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Archivo de la etiqueta: POP!

Bien…

Algo casi gonzo: 5 minutos y 44 segundos de vuestra vida que perder, malgastar o lo que sea, seguidos de una batería de lecturas al material audiovisual que, idealmente, deberían ocupar el mismo tiempo reflexivo y desalojar el mismo espacio intelectual:

Lectura 1: cualquier persona de bien se alinearía con esta buena señora; estoy con ella, qué coño, y casi le he cogido cariño. Aunque para ello debo pasar por alto las varias cosas que “ensucian” el video: formalmente: al contrario de lo que dicta el título del archivo, Wafa Sultan no es presentadora de Al-Yazeera, sino que ejerce aquí de invitada a un debate en un programa de la cadena; de fondo: ¿occidente es la piedra de toque del raciocinio en oposición a un islam anclado en el medievo? Sí, pero no, pero sí, pero no, ¿los judíos han ganado su respetabilidad a base de trabajo y tesón, sin muertes ni gritos ni lloriqueos? Sólo si uno está tan ciego como para no ver lo que lleva pasando en Israel desde el 47 del siglo pasado y no ha tratado nunca con israelíes, esa gente capaz de restregarte por la cara lo de los campos de concentración nazis aunque sólo sea para regatear el precio de un coche de alquiler (historia real, vivida en mis propias carnes), ¿la mayor tara del islam es la condición que otorga a las mujeres, las cuales en la panacea del siglo XXI son tratadas como sultanas? Ejem… Pero ese no es el tema. En otros videos de YouTube mostrando el mismo segmento de debate, subtitulan el “Presentadora de Al-Yazeera” con un rotundo y propagandístico “Con Dos Cojones”; y sí, hay que tener un par de huevos para decir gran parte de lo que dice la señora Sultan, siendo quien es y en el contexto en el que se encuentra. La adhesión a sus postulados, en este occidente en el que me encuentro, en esta “civilización” mía, es automática. Con dos cojones, Wafa, dales caña.

Lectura 2: inmediatamente posterior: prestad atención al hombre que clama “¿pero eres una hereje? ¿eres una hereje?”: ese lenguaje corporal, sospecho que más estudiado de lo que parece: paternalistas brazos abiertos, el gesto del que deja caer sobre la mesa, entre él y los demás, el monolito de sus prejuicios: no necesita más argumentos porque se tiene a sí mismo y al arquetipo que es, apuntalado su discurso por los que vienen detrás y lo repiten hasta volverlo cierto. Últimamente estamos viendo esto desde muy cerca: ecos de Intereconomía y Cuatro, de la Cope y El Pais, de Tele 5 y TV3, de… “¿Eres una hereje? Pues no puedes opinar sobre la fe, a pesar de tener un punto de vista privilegiado al no estar condicionada por ella”, “¿Eres antisistema? Tengo prohibido escucharte”, “¿Eres hetero? Nunca lo entenderás (*guiño, guiño, codazo, codazo*)”, “Eres un perroflauta, eres un meapilas, eres rojo, eres facha, eres un guarro, eres un nazi”, eres, eres, eres, eres…

Lectura 3: Karaoke: etimológicamente kara + oke = “vacío” + “orquesta”: una orquesta vacía, cantar sin necesidad de orquesta que interprete de fondo: música diluída hasta la mínima expresión, desposeida de significado, mediocrizada y la letra en subtítulos sobreimpresos a una retahíla de imágenes graciosas. Karaoke: la Bomba-H cultural que llegó para zanjar cierta guerra mundial entre los bandos de lo sublime y lo casposo, lo íntimo y lo adocenado, lo-que-me-hace-mejor-persona y lo-caca-culo-pedo-pis-jajá, para dirimir la disputa con una demostración de fuerza que dejó bien tatuado en el imaginario que todo, todo, todo es susceptible de ser convertido en mierda para que tú y tus cuatro amigos restrasados mentales, borrachos de vodka con lima, os echéis unas risas, de rodillas ante la deidad del cortoplacismo y “tío, ¿por qué todo tiene que querer decir algo? ¿No puede uno divertirse y ya está?”… poco más que un arma con la que asesinar la poca inteligencia que nos queda. Y el campo está sembrado de cadáveres: las y los asiduos a las despedidas de soltero; esos señores que se rascan los huevos a través de los bolsillos del pantalón, cubata en mano, cuando se juntan con su “pandi” de compañeros de trabajo, compañeros de piscina y quizá algún remamente de cuando hicieron la mili, “para liarla” un sábado de cada dos; esos Nuevos Catetos (“y a mucha honra, listillo”), o Post-Post-Post Catetos, que escuchan la misma música que sus abuelos, la misma que sus padres en el menos flagrante de los casos, y a veces incluso se visten como ellos y repiten sus discursos, y aniquilan horas viendo películas de Paco Martínez Soria y Marisol, eso sí, todo desde una postura de distanciamiento intelectualoide y de amor a lo kistch como en reivindicación de algo que nunca acaba de estar en ninguna parte, y si lo está es sólo en el inmenso vacío que crea la vergüenza ajena de su propia presencia al mezclarse con su chistes calcados de Muchachada Nui. Sabéis de quién estoy hablando, y seguro que tenéis otra media docena de fenotipos propios que añadir a la lista.

