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Archivo de la etiqueta: Poesía

Trastorno del sueño durante el cual la persona dormida se levanta, camina, habla y se comporta como si estuviese despierta; los actos realizados no se recuerdan al despertar

 

Mis actos no pueden ser recordados porque no son míos —sometido al chantaje emocional de la textura y el sonido, enmudecido, perdido aquí, entre las voces, siempre la voz de lo otro, de aquellos que supuran desde la pared, que me buscan.

No hay caso en mí, solo lugar: nada que hablar.

 

 

 

Tal como el terreno conjuga de forma especulativa con el terror, espero —llegará la marcha triste a los nuevos barrios y me encontrará aquí, desnudo, manteniendo la puerta abierta.

Desaparecido: nada que hablar.

 

 

 

La carne en el hueco de lo global

que ha quedado atravesada e invalida

por cuanto espera.

En el hueco de lo global

se deslinda la mirada de la víctima por aquella calidad que no puede encajarse en lo único, en solo amor, tierno quebranto de lo que hemos sido ya en demasiadas ocasiones. En la palidez ausente de otro día que acaba embozado por la luz artificial. Dice: querido adversario, híncate en todo lo que sea vulnerable.

La mirada de la víctima, los enormes canales heridos de algo que no es información, que no narra, la gente entre jirones de ropa salpicada de piel espera que no sea sangre lo que mancha las losas rojas y azules y amarillas y blancas y negras del escudo en el suelo, rendido; en el suelo están ellos también, como un puño que agarra el mango de un martillo prestado.

De tal modo, la mirada del otro,

la mirada

a través del hueco en lo global.

La mirada de la víctima, desde la lejanía, comprueba y prejuzga, se posa, se emborrona, no miente, duda, pero aún no protesta ni acusa. Contrario a la agresión, que se siente tan calculada, el rito. Al cabo del paseo está la fuerza imparable. La rutina (solo es jueves) bosteza en grises y por ahí se cuela el desamparo. A escala familiar, los diarios y las palomas y los helados y los achicharrados, estridulación de mentira piadosa y, ahora, nada en orden.

Demasiado brillo, roto, brillo reflejo en el asfalto húmedo solo superficialmente, bajo las ruedas, lo que brilla, es feo y está muerto, brillo reflejo en aluminio y acero y hormigón que no están destinados a hacer crecer, no expanden, brillo sobre rodillas y codos raspados y tobillos torcidos y el beso de la acera, el brillo de cualquier agosto filtrado por un horizonte así de sucio.

Brillo de primera hora de la tarde, latente, encendido y que hace insoportable el calor del motor bajo el capó que embiste, y brilla roto, donde los taconeos rítmicos de las floristas fueron sustituidos por el gasto ponderado (las escasas sombras en Las Ramblas, quietas y sin eco, ensordecidas por el brillo)

La víctima, lo opaco, es un hecho: nada que hablar

grande en el límite que separa”

pérdida de estampa, la excusa (eso parece), el relleno (eso parece)

su cabeza podrida y su relato maligno”

y sí, supuesta, desnuda por completo, en este preciso instante anterior a que se institucionalice el dolor general, supuesta, en fin

antigua de sangre”

En el hueco de lo global

se deslinda la mirada de la víctima por aquella calidad que no puede encajarse en lo único, en solo amor, tierno quebranto de lo que hemos sido ya en demasiadas ocasiones. En la palidez ausente de otro día que acaba embozado por la luz artificial. Dice: querido adversario, híncate en todo lo que sea vulnerable.

Saqueado el cuerpo e ignota su telegenia, queda la opinión sobresaliendo del pellejo. Queda un mirar laberíntico y cerrado. Ciego por el signo y en un paraje singular y paradójico que se estrecha hasta, al no haber más víctima, olvidar incluso que esta una vez posó su amplísimo campo en nosotros y no tiene por qué no volver a hacerlo.

(El pasado cinco de abril, para inaugurar la selección de Relatos del Mes de su Inner Circle, la editorial Orciny Press publicó Un altar, uno de mis últimos relatos, un texto al que tengo especial estima porque creo que sienta una primera piedra de lo que quiero construir con mi prosa a corto plazo, porque se siente como un paso largo en cualquiera que sea el camino que está tomado últimamente lo que hago.

Paralelamente a la escritura del relato, estuve también enredando con un poema en el que tratar exactamente los mismos temas y purgar concretamente las mismas inquietudes (llegando incluso a usar exactamente las mismas palabras en momentos puntuales) pero en un tono del todo distinto. Una suerte de remezcla intencional y argumental, una exploración del mismo terreno blando aunque desde otro medio, con otras herramientas. No tanto un complemento como un intento de experimentar lo mismo desde otro ángulo. Aquí queda:)

….

