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Archivo de la etiqueta: Microrrelato

Desde hoy mismo puede descargarse, gratis, Inercia Snuff, uno de mis últimos trabajos.

Porno Snuff, neo-bucolismo y metanarrativa en una especie de EP literario a base de cinco microrrelatos, empaquetado y servido con instrucciones por Nanoediciones:

Nanoediciones se pretende la mínima expresión editorial. Textos minúsculos listos para imprimir en un único DINA4 y con instrucciones de plegado para darle forma de diminuto nanovolumen.

Imprimid, doblad y, si gustáis, extended la epidemia.

Primero, algo de autobombo:

* Juanma Sincriterio, analista de Las Cosas, arquitecto del Plan y buen colega en general (para qué vamos a negarlo), se marca una muy reveladora y, a pesar de todo (del colegueo, de la información privilegiada…), objetiva y lúcida reseña a Antifuente, en su blog.

* Ya está en la calle la edición en papel del número 2 de La Fanzine, donde colaboro con mi relato Fender Telecaster.

Luego, todo lo demás:

* Dándole vueltas al tema de hacer un webcómic, de pasarme a lo digital como reacción al hastío que últimamente siento por el mundillo de las viñetas en papel, he dado con esto. Obra de un tal Balak01, reflexión y ejemplo al mismo tiempo.

* Estoy empezando a engancharme al Historias de Naima, de Daniel Pérez Navarro. Algo curioso, curioso.

* Una frikada, pero que mola: la serie de fotos de Peter Ross a artículos personales de William Burroughs.

En breve, más (y seguramente, mejor… es fácil a estas alturas).

Hace unos días, Santiago Eximeno, entre otras cosas responsable de Ediciones Efímeras, lanzó un guante: a raíz de la publicación de su estupendo Bilis, invitaba a cualquiera con los redaños necesarios a escribir algo similar, esto es, 140 relatos a base de entradas en Twitter, de como máximo 140 caracteres (el límite que marca el portal de microblogging, para los tres o cuatro que aún no lo saben…), que pudiesen ser recopilados después en un volumen a publicar en digital y bajo licencia Creative Commons.

Yo recogí el guante. Porque la idea sonaba bien, y porque me gustan los desafíos, y porque, visto lo visto y vivido esta última semana, empiezo a sospechar que estoy como una puta cabra.

Así pues, me puse a ello. Le di un par de vueltas y decidí que, claro, siendo como soy (tenga usted presente el concepto “como una puta cabra” durante todo el tiempo que tarde en leer este blog, apreciado lector), ya que me ponía, iba a intentar hacer algo como mínimo excitante, fresco, “distinto”. A tales efectos, planifiqué, no una antología, sino una historia con su principio, nudo, desenlace y coda, articulada en 140 entradas también (y aproximadamente) autoconclusivas, en una cuenta en Twitter abierta a efectos, teniendo en mente siempre, además, el hacerlo usando lo que yo creo que es el lenguaje propio del mismo medio, abusando de sus herramientas inherentes, dotando de cierta cualidad poética a cada una de ellas, adaptándolas a esquemas VERDADERAMENTE rizomáticos (y otro montón de puñetas con las que me motivaba a mí mismo de continuo…). ¿Parece fácil? Pues no lo es en absouto. No para mí, al menos, y desde luego no tanto como me parecía que iba a serlo. Lo siguiente han sido días, muchos días, de muchas horas con la vista perdida en la pared para luego sólo teclear 140 caracteres cada vez en una cuenta que nadie seguía, retorciendo y puliendo y quemando neuronas empapadas en cafeína, perdido y encontrado en una paranoia a base de ficción pulp setentera y psicología y matemáticas lingüísticas (por cierto, he pensado subir a próximas entradas de este blog parte de la tonelada y media de material visual que utilicé en el proceso, por si a alguien pudiese interesarle). Dándole forma a un monstruo a pedazos al que he bautizado “Parsifal Novo y la Descomposición Ortogonal de Vectores”.

He mantenido esto más o menos en secreto hasta ahora, primero, porque era un work-in-progress y yo soy muy celoso de según qué cosas y, segundo, porque me daba un poco de vergüenza, para qué negarlo, la posibilidad de venirme abajo en cualquier momento y dejar el asunto pendiente y a medias. Pero hoy mismo he colgado la última entrada, la 140, y estoy encantado con el resultado.

