archivo

Archivo de la etiqueta: Cosas que están mal

 

Cristo es el paraguas de nuestras camisitas verde lechuga… corean los Valientes Pelagatos Sin Guerra Que Les Ladre… Porque no vea usted la que está cayendo… Parece un raro Vade Retro, esto de enseñarle el crucifijo a las nubes vampiras… Llueve… Hace unas semanas, varias mezquitas de toda España organizaron una serie de rezos públicos llamando a la lluvia; ha funcionado; parece que su Dios la tiene más larga que vuestro Dios, ¿eh? O puede que simplemente a ningún Dios le gusten las procesiones… Me divierte tanto como al que más ver llorar a los capillitas porque no pueden sacar a la virgen a pasear por culpa de la tormenta… Pero míralos qué monos, con sus camisitas verde lechuga, el rapado perfecto de sus cráneos, el perfecto recorte de barbas y perillas, ni un pelo fuera de sitio; he visto marchantes del Orgullo Gay más desarreglados que ellos… Bellos y honorables… Recuperar el honor… dice la Voz Del Pueblo Retrógadro Y Horripilante… Y si estas demostraciones ramplonas de no-sé-muy-bien-qué-pero-da-risa-y-un-poco-de-vergüenza-ajena tienen algo de recuperación del honor, ya podemos ir haciendo las maletas y a correr… Porque salgo a pasear una tarde cualquiera, pongamos ayer por la tarde, y veo hordas de pobres desarrapados desmantelando en migajas la chatarra acumulada junto a los contenedores de basura, dándose prisa antes de que llegue la brigada municipal de recogida de trastos viejos… ¿Recuperarán ellos su honor en algún momento, o el honor de estos no importa?.. Aún os va a caer una hostia por entorpecimiento del buen funcionamiento de los engranajes cívicos, montón de mierda violenta-pasiva… Dos esquinas más allá hay un grupo de estudiantes revolviendo en otro contenedor, dentro del contenedor, cribando lo que las fruterías y colmados han tirado tras el cierre porque ya no lo pueden vender, en busca de algo que llevarse a la boca; hay chavales con pinta de estudiantes, algún inmigrante, alguna altanera ama de casa… más desarrapados… ¿El honor de esto tampoco cuenta, o es que rebuscar comida en la basura se pesa con otra báscula moral?.. Es necesario restringir el derecho de reunión y de seguridad ciudadana, para que se aborde la problemática de la ocultación de identidad… declara el Perro de Presa De Las Escuadras de Tíndalos, mientras con una mano bajo la mesa sigue cobrando los intereses de los sobornos por las obras defectuosas que llevaron al derrumbe del barrio del Carmel, por ejemplo; con la otra mano da un último empujoncito que coloque a su hermano en un cargo fácil, cómodo y que mueva un buen dinero para la familia, digamos el Servicio de Meteorología de la Generalitat… Y, sin embargo, llueve, los capillitas lloran… Muy, muy honorable, bastardo… ¿Sabían ustedes que a los crucificados, como a los ahorcados, se les sueltan los esfínteres medio segundo después de que se produzca la muerte cerebral?.. Imaginad el mejunje de lluvia sucia, heces licuefactadas y orines, resbalando, goteando desde el madero, escurriéndose por las muñecas de los Valientes Pelagatos, colándose por los escotes abiertos y salpicándoles las camisitas verde lechuga; imaginad esa peste y tendréis una preciosa metáfora de este vuestro país, ahora, en este vuestro presente inmediato… Feliz Batalla Perdida, guapos.

