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Archivo de la etiqueta: Poesía

A un no del cataclismo. Naipes sin sus colores originales, naipes actualizados, naipes que trabajan mejor por la sensibilidad moderna repartidos en el cenit divisorio de la probabilidad y de lo que está pasando. El cataclismo/la prospección, la función simbólica del orden. Ahora mismo cuando lo que se presupone es preeminente. Porque de las alternativas a lo que rápido se revela como tópico no queda rastro. Fueron arrebatadas y hechas desaparecer, esa es la marca (inevitabilidad del sufrimiento propio y ajeno, traición vicaria, fundamento de telenovela) —verdugo de la intuición, dándole al garrote de la imaginación castrada. En la tirada de tarot que achica los giros traslúcidos de la trama, rayas mate de alar nocturno. A su luz, lo inmoral, aprensiones que el hecho consensual mantiene prístinas. Aunque una deriva siniestra exija su derecho a ser tenida en cuenta. Régimen escarcha que atraviesa, doctrina cimentada en leucemia (la médula produce glóbulos blancos anormales que se dividen para hacer copias de sí), diseño de señal, va a la caza hasta la extenuación de los esquinados que aun así no se pliegan, el bendito diseño ladrón conduce las naves hasta los escollos infinitos una y otra y otra y aún otra vez, el algoritmo —réplicas fallidas de un transportador cognitivo injertan memes no sintientes en las ranuras de la ética.

Por donde pisan no vuelve a crecer el goce, quedan sus huellas como priones latentes

el goce

río de hierro líquido aún por descubrir en el polo

sublimados desde el no-cuerpo programático que los constreñía,

los sentidos del avatar montan por toda la eternidad en escaleras mecánicas

en entornos artificiales, más y al mismo tiempo menos errantes,

gestionados por drogas que controlan la subida y la bajada, catalizados,

consumiendo y siendo consumidos por una inexorable y rica economía

de lo sensorial, tasados por el píxel

 

 

Los pantanos de poniente, desecados en el siglo XIX y que dieron paso a las huertas y las bacinas de emigrantes fabriles, el Gorg, eje de pivote hoy tomado por los coches que se enfrían en el aparcamiento del pabellón de deportes (límite de pinar guiado, pasajes de ventilación de la avenida d’Alfons XIII y la del Marqués de Mont-Roig); el metalizado de las nubes conjunta la escena, ruta de El Loco hacia La Estrella hacia La Templanza hacia El Juicio, La Torre centra el foco en el rayo que la hiende y Los Amantes optan por saltar hacia La Rueda hundida en el fango, huir del desastre yendo al deceso, aquí donde antes no se podía edificar por la amenaza de piratería —tantos frentes marítimos catalanes han sido antes denominados Ribes Roges, riveras de arena y piedra carmesí por la dedicación con la que los piratas limpiaban sus espadas en la orilla, cada incursión en el pillaje un siguiente puñado de tinte, un cuenco de linfa cobriza, sal y espuma y regreso al lodo, polvo de aluminio ahora. ¿Cómo interpretar el macrocosmos de la Topografía y la Historia del contexto en el que las cartas son barajadas de nuevo, en relación con las mismas cartas, si no a través de la fibra que conecta con la cuestión deontológica? Lluvia, agujas en las rejillas, un charco espeja tres chimeneas humeantes, el olor del yodo hace más empalagosa la humedad, la playa en invierno desde décadas atrás hace las veces de símil de la introspección que no comprende hacia dónde dirigir el espéculo —¿qué entradas cabe dilatar ya? ¿Por qué cavidad va a ser bienvenido lo que se intuye pero sigue deforme en la comisura de lo concebible?

