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Archivo de la etiqueta: Cómic

Primero, algo de autobombo:

* Juanma Sincriterio, analista de Las Cosas, arquitecto del Plan y buen colega en general (para qué vamos a negarlo), se marca una muy reveladora y, a pesar de todo (del colegueo, de la información privilegiada…), objetiva y lúcida reseña a Antifuente, en su blog.

* Ya está en la calle la edición en papel del número 2 de La Fanzine, donde colaboro con mi relato Fender Telecaster.

Luego, todo lo demás:

* Dándole vueltas al tema de hacer un webcómic, de pasarme a lo digital como reacción al hastío que últimamente siento por el mundillo de las viñetas en papel, he dado con esto. Obra de un tal Balak01, reflexión y ejemplo al mismo tiempo.

* Estoy empezando a engancharme al Historias de Naima, de Daniel Pérez Navarro. Algo curioso, curioso.

* Una frikada, pero que mola: la serie de fotos de Peter Ross a artículos personales de William Burroughs.

En breve, más (y seguramente, mejor… es fácil a estas alturas).

Un poco como compensatoria al post dedicado a las perlas del brillantísimo (not!) Vicente Molina Foix, descubro por ahí una preciosa columna de Andrés Gomez Bravo en la que, a propósito de que el dibujante Gabriel Rodríguez haya sido galardonado con el último premio Walt Whitman, por encima de poetas y escritores varios, y además en gran parte por culpa de un cómic de terror lovecraftiano guionizado por el hijísimo Joe Hill, dice cosas como ésta:

“Si las series de TV son la novela para los lectores del siglo XXI, el cómic es el refugio de la nueva vanguardia. Así como la poesía protagonizó una revolución a principios del siglo XX y el rock conmocionó los 60, la novela gráfica carga hoy con pólvora subversiva. No es un género masivo, pero es una de las artes más influyentes: del cine a la televisión y de la novela a la plástica, el cómic está cambiando la manera de mirar y leer el mundo.”

Afirmación ésta con la que estoy más que de acuerdo, por supuesto.

La columna entera, aquí.

Por si alguien dudaba acerca de dónde está el calibre que marca lo que es ser más papista que el papa, si alguien quiere saber qué pasa cuando alguien que no tiene ni puta idea de un tema opina sobre él, si alguien quiere ponerle cara a la palabra “rancio”… Ahí está Vicente Molina Foix hablando de cómics:

Foix_Comic

Via Es Muy de Cómic.

(y yo me pregunto: ¿debajo de qué piedra ha vivido este hombre los últimos treinta años?)

Empezamos de nuevo y empezamos mal. Volvemos de unas vacaciones jodidas con una jodienda. La editorial La Parada claudica, se pliega y cierra. Lo cual quiere decir que, de momento no va a haber más números de Tierra Hueca. Podría ponerme aquí en plan optimista y decir que quizá, con un poco de suerte, aparezca de la nada una editorial que decida que es buena idea apostar por la serie, y publicar los cinco números que faltan para completarla, pero ese no es mi estilo. Creíamos que la idea era buena: una serie alucinada y salpicada de conceptos sin dejar de lado la acción, impresa con cuatro duros para así abaratar el producto, volver a cuando leer cómics era barato y molaba, pulp autoconsciente y hecho con ganas. Y nos queda el consuelo (pésimo) de no haber tenido tiempo de comprobar si la idea era buena o no. Pero eso no hace que el asunto joda menos. Por lo visto, según dicen, el mundillo del cómic patrio está así y esto es lo que hay. No se puede experimentar, porque experimentar no da dinero.

En referencia a esto último, no pienso aprovechar esta mala nueva, esta decepción, para hacer análisis. Porque me da demasiada pereza y porque creo que no me corresponde a mí hacerlo y porque ahora que he metido el pie dentro y he visto lo que hay, he aprendido de paso que me suda la polla todo lo que tenga que ver con este tinglado que se tienen montado con los tebeos en este bendito país. Sólo compartir una pequeña anécdota que acaba de venirme a la cabeza y, de algún modo, encaja: de niño, cuando le preguntaba a mi abuelo cómo era lo de vivir con Franco en el poder, él respondía siempre “no nos podíamos quejar”.