 

Así de grande era el pez que pesqué… Y el Chico Que Se Creía Robot sonríe, el status quo sonríe, cada pedazo de mierda en este país sonríe… También es que hay mucha gente que durante los años buenos estuvo abusando… No tanto… Vivimos por encima de nuestras posibilidades… Altos como los globos del anteayer, porque cuando uno deja de crecer es cuando empieza a morir, decía aquél… Póngame dos trending topics… Así de grande era el pez que pesque… Y a ver para cúando la Sagrada Hueste se desata de verdad, el Sagrado Viento que en cierto modo nos prometemos a nosotros mismos la mañana de cualquier jornada importante, el que traerá el fuego purificador… No, así no; violentos, violencia y violentos… Es tal como una perversión de la neolengua misma: a fuerza de repetir límites que no están ahí, se acaban implantando: salirse de la línea es violencia, gritar es agresión, quejarse es demagogia: tiene usted todo el derecho del mundo a manifestarse, pero siempre que garantice, por usted mismo y para nosotros mismos, que el ejercicio de su derecho no tendrá relevancia alguna; tiene usted derecho a manifestarse, siempre que no ponga un pie fuera de la pancarta, garantice servicios mínimos y cierre la puta bocaza, que mañana hay que volver al tajo… No, así no; violentos hijos de puta Así de grande era el pez que pesqué… ¿Qué coño esperaban? Sugiero: llegados a este punto, estaría bien, cuando nos pisotean, empezar a pensar como minas terrestres y no como cachorritos desvalidos y megadependientes… ¡KABLAMM!.. Las criaturas del orden establecido, mutiladas de rodilla para abajo… Lo que España necesita es un buen magnicidio… ¿Qué coño esperaba, míster? Harto de pasar vergüenza cuando, repito, España lo que tiene es lo que se merece, atiende: somos los babosos bebés de la historia, abotargados de Mundo Karaoke, si nos restan derechos es porque no merecemos ninguno, calla y no se te ocurra sacar un pie de la pancarta, lávate la boca, niñato… Ha habido dos tipos de huelga hoy: la de la ciudadanía cívica y pacífica, y la de los violentos que aprovechan cualquier excusa para socavar el estado del bienestar… Bien estaríamos, limpios, prístinos, con la península bombardeada hasta los cimientos… Cualquier día voy a dejar caer una bomba sobre esta ciudad, una bomba anticonceptiva… Dios te oiga… Así de grande era el pez que pesqué… No hace falta especificar por dónde te puedes meter tu supuesta bondad, ¿verdad, gilipollas?

 

 

En la sala de proyecciones de Internet el largo proceso de absorción de información se desenvuelve en distintas formas de náusea.

Paso del balbuceo a la garganta encarnada y las lágrimas secas y saladas y escupidas a la bandera. Como los restos resecos de una eyaculación de tiro errado a la altura de la ingle en las sábanas del día después. Las formas simiescas embutidas en uniformes antidisturbios se  arremolinan. Están pendiente de títeres adolescentes y sus intenciones no pueden leerse tras la visera de sus cascos de contención remota. Atávicas formas sin ojos blandiendo porras y blindados con la fe en un profesionalismo que bien querrían para sí los millones de parados que no se manifiestan aquí hoy. Incubamos en las primeras filas un país tibio que no nos representa. Y los chavales caen en montones de carne apelmazada y macerada a golpes. Carga. El esputo trae una enfermedad desde las cavernas de la historia. Y la enfermedad se llama en algunos foros “regresión” y en otros “orden”. Pero sabemos que la enfermedad no tiene nombre. Lo sabemos en la sala de proyecciones. Aquí hoy no tenemos boca con que hablar. Las bocas que en la calle se cierran no son las nuestras. Vadeamos la ciénaga de nuestra sofisticación como si el cinismo implícito en ello no nos importase. Vello púbico decolorado con agua oxigenada y moho en los pliegues bajo las tetas caídas de la Puta España. ¿Aullaremos cuando nos arranquen también a nosotros los ahorros como si nos arrancasen la piel a tiras? Creételo. Nos pintamos símbolos en fosforescente verde que son consignas de otros tiempo. Otros tiempos a los que no hemos vuelto porque ni siquiera los relojes estropeados corren marcha atrás.