Área limítrofe del destello rosa, comer de la simiente, negar la mayor hasta su consecuencia

en las llagas de la decisión tomada por otro

la simiente

el cultivo blando y el lugar rígido desde el que echar de menos

lo que ya no crece porque ha sido transformado en una precipitación

residual de la atemporalidad imperante y el grito atrapado en la burbuja de afinidad,

las muchas máscaras superpuestas que conforman el marco

la turbulencia de la estática, en su reflejo vale mirarse, quizá, y de ese ruido

inferir como fabulosas criaturas de leyenda urbana

aunque heridas por la pose

la hondonada

estratos, arcos de histeria en los que se comban viejos poderes

aquellos que se gangrenan bajo las tablas, en silencio, lo que no cabe

la hondonada, otra

—Antoni Montserrat, rector de Santa María, 1789:

los matriculados, por ser tantos en número, disminuyen el de los jornaleros que se necesitan para el cultivo de estas tierras, los que suplen forasteros que vienen…

y no lográndose remediar aquí la falta, se va despoblando la montaña en detrimento del estado—

 

 

Crecer desde las aristas al núcleo, porciones amontonadas, ínfimas elevaciones provocadas por lo que se escinde del bloque principal, monolítico. En los uniformes desteñidos por la claridad de la duda, madejas de nada particular, tachadas de egoísmo. La tirada en Cruz Celta —el naipe central es la parte oculta del consultante, cubierto por el naipe del reto inmediato; cuatro arcanos alrededor, en sentido horario: el de los objetivos, el del pasado/consecuencia (por sobreflotación de las urdimbres del lapso y la fase y el momento), el de las alianzas y el de la inevitable prospección (el cataclismo, a un no condicional); cuatro arcanos en columna, a la derecha del cartomante, de abajo a arriba: uno para las esperanzas y recursos, otro para los obstáculos, uno para las reticencias y otro a modo de consejo y conclusión. Se nubla el pensar fuera de y todo es marco, aun cuando al fondo centellean dos brasas siamesas como el empellón directo al sexo de la hormona gastada por el uso y la desidia. Lo subterráneo también debería comportarse en detrimento del estado.

Cómo la antisistematización se va estructurando semejante a la formación

de un esqueleto: osteoblastos que depositan regulaciones a la multiplicidad sensorial

radix et principium sensuum externorum—

osteoclastos que reabsorben hasta el asco

cañas, cieno y acetaminofenos

el esqueleto

interioridad errada en sus significaciones

según la voz del asistente, recibida por vibración craneal, no cuenta el castigo sino el entendimiento

Psique abre su caja dorada, y dentro sólo hay inmundicia

aun así, Psique está, presente, y su caja sigue siendo de oro

 

Morgue

“Una forma de pensar en ello tal vez llegue con la invención de un concepto de duelo transversal – considerar cómo se produce la métrica del lamento”

Judith Butler

 

Silencio — “El ensamblaje inorgánico”

Un flujo informático, especular y superplano, dúctil al segundo y centelleante por cómo una opinión distinta, no oída el segundo anterior, estalla, y ahí va otra, estalla, y otra más, como al tratar de decodificar las grabaciones de la videovigilancia que le hemos impuesto al sueño… Las flagrantes ausencias de la lógica y el lenguaje se enquistan en los oídos, no hay plantilla ni aparato, no hay posibilidad de extractar

Sobre qué desgaja al sujeto. Sobre cómo se torna objeto al usar todos sus rasgos como notas para la percepción de otro objeto sensual, resueltas las tensiones entre Ello, el Otro y sus partes, extrudidos ambos desde ellos mismos y encontrándose en una estación metafórica, en un medio vicario, donde están representados, donde el tiempo se presenta desarticulado por la necesaria reconstitución de la irrealidad del pasado, la factidad del presente y los remanentes del futuro rebotando hacia atrás para articular el shock… ¿Qué significa que la conciencia humana no sea la única, aunque quizá sí la más compleja, forma de intencionalidad? ¿Quién pone en relación la región del objeto tal como se manifiesta con la región redundante de mi relación con su manifestación?

