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Archivo de la etiqueta: Guión

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Tras pasar por el Festival Internacional de Cine de Locarno, se estrena hoy en España Nuestra amiga la luna, cortometraje co-escrito por mí y su director, Velasco Broca. Y aterriza de la que considero es la mejor forma posible: como obra a competición en la sección oficial del Festival Internacional de Cine de Sitges

Hadji es un joven hindú con limitaciones físicas que vive humildemente a orillas del río Ganges. Tras perder lo poco que tiene, es aceptado como discípulo por un guía espiritual de origen ruso. Esta alianza dará lugar a unos extravagantes episodios que tendrán su repercusión, a través de un principio sincrónico, en otros puntos de occidente.

Nuestra amiga la luna es el resultado de un trabajo de cuatro años de idas y venidas, altibajos, alegrías y peleas que sería imposible detallar en su totalidad no ya en un post sino en un libro entero; por el camino han quedado tres guiones de largometraje con sus correspondientes borradores y revisiones, de los que Velasco Broca ha sabido destilar a la perfección las esencias para, usando la cámara y su peculiar y fascinante forma de entender el cine a modo de filtro, dar a luz a una bomba semiótica y ontológica que condensa lo que queríamos contar en aquellas tres películas y, a la vez, es mayor, mucho mayor, que la suma de ellas…

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Del corto se ha dicho que

es capaz de tejer líneas espacio-temporales que unen pasados y presentes (sí, en plural, porque la acción ocurre en distintos lugares y en tiempos a veces confusos), que conectan A Costa da Morte con las ciudades de la India a través de un eje vertical y luminoso que refuerza la idea de que en este mismo planeta son capaces de convivir realidades tan opuestas que parecen pertenecer a universos completamente distintos

, que

la disposición del espectador a interactuar con las imágenes ha de ser máxima, si existe la intención de que relacionemos todo lo que se ve, hay que partir de un necesario elemento que juegue como pista, nada nos lo va a indicar, ligeras sutilezas como el desdoblamiento o los colores de las ropas. Si una acción en un lugar provoca la contraria o la reacción en otro extremo del planeta acerca la propuesta a lo místico o a lo extrasensorial

y que

integra elementos propios del surrealismo, las fábulas orientales, la religiosidad ancestral, la música popular y la fantasía humorística más inesperada. La película no solo conecta con una tradición centenaria de ese cine español que se ha movido al margen de lo institucional

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Planteado como una versión libre del Himno de la Perla, una de las parábolas más bellas del cristianismo primitivo siriaco sobre la cristalización del alma/idea, la divina trinidad, la gnosis elevada y el olvido, Nuestra amiga la luna es un pequeño filme de Ciencia-Ficción, es una bofetada noir, un ejercicio esotérico, un documental bastardo y una comedia descacharrada. De apenas 15 minutos. Es experimental pero opera en lo sentimental y en lo hondo. Es un viaje a los espacios. También un reflejo ciertamente preciso de lo que sus autores somos y pretendemos ser…

En lo personal, cierra varios círculos (algunos de ellos concéntricos, otros excéntricos y orbitales de ciertos puntos de fuga psicológicos) y significa la culminación de un periodo de absorción y sublimación de influencias que se inició cuando, tras seguir durante mucho tiempo su carrera con devoción absoluta, me tomé la libertad de mandar a Velasco un ejemplar de uno de mis libros, hecho que abrió entre nosotros un portal transarmónico por el que ahora se cuela nuestra criatura…

No quepo en mí de gozo.

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Gigantismo, motores, teoría de la conspiración, psicología cuántica y una historia de amor imposible. Con esto ando enredando ahora.

Página 1.