Cuando venga el Estado a traerme sus flores anémicas sé perfectamente lo que voy a contestarle. “Vuestra bandera no podría importarme menos”. “Escupo en la bandera española y en todas las demás también”. “Rojo gualda rojo con el que limpiarme el culo a lo sumo”. Todos los tópicos. Y pediré que me dejen solo en mi sala de proyecciones y si puede ser que me recomienden a alguien que pase un trapo. Todavía los huesos se romperán bajo la presión del simio. Un primitivismo que somos incapaces de entender desde el siglo veintiuno hace que el sol se ponga. Está por aquí flotando el espíritu sodomizado y de latón del Cine Español. Están por aquí las malas intenciones de la mediocre literatura española. Españolizante. Están por aquí los dedos incorruptos que sujetan el bolígrafo que firma la recesión por decreto. Cuando importa más la imagen que podamos dar al exterior que cualquier espacio estrecho al que nos consignemos. Como si de una expoliada Barcelona olímpica se tratase. No pueden los relojes correr marcha atrás. Hacia el barro que se va helando bajo nuestros pies. Ya no resbala.

Y algún día ya no querrás tocarme. Cariño. Por culpa de esta cosa roja gualda roja que me estigmatiza y los gusanos que supuro en la antesala de tus teorías. Y algún día nos frotaremos a oscuras en un acto tan sexual como el manifestante que deja inútil al antidisturbios pidiéndole más. Otro golpe. Agente. Me corro. Déme más. En la cara. Multitudes que marchan al son de ningún tambor. Cuando arrancaron a tiras la piel de toro a los tambores. Mediante reformas educativas que dejaron el pensamiento en fogueo. Estudiar ciencias como para buscarse la vida. Y nadie te explica que la vida es una ventisca que lleva cristales rotos disueltos en suspensión. Démosle una razón de ser a la letras. Y démosle una razón de vida al ser inventándonos esotéricas teorías para el Mal. Inventándonos a Los Mercados. A los masones. A los mansos y a los librepensadores. Siempre salpicando la culpa. Bajo ningún concepto reconoceremos que somos imbéciles. Porque hemos inventado prácticamente de cero la sala de proyecciones. Internet. Cariño. Y ya no querrás tocarme y todo esto serán excusas. No querrás tocarme por no haber reaccionado a tiempo. Por ni siquiera saber cómo hacerlo. Ya no hablemos del cuándo. Tus mil manos ya no serán las que me ojeen siquiera en sueños. Primera unidad en blanco. Segunda unidad en blanco. Al blanco vivo. Ardiendo más allá del calor absoluto por la falta de reflexión que trae pareja sólo ira. Tercera unidad en blanco. Todas las unidades de mi cultura en blanco.

Piel pulida al chorro de arena. El indignado hasta que le rechinan las tripas que supura destripado esa misma arena y un hilillo de sangre sobre la acera. Por haber estado aquí reivindicándose. Valiente imbécil. Dientes que ríen. Calles que vuelven a estar adoquinadas. Valiente símbolo de degradación así como de retroceso. Un valiente imbécil retrógrado por jefe de Estado. Calles adoquinadas de dientes. Por el choque de enemigo contra enemigo. Y paradójicamente ambos son uno y lo mismo. Y España al fin tiene lo que se merece.

…lo que yo intento, pues, es narrar otra realidad que o bien es una más en la amalgama de realidades, de narrativas, de formas de dar forma a la existencia, o es tan prescindible y sin sentido como la comúnmente aceptada. Sea como sea, considero que lo que hago es absolutamente realista, sólo que no es consensual.

 

Desde hoy mismo puede leerse la entrevista que José Ramón Vázquez tuvo a bien hacerme unos días atrás para el portal Literatura Prospectiva, en la que hablamos de géneros, mezclas, cómics y la pobre, pobre, pobre y maltrecha realidad.

Disfruten.