Aislante. Cerámico — “La ciencia ficción verdaderamente riesgosa es aquella que no sólo especula con las posibilidades del futuro, sino también sobre trayectorias inadvertidas que se fundan en pasados no tenidos en cuenta, tricotando pasado/presente/futuro en un tejido de textura imprevista”

En ocasiones parece que el edificio somático de lo que somos, en su intento absurdo por replicar a los edificios por nosotros creados… Las criaturas de sistema, medida y diseño que nos sirven para extender nuestros procesos mentales hacia fuera y no mantenerlos miserablemente encerrados en el cráneo… se agriete de rabia contra el símbolo, corra la tierra y reblandezca sus cimientos para generar un sentido experimental del contemporáneo, hueco, fundado sólo en especulaciones sobre el porvenir; sólo un signo sin enlace, que estalla, también, sólo una imagen onírica sin continuidad

 

TEch

“El punto de vista humano parece ser el límite del pensamiento en los dos primeros sentidos de ‘negro’ (Negro=Satanismo y Negro=Paganismo). Pero existe otro significado, uno que es difícil de pensar, y casi imposible de conocer. En realidad, no existe, pero el pensamiento de su no-existir sí que existe”

Eugene Thacker

 

Restalla, de la boca del fusil al oído interno, el cuerpo biológico, se hace pedazos por apliques cibernéticos introducidos a la fuerza, y a la velocidad, el cuerpo social, se inmoviliza por el miedo, porque el enemigo no puede ser tan estúpido como para no haberse dado cuenta de que esta cultura agoniza por sí sola, que no es necesario ametrallarla, ¿verdad? El cuerpo del no-vivo, organizado de forma urbanística, inmutable y a la vez disperso, vuelto accesible, primero por la bala y luego por la cámara, cicatrices, interpretaciones, sesgos, la atemporalidad paradójicamente móvil de la red social como instrumento expresivo, tan poco que decir y tantos púlpitos desde los que no hacerlo, apenas se mueven las luces, restallan

La teoría de la conspiración exuda política negra. La opinión pública, nada

 

Kamera

“¿Y si el sueño del ser humano siempre ha sido destruirlo todo? ¿Y si todo es más hermoso cuando arde? ¿Y si las ruinas son más confortables que los edificios? ¿Y si las torres caen? ¿Y si los museos arden? ¿Y si, en realidad, todos anhelamos el Gran Incendio?”

Layla Martínez

 

En tiempo real — “Hiper-caos”

Toda relación causal implica la constitución de un objeto, tiene estructura de metáfora. La forma que adopta, en la era del consentimiento, la captura del pez sombra, resistencias y heridas interactúan en una glándula pineal virtual, ahí, en pantalla tras pantalla tras pantalla. Dos por ciento de ADN humano en los productos cárnicos procesados para consumo masivo; grasa humana en el aceite que lubrica los motores del ascensor en el rascacielos; piel humana, cuarteada, sin terminaciones nerviosas que amplifiquen ninguna experiencia, entre los engranajes… Toda la atención alquilada al autómata, todas las esfinges que son el mañana impreciso

Acerca de qué intensidad es propia de la tensión entre el objeto, sus partes y sus relaciones. Acerca de cuántas notas esenciales del objeto sensual serán una función del excedente de las notas de las partes del objeto real

Supervivencia antropocéntrica. Contra evolución — “… Incluso detonamos la primera bomba atómica el día que conmemora la transfiguración de Cristo, señalando así, aunque fuese de forma inconsciente, que también nosotros pretendíamos transformar el mundo, sólo que no a través de la luz sino de la oscuridad… Con una deflagración que ardió a más temperatura que el mismísimo sol”

