomplida.

A partir de una introducción en el concepto de hiperstición tal como éste se entiende en el campo de la teoría cultural de vanguardia, y de la autopsia del objeto hipersticioso, se formula un estudio del modo en que ciertas ideas, por mucho que en un principio se presenten como aterradores espejismos, son capaces de demostrarse lo suficientemente poderosas como para transformar el mundo y todo lo contenido en él de forma en absoluto metafórica.

De la mano del Hombre Esbelto, en dirección a una hipotética mansión en los bosques del imaginario global, el presente libro cartografía un territorio poblado de mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera, artificios publicitarios y discursos económicos de la coerción, conjuros lovecraftianos, prospecciones transhumanistas, revoluciones electrónicas y lémures cantores.

Tejido como un collage de técnicas y modelos narrativos experimentales que van desde el artículo filosófico a la prosa poética pasando por el método paranoicocrítico daliniano, la micro-ficción, el esquizoanálisis deleuziano o el hiperrelato de terror, Homo Tenuis resulta un artefacto polisémico que trasciende el ensayo formal para articular sus tesis, cuestiones y conclusiones de forma más evocativa que explicativa, en un intento por provocar en el lector la experiencia más inmersiva posible.

Algo eminentemente teórico, pero a la vez íntimo… Llevo estudiando la teoría de la Hiperstición desde la primera vez que usé una aproximación a sus postulados para mi Ciencia Raíz, y desde entonces no sólo ha sido una herramienta de ensamblaje básica para mis novelas Aceldama y Pasaje a las Dehesas de Invierno, sino también un cimiento esencial y plataforma de lanzamiento para media docena de mis relatos y experimentos narrativos, y el tema central de dos extensas conferencias (la que impartí en la MirCon 2014 y mi contribución a las Jornadas de Metal Extremo de Vitoria-Gasteiz)… En cuanto al SlenderMan, es para mí un ente esotérico ejemplar que dice mucho, muchísimo, de los tiempos que nos han tocado vivir, con el que he tenido la relativa fortuna de tener contacto explícito y onírico tras haberlo invocado en las calles de Aceldama y en las de mi barrio, y una suerte de tótem adoptado a través del que entender mi propia relación con la Alucinación y los canales relativos de la Realidad… El libro, además, está empapado de la mayor parte de aquellos autores, pensadores y conceptos que han venido influenciándome y obsesionándome durante los últimos diez o doce años: Anna Kavan, William Burroughs, Layla Martínez, Doris Lessing, Donna Haraway, Kenji Siratori, Reza Negarestani, Nick Land, María Eugenia Esté, Bruce Bégout, Deleuze y Guattari, Germán Sierra, William Gibson, R.W. Chambers, H.P. Lovecraft, Felipe Fernández Armesto, Teresa Aguilar García, el paréntesis de Gutemberg, el arte glitch, la necropolítica, la psiconautica, el transhumanismo…

TABLA DE CONTENIDOS

INTRODUCCIÓN

CONJURO DEL HOMBRE ESBELTO

_Hiperstición: una definición

_SlenderMan: El Hombre Esbelto

ENDORCISMO SUPERMASIVO

_Hiperstición: difuminado del pasaje Real/Imaginario

_Mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera: La Ley de Moore: Los Fantasmas Semióticos: El Stalker

_Ficción publicitaria y la Bolsa de Valores: coerción

ENTES SIN ROSTRO

_Hiperstición: la dimensión oculta

_El Rey de Amarillo: Nyarlathotep: SlenderMan

_Hombre Esbelto: Rastreable: Ente: Exterior

_Caos: Evento: Extinción: Recarga: Terror

CIENCIA FICCIÓN NEGASÓNICA DE COMBATE

_Hiperstición: mística radioactiva

_Cthulhuceno: el Cíborg: el Transhumano: el Monstruo

_K: Persistente revolución electrónica: Hielo intravenoso del futuro: Neuro-arquitecturas aberrantes

BIBLIOGRAFÍA

Como se podrá comprobar, Homo Tenuis es una obra de esencia literaria, no sólo en cuanto a su forma sino en tanto he procurado mantener fuera de sus tesis y giros todo lo que tenga que ver con cualquier manifestación hipersticiosa fuera de la palabra escrita; a modo de reivindicación, he obviado referir más que de forma puntual al cine, la música, los videojuegos o la televisión para centrarme en la literatura de género, la poesía, la filosofía de vanguardia, las creepypastas, el periodismo de investigación y otros canales de contagio por vía de la escritura que, considero, a día de hoy poseen tanta capacidad de subversión y poder de cambio e inferencia mágica en bruto como lo han tenido desde que se garabateo en el polvo la primera frase (si no más, considerando cómo ahora mismo la escritura se ve obligada a mutar y acelerar su plasticidad para afrontar las interferencias de lo audiovisual, lo radicalmente inmediato y los sistemas de educación coercitiva impuestos por los poderes fácticos…

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Y esto es (casi) todo lo que es Homo Tenuis, ahora ya proverbialmente más vuestro que mío. Desde ayer pueden reservarse ejemplares en la tienda online de la editorial (la precompra incluye, como regalo exclusivo para los primeros en hacerse con la cosa, una edición en folleto del cuaderno de dibujos de Morgan Geyser, una de las niñas perpetradoras de lo que ha venido a llamarse “el crímen de SlenderMan”), en Cyberdark y en Hombrecillos Verdes. Ahí está. Sumérjanse en ello con cautela.