DEGRADADO MÚLTIPLE

Una etimología especulativa de la palabra terror (y, por asociación, terrorismo) la conecta con palabras como terreno y territorio

Hunter Dukes

Llegan imágenes de una muralla grave como agua pesada que enriquece la linde, una muralla que saja la secuencia óptima del paisaje. Se escota a la medida conveniente, aunque desproporcionada, ahora sangra a los que la tienen delante e imprime acequias y parte los arrabales de conventos y gremios extramuros. Orografía reposada en óxido para ser examinada y más tarde exterminada. Los engranajes húmedos de la desamortización mundial velan el retrato en su totalidad; individuos calificados de deformes y gibosos se parapetan al amanecer y al anochecer en ninguna parte otros momentos son rutina y servicio al escaparate de atracciones urbanasy se gritan unos a otros a otros a través de aspilleras invisibles. Las noticias de la jornada. El amontonamiento humano se descamina en la tortuosa madeja vial. De improviso es patente la presencia de humores lívidos derivados de la lepra de las casas, que no va a corregirse, su evidencia es intensiva, cojea en los cerebros, pringa y degrada.

La cadencia

de la migración

desaloja una masa concretísima

que repinta las ruinas pisoteadas, rasga esos panfletos caducados, desodoriza la basura

de algún modo, deja una impronta de dinamismo blando en el ritmo moroso

de los que ya estaban, de los que se quedan y atienden los mostradores de sus barracas

Mediodía. La feria condal es trasparente a sus clientes, deslucida como cobre ahumado. Alguien se desvanece el enésimo desvanecimiento hoy. ¿Hacia dónde? ¿Desde dónde?

La cadencia

quiso que —había— una vez la filosofía colectiva de los feriantes se expusiese incrustada de los fluorescentes y excesos cromáticos en la carrocería de las atracciones. Máscaras felicísimas, sonrisas cogidas con pinzas en los mofletes, uniformes bien remendados era obligatorio ponerse guapo; a tales efectos incluso se reconvirtió en gimnasio con las paredes de cristal una de las capillas absidiales de la catedral gótica que hasta la fecha sólo había resultado atractiva para las procesiones de visitantes del parque vestidos de negro perenne y rebozados en maquillaje funerario y que masticaban loto antes de la función de espiritismo callejero de las seis de la tarde. Aceite bronceador, fibra, aceite de colza desnaturalizado que fue a diluirse a la cala mediterránea, dieta demencial con base de cereales y verdura, micronutrientes, fruta de temporada —Alegría.

Poderes evidentes de cara a las galerías superficiales, fastos, alegría, alfombras de pétalo de geranio, brisa yodada que mesaba los cabellos de las muñecas de porcelana que en las tómbolas de la rambla principal se entregaban como premio de consolación a espontáneos deportista urbanos por su contribución a la dinamización de cada recodo, flato disimulado, con alegría, jarana en las terrazas y, abajo, barrenderos y buhoneros al rosa chicle y púrpura cardenalicio, recogiendo, alegres, recogiendo y recogiendo y guardando, por si venían mal dadas, que no, pero quizá, a saber, algún día —Alegría. Decreto.

Mientras, una maleta rellenada con los miembros cercenados y los intestinos aguijoneados de quemaduras de cigarrillo de una niña imposible de identificar era dejada sobre el río de cera que discurría desde las torres de cirios de la ermita de los gitanos hasta los desagües de la mismísima muralla.

La cadencia

aísla en sus moradas a los desvanecidos y a los que andan en proceso

de desplazamiento

del traslúcido objeto humano al adjetivo opaco

que lo mismo podría ser una sala para el sacrificio como una urna donde conservar nada

ante la nada inminente

 

En la migración la lengua se desterritorializa. El migrante pierde el suelo de la lengua, cae al subsuelo y el subsuelo no tiene límites

Josefina Ludmer

alguien se desvanece. Cruza de un motivo a otro hasta los confines de trueno del tráfico rodado y el tráfico de datos. Los detalles del desvanecimiento son engullidos por la inmediatez del suceso y cómo este queda explicitado en las marquesinas. Quedan el viento y los cielos cubiertos de ceniza, desorden de calzada, la hora punta y el ruido blanco que ha arrastrado al desvanecido lejos de los focos y atrás y a la izquierda de la silueta compacta de la feria desagua hacia una función sin límite aritmético, aquí con el resto de migrantes que se arrodillan y se recolocan las mordazas y se calzan las capuchas, pasto del frío de la niebla, ahora tienen un agujero que orbitar, que se encuentra sólo en su imaginación, y es sensato, ahora sí, y dan vueltas y vueltas y vueltas y vueltas en espiral centrífuga, conectados con hilos de hueso cariado a una estrella muerta como símbolo final de civilización, yacen irradiados de vacío, conceptos desmigajados, pólipos alienígenas con respecto a quiénes habían sido antes, con los pedúnculos estirados y enredados pero sujetos bien firme a sus tabernarios.

