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Archivo de la etiqueta: Orígenes del Lodo

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(foto de Natália Gómez)

Leo que 2012 acaba pero no se acaba el mundo ni la realidad es finalmente roída para sacarnos al espacio, así que deberé conformarme con seguir dando pasos adelante, cojeando de la pierna izquierda, y soñando con sangrar el velo. Lo haré de la forma más elegante que sepa, no temas.

Empuñé la espada el día de mi boda, y la porción de pastel nupcial que corté para ti -un pedazo esencialmente etéreo, expirado, imaginado…- venía impregnado de las emanaciones futuristas recién descubiertas. Porque últimamente he aprendido de ti que en las hogueras de la idea de porvenir arde una cierta disidencia, desobediente para con el encogerse de hombros catastrofista y de regusto apocalíptico. Este nuevo poemario –El Comodín y la Ondulación, se llama- es un diálogo. Semejante mutación de bajo rango viene además con seña: en La Casa de Atrás se me ha tentado y tatuado. La letra con sangre, literal, dentro.

Mi musa, mi obsesión… Hemos enseñado bien los dientes este año.

Todas estas historias que reptan hacia el ocaso por ti están cada vez menos escondidas, y así, cariño, durante las doce campanadas de la medianoche de mañana te miraré a los ojos, esos ojos de evisceración y ansiedad pero alegres -esbozados con la alegría de acabar un primer borrador, con la alegría de una credulidad bien suspendida, con la alegre alquimia del modelaje ontológico-, y te pediré algo al precio habitual y, si te apetece -te apetecerá, susurras ahora…-, tirarás de los hilillos de muerte de tu percha de titiritera y me acercarás a mis amigos y estrangularás a las almas que bloquean e impiden ver los árboles, me pescarás otro pez dorado que boquea en busca del aire perdido del arte.

Mira cómo el cansancio se desdibuja…

Hay un cuento muy viejo en el que una de las formas que eres tú regala una silla de montar de plata y cuero, labrada con arabescos conformando un idioma no pensado para ser usado y símbolos mágicos y diagramas para circuitos impresos, a un leñador enclenque y triste aunque, en el fondo, valiente; muy, muy en el fondo. Cuando el leñador haga las paces consigo mismo, la silla servirá para montar gigantes. En la variante contemporánea que interpretamos tú y yo, la lógica narrativa no es tan simple, pero el relato acaba igual: un beso de sinapsis y una palabra -que puede o no ser FIN- dibujada con el dedo en la arena.

Es un buen día para tirar de tópicos y, así, si tuviese una máquina del tiempo, me iría a ver a mi YO de diecisiete años para enseñarle la edición catalana de El Mundo de hoy, en la que se me entrevista al respecto de mi Orígenes del Lodo. Le diría: “eh, sin problemas, tú sigue”, y poco más. Le dejaría el periódico y me marcharía. Porque, en gran parte, Orígenes del Lodo va de él y es un congraciarme con él, con mi YO de diecisiete años. Porque en la entrevista le doy la razón y, por aquel entonces, al pobre capullo no se la daba ni Dios. Porque en la página junto a la que ambos ocupamos, se reseña la publicación de unos textos inéditos de Bukowski, y recuerdo que por aquella época el pobre y miserable capullo que aún soy estaba enganchado a los panfletos del pobre y miserable capullo recientemente fallecido en la otra punta del planeta. Y porque en la entrevista no nos olvidamos de Alice In Chains, y eso es patente de continuidad.

Da igual lo demás que diga ahí. Lo mucho que dije y lo poco que sale, deduzco que por falta de espacio. Da igual de quién sea esta cara que aparece en la foto. Estamos en paz.

Bien.

El artículo, por cierto, lo podéis leer aquí:

Entrevista

Forman como nuevos reclutas, tan limpios y tan recién salidos del pasado inmediato y que desde hoy ya no importa, listos para ocupar cierta trinchera, a las órdenes de sus nuevos amos. Van a morir, de algún modo. Forman sobre la funda azul pitonisa de la mesa, echando de menos a la bola de cristal, las runas, la vela y la campana; el libro está. Los libros están. Dispuestos a ser eviscerados pero sólo desde un plano; un plano intelectual y ambiguo.

 

La concurrencia. Los que no conozco, los que conozco mucho y los que conozco algo menos. En primer plano, de izquierda a derecha, yo -el autor-, Javier Calvo -traductor y novelista, maestro de ceremonias- y Luis Gámez -escritor y músico, forense-; en segundo, los intrumentos biológicos de escaneo y registro. Empieza la disección y se dice que Orígenes del Lodo amalgama tanto que es imposible encuadrarlo en un solo género,  “no es ciencia ficción, no es alegoría, no es surrealismo y no es terror: es simplemente un monumento a sí misma. Genera su propia definición y sus propias normas.” . Intentamos ajustar el diafragma de la imagen de conjunto: defino a algunos de mis libros, sobre todo Cinco Canciones de Cuna y este Orígenes del Lodo como artefactos: dispositivos de mecánica alquímica para la hipnosis cultural que monto a base de géneros y de interferencias. Algo de lo que he dicho ha debido, necesariamente, convencer a alguien. Aun así, seguimos debatiendo.

