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Archivo de la etiqueta: Ciencia

BudaBot no es exactamente un microrrelato. No va de nada en particular. BudaBot es un sígilo (o sígil, no acabamos de ponernos de acuerdo en la terminología… algunos lo llaman también “sello mágico”). BudaBot es un mantra que funciona mejor recitado de memoria y a la luz de media docena de pantallas LED. BudaBot no es exactamente CiFi. Pero parte de demasiadas lecturas al respecto de las posibilidades de la nanotecnología. Palabras y signos como nanobots ontológicos preprogramados. Inductores de Iluminación Gnóstico-Informática.

BudaBot es el número 36 en la colección de narrativa de Nanonediciones. Descargable desde hoy mismo AQUÍ.

OK…

Antifuente ya no es (sólo) el título de mi antología.

Porque Antifuente es también el nombre del flamante subcampeón argentino en categoría libre de Sumo Robot. Y eso está bien. Muy bien. Me hace sentir orgulloso, de alguna extraña e impropia manera.

Además, por lo visto el puto cacharro es famoso en su círculo, y hasta tiene grupo de fans propio en Facebook.

Os dejo pues aquí, por aquello de darle al César lo que es del César, unas sobrecogedoras imágenes del tercer round de la semifinal del séptimo Torneo Nacional de Robótica de Bahía Blanca (Buenos Aires), en el que Antifuente despliega todas sus habilidades de combate para humillar a su oponente:

Si es que el inconsciente colectivo es raro de cojones y da miedo y establece sincronías capaces de alegrarle la tarde al más obtuso…

PD: felicidades desde aquí al blog de Sincriterio, que ayer cumplió cuatro años. Keep on fuckin´, jefe.

Un fragmento del último ensayo que he escrito para CaldodeCultivo:

 

Sólo caben posibilidades. El tiempo no es una línea recta trazada con tiza en la pizarra de tu clase de primaria, sino que tiene tres dimensiones, como el espacio. Todos los momentos son ahora y ninguno es ahora —ahora ya pasó: lo efímero del presente es un chiste cósmico en una obra patafísica sin guión ni planos: ja, ja y puto ja— y la realidad es elección y bifurcación. Quizá en la víspera del final escojamos todos, por consenso, ser personajes de dibujos animados actuando para las cámaras de control del tráfico; avatares psicodélicos con la moral escondida que se sueñan un presente a medida porque, ahora sí, de verdad, empíricamente y dejando de lado todas esas chorradas de superchería, budismo y best-sellerismo ciencia-ficcional, el futuro no existe. Llegamos al 2012 y resulta que los mayas tenían razón y el calendario ya no tiene más hojas, pero nuestra capacidad de asimilación de información se adapta a la constante de duplicación de la misma y por fin sabemos cómo fabricar una máquina del tiempo con cosas que se adquieren en cualquier ferretería; le enseñamos el dedo corazón a H. G. Wells y nos vamos silbando a habitar realidades paralelas, pasadas y desechadas para escapar del Apocalipsis. Qué gracia: en esas realidades —que no son del todo supercuerdas equidistantes, lejos de mi intención sugerir tal cosa— los actos propios están por realizar y los ajenos por padecer: tenemos carta blanca para mostrar las bazas escondidas de nuestros peores “y si…”, para volver a repetir errores y dejar la planificación probable en manos de literatos pulp y pitonisas, para seguir quejándonos o maravillarnos, sentarnos a ver cómo nos engorda el culo y nos importa una mierda o aprender kung-fu ontológico y abandonarnos a nuestras ansías de dominar el nuevo mundo. Llegamos al libre albedrío auténtico usando apenas cuatro tornillos, un ordenador cuántico y montones de cinta aislante. Llegamos a la precognición teniendo sólo que recordar. ¿Distopía? Que le den a la distopía. Mi abanico de contingencias es más grande que el tuyo, porque es infinito, como mi imaginación, y tú sólo contemplas un paradigma, profeta del tres al cuarto.