Al amparo del punto de control

el pueblo descamado

las fosas comunes flanqueando un altar

rejas de polvo que no se posa

pasto podrido en el refrigerador de seres reptantes que aguardan babeantes la pitanza que pudriesen con sus                                                                                                                                                                                                                                                            deposiciones

el mito quebrado, porque puede, quebrarse, esto es

sustancias y talles y complexiones falsas en busca de su repugnante reflejo

las espinas que crecen hacia el cosmos interior privado

la privación y la destrucción y el universo y su así en sus ritmos como en los nuestros

el coto de la liberación forzada

en la zanja y en la fosa la libertad alcanzada únicamente al conjugar distinto la misma dependencia

sin importar qué escribiésemos sobre nosotros ni qué opinasen ustedes de nuestra tristeza

El desvanecido se convence de que sus manos no son suyas, pues aunque éstas solían obedecerle también es cierto que en ocasiones asían y apretaban y exploraban y se crispaban sin que mediase orden consciente, y si sus manos no son suyas cabe suponer que sus brazos tampoco, ya que actuaban igual, doblándose para parar un golpe y rodeando el pecho al embate de una brisa inusualmente fresca, como sus pies y sus piernas, que a veces le llevaban en deriva caprichosa por rutas que él jamás hubiese embocado o se sacudían inquietas mientras él trataba de conciliar el sueño, como su estómago, que nunca reaccionaba igual a un mismo alimento, como sus pulmones, respirando por defecto, como sus ojos al parpadear de forma involuntaria, como su nombre, que había sido idea de sus abuelos, como su mente, caramba, cuando era incapaz de filtrar según qué pensamientos y le impedía ser el ciudadano feliz e inope y vivaracho en que aspiraba a convertirse aun atrapado en los raíles espectaculares de la feria… Ni un solo filamento de sí es suyo, por lo que el desvanecido no es ni va a ser, sino que simplemente ha estado siendo y, tan fácil como cae en la cuenta de ello, resuelve dejar de estarlo, deja de estar siendo y se desvanece en una imprecisión que ya sólo está siendo durante un instante inmediatamente pasado en la imaginación de quienquiera que tenga a bien leer este texto.

El espectáculo debe negar la historia, pues la historia demuestra que nada es ley, que todo es proceso y lucha. El espectáculo es el dominio de un eterno presente que pretende ser la última palabra de la historia.”

Anselm Jappe

Cada hombre y cada mujer es una estrella en el escenario. La feria explota sus habilidades.

Las valijas humanas, ordenadas por el espectáculo a lo largo de la calzada, se rasgan.

El polvo de estrella-de-hombre y estrella-de-mujer se esparce y se descompone rápido.

Lo único que detenta sentido es aquello que se detiene.

Alguno de los pellejos de estos seres, ahora abandonados, aún contiene vida.

Pero es ímpetu atravesado de sistema, alambres brillantes y rizomas de terror.

Así despacha el desvanecimiento a sus feriantes, por sí solo.

Por sí solo, el desvanecimiento relega el remanente de vida al espectáculo.

Una forma de juego pura y sin acción real por el que los actores, como guardias fumándose un pitillo sin dejar sus puestos ni descolgarse los fusiles, son público en el espacio a la vez que espacio a ser ocupado por un público teórico, violencia inherente al sistema de tensiones dadas en el espacio público cuando éste es supervisado, un juego de relaciones telegénicas que por relatividad sólo permite que lo perceptible al ojo humano sean estrellas muertas, conflicto ambiental, Tierra material y campos de operaciones.

 

El próximo 20 de abril, Ediciones El Transbordador publica dentro de su colección SOYUZ, en edición física limitadísima a 100 ejemplares y descarga digital, mi penúltimo artefacto, Luz simiente:

“El vacío reducible. Las raras épocas en tu historia cuando el paño era retirado, el paño rancio de tu soledad y tu angustia, lo que era desalojado al adquirir pleno conocimiento de que el relato de quien creías ser sólo ocurría fuera de la conjetura en sí, cuando soltabas las riendas y el engaño era cambiado por un dejarse llevar. Tras de ti, el hormigón y el bramido y la permanencia de tu personalidad, en silencio. Tu boca cosida”