Viñeta 1:
Exterior, plano abierto. Es de noche y estamos en una discreta calle situada en lo que parece un humilde barrio obrero en una gran ciudad cualquiera (piensa en esos barrios de ciudades como Barcelona o Madrid, habitados en su mayoría por gente modesta, salpicados de colmados minúsculos, tiendas de minoristas y pequeños talleres, ese tipo de barrios que se aferran a cierta “condición de pueblo”, ajenos al trajín cosmopolita de la gran urbe). En primer término de la imagen, a medio iluminar por la luz de una farola fuera de plano y recortada contra el fondo de altos edificios moteados por los puntos de luz tras las lejanas ventanas, vemos la figura de un enorme Monster Truck de aspecto amenazador, negro metalizado, con cromados brillantísimos y cristales de espejo, aparcado frente a la puerta cerrada del GARAJE DALSHIM, justo bajo el cartel del establecimiento. El intrincado diseño de caprichosas formas tubulares y metálicas del vehículo, como tripas de cromo al aire, contrasta muchísimo con la sencillez del contexto en que está situado.

La doctrina del Destino manifiesto (en inglés, Manifest Destiny) es una frase e idea que expresa la creencia que los Estados Unidos de América (EE. UU.) está destinado a expandirse desde las costas del Atlántico al Pacífico, también usado por los partidarios, o para justificar, otras adquisiciones territoriales. Los partidarios del Destino manifiesto creen que la expansión no solo es buena sino también obvia (manifiesta) y certera (destino). Se ha comparado frecuentemente con la expansión no internacionalista del socialismo marxista, impuesta por Stalin en la Unión Soviética, con la que guardaría cierto paralelismo.

Tal como yo lo veo, es imposible no hacer referencia a la doctrina del Destino Manifiesto si se va a escribir una historieta de vaqueros, que es precisamente en lo que ando enredado ahora mismo… (Más detalles, próximamente. De momento, quedáos con este credo y hacedme saber si aún veis algo bonito o heroico en la figura arquetípica del Cowboy… Y tiene cojones que raje de esto alguien que de pequeño quería ser Clint Eastwood…)

Androide Vegetal

Otro fragmento del guión en el que estoy trabajando. La imagen de arriba es el estudio de Fran Ros, quien se encarga de los lápices, para uno de los personajes principales del cómic (ese Androide Vegetal al que se menciona más abajo).

Olor a ozono e iones negativos —en la calle todo es vidrio inmaculado y reclamado de vuelta por la naturaleza salvaje del monstruo (la firma geodésica de la lucha entre bestias se desata con una metáfora violenta), demás firmas en tejido cicatrizal urbano—, puedo verlo desde la ventana vuelta del revés —enmohecidas agallas de lo absurdo que es todo este asunto de la batalla a escala elefantiásica—, ¿dónde empieza y acaba la recursividad? ¿son los monstruos moliéndose a palos en el papel o soy yo, adicto a la metaintención, el perpetrador de esta cloaca ecologista? ¿Lo somos todos? —y quiero que te hagas a la idea de que la inercia Yin-Yang a la que sometemos a la polilla contra el nuevo y mejorado Androide Vegetal no es simple maniqueísmo (ambos, criaturas de la Flora y la Fauna; ambos, requemados por el hueso de dinosaurio; ambos, una dedicatoria de la Onda Temporal Cero en la solapa de esta nota post-mortem; ambos lo mismo, y sin embargo en movimiento), sino las agallas que le demuestro al mundo al gritarle que he comprendido el mecanismo último de lo que se está cociendo— ¿cuál es tu idea del momento en que el universo llegue al límite de su expansión? Lo absurdo: los gigantes levantan una polvareda y rugen y el estruendo pasa pero no cala.

Cambio de perspectiva. Como aquel pretérito piensa globalmente y actúa localmente. Cambio de perspectiva. Del pie de calle a los cielos arañados por la cresta de los monstruos. Cambio de perspectiva como un estribillo. Sumérgete: el ritmo da vueltas —y la cadencia viene marcada por la estampida de los gigantes (es un arquetipo recurrente, como los titanes sometidos por dioses como la puta de Babilonia como en poemas Toho Tokusatsu), la melodía por el coro de una civilización afectada de dolores menstruales simultáneos y autorreplicándose—, la coreografía es preciosa y lúcida e inexpugnable, la canción se vuelve líquida con el polvo. Como la peor combinación posible para tu caja fuerte en forma de corazón.

