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Archivo de la etiqueta: Cinco Canciones de Cuna

Desde hoy mismo se puede leer, en la web de Literatura Prospectiva, la crítica a mi Cinco Canciones de Cuna que se marca el insigne José Ramón Vázquez (también responsable de entrevistarme a principios de mes para la misma página). Crítica que, sin ser complaciente, me gusta. Por lo equilibrado, porque confirma que ciertas texturas y ciertos mensajes que tenía en mente al escribir están llegando y calando, y por cosas como esta:

La marca de la casa de Pérez, su forma de abordar su obra, es deliberadamente oscura y compleja. Pero igual que cuando uno se sumerge en el agua helada, el cuerpo se acostumbra a ello y lo que produce frío es el retorno al medio aéreo de siempre. No es literatura de masas, no es literatura de género, quizá no sea ni literatura prospectiva. Como William S. Burroughs y tantos otros, lo que hace Francisco Javier Pérez es literatura. A secas.

Es viernes. Salid al nuevo frío.

…lo que yo intento, pues, es narrar otra realidad que o bien es una más en la amalgama de realidades, de narrativas, de formas de dar forma a la existencia, o es tan prescindible y sin sentido como la comúnmente aceptada. Sea como sea, considero que lo que hago es absolutamente realista, sólo que no es consensual.

 

Desde hoy mismo puede leerse la entrevista que José Ramón Vázquez tuvo a bien hacerme unos días atrás para el portal Literatura Prospectiva, en la que hablamos de géneros, mezclas, cómics y la pobre, pobre, pobre y maltrecha realidad.

Disfruten.

Tremendamente desconectado este mes y pico: apenas chapotear un poco en las redes sociales, lo justo para satisfacer la sed de inmediatez: trabajo, calor y el nuevo artefacto explosivo con el que estoy enredando: fabricación casera, señora, y poquísimas horas libres. Pero me soplan vía móvil que en Fantasymundo han publicado hoy una reseña tirando a poco convencional de Cinco Canciones de Cuna. Una excusa tan buena como otra, y mejor que muchas de las que se ven por ahí últimamente, para actualizar el blog. Cliquen ustedes en el enlace proporcionado un par de punto y seguidos más atrás: lean y opinen, si gustan, porque aunque no lo parezca sigo por aquí, vivo y relativamente bien: lean cosas como la que sigue:

Es caos la narrativa, volátil, extrema y llena de ultresdújulas. Son caóticos los personajes. Es fácil, y nada caótico, imaginarse al autor drogado. O en su psiquiátrico de cabecera. Hay momentos en los que te da la sensación de que nada de lo que lees tiene sentido. En tu memoria se van asomando ese hospital y esos protagonistas. Pero te cuesta darles relación. Como le cuesta a uno entender cierto arte abstracto. No es literatura convencional. Avisados quedáis.

(a todo esto: Aún No Habéis Visto Nada: avisados quedáis)

Quien siga este blog ya se habrá dado cuenta de que lleva unas semanas en barbecho. Veinte días, concretamente. Casi la temporada más larga que he estado sin asomar la cabeza por aquí. ¿Qué puedo decir? 2010, sobre todo el último trimestre, fue una locura que ha acabado derivando en una necesaria descompresión de principio de año nuevo. Un pequeño encierro durante el cual ponderar y poner en perspectiva las bastantes cosas buenas que han ido ocurriendo, así como las malas y las ni fú ni fá.

No han sido unos días tranquilos, sin embargo, sólo desconectados. Poca actividad on-line, poca vida virtual, pero intensa vida real que, si todo va bien, se calmará después de la mudanza que se cierne en el horizonte (todos hemos pasado alguna vez por una mudanza, así que ya sabéis la inmensa tocada de cojones que ello respresenta… y, para mí, es la segunda en menos de un año…). Precisamente la desconexión ha venido bien para poder cumplir el objetivo autoimpuesto de acabar de montar los andamios del par de cosas que estoy preparando para este 2011 antes de que la mudanza se desate y me pase por encima. Así pues, todo ha salido a pedir de Milhouse y p´allá que nos vamos. P´ aquí que volvemos.