Una mujer deprimida deja su ciudad para instalarse en un pueblo perdido de la España profunda. Allí llevará a cabo el trabajo que le ofreciese un misterioso hombre viudo: hacerse cargo de las dos hijas de éste y ejercer de prostituta sagrada al servicio de los hombres y mujeres de la localidad. Instalada en el laberinto subterráneo que conecta tanto las casas como las áreas más o menos sólidas del inconsciente colectivo de los vecinos, y sometida a constantes abusos físicos y emocionales, la mujer entrará en contacto con las aterradoras potencias esenciales que mueven y cohesionan el mundo más allá de la supuesta civilización de la que ha escapado, contemplará cómo el juego de las niñas y la gestión entre las sombras de las oscuras pulsiones de hombres y mujeres dan forma al mismísimo Espacio-Tiempo, y aprenderá que el centro de la existencia siempre ha sido, es y será ella misma.

Con apariencia de novela corta enmarcada en el género del terror experimental, Luz simiente es también un largo poema-conjuro dirigido a ciertas fuerzas telúricas, subterráneas, femeninas y prehistóricas como un reconocimiento a su pervivencia; es una invitación a la insurrección contra la dictadura de los caudillos dioses solares que han llevado este mundo contemporáneo nuestro al borde de la nada; es un barajar las cartas del mito del eterno retorno, un acto de vandalismo hacia las reglas de la concepción lineal del tiempo y un juego de suma cero en el que todos los pares de contrarios enfrentados (la poesía y la rabiosa actualidad, el pueblo y la ciudad, el hombre y la mujer, lo adulto y lo infantil, la superficie y el subsuelo, la piedra y el plástico…) hacen trampas y saben que el otro las está haciendo también; es una historia de ascensión a través del abuso y el maltrato, de descenso a los abismos del amor y el compromiso, y de envenenamiento por sueño.

De la obra, Celia García López (editora de la publicación feminista La Madeja e incidental micro-prologuista del asunto) dice que

Acaso la palabra puede nombrar el terror. El miedo es mucho más profundo que la palabra que intenta nombrarlo. En este tiempo donde lo feo y lo terrible es cosa cotidiana, el lenguaje consume el hecho hasta convertirlo en norma esquizofrénica. Lo que no se debe hacer es lo que, sin embargo, sucede: asesinatos, violaciones, cuerpos que no valen nada. En este mundo de disociaciones entre el conjunto de normas aprendidas para el bien de la reproducción social y lo que acontece a cada instante intenta caminar el relato con un paso difícil, cargado de imágenes abyectas, de enumeraciones que te envuelven en una atmósfera siniestra, de complicidades que perpetúan el contrato sexual de abusos y privilegios, donde la repetición se convierte en tormento y asfixia. Visiones que se suceden, que te señalan lo que no se puede ver, lo que no puedes dejar de mirar.

En cuanto a las referencias, influencias y demás, Luz simiente bebe esencialmente del convulso estado mental al que me he visto abocado en los últimos meses, de mis investigaciones sobre el trabajo de Mircea Eliade en paralelo a la relectura profunda de la obra de Chantal Maillard y Birgitta Trotzig, y de las propuestas estéticas de Jaya Suberg

 

…Y, cómo no, el proceso de canalización y redacción tuvo su propia banda sonora enfocada a proporcionar textura adicional al texto:

Pharmakon, Bestial Burden:

https://pharmakon.bandcamp.com/album/bestial-burden

Trepaneringsritualen, Perfection & Permanence:

https://trepaneringsritualen.bandcamp.com/album/perfection-permanence

Anemone Tube/Dissecting Table, This Dismal World:

 https://anemonetube.bandcamp.com/album/this-dismal-world

De·Ta·Us·To·As, The Inverted Halls:

https://detaustoas.bandcamp.com/track/t-h-e-i-n-v-e-r-t-e-d-h-a-l-l-s

Luz simiente se presentará el mismo día 20 mediante dos actos paralelos: uno en la librería malagueña En Portada, que contará con la presencia de los editores y del escritor Juan-Antonio Fernández Madrigal; y otro en Barcelona, a las 19h. en la librería Chronos, cita en la que me acompañarán la escritora Beatriz García Guirado y el editor y escritor Hugo Camacho y durante la cual, entre los tres, trataremos de cerrar el conjuro y lanzarlo a las corrientes a las que debe ser lanzado.

Aquel lugar al que fuiste entonces. Donde dejar tu luz simiente.

¿Con qué lenguaje se expresa tu memoria? ¿Cómo la empequeñecerías y que cupiese en algo manejable?”