Érase una vez que hubo noticia de agujeros rutilantes apareciendo acá y allá. Al pie de escalinatas, en la torre del reloj, tras la tapia de ciertos descampados, en los callejones traseros de los gimnasios… No exactamente agujeros negros, sino glitches en Lo Real. Espacios de vacío… A pesar de que dentro, al fondo, brillaban estrellas… autogenerados cuando los materiales mutaron para convertirse en Lo Material. Agujeros que siempre estuvieron ahí, aunque sólo ahora, con nuestra conciencia de los nuevos materiales y, al tiempo, con la conciencia de que Lo Material es a su vez conciente de nosotros, se nos presentan. Son el mecanismo de defensa de los materiales contra “la otra especie superior”, capaces de absorber cualquier objeto… Ciertos individuos, muchísimos, de hecho, no pueden verlos, o los interpretan como otra cosa; no agujeros, estrellas demasiado lejanas sobre fondo negro no relevante, huellas fantasmáticas de lo que estuvo y ya no está y debería estar… Asimismo, los agujeros son poros en nuestra (in)capacidad intelectual para procesar la inmensidad de un cosmos irracional, inmanente y ajeno. Agujeros de gusano al horror cósmico. Agujeros en el discurso único. Agujeros en el flujo informático y la espuma de acumulación de detalles contradictorios que lo cubre, demasiados, tantos que no dejan que subamos a la superficie, siquiera eso, subir a la superficie, hacer un agujero por nosotros mismos, respirar, hacer agujeros de silencio en el hielo de los datos y pescar… Y así el pez sombra quedará libre y los salvajes construirán una catedral allí donde los testigos afirman que fue visto por última vez

paralysè

(collage de Mónica Ezquerra)

“El límite entre ciencia ficción y realidad social es una ilusión óptica”

Donna Haraway

…La imagen cinematográfica y la impregnación en primer plano una soga colgando lacia del árbol un lazo el nudo corredizo la casa a oscuras detrás la casa que cobijó una vez el paisaje fronterizo de las cámaras el maquillaje la iluminación la actuación y la fantasmagoría digital la función de la imagen cinematográfica y la función de impregnación de ésta en el espectador todo el mal simulado en la casa ha acabado tornándose imprimación en sus paredes e imprimado también a sus nuevos inquilinos porque el ectoplasma tiende a imponerse (el deseo, la venganza) y no hay escapatoria posible así transforma el simulacro en víctima…

…A los que vinieron a darse de bruces con la dominación ontológica derivada de la idea del hormigón sintiente les acechan ya (la ansiedad, el ansia) las brechas abiertas el corrimiento en las posibilidades de ser una Forma Inhumana disociada de otros discursos de identidad relacional ninguna…

…Ningún sistema de signo diseño acaba de rebrotar fuera con el viejo encantamiento de la Fundación General Eléctrica que se apolilla entre los microrrelatos invitados al suplemento dominical en línea dánosle hoy y no recorre Europa ningún germen más que el cuerpo abandonado los rostros bañados en sudor las patas mudadas ninguna antigua piedra sobre piedra queda en el desfile de refugiados con pantallas implantadas en la tripa…

“Las ‘telepatologías’ no sólo me permiten reinventarme psicológicamente, sino que alteran lo que conozco como ‘privacidad’, pues todas mis neuronas están ‘afuera’, expuestas, exponiéndose. Ya no hay ‘punto de vista’, pues ahora está reemplazado por un punto de ser, mi punto de entrada para compartir el mundo.”

Pepe Rojo

…Y un ojo hundido que sueña con noches de piedra (la casa, la fantasmagoría) y con aquellos “emigrantes económicos de un parque temático de Antoni Gaudí” y con los que acechan en los bordes las señales de tráfico votivas declinantes la larga distancia y la marcha los conflictos fundamentales entre yo y mi graznido y la creación de túneles de humo en el Metro y esta no-arqueología mercurial…

…Por cuánto los contornos del músculo me buscan abajo bajo la fuente como el Hikikomori sensocentrista entregado a la pasión de pasar a línea tras línea tras línea de código su sistema nervioso central ese (¿mayúscula?) que los demás dejan en suspenso ante la pantalla de la televisión y la pantalla del ordenador y las muchas pantallas táctiles (anti-sexo, anti-brecha) como codifica desde lo inspirado por la fachada y el bulevar y la Acequia Condal una diminuta cara de pegatina para la Forma Inhumana de animalillo asustado ante los faros en el rompiente en el Estado intermedio en el laberinto de la ciudad que se resucita a sí misma…