 

Que coincide con esta noticia con la que me acabo de topar:

…Los viajes en el tiempo dejarían de ser un argumento de escritores de ciencia ficción para convertirse en una realidad científica, desde mayo de este año. Es más, la maquina que permitiría este tipo de viajes ya esta lista, y la conoces: se trata del Large Hadron Collider (Gran Colisionador de Hadrones o LHC), construida por el CERN al noroeste de Ginebra, en la frontera entre Francia y Suiza.

Según los matemáticos rusos Irina Aref’eva e Igor Volovich,El LHC es una maquina muy compleja, de hecho se trata del proyecto de cooperación científico más grande del mundo, del que participan más de 2.000 físicos provenientes de 34 países. Ciertamente, al proyecto no falta materia gris. ambos pertenecientes al Instituto Matemático Steklov, la puesta en marcha del LHC en el próximo mayo podría abrir una puerta que permita los viajes en el tiempo.

“Las colisiones protón- protón dentro del LHC podrían dar lugar a la formación de máquinas del tiempo que violan la causalidad”, explican en su trabajo Irina Aref’eva e Igor Volovich. De acuerdo, esto es técnicamente, esto es una maquina para viajar en el tiempo. Pero el tamaño de lo que podrá atravesar esas regiones del espacio-tiempo tan particulares creadas por el LHC se limita a partículas quánticas.

 

 

Time Machine, Go!

Como ya sabréis, o como mínimo sospecharéis, yo no soy muy de adherirme a iniciativas. Pero hoy voy a hacer una excepción. Voy a sumarme a este “La Ciencia en España No Necesita Tijeras” porque por lo visto es la única forma de que tú o yo podamos mostrar lo que nos indigna y hacernos eco de una situación contextual inmediata totalmente bochornosa. Está claro que la democracia no funciona (y hace siglos que no funciona), que aquí mandan los de siempre y son tíos gordos que fuman puros y llevan gafas de sol horribles, y que muy pocos o ninguno están interesados en que el mundo se mueva hacia adelante. Aun así, tú y yo tenemos a Internet. Y eso gracias a cierta ciencia.

Me adhiero a este asunto, y espero que éste pueda realmente provocar una reacción, porque soy uno de esos tíos cándidos que ponen su fe en el convencimiento de que en alguna de las páginas de los libros escritos por doctores en disciplinas cuyo sólo nombre causa vértigo al lector medio de la trilogía Millenium, encontrará de una maldita vez una explicación a TODO.

Porque quiero ver el día en que alguien me ofrezca la posibilidad de salir a darme una vuelta por el espacio a un precio módico, y sería bonito que ese tal alguien hablase castellano.

Porque al ser humano, a estas alturas, ya no le corresponde estar en la fase infantiloide en que está y hace una buena temporada que debería haber empezado cierto tipo de evolución. Evolución que no precipitará ningún cura, monje, rabino, ni vendemotos varias, ningún banquero ni político interdependiente de éstos, ningún charlatán contracultural con pantalones de pana, sino la clase científica en general, y aquellos expertos con suficiente imaginación, cojones y libertad de movimientos en particular.

Porque ayer mismo conocí a una chica a la que, por recortes presupuestarios, no le han renovado el contrato de investigación, y me contaba que lo peor es que ahora no puede tener acceso a los robots de unos experimentos con androides que estaba llevando a cabo un colega. (¡Robots, por el amor de Dios! ¡Todo el mundo debería tener libre acceso a sus propios robots!)

Porque quiero, o más bien exijo, el futuro que me prometieron.

Porque sin Ciencia, no hay Ciencia-Ficción. Y entonces sí que estaremos jodidos. Apaga y vámonos.

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Después de días y días de ver como una pandilla de hijos de puta masacra niños porque sí, escudándose tras las mismas razones de siempre (territorio y terrorismo y superchería y razas elegidas y bla y bla y bla…), entrevistas como la de Luis Serrano, que hoy publica El País, ayudan a que uno no abandone para siempre el futurismo, ni se afilie al bando de los terroristas de sofá, los del “ya está todo dicho, todo inventado, todo inventariado, dame Siesta y dame Dios y dame Tele, amén”.

Además, todo el tema de la proteómica es interesantísimo (para saber más, click aquí y aquí), y la entrevista en cuestión un fabuloso metarrelato de Ciencia-Ficción “hard”.