-¿Eso es que estábais bien, entonces? -se me ocurrió aventurar una vez.

-No, es que no nos podíamos quejar -respondió él, guiñándome un ojo.

No nos podemos quejar. No hay margen de maniobra. Esto está así y es lo que hay.

En definitiva, que Pablo, yo y aquellos a los que os gustó el primer número de las aventuras de Anibal Tres (que, me consta, sois unos cuantos), perdemos. E.L.L.O.S. ganan. Sólo queda agradecer a la gente de La Parada la apuesta por nosotros que en su día hicieron y desearles que todo les vaya bien. Sólo quedan esas cosas que se dicen para no parecer demasiado disgustado, decepcionado, oscuro, pequeño, jodido. Mejor no tomarse las cosas demasiado a pecho. No nos podemos quejar.

Copio y pego a continuación la peculiar nota de prensa con que uno de los sus responsables anuncia el cierre de la editorial en el blog oficial de ésta:

CERRANDO EL GARITO

Y la verdad, no creo que haya mucho que añadir por nuestra parte. Los que nos conoceis o seguís el blog sabeis que era una situación muy dificil.

Es una pena como tantisimos factores alrededor han hecho imposible que sigamos.
Hoy por hoy no busco culpables, supongo que porque practicamente en todos los ámbitos ha habido algún conflicto.
Algunos, satisfechos al leer esto sonreiran mientras asienten con un aire casi vidente, otros cotorrearan falacias y la mayoría dirá “¿que cierra qué?”.

No quiero tampoco escribir una lista de problemas y lloros, hemos hecho lo que hemos podido, ayudado en lo que ha estado en nuestra mano y hemos mantenido esto todo el tiempo que nuestra extraña tendencia lemming nos ha permitido.

Espero que todos los que conozcais la revista hayais disfrutado de ella y la guardeis con cariño.

Para terminar quiero dar las gracias, ante todo y todos, a Javi, por el gran peso que le cargue en un momento de debilidad, por seguir adelante con todo a pesar de su pluriempleo y por ser un kamikaze. te quiero pichón.
Tambien quiero agradecer a todos nuestros colaboradores (a unos mas que a otros) y a todos los que nos habeis leido.

Y hasta aquí llega LP editorial, nosotros por nuestra parte seguiremos nuestros caminos creativos y dejaremos de lado el apoyo al ajeno.
Un abrazo a todos.

Antonio F. García.

Para dar el pésame y más información, aquí.

Unas pocas semanas después de su estupenda crítica a Antifuente, la gente de El Show de los Hombres Lobo (Werewolfie y cia.) se marcan ahora una al respecto de La Memoria Invisible, la primera (que yo sepa) hasta la fecha, y de la cual encuentro demasiadas cosas a destacar, así que me quedo con una cualquiera al azar:

“La lectura no es sencilla, pero, a cambio, ofrece una gran cantidad de motivos a cuál más sugestivo, y tal vez el mejor modo de acercarse a la misma -al menos, si quieren evitarse decepciones- es la de esperar lo inesperado, dejándose asombrar por cada sugerencia, por cada uno de los afectos -no conceptos, difícilmente se está apelando a nuestro lado racional-constructivo- de la historia. Sentido de la maravilla, intuición inefable, cerebro reptiliano, lado mágico de nuestro carácter: a todo ello se nos está apelando. Veremos si todavía seremos capaces de despertar a los durmientes.”

Muchas gracias otra vez, licántropos.

La Barcelona sin madre no tiene raíces, flota a la deriva entre el smog y el sol de julio y la mierda de paloma.