Ayer no fui a votar. En el primero de estos tres posts dedicados al ahora mismo y lo que se está cociendo y cómo me está afectando, creo que ya he explicado mis motivos lo suficiente, y ni las acampadas ni la (esta vez de verdad, con sentido) jornada de reflexión me han hecho moverme un milímetro de mi coordenada a medias anarquista, a medias crédula. No he comulgado en ningún momento con la tesis de que no había que votar a los partidos mayoritarios, pero que había que votar, tanto sí como sí. Nunca he entendido lo de cambiar el sistema desde dentro, eso tan de adolescente apocado, tan de vamos a llevarnos todos bien y, la verdad, no es que no esté de acuerdo con este punto o aquel punto de más allá, es que no estoy de acuerdo con el sistema entero. Sin matices. Si no me gusta el puto juego, desde luego no voy a copiar-pegar las reglas. Simplemente, no me meto en la partida.

Ya, ya lo sé… Llevo desde el viernes noche oyendo de todo: que soy un gilipollas, que soy un antisistema de los malos, que me guste o no ya estoy en el juego y que, ya que estoy, bien podría “abrir los ojos”, que no tan en el fondo soy un apoltronado y un burgués, que soy un radical, que si me creo que la política es como en los cómics, que si…

Esa ha sido mi jornada de reflexión. Y creedme si os digo que he reflexionado bastante, y a hostias.

Anoche seguí con interés y online tanto los resultados parciales que iban arrojando los escrutinios varios como las reacciones a éstos por parte de los acampados en Madrid y Barcelona. En ambos lugares se decidió que, independientemente de los resultados, la protesta seguiría adelante. Cosa que me parece de puta madre. Es una estupidez creer que lo que se estaba pidiendo, se iba a obtener con apenas una semana de hacer ruido y menos de tres días de cobertura mediática más o menos parcial.

A este respecto, esta mañana me he despertado con los resultados definitivos de la votación y un twitt del gran David Bravo: “En el mundo del cortoplacismo si un tipo en coma se despierta la gente cree que es un fracaso que mañana no esté bailando claqué”. No, no ha sido un fracaso. En esta semana se ha hecho historia. Así, tal cual. El tipo en coma se ha despertado a fuerza de sentido común y, si bien no está bailando claqué, al menos ha podido entrever que otra forma de pensar la realidad inmediata es posible. Sólo eso, entreverla. Pero ya es mucho más de lo que teníamos hace dos semanas.

Me he ido a trabajar y ha llegado el chaparrón: burlas de los compañeros votantes de CiU, preguntando que dónde estaban mis asambleas y mi organización horizontal ahora; broncas de otros compañeros, los “indignados”, y aún peor, de algún que otro amigo, porque según ellos, si no he ido a votar (aunque sea por coherencia conmigo mismo y mis ideas y porque eso tampoco se negocia en apenas una semana de convulsión) mis opiniones quedan automáticamente invalidadas. Curioso, porque ese ha sido justo el mismo argumento que me ha escupido a la cara una de las usuarias del centro de día que me da de comer, de derechas burguesas catalanas de toda la vida y orgullosa de serlo, cuando he intentado explicar por qué creo que Barcelona, durante los próximo cuatro años, básicamente se plegará a lo que le venga en gana al PP.

A la hora de comer, he vuelto a sentirme parte de nada. Igual, igual que hace dos semanas. Ahí estaban otra vez el viejo cinismo, la vieja falta de fe en la especie humana y las viejas ganas de ver el mundo arder. Ha sido rápido. Ha sido agradable. Me he acordado de momentos puntuales durante las reuniones de intercambio libre de ideas durante la #acampadabcn; de cómo comentaba con alguien que quizá ya estaba bien de tanto repetir las mismas consignas, las mismas canciones, de antaño, las de la resistencia franquista, las de mayo del 68, las frases del Imagine de Lennon descontextualizadas, si esto que estaba pasando lo hacía en el futuro y era evidentemente diferente. He sospechado por un segundo que lo más probable fuese que ese decir lo mismo y cantar lo mismo de siempre llevaba pareja una carencia grande de ideas suplida de forma bastante chapucera con un pensar lo mismo de siempre. Ahí estaba la vieja mediocridad y, de repente, un engranaje gordo y brillante ha encajado en su sitio y todo ha echado a rodar. No me he podido quitar la sospecha de la cabeza, y ésta ha acabado enquistándoseme, porque ahora todo cuadraba: la sospecha, el desprecio y el entusiasmo de la semana pasada, sumados hacia atrás y bien claros.