Desde el santuario —À la surface et dans les entrailles de la terre

Desde la posición rugosa, aún con margen, con mi margen, tu margen igual al almohadillado en las articulaciones de la situación, nótame, estamos. En una equidistancia para la que no hay pugna posible. En la ropa ajena guardada en cajones propios. Desde la abstracción, a la geometría —roer tu estela a escondidas, cruzar tu margen con mi margen, visitar el interior de la esfera y, rectificando, hallar la fiebre oculta que supuestamente nos motoriza.

Cómo se conserva la civilidad. Qué es capaz de mantenerla más o menos intacta, una inclusión en miel seca de panales olvidados, reino hueco del final de la acequia condal, antaño la surgidora y, un poco más allá, Clotum Melis cuando fue hospedería de peregrinos, hitos topográficos entre los que pasar, tú y yo, pronombres tan débiles como la adhesión a la verdad del acto documental al que ya no estamos sujetos, no, no habitas la plaza en la que naciste ni habito la plaza en la que nací sino uno la del otro, apropiadas de forma debida, deuda de pares parciales, tus escudos nobiliarios esgrafiados junto a mis estrellas de ocho puntas indican la vía, en respuesta, tras el mostrador de la bodega de Can Siset, destaca enmarcada la tesis del primogénito de la dueña —Element-selective of charge localization processes in manganite thin films

En ocasiones, se diría que el umbral a la villa esotérica de la psique rimada con su técnica porosa de trascendencia puede posicionarse en cualquier longitud capaz de boquear, y así exhalar, una identificación local. En mi barrio, el Clot, hondonada, sometido a vigilancia y con mis datos entregados de buen grado, esta hechura creada por ti y por mí ante la escisión —bêtise / bétail / everywarewolf

Una vía-signo, centrífuga, hacia la diferencia drástica

Una vía-signo, encajonada, al seguir en la embocadura

por tanto como dure la inercia consciente que nos desajusta. La Agartha tras tus costillas y aquellos a los que se llevó el sumidero devienen, pues, una verdad simple, la verdad que pellizco hasta quedar prendido de mi nada en absoluto, nuestra verdad sin fractura, por escogida, camino que coagula bajo las suelas y atrapa por los tobillos como un desenlace.

 

 

La corrupción, el núcleo resistente, la recreación, una vez que nada puede ser reparado sino acudiendo a su mismo origen y volviendo a formularlo como si de un mito se tratase, pero en ese caldo cámbrico no sólo ésta todo roto sino que se descompone y se duplica y está alineado, engendrado por la caída, en esbozos de consciencia y esquemas. La accesibilidad monótona del origen corrupto de todo, el caldo de la fórmula burbujea, ¿por qué quieres conocerme, si sabes que me posee una falla? El núcleo negro y durísimo, aguanta, la descomposición plausible de lo procesable hace que el origen sea más hondo que aquello que lo rodea, el descenso, la caída, en el pozo del que no voy a salir si no es resbalando por sus paredes, si lo más elevando resuena y reproduce lo más innoble y viceversa, debo convencerme de que abajo es arriba, el orden y significado de quién soy está condicionado por sus externalidades, los correlatos del fenómeno de mí, percibo mis percepciones y afuera apenas gatea un vacío inexistente —public void windowClosing(WindowEvent e) {

Porque la fenomenología de nosotros es como es, y será el ejercicio de futilidad de mí que apunte a nuestro fin —una vez que nada puede ser reparado sino acudiendo a su mismo origen y volviendo a formularlo como si de un mito se tratase

 

(Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 2069, y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin.

Ray Bradbury)

 

Injertada en tu espalda, la alimaña de esmeralda clava las patas a lado y lado de las vértebras.

Desde tus despachos de lujuria, desde tu despacho de afectos que son sed y estaño y agua turbia, elasticidad e hipertensión y retorno, clave y llave y copa repleta de menstruo, deseo de sólo placer y ampliación de lo percibido a simple vista —Semen retentum venenum est, y del otro lado se dejan oír lamentaciones. Los aullidos traspasan y agujerean, convulsos, llegan y sacuden. Progresan como médula, garrapatean la necesidad impostada, el secreto los amamanta y mece, en el coro, tres astillas atraviesan la garganta del crucificado

—Móvil,

la alimaña agoniza por su simbología adjudicada

(A finales del siglo XIX, el proyecto y cuidado de la identidad personal como hecho subjetivo intransferible, como algo único a cada individuo aunque producto de casi infinitos impulsos conflictivos e influencias externas, se volvió una prioridad que desembocaría en la implantación del psicoanálisis como intérprete de las tensiones de esta nueva subjetividad y, por otro lado, la instauración de la idea de privacidad como espacio de seguridad introspectivo en el que el ciudadano-consumidor pudiese ordenar y resolver las propias contradicciones antes de decidir si exponer o no sus opiniones y costumbres en público, decidir cómo narrar de puertas afuera su relato personal)

