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Archivo de la etiqueta: Novela

Usted está aquí… Finales de 2013 y lo que llevamos de este 2014 están resultando de una intensidad abrumadora, así que más o menos vuelve a imponerse el trazar una aproximación a lo que he hecho, lo que estoy haciendo y lo que haré, aunque sólo sea para poner algo de orden en lo que de lo mío va goteando por las redes sociales y demás… Que todos los jugadores muestren sus cartas. Devolvedlo todo devolvedlo todo devolvedlo todo. Jugáoslo todo devolvedlo todo jugáoslo todo. Que todos lo vean… Y no podría estar más agradecido a cualquiera que sea la fuerza que hace que los proyectos vayan llegando, germinen y prosperen, cimentando una pista por la que mis temas y razones de hacer se deslizan firmes y contentos, en direcciones a veces inesperadas pero, hasta ahora, satisfactorias como la mentira mejor blindada. Así pues… He aquí un planisferio

* El pasado noviembre,  Albis Off publicó en su web El Penúltimo Almuerzo, una suerte de split, una revistilla pensada para ser impresa en casa, plegada y grapada de forma que se obtenga un fanzine tamaño bolsillo con un par de cuentos largos: “A Través de las Galaxias Heridas”, de Alexis Brito Delgado, y mi “A Espaldas del Más Allá”:

alquigrandePorque, vamos a ver, a vosotros  también os han contado que esto es una tercera guerra mundial, ¿verdad? ¿Sí? Pues no. Lo de las guerras mundiales es pura narrativa del siglo XX. Sólo en el siglo XX se podía dar el concepto “guerra mundial”. Este nuestro es el siglo XXI y, en todo caso, lo que nos ha tocado padecer es un reseteo, un inicio de la cuenta otra vez, otra vez la primera guerra mundial. Mirad las armas que manejamos. ¿Sabéis en qué año estamos? ¿A que no? Eso es información clasificada, en manos de los poderes fácticos y sólo para ellos. Mirad el resto de armas, no sólo las inmediatas. ¿Cómo se declaró la guerra? ¡Por desplazamientos de mercado! ¿Quién quiere potencia nuclear cuando puede arrasar con miseria? Pináculos de información corrupta, heridas a los procesos lógicos, mucha, mucha confusión, personalidades múltiples de contraespionaje, doble telepatía autoinmune, telequinesia funcional y neurosis de desayuno, comida y cena. Los infinitos hijos de Tánatos; de ellos es la realidad hoy.

 

* Entrado ya el nuevo 2014, la revista Obituario tuvo a bien invitarme a colaborar en su número 10, dedicado a conmemorar la efeméride de la defunción de Albert Camus, para lo cual aporté una ficción breve titulada “Malconfort”:

índice El cadáver de Albert, deshuesado y vuelto a coser, descansaba sobre la mesa de disección; un saco de blanda forma humana en piel, carne y entrañas, desprovisto de rasgos, cetrino aunque dotado de una deliciosa fragancia tras haber sido ungido, como mandaba la tradición, en aceite de almizcle blanco y agua de rosas. Plantada junto al lecho metálico de aquella capilla ardiente, la estructura ósea extrañada del ya no hombre, lavada y desinfectada, observaba sin ojos con los que ver lo que fuese su vestimenta terrenal

 

* Hoy mismo, la editorial Rubeo ha anunciado la salida el próximo 18 de febrero de El Viejo Terrible y otros cuentos inquietantes, una antología (física, esta vez) en homenaje a H.P. Lovecraft, a la que aporto mi “Cero Zen / Trapezoedro”, un artefacto en el que las entidades y otras fobias del escritor de Providence se diluyen entre sampleados, quiebros narrativos y física teórica retorcida a ritmo de dubstep:

portada el viejo terribleweb_Maquetación 1

Mucho se especularía después sobre la desaparición de Cero Zen nada más finalizar el álbum considerado hoy pináculo de la hibridación entre música electrónica y teología-ficción, de la retro transferencia emocional entre elementos ajenos y obsesiones propias, llegándose incluso a insinuar que el artista había dado con la forma de desvanecerse al hacerse uno con el código fuente de su obra para componer a perpetuidad insanas escenas y profecías de tú a tú, ultrapersonalizadas, en las galerías sensibles de las cabezas de cada uno de sus oyentes; pero sin duda lo más urgente ahora, a la luz de los recientes acontecimientos en Pohnpei y la catástrofe de Finisterre, es diseccionar tal legado y tratar de entender aquello que Cero Zen previó, de qué nos está avisando su enigma lírico.