Así pues, no, esto no se acaba. Seguirá durante un tiempo más, ojalá que mucho, e imagino que hasta que se llegue a un equilibrio por ambas partes (“indignados” y “gobernantes”) que deje a los segundos exactamente donde están, aún bien amarrados, pero cuidando las formas un tanto más para que no les vuelvan a liar la que les han liado los primeros, quienes celebrarán agotados el haber podido dar por fin un paso adelante después de los cincuenta pasos atrás de este principio de siglo XXI.

Como tampoco se acaba “lo mío”. He aprendido mucho de esto, y eso es lo que pretendo decir con este texto. Me ha refrendado, al final, en cosas sobre las que, sinceramente, estaba empezando a dudar. En que estamos mucho peor aún de cómo nos lo pintan. En que ni me gusta el sistema, ni las personas que lo conforman y se conforman con él, ni la falta de imaginación y de perspectiva. En que si de verdad odio todo esto, lo mejor que puedo hacer es hacer todo lo que pueda por salirme, como estaba intentándolo hasta ahora pero con redobladas ganas. En que uno debe tomar responsabilidad por sí mismo si no quiere que los demás le echen a perder lo poco bueno que le pueda quedar, y que para ello debe mandarles a la mierda.

O sea que, a la mierda. No más acampadas, no más fiesta, no más consenso.

Y buenas noches.

…pero tengo por costumbre reseñar aquí cualquier reseña, no sólo las buenas. Aunque éstas sean tan tendenciosas, partan del prejuicio y digan más (o más bien menos) sobre el crítico y sus faltas que sobre la obra en sí.

En fin, que hoy en el Sitio de Ciencia-Ficción el mismo Francisco José Suñer Iglesias despacha a Hierático en términos como los que siguen:

Particularmente me resultan aburridos y muy cargantes los delirios de los yonkis, y si estos se prolongan páginas y páginas, y encima contienen elementos relevantes sobre la narración, apaga y vámonos. El problema es serio: si me aburro no presto atención a lo que leo y tiendo a pasar páginas rápidamente hasta dar con más fragmentos coherentes de narración.

Y coincido en que el problema es serio. Y bueno, pues, que vale, que venga, que todas las opiniones son válidas, pero no me culpe usted a mí por su Déficit de Atención, caballero, que bastante tenemos ya con lo que tenemos.

Me despierto esta mañana y, como cada mañana, repaso con el primer café las actualizaciones de los (muchos) sitios web a los que estoy suscrito. Me encuentro por ahí una “nota de prensa” del señor Greg Egan (autor de Axiomático, Ciudad Permutación, etc.), colgada en su web hoy mismo, en la que pide a sus lectores españoles no compren sus libros editados por Grupo AJEC porque aún no se le ha pagado el adelanto pactado hace tres años, y porque AJEC está publicando su obra en e-book sin pedir consentimiento:

If you read my books in Spanish, please don’t buy any editions from the publisher Grupo Ajec. Ajec are currently selling versions of Teranesia, Axiomatic and Diaspora (under their imprint Albemuth Internacional) in both paper editions and as e-books, despite being in breach of their agreements with me. They never legally acquired e-book rights at all, and they never paid the advance that was due when they signed the contract for Diaspora three years ago.

