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Archivo de la etiqueta: Colegueo

Las posibilidades de la semana por  venir bullen. Como un carril abierto a partir de mañana. Estamos hasta arriba de faena y calentones de cabeza, y aun así, expectantes, sonreímos. Jodidos pero contentos, que se suele decir. Algunas pinceladas para este domingo de estiramientos:

* Hace ya un tiempo que estoy enganchado a dos de las muchas presencias on-line de Kahlo, Dananoias y Ternura Porno, pero últimamente sus posts me parecen especialmente finos y precisos, perlitas de neo-costumbrismo inocente, y además su libro salió a la venta el jueves pasado y me apetecía darle un toque desde aquí:

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* Psilicon Flesh, otro grupo de la cuerda de Afraid to Speak in Public, salidos del mismo horno de los 90 y a los que también creía extintos, resulta que no, que siguen vivos y bien y dándolo todo. Gran noticia:

* Más libros: por fin ya está en la calle Mobymelville, lo nuevo de Daniel Pérez Navarro.

* Y el viernes que viene se presenta la candidatura de Carlos Giménez para los próximos premios Príncipe de Asturias, instigada por Carlos Pacheco, Rafa Marín, la Semana Negra de Gijón y otro puñado de zumbados que creemos que la concesión del premio sería un gesto de lo más coherente y acertado.

A veces, la cosas conectan porque sí. El otro día saltaba la noticia de que Faith No More vuelven a meterse en la jaula de los monos del negocio musical, y esta mañana me he despertado con una canción de Afraid to Speak in Public martilleándome la vigilia. No hay que ser un maldito genio de la psicología para darse cuenta de que el nexo entre ambos grupos es evidente; tanto FNM como Mr. Bungle eran una gran influencia para ASP, y de eso ya nos dábamos cuenta incluso los proto-adolescentes que seguíamos al grupo de forma totalmente fanática y fancinera allá por el año 94 del pasado siglo.

Aun así, hay que reconocerle el mérito a Afraid to Speak in Public: formarse en una Badalona postolímpica y convertirse, en apenas tres brillantes y demasiado cortos años, en una de las mejores bandas que ha dado este país, para luego hundirse en el mayor de los olvidos.

Anécdota personal: algunos años después de que ASP se separasen, tuve el privilegio de ser llamado por Mariano, guitarrista del grupo, para hacer una prueba como cantante del nuevo proyecto que él y otro de los miembros de Afraid... iban a montar. La cosa no cuajó, pero al menos pude comprobar que, además de muy buenos músicos, también eran genuínas raras avis dentro del panorama patrio; gente profesionalísima, con una visión de su arte resuelta y muy, muy clara, y una determinación a no dejarse pervertir por chorradas que no tuviesen que ver con su música rayando el fanatismo.

Pero eso es otra historia.

Hoy, me apetecía reivindicar y rememorar a este grupo perdido en el ostracismo de mi juventud. Porque así son las cosas casi siempre: lo bonito y puro desaparece, la mierda tiende a flotar.

MADM

Para Juanma y Javi

No, no elegimos mal: pulsadores jodidos, quizá; los goznes de la puerta número cinco rechinaban como un accidente de avión, así que nos apelotonaron en la número dos. Claro que hubo unos cuantos que se pasaron de graciosos: modo marioneta activado, que le den por el culo a tu Dios, vamos a meternos mano delante de un espejo. En lo físico y lo profesional, dijo una voz de decencia. Mal asunto enredar con espejos mientras se parasita a otra bioforma por puro placer: que se lo pregunten a Alicia. Cuarta cuerda al aire y nos recogemos el pelo: tan simple como lo más sexy: el silencio de un gesto inocente y estamos rodeados de hombres y ahora nos van a comparar con Thanos: Judith es Melissa es Judith y somos todos. Minuto y tres segundos para el final de la canción: tiempo más que de sobra para clavar media docena de veces una lanza henchida de odio en el costado de esos fanáticos: tiempo más que de sobra para media docena de te quieros.

A mí la navidad me la sopla un poco bastante, pero hay que reconocer que algunos se curran muchísimo las felicitaciones, y ya que se toman la molestia de acordarse de uno y enviármelas, pues eso…

Emma Rios:

2009

Victor Santos:

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Antoni Garcés:

xma2009

Desde aquí, muchas gracias a los tres y mis mejores deseos de cara al año que viene para vosotros también (guiño, guiño, codazo, codazo).

Pues sí, ya he vuelto del Expocómic. Y se supone que, ahora, debería actualizar el blog con una sesuda y emocionada crónica de lo que vi, viví y sentí durante esos dos días de masajes de ego y sensaciones nuevas asociadas al hecho de vestir, por primera vez en la vida, el disfraz de autor-promesa en un entorno tan agasajador y mucho menos hostil de lo que esperaba como es una convención de editores, autores consagrados y aficionados al cómic en la mismísima capital del reino de España.

Pero… ¿Cuándo he hecho yo precisamente lo que se espera de mí? Creo que la última vez fue en mi primer año de parvulario…

Así pues, ésta va a ser una entrada más bien corta, apenas una lista de agradecimientos. Es lo que tiene ser post-moderno y prestarle atención a esas voces en tu cabeza que proclaman que tu mierda, a diferencia de la mierda del común de los mortales, no huele.

Quisiera empezar dándole las gracias a mi editor, José María Carrasco, por los mimos y las atenciones y las risas, y por presentarme a lo mejorcito de este mundillo. A Javier Esteban, por confirmarme que es mi gemelo maligno, del que me separaron al nacer. A Pily B., que se pasó por el stand a regalarnos una sonrisa preciosa y tanta sabiduría, que no sé cómo coño la mete en esa cabecita. A Gerard y Daniel, de Planeta, por ser como son y tratarme como si fuesemos colegas de toda la vida (aunque sospecho que son tan buena gente que tratan a prácticamente todo el mundo de esa manera…). A Lorenzo Pascual, de Diábolo, y Álex Ogalla, de la Revista Cthulhu, dos tipos que viven entregados a lo que hacen. A la gente de Aleta Ediciones, por el cachondeo y la camiseta de Watchmen. A los Canibalibro, que me dejaron sin palabras. A Sergio Ortiz, de Saturno, por abrir la puerta a algo con muy buena pinta. Y a Carlos Pacheco, por ser un puto mito con patas y tener más clase en una uña del pie de la que yo tendré en mi vida.

Y alguno de vosotros dirá “¿de verdad esto lo está escribiendo Fco. Javier Pérez?” “Pero, ¿este hombre es capaz de sentir emociones humanas y dar las gracias a toda esa gente?” “¿Tan bien se lo pasó?” “¿Dónde está el odio al que nos tiene acostumbrados?”. A lo que sólo puedo responder que yo soy el primer sorprendido. Que sí, que me creo en la obligación de agraceder públicamente a esa lista de personas de un poco más arriba el haber pasado un fin de semana del que me acordaré siempre (sobretodo, por las implicaciones: todo ese rollo de vestir el disfraz de autor-promesa y tal…). Y que todo mi odio durante esas 48 horas se encarriló, básicamente, hacia la “parejita” de Dreamers, con los que mi editor compartía stand: un par de impresentables nada profesionales que estaban allí como al que le subvencionan una segunda luna de miel, jodiendo por omisión a sus compañeros, y casi matándome de hambre (ya está… si no lo digo, reviento…).

Más o menos, eso es todo lo que voy a contar de mi Expocómic. Así, en dos brochazos y sin fotos ni nada. Ahora, de vuelta al trabajo, a la rutina y a la enfermedad mental en ciernes.

Ride on!