La Barcelona sin madre es una fulana que tiene muy poco de femme fatale y muy mucho de arrabalera de polígono tamizada por un par de rolletes con algún que otro yonqui, allá en los ochenta, cuando todo, en general, era aún joven pero ya no tanto, por más que los policías de la estética se empeñen, a lo Pretty Woman, en demostrar lo contrario. “No eres la verdad”, cantó Roy Orbison mientras tuvo sentido, antes de que llegaran los maletines de los productores y los zorrones de boca enorme a mearse en sus canciones.

La Barcelona sin madre, la del futuro que es ahora, tiene tanta verdad como madre (valga la doble redundancia), ergo, ninguna. Dios sabe que yo mismo he intentado encontrarle alguna de ambas. Por eso sé de qué hablo. Al escarbar bajo la superficie de esta ciudad, lo único que aflora es más superficie.

Batman nunca, nunca, nunca jamás saltará de azotea en azotea buscando al Dragón por estos barrios que se asoman a la ventana de mi estudio; pero a alguien se le ha ocurrido la brillante idea de usar de nuevo los cómics para engañarnos, y ahora tenemos la silueta del Caballero Oscuro, recortándose contra la Sagrada Familia, en cada kiosco.

Superficie.

No pienso leer ese estúpido panfleto, más que nada porque estoy convencido de que en ningún momento se mostrarán cosas como lo que está pasando fuera de plano en la mismísma ilustración de la portada: un grupo mestizo de inmigrantes, universitarios, sintechos y parados se pelea por llevarse la mejor pieza, no demasiado podrida, en la rapiña de ahora que son las nueve y Caprabo ha cerrado y los reponedores sacan los contenedores de artículos perecederos a la calle.

Y esto es lo que nos dejó la Barcelona olímpica, la que culminó hace apenas un par o tres de años con un Foro de no sé qué hostias, Portal del Ángel como una milla verde para pijos y la Rambla del Raval, la ominosa y ofensiva a demasiados niveles como para especificarse aquí Rambla del Raval. Cirugía estética Urbana.

Superficie.

¿Sigo?

Hablábamos antes de los ochenta: turisteo canalla de Barrio Chino y Makinavaja; deje usted aquí su cartera y disfrute de una verdadera aventura de peligro controlado y subida de adrenalina de fin de semana, cicatrices ideales que mostrar a los nietos. Algo de esto aún queda: es costumbre entre jóvenes parejas de veraneantes extranjeros el aprovechar las vacaciones pillando una puta subsahariana en las Ramblas para llevársela al hotel y así cumplir con esa espontánea fantasía alcohólica de trío irrealizable en el país de origen. ¿El precio? Dos de cada siete veces, por lo que cuentan, la puta acaba cobrándose la propina en forma de ordenador portátil expropiado, cámara digital prestidigitada y al bolso, cheques de viaje escondidos en las botas de caña alta. Sexo y Robo igual a Aventura. Como en una teleserie.

Superficie.

Buda enseñó: no creas en algo sólo porque alguien supuestamente sabio lo dice. No creas en algo sólo porque es una creencia generalizada. No creas en algo sólo porque los antiguos textos lo dicen. No creas en algo sólo porque se supone que es mandato divino. No creas en algo sólo porque alguien más lo cree. Cree sólo en aquello que tú, por ti mismo, pruebas y juzgas como cierto.

Esta mañana, asfixiado de calor en esta Barcelona sin madre y sin baterías de coche disponibles a menos de veinte minutos de donde me encontraba atrapado, esperando a siete calles de la Avenida Gaudí, he visto a Batman sudar bajo su funda fetiche de cuero, con la cintura escocida por el roce del cinturón y las botas militares llenándole los pies de ampollas, y he decidido creer más en esto:

…que en esto…

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…Lo cual es triste a rabiar y lloraría por ello, pero es que el verano, para la gente de frío y noche y escarcha como yo, no representa tanto una estación de amores naíf y fiesta, como de pequeñas decepciones como ésta que todos vosotros, algún día, acabaréis pagando caras, cabrones.

Buenas noches.

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Gigantismo, motores, teoría de la conspiración, psicología cuántica y una historia de amor imposible. Con esto ando enredando ahora.

Página 1.