Cierro los ojos para verlo todo distinto y me convierto en testigo de cargo de la proyección en la pantalla de costra seca —la ventana vuelta del revés se ensucia, manchas de hueso de dinosaurio que dibujan los números que abren la caja de caudales (el ecosistema separa las piernas y es el mejor y más grande, ultraviolento, sexo posible), ya no hay grilletes, las llaves son palabras, gotean, gotean y se licuan, gotean y se licuan y se resecan, gotean y se licuan y se resecan y forman una costra. Lo absurdo: buenas, ¿tiene perspectivas? Buenas, muy buenas.

El planeta tierra es hueco y habitable por dentro. Y si no os lo creéis, preguntádselo a Tito

(Y cada día doy gracias a Dios por la existencia de estos zumbados; sin ellos, tendría que dejar de escribir, o limitarme al costumbrismo-menstrual-hiperrealista-a-lo-Freire, o plagiar a Pombo… Claro que, si prestase menos atención a toda esta basura, quizá podría ganar un premio Planeta algún día… La vida es tan confusa a veces.)

En un mundo perfecto, esta sería la sinopsis perfecta para el guión que estoy escribiendo ahora mismo:

La polilla Saturniidae Callosamia es Mothra contra el lagarto invasor (el lagarto invasor es el hombre —todos los hombres con sus nombres para cada resquicio de la creación y sus pequeñas circunstancias enraizadas en el fenotipo fálico por el que los misiles entre piernas liberan la esencia del hueso de dinosaurio (hueso de dinosaurio que mancha la herencia mitocondrial, hueso de dinosaurio, diesel), y la familia Sapiens Sapiens involucionando hacia el mono que cambia sangre por aceite, el equilibrio migratorio roto por el amor de dinero—), monstruos retozan entre las finísimas sedas del inconsciente colectivo, la red micelial de la flora del planeta se torna hostil en progresión geométrica paralela a la sed de diesel (hueso de dinosaurio ardiendo en motores de cuatro tiempos, adictos al crudo hueso de dinosaurio igual a veneno sin rostro —la fauna perece y se desplaza al norte, replegándose, calentamiento global, ahumados a la velocidad de la luz  que les lleva a sortear un ejercicio de egocentrismo pánico, buscando el último golpe definitivo en forma de onda temporal cero—), Mothra es la polilla Saturniidae Callosamia, creada por el inconsciente colectivo para servir de adalid a la humanidad y sacarla al espacio y cerrarle los grilletes a la evolución (la última y absolutamente necesaria línea de defensa). Un ejercicio de egocentrismo pánico: el fin del mundo es sólo el fin de la Fauna, no así de la Flora.

Todos los momentos de toda coordenada vital, conocida o sin conocer, contenidos en un mismo ahora (la polilla aletea y la lumbre en el otro extremo del universo sensible humano titila y se apaga y se vuelve a encender y titila y se apaga —¿acaso el tiempo podría ser una fractal cuya representación bidimensional fuese la fotografía perfecta de la más bella de las flores? cumple como capullo y cuelga fuera de la rueda del tiempo como si así lo mismo arriba que abajo—, la Flora pide prestado tu cuerpo para la desintoxicación de hueso de dinosaurio), todo dura lo que dura un mismo ahora (la onda temporal cero se autorreplica en una preciosa ola fractal Hokusai). Mothra, la salvadora del inconsciente colectivo: cuelga del madero como Cristo en la cruz como Odín en Yggdrasill como Sidhartha en Bodhi como Dafne en el laurel.

Por ahí van los tiros del guión en el que estoy trabajando ahora mismo:

<< ¿Que es la recursividad? Incrustaciones y variaciones de incrustaciones. El concepto es muy amplio (relatos dentro de relatos, películas dentro de películas, muñecas rusas dentro de muñecas rusas (o comentarios entre paréntesis dentro de comentarios entre paréntesis) son solamente algunos de los encantos de la recursividad).>>

Douglas R. Hofstadter; Gödel, Escher, Bach: un Eterno y Grácil Bucle.