…Con los guantes con los dedos cortados tecleas cariño con los que se desean más allá de la distancia aceptable ahora o mañana ¿quién te espera? (¿yo mismo? ¿la antigua piedra sobre piedra?) con la trituración exterior me inventas en el mundo oculto de los acertijos con la sombra transparente y la piel transparente que transforma el juego en espectáculo con la sentencia a servidumbre con la que serpenteamos mediocres (término capitalista, llave de encantamiento) en tránsito de un sitio a otro negándonos transitar por transitar sin origen ni destino sólo caminar y caminar solos por el circuito de nuestro huerto de sangre Aceldama…

“Un posthumano es un humano que ha puesto a la naturaleza (incluyendo la propia) entre paréntesis (o que se ha convencido de que todo lo no humano es humano, y por lo tanto, humano = naturaleza). Así, en el mundo posthumano, todas las fronteras se convierten en ‘diferencias estéticas’, respaldadas por ‘sistemas morales arbitrarios’.”

Andrei Codrescu

…INTERLUDIO imágenes de archivo colonos volviéndose salvajes a la buena de Dios como locos del exceso de población hozan entre el alcantarillado al descubierto y la mala tecnología chisporrotean obsolescencia temprana y llegan los platillos volantes y los salvajes se arrodillan he ahí los santos ángeles siliconados he ahí los hombrecillos numinosos que salvan apertura de compuertas corazas antidisturbios pistolas cargadas la salva y el impacto y el píxel retocado hacia tonos menos gráficos del rojo para pasar la censura lo correcto purga lo insalubre…

…En la ampolla coriácea dentro de la que se enrosca una larva que desea que quiere contestaciones de quien las quiere pasados los controles de orina y la esterilización de los concursantes y la memoria ajena del viaje por imposición Gane Usted Una Estancia De Por Vida En La Casa Que Supuestamente Era Ya Su Hogar y nuestro agradecimiento eterno pruebe después que es capaz de mantenerse en la condición ficcional ofrecida (letra pequeña, ínfima, sistema nervioso central)…

“No podemos ‘ver’ (porque el discurso en que nos socializamos no nos enseña a reconocer) todos los comportamientos que demuestran que los seres humanos seguimos estrategias para conjurar los miedos, la impotencia y la fragilidad que el mundo nos suscita, y la necesidad de pertenecer a parejas, grupos y comunidades para sentirnos seguros. Y así, al no cuestionar la lógica en la que se sostiene la historia, apoyamos y reproducimos el orden patriarcal, y convertimos en una verdad científica que la ‘lógica de los mercados’ es la lógica universal humana.”

Almudena Hernando

…La pantalla es implacable por honesta e impermeable al sentimiento por lo que sólo cabe seguir jugando INTERLUDIO imágenes de actualidad en las que te reconoces una delicada lectura de los vectores de infección en la colonia diezmada y re-civilizada que da paso al destacamento en el que formas como el más concienciado el que más de los trabajadores sociales voluntarios que fueron a capacitar a los heridos material reciclable ¿cómo te alcanzó a ti también la necesidad? ¿cómo me alcanzó a mí?…

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Aquí hay sabiduría. El que tiene entendimiento, cuente el número de la bestia, pues es número de hombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis.