 

La esperanza en nuestra conjunción es un sueño feo y aborrecible —νέκυια

En las condiciones presentes, de consignación, el funeral anómalo de ti, mi funeral, el entierro que prefigura la conservación de lo que podría haber sido exprimido de nosotros, cómo nuestras iniciales se hubiesen deslizado por un bordado en esponsales aparte de la racionalización que nos compele, la consignación del imperio de mí, mermado, el imperio de ti, dispuesto al viaje, me esperas, aunque demasiado poco y es tarde cuando crece un amanecer furioso y expuesto, hoy, después de las traiciones de anoche, y tu barrio y mi barrio siguen inalterados en una parte más honda que aquello que los rodea.

Pero el accidente nos reverdece —de la ronda de circunvalación que nos llevaba de uno a otro despunta un transportador que deja la calzada, sale y abre una senda cuyo término incluso podría resultar la anástasis —Wenn die Religion das Opium des Volkes, die Liebe ist das Opium des Sklaven, überbelichtet

 

A un no del cataclismo. Naipes sin sus colores originales, naipes actualizados, naipes que trabajan mejor por la sensibilidad moderna repartidos en el cenit divisorio de la probabilidad y de lo que está pasando. El cataclismo/la prospección, la función simbólica del orden. Ahora mismo cuando lo que se presupone es preeminente. Porque de las alternativas a lo que rápido se revela como tópico no queda rastro. Fueron arrebatadas y hechas desaparecer, esa es la marca (inevitabilidad del sufrimiento propio y ajeno, traición vicaria, fundamento de telenovela) —verdugo de la intuición, dándole al garrote de la imaginación castrada. En la tirada de tarot que achica los giros traslúcidos de la trama, rayas mate de alar nocturno. A su luz, lo inmoral, aprensiones que el hecho consensual mantiene prístinas. Aunque una deriva siniestra exija su derecho a ser tenida en cuenta. Régimen escarcha que atraviesa, doctrina cimentada en leucemia (la médula produce glóbulos blancos anormales que se dividen para hacer copias de sí), diseño de señal, va a la caza hasta la extenuación de los esquinados que aun así no se pliegan, el bendito diseño ladrón conduce las naves hasta los escollos infinitos una y otra y otra y aún otra vez, el algoritmo —réplicas fallidas de un transportador cognitivo injertan memes no sintientes en las ranuras de la ética.

Por donde pisan no vuelve a crecer el goce, quedan sus huellas como priones latentes

el goce

río de hierro líquido aún por descubrir en el polo

sublimados desde el no-cuerpo programático que los constreñía,

los sentidos del avatar montan por toda la eternidad en escaleras mecánicas

en entornos artificiales, más y al mismo tiempo menos errantes,

gestionados por drogas que controlan la subida y la bajada, catalizados,

consumiendo y siendo consumidos por una inexorable y rica economía

de lo sensorial, tasados por el píxel

 

 

Los pantanos de poniente, desecados en el siglo XIX y que dieron paso a las huertas y las bacinas de emigrantes fabriles, el Gorg, eje de pivote hoy tomado por los coches que se enfrían en el aparcamiento del pabellón de deportes (límite de pinar guiado, pasajes de ventilación de la avenida d’Alfons XIII y la del Marqués de Mont-Roig); el metalizado de las nubes conjunta la escena, ruta de El Loco hacia La Estrella hacia La Templanza hacia El Juicio, La Torre centra el foco en el rayo que la hiende y Los Amantes optan por saltar hacia La Rueda hundida en el fango, huir del desastre yendo al deceso, aquí donde antes no se podía edificar por la amenaza de piratería —tantos frentes marítimos catalanes han sido antes denominados Ribes Roges, riveras de arena y piedra carmesí por la dedicación con la que los piratas limpiaban sus espadas en la orilla, cada incursión en el pillaje un siguiente puñado de tinte, un cuenco de linfa cobriza, sal y espuma y regreso al lodo, polvo de aluminio ahora. ¿Cómo interpretar el macrocosmos de la Topografía y la Historia del contexto en el que las cartas son barajadas de nuevo, en relación con las mismas cartas, si no a través de la fibra que conecta con la cuestión deontológica? Lluvia, agujas en las rejillas, un charco espeja tres chimeneas humeantes, el olor del yodo hace más empalagosa la humedad, la playa en invierno desde décadas atrás hace las veces de símil de la introspección que no comprende hacia dónde dirigir el espéculo —¿qué entradas cabe dilatar ya? ¿Por qué cavidad va a ser bienvenido lo que se intuye pero sigue deforme en la comisura de lo concebible?