Viñeta 1:
Exterior, plano abierto. Es de noche y estamos en una discreta calle situada en lo que parece un humilde barrio obrero en una gran ciudad cualquiera (piensa en esos barrios de ciudades como Barcelona o Madrid, habitados en su mayoría por gente modesta, salpicados de colmados minúsculos, tiendas de minoristas y pequeños talleres, ese tipo de barrios que se aferran a cierta “condición de pueblo”, ajenos al trajín cosmopolita de la gran urbe). En primer término de la imagen, a medio iluminar por la luz de una farola fuera de plano y recortada contra el fondo de altos edificios moteados por los puntos de luz tras las lejanas ventanas, vemos la figura de un enorme Monster Truck de aspecto amenazador, negro metalizado, con cromados brillantísimos y cristales de espejo, aparcado frente a la puerta cerrada del GARAJE DALSHIM, justo bajo el cartel del establecimiento. El intrincado diseño de caprichosas formas tubulares y metálicas del vehículo, como tripas de cromo al aire, contrasta muchísimo con la sencillez del contexto en que está situado.

Notas subjetivas, a modo de diario flexible, de lo vivido, pensado y alucinado durante el pasado Saló del Cómic de Barcelona.

LMI

LMI

290509. Viernes. Ahí está La Memoria Invisible. En el stand, sobre el mostrador. Hace tres años que escribí ese guión, y un millón de tropiezos, malas intenciones, malentendidos y errores al fin cobran forma en un acierto. Un acierto sobre el mostrador. Como una pseudo contrapartida, ahí está también Tierra Hueca. Una idea de hace apenas seis meses. Quizá una de las mejores cosas que ha escrito hasta la fecha, ya listo, dibujado, impreso y encuadernado y lomo con lomo con La Memoria... Tres años de nervios y una satisfacción brillante se me arrugan en la nuca, y es jodido porque cuando dejo de clavar la vista en un punto fijo, la cabeza me da vueltas. Es bonito que algo en tu vida tenga resonancias míticas. Por ejemplo, lo que le he contado a todo el mundo estos días: llevo yendo al Saló desde los trece años; como público; esos son diecisiete años hasta éste, en el que por fin tengo, no sólo una sino dos obras que mostrar a la concurrencia y una pulsera que me acredita como autor invitado. Los nervios saben a magia en el paladar reseco por la deshidratación de tanto sudar ansioso. Y sólo llevo aquí unas horas. Resonancias míticas: tengo unos amigos que a veces creo no merecer y que parecen tan entusiasmados con este asunto como yo mismo: Sincriterio, Higronauta, Yume, Forfy, Javi, Marco Antonio… Marta, mi mujer, también está aquí y su orgullo por mi es tan vívido que su alegría se me pega al cuerpo como una segunda capa de sudor. Veo en los ojos de Ernesto, el otro papá de La Memoria Invisible, la misma emoción que en los míos. No es complicidad ni alegría ni nada que se pueda expresar con una matemática simple, por lo que no puede ser puesto en palabras. Pablo E. Soto, el dibujante de Tierra Hueca, es un archipiélago de cariño y todo sonrisas que conecta con todo alrededor y lo vuelve aún más alegre. Hablamos, todos, de cosas ajenas y, aunque a veces pasemos de puntillas por las propias, fingimos no ser niños a los que, en cierto modo, les han regalado por unos días las llaves de la fábrica de chucherías. Esta noche nos iremos a cenar juntos por primera vez. Empachados, riendo, fumando, bebiendo y socarrones.