Pero, ¿cómo vuelve uno a postear en su blog, tan pancho, después de diecinueve días de inactividad, precedida además de una ristra de entradas en éste basadas en el autobombo y poco más? Bien…

Supongo que lo primero es dar tres o cuatro excusas vagas al respecto de la ausencia.

Hecho.

Lo segundo, echándole morro, sería colar aquí algo de relleno, suave, un post puente. Estupendo y que viene al pelo, porque llevo ya un tiempo queriendo hacer algo como lo que estoy a punto de perpretar, y hasta ahora no había visto la ocasión. Sé, además, que hay gente por ahí a la que interesan estas cosas y, partiendo del hecho de que yo me tomo mi diminuta bitácora más o menos en serio, pues, caramba, igual hasta resulta que esto es una buena idea.

Así, sin más dilación… Lo que sigue es una banda sonora parcial, un listado de las músicas que sonaban, bien en mis auriculares, bien a toda hostia en los altavoces de mi laboratorio, bien sólo en mi cabeza mientras planificaba y llevaba a término mis obras publicadas hasta la fecha. (sí, señora, esto sigue siendo autobombo, en cierta manera… ¿y qué?.. ¿cuántas veces tiene que pedir disculpas uno en su propio blog?… si no lo place lo que ve aquí, vaya usted a buscar verdades a otro lado… el diario postporno de María Llopis, por ejemplo, es un buen sitio; o el juego de las 99 habitaciones… ahora, déjeme a lo mío…). Asimismo, es la lista de fondos sonoros en mi opinión ideales como complemento de las obras que ayudaron a crear.

Vamos a ello…

Dionisia Pop!:

Raw Power, The Stooges

Fun House, The Stooges

London Calling, The Clash

Total 13, Backyard Babies

Born a Lion, Danko Jones

Powertrip, Monster Magnet

...And Out Come the Wolves, Rancid

Sevens, Aina

Relationship of Command, At the Drive-In

Victory for the Comic Muse, The Divine Comedy

Antifuente:

Psalm 69, Ministry

The Mind is a Terrible Thing to Taste, Ministry

Filth Pig, Ministry

Strategies Against Architecture I & II, Eistürzende Neubauten

Silence is Sexy, Eistürzende Neubauten

Pretty Hate Machine, Nine Inch Nails

Year Zero, Nine Inch Nails

Hex, Earth

AtomGrad, Älymystö

Outlaw, Alabama 3

Master Of reality, Black Sabbath

Paranoid, Black Sabbath

Volume 4, Black Sabbath

The End of Silence, Rollins Band

IV, Danzig

Lucifuge, Danzig

La Memoria Invisible:

Alice In Chains, Alice In Chains

Dirt, Alice In Chains

1, The Black Heart Procession

Three, The Black Heart Procession

Amore del Tropico, The Black Heart Procession

The Spell, The Black Heart Procession

Cold House, Hood

Tierra Hueca:

Blues for the Red Sun, Kyuss

Welcome to Sky Valley, Kyuss

And the Circus Leaves Town, Kyuss

We Must Obey, Fu-Manchu

Hierático:

Amber Headlights, Greg Dulli

Black Love, The Afghan Whigs

Gentlemen, Afghan Whigs

In Rainbows, Radiohead

Cleansing, Prong

BlueBob, Bluebob

Unearthed, Johnny Cash

Murder Ballads, Nick Cave & The Bad Seeds

Mer de Noms, A Perfect Circle

Cinco Canciones de Cuna:

Fantomas, Fantomas

Suspended Animation, Fantomas

De-Loused in the Comatorium, The Mars Volta

Frances the Mute, The Mars Volta

The Bedlam in Goliath, The Mars Volta

Houdini, The Melvins

Hostile Ambient Takeover, The Melvins

A Senile Animal, The Melvins

Nude with Boots, The Melvins

Por supuesto, faltan unos cuantos. Bastantes. En la lista no están todos los que son, pero es que mi memoria tampoco da para más. Sí son todos los que están, las obras directamente asociadas, en mi cabeza, a las mías. Y con eso debería valer.