Apocalipsis 13:18

 

Número de hombre y nombre de hombre. Ya está. Son las únicas pistas. Y es lo único que necesitas. El número, claro, es el 666, esa golosa cifra que, por desgaste, ya no significa nada: se ha identificado con fechas, lugares y cosas, se ha permutado en prácticamente cualquier símbolo concebible y pasado por el filtro de toda semiótica existente e incluso se ha descifrado como la naturaleza intrínseca de la World Wide Web; es la contraseña del Enemigo, inválida por breve, capciosa por sobreinterpretación. El nombre… El nombre es José Puente, autor de uno de los mejores aparejos conceptuales (porque para según qué, según cómo, hablar de “libros” queda pequeño) que he leído en lo que va de año: 666:

 

Piensa un espejo y dentro de él, un hombre enfermo. Piensa un hombre enfermo y dentro de él, su enfermedad. Llámala Madre, llámala Padre, llámala Cualquier parásito y Todas y cada una de las personas a las que has engañado para llegar aquí. Abre los ojos y siente cómo la enfermedad resbala por las piernas: tú estás dentro del espejo, tú eres José Puente. Es el retrato de una vida consciente de vivir un presente crudo, normal, con una soledad pegajosa como una rutina. 666 es lo inesperado de cada día, es todas las vidas que ves mientras sólo vives una. Muchas historias y un único testigo.

 

José Puente es el Enemigo acechando tras el número, un agente decondicionador; basta con echarle un vistazo a su blog para darse cuenta. Y su obra, su 666, es (permítanme ustedes el exabrupto sin matices) algo rabiosamente necesario en los tiempos que nos ha tocado vivir… atornilla espinas -raíces- al núcleo de silicio de la biomasa autóctona, como patitas del bicho fracaso garrapateando pasos lentos… Aquí, en la golosa cifra que ha caducado, en la dulce referencia que se ha vuelto agria y tóxica y ha adquirido una nueva connotación absolutamente subconsciente, se diseccionan las ligaduras familiares como se exorcizan fantasmas a base de porno y música, se habla de política real y desobediente, se devuelve la alucinación a la ciudad y sus ritmos y flujos (tema con el que, ya lo sabes, lector, estoy especialmente obsesionado) y, de continuo, se planta cara al costumbrismo-realista-chachi que Mundo Karaoke intenta legislar como canon multinivel (…así en el mainstream como en lo indie… una realidad-chachi-grande-y-libre…).

 

No corres peligro, no te desgarrarán sus raíces, digo.

Sé que le tiemblan los labios porque es transparente y a través de ella puedo ver

el latido enfermo del mundo, las luces agitándose en la calle, los coches en la niebla, los

cuerpos mintiéndose, la tarde que se apaga y el bosque hasta la autopista, allí donde los

cuerpos bajo la cuneta.

El olor de su pelo a jabón neutro y la piel fina sobre una herida en el pecho,

suave como la seda, como el vientre de una polilla blanca recién nacida. Los huesos de

la mujer son una frágil catedral del deseo donde el maquillaje sobre sus párpados y el

miedo brillan como medusas excitadas.

Soy un ángel, digo.

Y llevo tanto tiempo esperándote[…]

 

Articulado como pseudo-novela a base de seiscientas sesenta y seis piezas de prosa poética regentadas por un narrador protagonista que recorre un camino como una cinta de Moebius que tanto lleva a la autodestrucción nihilista como al equilibrio entre la propia ansiedad y lo socioculturalmente deseable que impone el entorno inmediato, seiscientas sesenta y seis bocanadas de microrrelatos sin fondo en los que resulta absurdo buscar una influencia evidente, porque si algo queda claro ya desde la primera lectura del aparejo es que, aunque esta sea (que yo sepa) su primera referencia larga, José Puente tiene una voz rotunda y propia y con la que puede hacer lo que le dé la real gana, 666 resulta de una profundidad que asusta, de una precisión que desarma, de una belleza que es la belleza fascinante del funámbulo haciendo equilibrios sin percha en la cornisa del edificio de oficinas más alto del barrio… sabemos que no se va a matar, pero podría matarse, pero ¿y si se mata? ¿Cómo reaccionaremos?Se ha definido por ahí como “la lucidez de las vísceras”, y sí, de acuerdo, el rango visceral está y, desde luego, está la lucidez, la lucidez rayana con lo homicida del forense, pero lo que en última instancia define este 666la contraseña del Enemigo, inválida por breve, capciosa por sobreinterpretación… es la brutal imaginación que desborda, para bien, al que se le acerque, los giros metafóricos que se escapan de la página para roturar la memoria y los cristalitos de mugre inteligentísima que quedan adheridos a Todo cuando uno levanta la vista de la frase y se fija en lo que hay ahí fuera, lo que ha estado ahí todo el rato pero que, hasta que no ha venido este tal José Puente a darnos la tecnología narrativa con la que entenderlo, no ha sido capaz de entrar en el índice de nuestro mapa perceptual. Así de bueno es. El que tenga entendimiento, que lo cuente. Si se atreve.