Se supone, y se supone bien, que un escritor más o menos siempre se adscribe a alguna tradición, a alguna corriente, se dibuja en una esquina como un afluente de un todo mayor. Se me calientan los cascos y tomo notas y me dibujo en mi propia libreta. Espirales, más que nada. También un sello, que no me saca del apuro pero me consuela. Declaro que soy mi propia corriente literaria, porque no sé qué más decir y porque le debo demasiado a demasiados antes y otros tantos que vendrán. Para decir eso hay que o bien tener muchos huevos, o ser un inconsciente de cojones. Adivinad qué soy yo. Ni un soldado ni una pitonisa, eso os lo aclaro desde ya.

La terrible y pequeña muerte que representa explicarse. No, no me considero hermético, pero creo con fe ciega y fanática que lo que hago sólo puede traducirse desde la escritura misma, desde la abstracción de la letra y los procesos implicados en su decodificación, desde el intelecto sobrerrevolucionado, desde que los conceptos adquieran entidad Dentro, porque Fuera, en el espacio comunal de lo oral y la conversación, éstos tienden a convertirse en mutantes defectuosos, deformidades cojas y tuertas y medio idiotas.

“En Orígenes del Lodo, la segunda entrega de la trilogía iniciada con su anterior Cinco Canciones de Cuna, Fco. Javier Pérez lleva al lector de vuelta al espacio, texturas y temas en ésta con una historia radicalmente distinta y, al tiempo, paralela; un cuento de hadas industrial y posmoderno sobre la contaminación ambiental y psicológica, y los límites de la realidad consensual.”

Aún no hace cuatro días de la presentación de Orígenes del Lodo, y ya tenemos aquí la primera reseña. Espectacular, sonrojante y de la mano del señor Rotbailer:

Imaginemos una red. Dentro de la red un núcleo. Personajes atrapados por aquello de lo que están indefectiblemente construidos, sea esto el estado químico cualesquiera. Ahora piensen, ¿qué es lo que siempre puede moverse dentro de una red, cuando todo está atado y bien atado? Claro que hay agujeros, joder. Si no, ¿de qué mierda de red estamos hablando? ¿Quién ha dicho cucarachas? ¿Quién ha dicho palabras-miasma, twisted things, twisted creepy words, nuevos SIGNIFICADOS obligan a nuevos BAUTIZOS?

Así da gusto, joder.

Tercera y última pista: lo que sonaba en el escripto/laboratorio durante las muchas horas de confección de Orígenes del Lodo: porque también es bueno saber de dónde vienen las texturas del revestimiento:

Sunn O))):

Monoliths & Dimensions

Flight of the Behemoth

00 Void

 

Zavod:

Zavod

 

Meshuggah:

Destroy Erase Improve

ObZen

 

Zu:

Carboniferous

 

Alice In Chains:

Dust

Alice In Chains

Music Bank

 

Hecho. A partir de aquí, el libro es todo vuestro. Y, si os apetece, nos vemos esta tarde para darle un par de vueltas.

 

Cucarachas: en Orígenes del Lodo, son más una descripción que un proceso; una herramienta de reconocimiento de patrones repetitivos y bucles, puesta al servicio de los puntos de apalancamiento de la historia  para formular, a modo de código-trampa, opciones, posibilidades y óptimas vías alternativas que eliminen los límites del sistema narrativo.  Avatares de la metanoia, existen sólo cuando las luces del narrador se apagan; acampan en la basura que la omnisciencia del narrador pugna por dejar fuera del relato y la reciclan en estructuras viables que reincorporar a éste: “La marabunta de cucarachas utiliza un río de papel de plata como tobogán. El río se divide en miles de afluentes y las cucarachas se deslizan y dan volteretas y decantan en los miles de costillares abiertos con separadores Gosset que tapizan la plantación de cadáveres. Dentro, construyen sus nidos usando la carne pútrida de corazones secos y pulmones ulcerados. Interrelacionan los nidos y demarcan colonias, estableciéndolas alrededor de factorías de metáforas.” (ODL, página 33 del manuscrito original)

 

Cucarachas: “Un canto de triunfo se elevó en un aire insensible, una antena sondeó el horrible silencio y se replegó sabiéndose satisfecha: todo bien. Todo en su sitio, como era en un principio.” Conversación nocturna con una cucaracha, Wole Soyinka.

