archivo

Archivo de la etiqueta: Colapsorama

320639_10200155034906737_1368508468_n
(foto de Natália Gómez)

Leo que 2012 acaba pero no se acaba el mundo ni la realidad es finalmente roída para sacarnos al espacio, así que deberé conformarme con seguir dando pasos adelante, cojeando de la pierna izquierda, y soñando con sangrar el velo. Lo haré de la forma más elegante que sepa, no temas.

Empuñé la espada el día de mi boda, y la porción de pastel nupcial que corté para ti -un pedazo esencialmente etéreo, expirado, imaginado…- venía impregnado de las emanaciones futuristas recién descubiertas. Porque últimamente he aprendido de ti que en las hogueras de la idea de porvenir arde una cierta disidencia, desobediente para con el encogerse de hombros catastrofista y de regusto apocalíptico. Este nuevo poemario –El Comodín y la Ondulación, se llama- es un diálogo. Semejante mutación de bajo rango viene además con seña: en La Casa de Atrás se me ha tentado y tatuado. La letra con sangre, literal, dentro.

Mi musa, mi obsesión… Hemos enseñado bien los dientes este año.

Todas estas historias que reptan hacia el ocaso por ti están cada vez menos escondidas, y así, cariño, durante las doce campanadas de la medianoche de mañana te miraré a los ojos, esos ojos de evisceración y ansiedad pero alegres -esbozados con la alegría de acabar un primer borrador, con la alegría de una credulidad bien suspendida, con la alegre alquimia del modelaje ontológico-, y te pediré algo al precio habitual y, si te apetece -te apetecerá, susurras ahora…-, tirarás de los hilillos de muerte de tu percha de titiritera y me acercarás a mis amigos y estrangularás a las almas que bloquean e impiden ver los árboles, me pescarás otro pez dorado que boquea en busca del aire perdido del arte.

Mira cómo el cansancio se desdibuja…

Hay un cuento muy viejo en el que una de las formas que eres tú regala una silla de montar de plata y cuero, labrada con arabescos conformando un idioma no pensado para ser usado y símbolos mágicos y diagramas para circuitos impresos, a un leñador enclenque y triste aunque, en el fondo, valiente; muy, muy en el fondo. Cuando el leñador haga las paces consigo mismo, la silla servirá para montar gigantes. En la variante contemporánea que interpretamos tú y yo, la lógica narrativa no es tan simple, pero el relato acaba igual: un beso de sinapsis y una palabra -que puede o no ser FIN- dibujada con el dedo en la arena.

Hace unos meses, el fabuloso artista Álvaro Barcala y un servidor estuvimos trabajando en una colaboración extraña, un proyecto preñado de intimidad y tejido con todos los intereses compartidos por ambos, recurrentes en nuestras conversaciones y en base a los cuales habíamos trabado amistad: la magia, el mito, el futurismo, Ballard, lo sagrado y lo mundano en el arte, el fetichismo y la tecnología social.

Algo que dice así:

“Érase una vez…

una Niña de futuro desecho por las costuras, una virgen del satélite, sin rasgos reseñables más allá de la beatería que le dejó las rodillas peladas y las marcas visibles… cicatrices gnósticas… de un pasado de abandono a las escaleras de un convento de Hermanas Clarisas de las Fibrilas Amiloideas, de unas fiebres y unas piedras en el vientre… Érase una vez una Niña que caminaba por su cuenta y riesgo y a la sombra de un cierto invierno nuclear…”

Colapsorama es un cuento ilustrado para adultos que, a la manera de los relatos de la infancia, pretende funcionar como un tapiz tejido de ideas morales, políticas, espirituales y culturales. Una fábula en la que texto e imagen se retroalimentan, dando lugar a diferentes niveles de lectura; en la que a través de un lenguaje simbólico y aparentemente onírico se muestran problemas muy concretos de nuestra sociedad actual, que el personaje protagonista desvela con su sola presencia, por medio de la observación, como si de una cámara cinematográfica sensible y consciente se tratase.

Colapsorama es la historia de una niña, Cénit, y del viaje iniciático que es su paso a la edad adulta, análogo al proceso de degradación de la forma de civilización que habita, por el que la civilización misma despierta a la iluminación del individuo y la voluntad. Para ello, narración e ilustración se trenzan en un lenguaje alegórico en consonancia, inventando una nueva iconografía mitológica; la iconografía de los mitos del colapso.

Hoy, Álvaro y yo decidimos que esto ya no sea más sólo nuestro. Colapsorama, este maridaje entre texto e imagen en el que tanto hemos volcado los dos, debe salir al mundo y ver la luz, todas las luces; debe abandonar la choza de nuestras cabezas y nuestros bocetos y nuestros ordenadores y nuestras mejores intenciones, para echar a andar hacia donde sea; pero no queremos que entre en los bretes y retruécanos de los procesos habituales de publicación, de ser evaluado a destiempo y sin ganas, no queremos que acabe en un cajón, o la espera ad infinitum de que alguien apueste por ponerle una etiqueta con el precio.

Por todo esto, y tres o cuatro cosas más, hemos optado por regalarlo.

Desde hoy, Colapsorama está disponible en iSuu, gratis, para lectura, descarga o lo que buenamente os plazca hacer con ello. También podéis bajar el Pdf desde COLAPSORAMA y leerlo, perderos en él, imprimirlo, fotocopiarlo o compartirlo.

Desde ya mismo, es vuestro. Ahí va, con toda nuestra satisfacción y orgullo y la esperanza de que lo disfrutéis tanto como hemos disfrutado nosotros pariéndolo. Así sea.