Duelo de escritores: J.Esteban contra F.J. Pérez (dibujo de Ernesto Rodríguez)

Duelo de escritores: J.Esteban contra F.J. Pérez (dibujo de Ernesto Rodríguez)

300509. Sábado. Saltamos el paréntesis de la noche. Seguimos la fiesta hoy. Alterno las sesiones de firmas de LMI con Ernesto, con las de Tierra Hueca con Pablo. La gente se acerca, compra lo que ya ha quedado dicho en el papel y no puede ser rebatido, algunos dicen que les gusta, firmamos dedicatorias, cada X tiempo la megafonía declama mi nombre y el de Ernesto y el de Pablo. La puta Arcadia mítica, señores, en este siglo y para mí es una jornada de cemento y cartón piedra de escritores, dibujantes, editores, críticos, especialistas, amigos y amantes. A los de Gato Negro les ha encantado mi colaboración, junto a Dani Seijas, en su fanzine: una historia titulada “Menea tu culo victoriano, Wendigo” que llama muchísimo la atención entre tanto cuento gótico. Quieren conocerme. El Saló, desde las trincheras de la autoría, luce de un modo muy distinto en comparación con las incursiones de guerrilla urbana de cuando sólo era un fanático más. Hoy se parece más a transitar por los hilos de una telaraña que a ponerse de rodillas para rezarle a fuerzas mayores para que te dejen entrever un atisbo de grandeza de treinta segundos. Pensaba acercarme a la conferencia de Scott McCloud, pero estoy demasiado encendido. Prefiero charlar con Oriol Roca sobre el futuro de Hoppalong Avalon. Llega Joel, mi hijo, el enano ninja que todos coinciden en calificar como mi mejor obra, y ahora sí que todo cuadra. Puede que todo esto esté sonando demasiado entusiasmado, atropellado con lo emocionante de la experiencia, pero es que así es como son las cosas ahora mismo. Firmo mis cómics y hablo con gente que le da un valor a lo que hago. Empiezo a estar cansado, lo cual no hace sino añadir aún más confusión al contexto. Encajo manos y tengo ganas de darle las gracias a la humanidad al completo. Esto es una puta locura. Yo no soy así. Lo curioso es que, ahora mismo, me encanta serlo.

Firmando

Firmando

310509. Domingo. Al fin, algo menos exaltado, saco un ratito para hablar con José María, el editor de La Memoria Invisible y Antifuente, que además nos ha cedido amablemente un espacio en su stand para vender y firmar Tierra Hueca, ya que los editores de La Parada, responsables de ésta, vienen sin sitio propio este año. La voz de José María no le hace justicia a lo que es en persona. Mucho más intenso e intímo que por teléfono. A pesar de los picos y simas de nuestra relación hasta hoy, él es una de las personas a las que estoy más agradecido por este ahora mismo. Ahora mismo, nada más cuenta. Sigo en la tela de araña, más tranquilo y, por eso, con mejor perspectiva. Se me proponen proyectos. Los nervios y toda esa turbación enajenada se convierten en motivación profesional. Almuerzo con Dani Seijas y cuaja algo muy bueno que no pienso explicitar aquí. Ernesto, Pablo y yo seguimos firmando y dándonos abrazos de mutuo ánimo. También compro un montón de tebeos, porque no todo va a ser “trabajo”.

El Descenso

El Descenso

010609. Lunes. Esto se acaba. El Saló, esta mañana, es un cónclave de papás ex-frikis con sus hijos pequeños. Podemos concluír que tanto La Memoria Invisible como Tierra Hueca han funcionado a la perfección. Se han vendido bastante bien y, importante, han gustado aún más. La calma: huele a pequeña victoria; Marta, Joel y yo lo celebramos a nuestra manera; las despedidas son todo el tiempo hasta luegos; es demasiado pronto para recapitular y sacar conclusiones, así que decido disfrutar de la bajada y colgar mañana en el blog esta especie de diario que he ido llevando estos días. En el Metro, de vuelta a casa y el resto de días por delante fuera de “Arcadia, siglo XXI”, me da por acordarme de cuando de niño leía cuentos sobre los mitos griegos, de la imagen mental del Olimpo que éstos formaban en mi cabeza: un paraíso poblado de dioses demasiado humanos compartiendo espacio con héroes humanos a las que se concedía una chispa de deidad. Durante cuatro días, ha sido como estar triscando por un sitio similar. Estoy exagerando, claro, pero así me lo ha parecido en algunos momentos. Y con eso me quedo, de momento.

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