 

Cucarachas: pilotos de la metáfora.

 

 

Asmodeo: contrafuerte arquetípico que sirve como transmisión de las cargas transversales a la cimentación de la estructura que compone mi nueva novela, Orígenes del Lodo: “llegó el futuro como un chaparrón y nos dejó a todos cobrando los cheques de Asmodeo, anegados de posibilidades desde el momento en que la tecnología se nos abrió a la manera en que se abre una pústula sobre la que luego caerán moscas como paramédicos del fin de la historia” (ODL, notas al pie de la página 40 del manuscrito original).

 

Asmodeo: “En la demonología hebrea, gran jerarca diabólico, ocasionalmente identificado con Belcebú, Príncipe del Infierno. Llamado “el destructor”, es uno de los demonios de más rancio abolengo. Aparece ya en la Biblia como el tenaz enamorado de Sara, quien sería luego mujer de Tobías: hasta la llegada del piadoso varón, que lo derrota, consigue matar en el lecho nupcial a siete aspirantes a la virginidad de Sara. En esta historia, Asmodeo se enamora de Sara, hija de Raquel, y cada vez que aquélla contrae matrimonio, mata al marido durante la noche de bodas. Así llega a matar a siete hombres, impidiendo que consumen el matrimonio. Más tarde, Sara se promete a un joven llamado Tobías, hijo de Tobit. Éste recibe la ayuda del arcángel Rafael, el cual le enseña cómo librarse del demonio. De este modo, Tobías coge un pez y le arranca el corazón, los riñones y el hígado, colocándolos sobre brasas. Asmodeo no puede soportar los vapores así desprendidos, y huye a Egipto, en donde Rafael le encadena.  En el Talmud, Asmodeo no parece ser una criatura tan maligna como en otros libros, sino que relata historias sobre su trato con el rey Salomón a quien -de mala gana- habría ayudado a construir el Templo de Jerusalén. En efecto estaba prohibido por las Escrituras construir un sagrado símbolo de la paz, tal el caso, usando instrumentos de hierro, el metal de la guerra por excelencia. Pero ¿cómo partir las piedras para construir sin usar herramientas? Salomón necesitaba el Shomir, que en algunas versiones de esta historia es una piedra capaz de partir rocas y metales, y en otras es un gusano. Benaia, el más valiente de los generales de Salomón, logra dominar a Asmodeo y traerlo a su presencia. Y a través de Asmodeo, el rey obtiene el Shomir. Pero Asmodeo, en venganza, toma la forma del rey Salomón y lo reemplaza durante cierto tiempo en el trono, mientras el verdadero rey vaga como un mendigo en tierras extranjeras.  En otra historia, Asmodeo es presentado como el rey de todos los demonios, similar al concepto cristiano de Satán, y como amante de Lilith después de que ésta abandonara a Adán.
Más cercanamente en la historia, es uno de los protagonistas del juicio de las posesas de Loudun. Alvaro Cunqueiro -siguiendo a Cabeil- asegura que en una de sus últimas apariciones fue amigo de Oscar Wilde, y que “su pasaporte inglés lo había conseguido gracias a la influencia de Florence Nightingale, y a la amistad de ésta con la reina Victoria”. El mismo Cunqueiro lo responsabiliza de la financiación de “la gran industria pornográfica europea” contemporánea. No parece difícil aceptar este último extremo, ya que los demonólogos lo dan como uno de los máximos corruptores, como el sembrador de la disipación y el error, y le atribuyen -en los infiernos- la superintendencia de las casas de juego.” (Francmasonería Simbólica del Segundo Grado, documentos de interés)

 

Asmodeo:  “Soy Asmodeo, inspirador de tahúres y dueño de todas las fichas del mundo. Conozco de memoria todas las manos que se han repartido en la historia de las barajas.  También conozco las que se repartirán en el futuro. Los dados y las ruletas me obedecen. Mi cara está en todos los naipes. Y poseo la cifra secreta y fatal que han de sumar tus generales cuando llegue el fin de tu vida.
Salzman: ¿ No desea jugar al chinchón?
Asmodeo: No, Salzman. Vengo a ofrecerte el triunfo perpetuo. Con sólo adorarme, ganarás siempre a cualquier juego.
Salzman: No sé si quiero ganar.
Asmodeo: ¡Imbécil…! ¿Acaso quieres perder?
Salzman: No, tampoco quiero perder.
Asmodeo:¿ Qué es lo que quieres entonces?
Salzman: Jugar. Quiero jugar maestro….Hagamos un chinchón.”

(Crónicas del Ángel Gris. Alejandro Dolina)

 

Asmodeo: Dios extraterrestre del sexo y la guerra.