 

* También para finales de frebrero está anunciado el primer número de la fantástica revista Láudano, en la que participaré con “Ciclo de Deceso y Excepción”, una pieza necrófila y ritual:

1689497_443942652408618_1679769547_nAhí aprendí que un médium no es otra cosa que un espectador de excepción en la pantomima robótica de un simulacro de vida eterna, la valla publicitaria que ayuda a fomentar la mentira de la cesura entre animado-inanimado, un adicto a la telegenia de lo mórbido. Ahí me reconocí y dio comienzo mi desintoxicación.

 

* Por último, y dejando lo más gordo para el final, la editorial Origami, mi nueva casa oficial, publicará en breve lo que será mi quinta novela, la primera tras el Tríptico Linde: Aceldama, una obra más lírica que formalmente narrativa, un ensayo-ficción personalísimo en forma de collage multirreferencial de cyberpunk, teoría cultural futurológica y muchísima psicogeografía, y a la que dedicaré por entero la próxima entrada:

Conecte usted, estimado lector, como jugando a unir los puntos, los McDonald´s de su ciudad y, al igual que pasa con los McDonald´s de Aceldama, comprobará que el entramado obtenido es más nítido de lo esperado: una estrella de cinco puntas, un símbolo masónico, los planos para una torre de alta tensión… Repita el procedimiento con Domino´s y Starbucks… ¿Qué se le aparece? Sea lo que sea, dice más de usted de lo que usted mismo es capaz de admitirse. Corredores fantasma no gregarios visitan cafeterías y proveedores de precocinados caseros para microondas, garitos de zumos y ensaladas y pastelerías de perfume extranjero condimentando con tino el sistema de calefacción. Se teletransportan para evitar los derroteros del prejuicio. A diferencia de usted, no describen nada sobre el territorio.

 

Aquí, usted está; pero no sólo aquí… Y, de momento, esto es lo que hay. Por supuesto, como siempre, quedan cosas en el aire y en la recámara y cosas de las que aún no se puede hablar, pero que, si en algún momento cristalizan, serán sin duda motivo de tanta alegría como todo lo de más arriba… Aún no se ha precipitado fuera de curso… Noticias por llegar y un seguir adelante. Sigamos, pues… Gracias por su visita, vuelva pronto

Hoy mismo, el amigo Javier Iglesias se marca en su Vida Puta y Sin Talento una magnífica reseña a Cinco Canciones de Cuna, en la que usa expresiones como “ontología de la sala de espera” (frasecilla que retoco y aprovecho para titular éste y los demás posts que puedan llegar con redirecciones a críticas y menciones a la novela, porque tiene todo el sentido del mundo..) o “angustiante y mefítico”, y dice cosas como:

“El cielo es un glaucoma gris que no sólo cae sobre el hospital sino que lo rodea, lo delimita y le da forma”. Ésta es la primera frase, la primera imagen de Cinco canciones de cuna, que no sólo rodean, delimitan y dan forma al hospital del libro, también hacen lo propio con el espíritu del lector que ose adentrarse en los límites de esta novela, que más que novela acaba por convertirse en un estado mental

Un lujazo, oigan.

Vale, ahora en serio…

En la última entrada de este blog, comenté que, antes de que acabe el año, dos editoriales distintas van a publicar mi primera y segunda novelas; Hierático y Cinco Canciones de Cuna, respectivamente. Pues atención, porque voy a enseñaros las cartas. Y puede que, entre líneas, acabéis obteniendo la explicación que prometía allí al respecto de ese “hecho editorial” al que me he referido en más de una ocasión.

Vayamos por partes, que dijo aquél:

Hierático es fruto de una reflexión un tanto estúpida: un buen día me di cuenta de que, sí, vale, el grueso de mis influencias provienen de gente como Ellroy, Burroughs, Pynchon, Panero, Baer, Matheson, Delano y etcétera, todo muy respetable,  pero que también en lo que hago hay un sustrato que sería un error obviar; uno de cosas a medio recordar, como leídas en la cama durante un gripazo y a cuarenta de fiebre, compuesto por una amalgama caótica de novelas “de a duro”, bolsilibros de casi todos los géneros y subgéneros imaginables, volúmenes encontrados al fondo de la estantería en casa de mis padres, tebeos de Mortadelo y Filemón y Anacleto, revistas cutres y proto-fanzines. Dándole vueltas a esto, removiendo en el cieno radiactivo que es ese sustrato, centrándome sobre todo en las pulp fiction imposibles publicadas por Toray, Cliper y, más que otra, Bruguera, descubrí, primero, que los cerebros y manos detrás de éstas, los Silver Kane, Lou Carrigan, M. Da Silva, Clark Carrados y demás, eran en realidad señores de Madrid, de Barcelona, de Sevilla, de Gandía; luego me enteré de cómo trabajaban dichos señores: a destajo, escribiendo una o dos novelas A LA SEMANA, por una miseria, en jornadas de doce o catorce horas delante de la máquina de escribir. Fascinante. Cuanto más buceaba en la información que iba reuiniendo por ahí, más me obsesionaba y más aprendía de las técnicas y fórmulas de las que se servían estos estajanovistas de la ficción, hasta que no pude resistir la tentación de ponerme yo mismo a ello.