Área limítrofe del destello rosa, comer de la simiente, negar la mayor hasta su consecuencia

en las llagas de la decisión tomada por otro

la simiente

el cultivo blando y el lugar rígido desde el que echar de menos

lo que ya no crece porque ha sido transformado en una precipitación

residual de la atemporalidad imperante y el grito atrapado en la burbuja de afinidad,

las muchas máscaras superpuestas que conforman el marco

la turbulencia de la estática, en su reflejo vale mirarse, quizá, y de ese ruido

inferir como fabulosas criaturas de leyenda urbana

aunque heridas por la pose

la hondonada

estratos, arcos de histeria en los que se comban viejos poderes

aquellos que se gangrenan bajo las tablas, en silencio, lo que no cabe

la hondonada, otra

—Antoni Montserrat, rector de Santa María, 1789:

los matriculados, por ser tantos en número, disminuyen el de los jornaleros que se necesitan para el cultivo de estas tierras, los que suplen forasteros que vienen…

y no lográndose remediar aquí la falta, se va despoblando la montaña en detrimento del estado—

 

 

Crecer desde las aristas al núcleo, porciones amontonadas, ínfimas elevaciones provocadas por lo que se escinde del bloque principal, monolítico. En los uniformes desteñidos por la claridad de la duda, madejas de nada particular, tachadas de egoísmo. La tirada en Cruz Celta —el naipe central es la parte oculta del consultante, cubierto por el naipe del reto inmediato; cuatro arcanos alrededor, en sentido horario: el de los objetivos, el del pasado/consecuencia (por sobreflotación de las urdimbres del lapso y la fase y el momento), el de las alianzas y el de la inevitable prospección (el cataclismo, a un no condicional); cuatro arcanos en columna, a la derecha del cartomante, de abajo a arriba: uno para las esperanzas y recursos, otro para los obstáculos, uno para las reticencias y otro a modo de consejo y conclusión. Se nubla el pensar fuera de y todo es marco, aun cuando al fondo centellean dos brasas siamesas como el empellón directo al sexo de la hormona gastada por el uso y la desidia. Lo subterráneo también debería comportarse en detrimento del estado.

Cómo la antisistematización se va estructurando semejante a la formación

de un esqueleto: osteoblastos que depositan regulaciones a la multiplicidad sensorial

radix et principium sensuum externorum—

osteoclastos que reabsorben hasta el asco

cañas, cieno y acetaminofenos

el esqueleto

interioridad errada en sus significaciones

según la voz del asistente, recibida por vibración craneal, no cuenta el castigo sino el entendimiento

Psique abre su caja dorada, y dentro sólo hay inmundicia

aun así, Psique está, presente, y su caja sigue siendo de oro

 

Morgue

“Una forma de pensar en ello tal vez llegue con la invención de un concepto de duelo transversal – considerar cómo se produce la métrica del lamento”

Judith Butler

 

Silencio — “El ensamblaje inorgánico”

Un flujo informático, especular y superplano, dúctil al segundo y centelleante por cómo una opinión distinta, no oída el segundo anterior, estalla, y ahí va otra, estalla, y otra más, como al tratar de decodificar las grabaciones de la videovigilancia que le hemos impuesto al sueño… Las flagrantes ausencias de la lógica y el lenguaje se enquistan en los oídos, no hay plantilla ni aparato, no hay posibilidad de extractar

Sobre qué desgaja al sujeto. Sobre cómo se torna objeto al usar todos sus rasgos como notas para la percepción de otro objeto sensual, resueltas las tensiones entre Ello, el Otro y sus partes, extrudidos ambos desde ellos mismos y encontrándose en una estación metafórica, en un medio vicario, donde están representados, donde el tiempo se presenta desarticulado por la necesaria reconstitución de la irrealidad del pasado, la factidad del presente y los remanentes del futuro rebotando hacia atrás para articular el shock… ¿Qué significa que la conciencia humana no sea la única, aunque quizá sí la más compleja, forma de intencionalidad? ¿Quién pone en relación la región del objeto tal como se manifiesta con la región redundante de mi relación con su manifestación?