Hoy mismo, el amigo Javier Iglesias se marca en su Vida Puta y Sin Talento una magnífica reseña a Cinco Canciones de Cuna, en la que usa expresiones como “ontología de la sala de espera” (frasecilla que retoco y aprovecho para titular éste y los demás posts que puedan llegar con redirecciones a críticas y menciones a la novela, porque tiene todo el sentido del mundo..) o “angustiante y mefítico”, y dice cosas como:

“El cielo es un glaucoma gris que no sólo cae sobre el hospital sino que lo rodea, lo delimita y le da forma”. Ésta es la primera frase, la primera imagen de Cinco canciones de cuna, que no sólo rodean, delimitan y dan forma al hospital del libro, también hacen lo propio con el espíritu del lector que ose adentrarse en los límites de esta novela, que más que novela acaba por convertirse en un estado mental

Un lujazo, oigan.

En la última entrada de su blog, fechada ayer mismo, Javier Calvo habla de mí, de mi Hierático y mi Cinco Canciones de Cuna.

Y ahí suelta cosas como la que sigue:

Lo que sí puedo decir, con una fe ciega, es que Javier Pérez no ha escrito la mejor novela española que he leído en 2010. Ha escrito las dos mejores novelas españolas que he leído en 2010.

A partir de esto, yo podría aquí empezar a dorarle la píldora, a modo de réplica, a un escritor que admiro y sigo desde hace años; podría escribir párrafos enteros sobre lo jodidamente generoso por su parte que es dedicarme tanto halago y ponerme en la posición que me pone. Pero, sinceramente, me ha pillado torcido. No sé cómo fintar esto.

Así que casi lo mejor será que leáis el artículo, decidáis si le dais crédito a esas palabras o no, leáis los libros y luego juzguéis por vosotros mismos.

Sí, será lo mejor.

Definitivamente.

Mierda… me he quedado sin palabras.

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Llega el viernes. Me despierto hiperconsciente de lo que representa que hoy sea hoy. Cualquier ventaja táctica que pudiese ostentar queda anulada. Exposición. Es el día de la primera presentación de Cinco Canciones de Cuna. La mañana es Wovenhand en el iPod y preparar la maleta. Llamar a la gente de Aristas Martínez y concretar horas que reenviar a Absence vía SMS. Bajo al centro. Mis editores quieren visitar algunas librerías de la Ciudad Condal. El Laie de CCCB, RAS, La Central, y luego comemos con el Señor Ausente. Comentamos el libro por encima, decidimos el formato de la presentación, tomamos café y ejercitamos la autobiografía autorizada los unos con los otros. El cielo se pone gris y no podría haber mejor contexto. Salimos para Gigamesh. Ultimamos detalles. La Cosa empieza. Resumiendo: Lord Absence es el perfecto maestro de ceremonias; establece un diálogo autor-presentador-editor-público-autor que, en mi opinión, es lo mejor que le puede pasar en estas circunstancias a alguien como yo; Cisco se recrea con la política de la editorial, genial; Pulp pero no-pulp, un respeto y un cariño por el material que gestionan como yo no he visto nunca, unas ganas y un saber hacer que da miedo por excepcional; hablo de cómo la realidad puede colarse en la ficción en Cinco Canciones de Cuna; hablo de mi obra desde lo importantísima que es para mí, de su estructura interna y las estructuras externas en mi cabeza; hablo de Anna Kavan, porque su fantasma está en esas páginas y todo el mundo debería saberlo.

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Relajado. Tras el palique, unas risas y firma de ejemplares.