I have several other books currently available in Spanish from reputable publishers (Distress and Quarantine from Ediciones Gigamesh and Permutation City from Ediciones B, as well as Luminous due out soon from Bibliópolis / Alamut), and I hope that Teranesia, Axiomatic and Diaspora will, before too long, be made available from a reputable publisher.

Cosa que inmediatamente me parece algo chungo y feo, por explicarlo mal y fácil. Pienso en que AJEC es la única (La ÚNICA) editorial que se arriesga con tipos como yo y Pérez Navarro y Luís Montero y otro montón de gente joven y rara. Pienso que, aun así, eso no justifica tratar a los autores de cualquier manera, menos aún a autores de la talla del mencionado señor Egan. Pero, joder, es que AJEC es La Única. Pienso en que yo tampoco he visto un duro aún por mi Dionisia Pop! Claro que automáticamente supongo que es porque esa primera y embrionaria antología mía no ha vendido una mierda. Pienso en que la polémica que pueda generar las palabras del señor Egan son una puta jodienda, teniendo en cuenta que en un par de meses saco libro con AJEC. Y qué coño va a pensar la gente… Así que me cago en la madre que parió al señor Egan y, llegados a este punto, caigo en la cuenta de que tengo demasiadas cosas que hacer hoy como para quedarme ahí, frente al ordenador, pensando chorradas.

Y a pesar de esta última y brillante conclusión, el asunto se me instala como un runrún en una esquina de la cabeza.

En determinado momento del día, vía iGoogle, descubro que la cosa ha llegado hasta la página principal de Menéame, y que los comentarios allí son, en su mayoría, de condena. Algunos incluso insultantes. Unos cuantos (como suele ser habitual en Menéame, por otra parte) directamente subnormales. Se dicen muchas cosas al respecto de AJEC, y ninguna buena.

Y en un par de meses tengo que publicar mi primera novela con AJEC… Vuelvo a cagarme, ahora en mi puta suerte. El asunto-runrún se convierte en un mosqueo considerable.

A todo esto, acabo de volver a casa. Abro el ordenador y lo primero que me encuento esta vez es una respuesta de Raúl Gonzálvez (dueño y señor del dichoso Grupo AJEC) en el foro de Sedice, que reza tal que así:

Bueno, antes de que vaya esto a más, aclarar que ha sido un fallo entre los agentes de Egan en Inglaterra y mío.
Les mandé el pago del importe hace ya muchos meses por cheque, y por lo visto no lo habían hecho efectivo, ni yo me había dado cuenta que no lo habían hecho.

El lunes soluciono el tema sin que haya mayores problemas (que hoy los bancos están cerrados).

Sobre el tema de ebooks, el contrato que firmo con los autores extranjeros especifica para todos los formatos de venta (luego me dicen que para todos los formatos “en papel”), cuando les da la gana, y hay que volver a pagar, claro, pero a mi juicio no es así. De todos modos, veré si me sale rentable pagar otro anticipo por un libro que ya he pagado, siendo las ventas en ebook testimoniales.

Saludos.

Que vale, no creo que sean las formas más correctas de abordar cosas como la que nos ocupa, porque, tal como yo lo veo, si uno de sus autores está criticando a su editorial, lo mínimo sería responder a éste desde la propia web de la editorial, zanjar el asunto rápido y con nombres y apellidos, no firmando con un nick y en un foro de aficionados con muy poca o prácticamente ninguna visibilidad. Aunque también puede ser que sea sólo cosa mía, y cada cual es libre de gestionar su mierda como crea más conveniente.

Me deja más tranquilo, sin embargo. Lo suficiente como para escribir estas confusas líneas y dar desde aquí, desde la confusión (y desde el “no-estoy-del-todo-de acuerdo-con-varias-cosas”), mi apoyo a Raúl; así como transmitirle mi deseo de que el malentendido quede en apenas una tontada de la que no se acordará nadie en un par de días.

Pues eso.