Aislante. Cerámico — “La ciencia ficción verdaderamente riesgosa es aquella que no sólo especula con las posibilidades del futuro, sino también sobre trayectorias inadvertidas que se fundan en pasados no tenidos en cuenta, tricotando pasado/presente/futuro en un tejido de textura imprevista”

En ocasiones parece que el edificio somático de lo que somos, en su intento absurdo por replicar a los edificios por nosotros creados… Las criaturas de sistema, medida y diseño que nos sirven para extender nuestros procesos mentales hacia fuera y no mantenerlos miserablemente encerrados en el cráneo… se agriete de rabia contra el símbolo, corra la tierra y reblandezca sus cimientos para generar un sentido experimental del contemporáneo, hueco, fundado sólo en especulaciones sobre el porvenir; sólo un signo sin enlace, que estalla, también, sólo una imagen onírica sin continuidad

 

TEch

“El punto de vista humano parece ser el límite del pensamiento en los dos primeros sentidos de ‘negro’ (Negro=Satanismo y Negro=Paganismo). Pero existe otro significado, uno que es difícil de pensar, y casi imposible de conocer. En realidad, no existe, pero el pensamiento de su no-existir sí que existe”

Eugene Thacker

 

Restalla, de la boca del fusil al oído interno, el cuerpo biológico, se hace pedazos por apliques cibernéticos introducidos a la fuerza, y a la velocidad, el cuerpo social, se inmoviliza por el miedo, porque el enemigo no puede ser tan estúpido como para no haberse dado cuenta de que esta cultura agoniza por sí sola, que no es necesario ametrallarla, ¿verdad? El cuerpo del no-vivo, organizado de forma urbanística, inmutable y a la vez disperso, vuelto accesible, primero por la bala y luego por la cámara, cicatrices, interpretaciones, sesgos, la atemporalidad paradójicamente móvil de la red social como instrumento expresivo, tan poco que decir y tantos púlpitos desde los que no hacerlo, apenas se mueven las luces, restallan

La teoría de la conspiración exuda política negra. La opinión pública, nada

 

Kamera

“¿Y si el sueño del ser humano siempre ha sido destruirlo todo? ¿Y si todo es más hermoso cuando arde? ¿Y si las ruinas son más confortables que los edificios? ¿Y si las torres caen? ¿Y si los museos arden? ¿Y si, en realidad, todos anhelamos el Gran Incendio?”

Layla Martínez

 

En tiempo real — “Hiper-caos”

Toda relación causal implica la constitución de un objeto, tiene estructura de metáfora. La forma que adopta, en la era del consentimiento, la captura del pez sombra, resistencias y heridas interactúan en una glándula pineal virtual, ahí, en pantalla tras pantalla tras pantalla. Dos por ciento de ADN humano en los productos cárnicos procesados para consumo masivo; grasa humana en el aceite que lubrica los motores del ascensor en el rascacielos; piel humana, cuarteada, sin terminaciones nerviosas que amplifiquen ninguna experiencia, entre los engranajes… Toda la atención alquilada al autómata, todas las esfinges que son el mañana impreciso

Acerca de qué intensidad es propia de la tensión entre el objeto, sus partes y sus relaciones. Acerca de cuántas notas esenciales del objeto sensual serán una función del excedente de las notas de las partes del objeto real

Supervivencia antropocéntrica. Contra evolución — “… Incluso detonamos la primera bomba atómica el día que conmemora la transfiguración de Cristo, señalando así, aunque fuese de forma inconsciente, que también nosotros pretendíamos transformar el mundo, sólo que no a través de la luz sino de la oscuridad… Con una deflagración que ardió a más temperatura que el mismísimo sol”

Érase una vez que hubo noticia de agujeros rutilantes apareciendo acá y allá. Al pie de escalinatas, en la torre del reloj, tras la tapia de ciertos descampados, en los callejones traseros de los gimnasios… No exactamente agujeros negros, sino glitches en Lo Real. Espacios de vacío… A pesar de que dentro, al fondo, brillaban estrellas… autogenerados cuando los materiales mutaron para convertirse en Lo Material. Agujeros que siempre estuvieron ahí, aunque sólo ahora, con nuestra conciencia de los nuevos materiales y, al tiempo, con la conciencia de que Lo Material es a su vez conciente de nosotros, se nos presentan. Son el mecanismo de defensa de los materiales contra “la otra especie superior”, capaces de absorber cualquier objeto… Ciertos individuos, muchísimos, de hecho, no pueden verlos, o los interpretan como otra cosa; no agujeros, estrellas demasiado lejanas sobre fondo negro no relevante, huellas fantasmáticas de lo que estuvo y ya no está y debería estar… Asimismo, los agujeros son poros en nuestra (in)capacidad intelectual para procesar la inmensidad de un cosmos irracional, inmanente y ajeno. Agujeros de gusano al horror cósmico. Agujeros en el discurso único. Agujeros en el flujo informático y la espuma de acumulación de detalles contradictorios que lo cubre, demasiados, tantos que no dejan que subamos a la superficie, siquiera eso, subir a la superficie, hacer un agujero por nosotros mismos, respirar, hacer agujeros de silencio en el hielo de los datos y pescar… Y así el pez sombra quedará libre y los salvajes construirán una catedral allí donde los testigos afirman que fue visto por última vez