Ahí estaba la idea de base para Hierático, la que, casi a mi pesar, tenía visos de ser mi primera historia larga: un homenaje a las novelas “de a duro”, una historia de género negro + CiFi + terror + humor, una actualización en la que cupiesen también el sexo y la ultraviolencia. Dediqué exactamente tres semanas a ello, entre documentación, redacción y correcciones. Aplicándome sólo tres reglas: darle duro a las teclas, ser todo lo explícito y bizarro que pudiese y pasármelo bien. La verdad sea dicha, fue una puta gozada.

De esto hace casi tres años, lo que situaría pues a Hierático, en una hipotética línea temporal al respecto de mi “obra”, entre los cuentos contenidos en Dionisia Pop! y los relatos de Antifuente.

¿Por qué el retraso en la publicación, entonces? Bien… Una vez realizada la santa locura, no tuve que mover demasiado el manuscrito. De hecho, no tuve que moverlo en absoluto. A Raúl, de Grupo AJEC, que había apostado ya en su día por mi primera antología, le encantó la propuesta y decidió llevarla a término. Firmamos el contrato de edición, y ya sólo quedaba esperar. Y esperamos y esperamos y esperamos, y entretanto publiqué otro volumen de cuentos, y una novela gráfica, y un poemario, y esperamos y esperamos y esperamos un poco más, casi hasta hoy mismo. La cosa aquí está en que AJEC, siendo una editorial de las características que es (pequeña, especializada y la única con los suficientes redaños como para dar a voz a autores jóvenes y, en muchos casos, “raros”, que no tendrían cabida en otro sitio), tiende a los problemas, a los retrasos y al hacer las cosas como buenamente se puede. Y no es culpa de nadie, si acaso de cómo está de convulso el panorama en estos tiempos que corren.

Cinco Canciones de Cuna, por su parte, es harina completamente de otro costal. Se me hace bastante difícil precisar de dónde salió todo: de una necesidad visceral de ver hasta dónde podía llegar, de saber cuánto podía dar de mí mismo, de tener un relato en la cabeza que mezclaba todo lo que me gusta a un nivel íntimo, de querer volcar en la página ciertas ideas políticas y, al mismo tiempo, trabajar con sensaciones que sólo me admito en voz baja, a oscuras, insomne y en momentos muy vulnerables. Los personajes estaban vivos en una porción de mi cabeza que cada vez demandaba más atención; el contexto se convirtió en un sitio muy real y tangible para mí; mil cosas iban cuadrando conforme estructuraba el relato, que iba creciendo y creciendo, desde el cambio de perspectiva que significó el nacimiento de mi hijo, a la reverencia a los espacios interiores psicológicos y a la ficción como materia prima y no como resultado último, pasando por la relación de mi abuelo con mi abuela, Lorca y sus  “viejas voces imperiosas que patinan por la sangre”, los canales de comunicación excéntrica, el fantasma de Anna Kavan e, incluso, los videojuegos.

Sólo armar los mimbres de Cinco Canciones de Cuna ya requirió tanto tiempo como todo el proceso de la novela anterior. Tres semanas de buscar las referencias, el estado de ánimo correcto, planificar las idas y venidas de los personajes y diseñar el tapiz de sus interrelaciones. Dediqué el siguiente mes y medio a escribirla en forma de guión de cómic. Pero no estaba ni pensada, ni destinada a ser convertida en viñetas. La dejé descansar, me centré en otras cosas y la retomé para darle forma tal y como es ahora, como debía ser; como pedía ser. En total, un trabajo de algo más de cuatro meses, pongamos medio año, finiquitado en abril del pasado 2009.