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No hace ni diez minutos que he completado la segunda lectura de El Libro de la Crueldad, de Layla Martínez. No ha tenido tiempo de empapar. Aún bailo sobre la fiebre. Fiebre, eso es; acurrucado bajo una manta de enfermedad, royéndote las uñas (diminutas), las imágenes saltan, por suerte una a una, imagina que se pusiesen de acuerdo para un mismo brico al únisono: el derrumbe; el derrumbe de una cabeza tras el terremoto de las imágenes, una cabeza saliéndose de su eje. No hace ni diez minutos que he completado la segunda lectura de El Libro de la Crueldad, de modo que esto no puede ser una reseña, sino dientes blandos que se clavan en nada por miedo a que cualquier otra cosa, cualquier sustancia más densa que el humo, los quiebre.

No cabe análisis posible cuando la erección aún lleva las bridas puestas. Está mal decir que he disfrutado de El Libro. Está mal decir que el mundo que éste pinta es un mundo en el que me gustaría vivir, cimentado en puro placer morboso pero tan bello que pincha pero las paredes manchadas pero la animalidad consecuente consigo misma pero el nervio que se dobla hacia atrás para dejar paso al entusiasmo…

Una cosa está clara: aunque haya llegado por otros canales, El Libro de la Crueldad es como ese ejemplar que encuentras en una librería de viejo y compras por curiosidad y en el que entras a tientas y luego sales distinto, con la absoluta certeza no sólo de que vas a regresar sino de que te ha condenado a que estés con él para siempre y vuelvas periódicamente por lo que te quede de vida.

Pero esto no es viejo, esto es tan nuevo que apesta a flúor pero la fragancia esquinada que desprende está bruñida, aun siendo de hoy mismo pero El Libro va cargado de advertencias de amante abuela lúbrica y depravada: no te comas los ojos de la virgen si ésta se te aparece y se los arranca para ti, porque esos ojos te preñarán; mojar el coño en leche abre las puertas del misterio; si violas a la sirvienta, nadie te va a querer nunca; los retrasados mentales son fieras rotundas.

Y hay máquinas salvajes que respiran con la fuerza de un manifiesto por abolir métodos científicos y salas de fotocopias que son una UltraMetáfora animal del presente. Las hay. En El Libro de la Crueldad de Layla y en la fiebre refractaria post-lectura. Hay, por mi parte, un intento inerme de no pasarme con los halagos; a la mierda, las medias tintas son para los guarros y a la debilidad la encontraste en la calle, ¿quién no quiere roer el pan de la locura? al carajo con la bajeza en los regalos. Hay susurros: susurra Bataille y susurra Valente, susurran Pizarnik y Pedraza y Brönte, aunque susurran con un efecto de reverb que hace que sus voces se adhieran a los rincones mugrientos para permitir que la nave principal del edificio proyectado por su autora sea ocupada sólo por ella. Hay poesía. Es poesía. Esto. El Libro.

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(foto de Natália Gómez)

Leo que 2012 acaba pero no se acaba el mundo ni la realidad es finalmente roída para sacarnos al espacio, así que deberé conformarme con seguir dando pasos adelante, cojeando de la pierna izquierda, y soñando con sangrar el velo. Lo haré de la forma más elegante que sepa, no temas.