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La fiesta post-presentación es sólo para amigos y gente que importa. Casi no se comenta el libro, porque no hace falta. Un par de mis mundos se ponen en común y discuten, de buenas, de casi todo, de peculiaridades geopolíticas a narratología en los videojuegos. Para casa, que mañana (más bien en un rato) toca viaje. Estoy a punto de desnudarme para meterme en la cama cuando llama Javier Calvo. “¿Por dónde andas, tío?” “En casa, acostándome”. “¡Mierda! Quería tomarme una copa contigo”.

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Cuatro escasas horas de sueño después, suena el despertador. Vaqueros, jersey de lana, chaqueta de cuero y guantes. Montamos en el transporte de la editorial y embocamos la mañana de autopistas y autovías. El primer café llega con la primera parada, y ya iba siendo maldita la hora. Hace un frío de cojones. Parece que ha pasado algo con los controladores aéreos que ha jodido a toda España, pero a quién coño le importa eso ahora. El Señor Editor, la Señora Editora, mi novia y yo, nos vamos lanzando memes sobre cine y música y literatura y las formas del mundillo y los fondos de cosas innombrables. Me duermo. Despierto con la nieve a la altura de Guadalajara. Llegamos a Madrid. En la radio dicen que el asunto de los controladores parece que va a solucionarse pronto. A quién coño le importa. Ducha en el hotel, tiempo para un parpadeo y otra vez en movimiento. Nos reunimos con Fidel. Es un gustazo volver a verle, que creo no expreso con suficiente efusión porque vuelvo a estar nervioso y los nervios me ponen de un humor raro. Nos reunimos con la facción madrileña de amigos. Luego descubriré que en realidad son miembros del Comando de Ultradesatomización de Tontolabas, Raspaojetes y Estupendos. Me entregarán una camiseta que atestigua que, para ellos, soy el Jefe Final. Pero antes, comida a toda prisa y corriendo a Madrid Cómics.

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De vuelta tras la mesa de autores, en la piel del Autor. Fidel comenta a la concurrencia las cosas que ha hecho como si no fuese el enorme artista que es. El ambiente es proverbialmente distendido, una reunión de colegas. Vuelvo a hablar de Anna Kavan. Una de mis intenciones para este fin de semana era plantar semillas. Repetimos más o menos el esquema de declaración de intenciones editoriales + intentar reseñar Cinco Canciones de Cuna sin spoilers. Hay bastantes que se ríen, y eso me gusta. Justo ayer hablamos de que en mi obra pesa tanto el humor como el sexo, a pesar de lo aparente. Y futuro. Y apocalipsis. Cito: “¿Y si el fin del mundo no llega con una gran explosión o un cataclismo? ¿Y si ya ha empezado, si lleva años pasando, despacio, y es un proceso gradual e irremisible?”. Aunque Cinco Canciones de Cuna más bien trata de no-espacios ficcionales entre espacios, de burocracia, de la contaminación sinérgica y de mis abuelos. Firmo unos cuantos ejemplares más y Fidel me hace agradabilísima sombra al acompañar su rúbrica de dibujos a propósito.

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El sarao post-literatura se desarrolla en dos bares y medio. Según los editores, la cosa ha ido mejor que bien. Todos más que contentos. Se supone que vamos a cenar, pero la cena acaba siendo unas tapas a la intemperie y mojitos en la calle, bebidos con los guantes puestos. Los camareros nos llaman “Los Pingüinos”. Ibamos a ir a ver a unas strippers, pero el local está lleno, así que mejor Malasaña, Rock, cerveza y alguien llamado Eric Von Zipper y que parece una puta metáfora. Dejando la fiesta a medias, toca recogerse en el hotel otra vez. Son las dos de la mañana. El vuelo de vuelta a casa sale a las siete.

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Qué raro: medio muerto por la falta de sueño y con agujetas en la cara de tanto sonreír.

[Stop]