El manuscrito resultante, sin embargo, sí estuvo una temporada dando vueltas por ahí. Por casas y despachos que ahora no vienen a cuento. El caso es que un año después, en marzo de este mismo 2010, acabó en el mejor sitio posible: en manos de los artífices de una preciosa revista llamada El Casco, en los cuales, según cuentan ellos mismos, coincidieron sus intenciones de echar a andar un proyecto editorial precioso (que, además, casa muy mucho con casi todo lo que pienso al respecto del mundillo y sus visicitudes y sus mierdas…) con el haberse enamorado de la novela. Sin pensarlo y enseguida, pues, nos pusimos a ello y, si no ocurre lo impensable, Cinco Canciones de Cuna cerrará su primer ciclo vital (el de la creación y edición; el segundo es ése que corresponde a vosotros, los que tenéis a bien echarle un vistazo o veinte a lo que hago, tan largo como sea vuestra voluntad) el próximo noviembre, en la novísima Aristas Martínez, inaugurando su colección Ediciones Pulpas (y sí, a mí también me parece esto último un chiste de los jodidos hados).

Y eso es lo que hay. Ahí lleváis unos cuantos “porques”. Id con Dios.

Comprad mis libros.

Digamos que ésta es LA noticia de la que llevo dando pistas los últimos meses. Digamos que es casi el punto de pivote de todo este año.

Si hace poco anunciaba AQUÍ que Hierático, mi primera novela, saldrá a la venta vía Grupo AJEC el próximo octubre, ahora ya puedo echar al viento los proverbiales bombo y platillo para confirmar que Cinco Canciones de Cuna, mi segunda obra larga, verá la luz al mes siguiente (para los de las últimas filas: noviembre del 2010). Esto es estríctamente “off the record”, claro, a falta de una fecha confirmada por la editorial y demás, pero qué coño, aquí hay confianza…

¿Dos novelas en un año? Se preguntará usted, paciente lector de este blog. Pues sí, ¿qué pasa? Cosas de lo que yo llamo “el hecho editorial”. Cosas que explicaré con más calma en una próxima entrada.

Pero vamos a lo que íbamos…

Aristas Martinez, el novísimo sello tras el que (poco) se esconden los responsables de El Casco, revista en la que colaboro mensualmente, serán los encargados en llevar a término el parto del libro, que inaugurará su colección Ediciones Pulpas. Parto triple, además: una edición normal, disponible en los puntos de venta habituales; una especial, dedicada y con alteraciones a mano y alguna sorpresita más; y (contemporáneo obliga) una digital.

La portada y las ilustraciones a modo de obertura de cada capítulo, corren a cargo del fantástico Fidel Martinez.

Señoras y señores, niños todos… Cinco Canciones de Cuna:

“El cielo es un glaucoma gris que no sólo cae sobre el hospital sino que lo rodea, lo delimita y le da forma. Extiende una calina más seca de lo que debería sobre el paisaje circundante. El hospital es la pierna arrancada y clavada en el suelo de un gigante de hormigón que la erosión hizo desaparecer eones atrás. Alrededor, árboles muertos, asfalto desgastado color cielo, caminos bordeados de taludes recubiertos de algo que parece nieve pero no lo es. En algún lugar hay un parque infantil abandonado.”

El Viento Negro, una suerte de organismo autoconsciente compuesto por una forma evolucionada de contaminación sinérgica, ha tomado los alrededores del hospital. Dentro, a través de sus pasillos, despachos y habitaciones, un anciano sin nombre inicia una deriva descendente y queda atrapado en la pesadilla kafkiana del lugar y la dictadura por consenso en que se ha convertido la burocracia que lo rige. Su único deseo es que su esposa se recupere aquí, o muera de la mejor forma posible. Pero su anhelo se verá truncado cuando de entre la maraña humana de futuristas y estrambóticos personajes a los que el edificio da cobijo, surjan unos padres preocupados que han decidido por su cuenta y riesgo hacer lo que sea, por inmoral o antinatural que resulte, a fin de encontrar lo que los pediatras necesitan para insuflar vida a su agonizante hijo recién nacido. Los caminos tanto del Anciano como de los padres, que parecen haber sido trazados de antemano por las dos facciones contrapuestas que son las fuerzas que habitan entre las sombras del hospital y mantienen sus engranajes apocalípticos en marcha, se convertirán entonces en una metáfora de la desconcertada lucha entre la voluntad y el destino manifiesto; el asfixiante paisaje, en el envoltorio en el que recoger una historia de tesón loco abocado indefectiblemente a la derrota.

Cinco Canciones de Cuna es un relato a medio camino entre el drama, el terror y cierta ciencia-ficción retorcida. Intimista, alegórico y estanco. Salpicado con algo de humor negro y ternura escondida. Narrado al ritmo de las cinco nanas populares que le sirven de banda sonora e hilo conductor.