Empuñé la espada el día de mi boda, y la porción de pastel nupcial que corté para ti -un pedazo esencialmente etéreo, expirado, imaginado…- venía impregnado de las emanaciones futuristas recién descubiertas. Porque últimamente he aprendido de ti que en las hogueras de la idea de porvenir arde una cierta disidencia, desobediente para con el encogerse de hombros catastrofista y de regusto apocalíptico. Este nuevo poemario –El Comodín y la Ondulación, se llama- es un diálogo. Semejante mutación de bajo rango viene además con seña: en La Casa de Atrás se me ha tentado y tatuado. La letra con sangre, literal, dentro.

Mi musa, mi obsesión… Hemos enseñado bien los dientes este año.

Todas estas historias que reptan hacia el ocaso por ti están cada vez menos escondidas, y así, cariño, durante las doce campanadas de la medianoche de mañana te miraré a los ojos, esos ojos de evisceración y ansiedad pero alegres -esbozados con la alegría de acabar un primer borrador, con la alegría de una credulidad bien suspendida, con la alegre alquimia del modelaje ontológico-, y te pediré algo al precio habitual y, si te apetece -te apetecerá, susurras ahora…-, tirarás de los hilillos de muerte de tu percha de titiritera y me acercarás a mis amigos y estrangularás a las almas que bloquean e impiden ver los árboles, me pescarás otro pez dorado que boquea en busca del aire perdido del arte.

Mira cómo el cansancio se desdibuja…

Hay un cuento muy viejo en el que una de las formas que eres tú regala una silla de montar de plata y cuero, labrada con arabescos conformando un idioma no pensado para ser usado y símbolos mágicos y diagramas para circuitos impresos, a un leñador enclenque y triste aunque, en el fondo, valiente; muy, muy en el fondo. Cuando el leñador haga las paces consigo mismo, la silla servirá para montar gigantes. En la variante contemporánea que interpretamos tú y yo, la lógica narrativa no es tan simple, pero el relato acaba igual: un beso de sinapsis y una palabra -que puede o no ser FIN- dibujada con el dedo en la arena.

Ya he declarado varias veces, tanto aquí como por otros pagos, que Marco Antonio Raya es mi poeta español vivo favorito; viene siéndolo desde hace un tiempo, y cada trabajo suyo que tengo el privilegio de leer en exclusiva, casi antes que nadie, no hace sino confirmarlo en esa posición.

Yo, a diferencia de Marco, no soy poeta, ni lo pretendo. Lo mío es otra cosa, pero adoro la poesía y, en ocasiones, también caigo en la tentación de escribirla. Incluso he publicado un poemario, que la AEFCFT tuvo a bien galardonar con un premio Ignotus. Claro que, al no ser poeta, prefiero que mis pequeños engendros troten por ahí libres, descargables, gratis y bajo licencias Creative Commons y similares; que infecten pero nadie tenga que pagar por ellos, que el inficionado caiga por propia voluntad y casi sin querer.

Y es por estos dos detalles que acabo de apuntar por lo que esto sobre lo que escribo hoy me llena tantísimo de orgullo. Porque Máscara: Muerte: Rojo, mi siguiente poemario, ha sido parido a medias con Marco Antonio Raya, y verá la luz el próximo 15 de julio en la interesantísima editorial electrónica Albis Ebooks, en descarga gratuita y con licencia abierta.

 

 

Máscara: Muerte: Rojo es una reinterpretación subjetiva, un tanto punk, del popular relato de Edgar Allan Poe “La Máscara de la Muerte Roja”; una actualización de los miedos y ansiedades reflejados en aquél, tamizados por los fantasmas del principio de este nuevo siglo nuestro para reformularlos en miedos y ansiedades contemporáneos.

Máscara: Muerte: Rojo es un intento por tomarle el pulso al presente desde el pasado, desde el cuento y desde el inconsciente colectivo. Máscara: Muerte: Rojo es deconstructivismo, enfermedad, fotografía, instantes, metal, sueño, disfraces y, sobre todo, poesía.

Pronto, más de todos que nuestro. Como una medicina realmente buena.