Podéis echarle un vistazo AQUÍ. Y, si gustáis, dejad algún comentario en esta entrada al respecto. Me interesa recabar opiniones, de verdad, ya que además, después de una somera y rápida búsqueda en Google me he dado cuenta, en contra de lo que yo creía en un principio (nunca he pretendido inventar la sopa de ajo y, de hecho, tiendo a pensar que lo que se me ocurre ya se le ha ocurrido a alguien mucho más listo, mucho antes que a mí…) de que no hay absolutamente nada como este “Parsifal…” en ninguna parte. Sí, he encontrado novelas escritas en Twitter, pero eran más bien historias prefabricadas y luego recortadas para encajar en microblogs. Y he ojeado alguna novela “coral”. Y algún que otro proyecto, tanteo, o lo que sea, pero nada ex profeso, supongo, más que nada, que porque por suerte no hay tanta gente por ahí que esté como la proverbial puta cabra. En cualquier caso, si tenéis noticias de algo similar, si os ha gustado la propuesta, o directamente para mandarme a la mierda por hacerme perder un ratejo de vuestro valiosísimo tiempo, hacédmelo saber, por favor.

Ahora, me voy a la cama.

El Anciano está intubado y Yago en el agujero. Un mono que mira raro, este Yago, subido a su escalera y bajando. Huele a azufre, un poco a lo Dachau. Langostas como aeroplanos de una Ciencia Ficción que no escribo chocan contra los cristales. Al perro del nuevo vecino de la acera de enfrente le han salido dos cabezas extra. Piensa mitológicamente, actúa como si no pasase nada. Un grupito de estorninos tísicos picotean ahora la piel muerta tras la metamorfosis del chucho.

El lunes, como dijo el bardo, la Tierra murió gritando. Mientras yo soñaba contigo.

El infierno, por lo visto, según la radio y esta somera información directa de miércoles, está lleno. Por eso los muertos vuelven a la vida y echan tragos de agua de las calaveras rebosantes de lluvia de aquellos que no tuvieron la suerte de llegar después del overbooking definitivo. Se reparten los despojos con las hormigas, que están ahí, bien y atentas y fuertes y en formación cerrada. Todas las plazas son la Plaza de los Bichos.

Como dijo el bardo, la Tierra murió gritando. Mientras yo soñaba contigo. Una buena forma de decantar, anestesiado, al final.

Espera… Tres rayos, un trueno. Otro trueno. Lejos, otro. Las estrellas se fundieron anteayer. Así comenzó. Temen que la luna caiga en cualquier momento. Lluvia, luego granizo, luego meteoritos, luego cemento al azul vivo. El día de furia, en pausa entre el paréntesis de dos titulares. Los supervivientes se parecen todos a oficinistas Michael Douglas con pistolas de pintura. Y es que el paintball estuvo de moda justo media hora antes del final. Lo último que abandonaremos, cariño, es la estética. Ojos rojos de barro. Cara de poker con quemaduras de tercer grado. Es tendencia con todas las tendencias caducadas ya.

Lo peor es que, como dijo el bardo, la Tierra murió gritando. Mientras yo soñaba contigo. Una buena forma de decantar, anestesiado, al final. Seguro que fue un buen sueño. Lástima que no me acuerde.

Yoshitoshi_Hag

(descubriendo a Yoshitoshi)

Se arrastra titilando vergüenza en rojo verde y azul. Rojo arrastrar de amarras por ser fruto de una serie de ecuaciones mentirosas. Vergüenza verde que no tiene dueño de amarras sueltas en ecuación azul. Monstruo. No les duele a ellos el azul Led titila al púrpura de un nacimiento que suelta amarras de mentira. Ecuación monstruo en rojo verde y azul. Cuando las palabras rojas quedan cortas despistadas y amarradas al monstruo pequeño. Factor verde titila en el monstruo. El Otro escribe en rojo ecuaciones encerrado en sí mismo cuando el monstruo le hace enterarse. La amarra suelta titila. Eik = 8π G/c4 Tik . Llegan desde la vergüenza arrastrándose y quedan para permutar la ecuación de palabras monstruo aquí. En mesa de amarra suelta. Frente a frente titilan idiotizados infieles verdes el Otro rojo sabe de segundas amarrado al factor corrupto en la ecuación. Sinvergüenzas. Se quieren azul y ponen verde al Otro alimentando al monstruo rojo y pequeño. Ecuación centrífuga mentirosa.