Lectura 4: nos hemos ido casi completamente del tema: inmersión en la corriente de pensamiento, pero precisamente para eso están los blogs: el Karaoke como un concepto que se adhiere como un prión a una Monocultura Occidental herida de muerte y se hace fuerte y crece y se impone, porque es así de ágil y lo mismo sirve para un roto que para un descosido, lo mismo vale para que los cuatro tontos de siempre tengan algo con lo que distraerse, que sirve a intereses casi conspiranoicos. Lee y repite conmigo, mientras mis amigos silvan la tonadilla que te marque el tiempo: eres un perroflauta, eres un meapilas, eres rojo, eres facha, eres un guarro, eres un nazi; eres una hereje, ponte la peluca, diviérte y ya está, la Monocultura está para quedarse aunque, para cuatro días que le quedan, dale caña al vodka con lima de tu superioridad moral, que es lo que hay, cierra España, en occidente todo está bien, librepensar es casi un insulto aceptado porque es una Casilla Cárcel en la que caes por cuestionar a todos los bandos a la vez, piensa que la gente del libro al menos tiene uno, lo cual ya es más de lo que pueden decir la mayoría de los tertulianos de la sobremesa catódita y, espera, espera, espera, toma aire, toma la automática, tienes prohibido no divertirte y esto es un rotundo NO, los medios de la derecha rancia, el brazo armado y yonki de cash-flow de las hordas del conservadurismo, son los que han entendido perfectamente el uso táctico de la comunicación viral y la exageración, en Mundo Karaoke no cuenta el mensaje, que debería calar por sí mismo según la lógica subliminal, sino el volumen y la cantidad de colores con que puedes saturar las imágenes sobre las que brilla el subtítulo pero, ey, vamos, espera, espera, espera, cinco palabras: esto no va de nada. No le des más vueltas. Lee, y repite conmigo: Esto No Va De Nada.

Poco ejercer de blogger estos días. Inmerso por completo en el Laboratorio Sináptico y paleando montones de documentación y revisitando Espacios Interiores de la última adolescencia, de los que traerme como souvenir texturas, vibraciones y alguna que otra alucinación con las que estoy tejiendo una nueva novela (“La-Ter-Cera / La-Ter-Cera…” Invocan los trolls samoanos a los que mantengo como esclavos sexuales, encadenados bajo la cama, alimentados con sobras y frases enteras eliminadas del procesador de texto). Al mismo tiempo, chapoteo en la semiótica de los videojuegos y la inmanencia de ese Escatón fabulosamente pOp que nos espera, guionizando con la vista puesta en crucetas y “pads” la segunda fase de mi experimentos Estrategias Contra la Arquitectura. Por las mañanas, frente al espejo, me digo: “habito una superestructura pentadimensional en la que el tiempo se arquitectura en formas no euclidianas o, cuanto menos, pasa de distinto modo a como pasa el tuyo, gilipollas”. Es mi mantra favorito para este verano. Mucho mejor que el mantra del verano pasado, dónde va a parar… Y detrás, como una estela, más que como una cruz, una estela de peso y consistencia variable a capricho del clima y de qué luz tenga el cielo hoy, cargo con un cómic de zombies recién horneado y buscando editorial, cargo con la espera y la visión periférica de los, como mínimo, dos libros de mi autoría que voy a tener en las tiendas antes de finales de año. No está mal, ¿eh?

Pero el caso es que toda esta locura, todo este nadar en elipsis y, como dice un buen colega, “caminar por la fractal”, al final del día y sincerándome muy mucho conmigo mismo, lo hago para que en un futuro alguien como Rachel Bloom se curre con mi nombre una canción y un vídeo tan enormes como éste (via Moises Cabello):

Los bohemios de hoy aspiramos a curiosas formas de trascendencia, oiga. No me juzgen.

En el nombre de lo que es importante, algunos matan ontológicamente. Estamentos blandos se deforman cuando se impone el mensaje-sobre -guitarra. En el nombre de lo que es importante, a veces vemos las herramientas (porque tenerlas, las tenemos), las manipulamos y, con una sonrisa, le soltamos una patada en los huevos al stablishment. Las dictaduras, aunque sean simplemente estéticas, son fáciles de debilitar con voluntad y anarquía.

Otros mucho más listos que yo ya lo definieron antes. Yo me limito a copiar, pegar y remodelar, porque de eso va la música POP. La buena música POP.

La buena música POP habla de todo, de intraespacios y exoesqueletos, y de nada, de lo que respira azufre y carmín en los huecos en blanco entre nota y nota. Habla del presente y del futuro y de otras dimensiones que me impiden tocarte. Habla de prender fuego a los pupitres y de un beso perfecto; de dar vueltas de campana, empapado en gasolina y dolor -esa palabra tan grande que no es más que un miedo atávico al principio de incertidumbre de De Broglie-, dando vueltas y vueltas y vueltas de campana en la persecución de otro bis, enredado entre inexpugnables hierros retorcidos o en sábanas de satén burdeos. Habla de saber que un sol nuclear saldrá por la mañana, grande e intenso y extraño, y de ese mismo sol reflejándose en las mechas que una vez al mes te das en la peluquería de tu barrio -exacto, la misma peluquería a la que tu madre te llevaba de niña y que es un sitio que huele a ti porque desde hace más o menos doce años tú hueles a él. Y, por cierto, hace más o menos doce años, en una nochevieja especialmente alcoholizada -la dinámica de gateo, antes de echar a andar por el caminito sembrado de cristales rotos que nos llevará a la cirrosis fulminante a la gran mayoría de los que hicimos nuestra aquella Vilanova de los noventa-, yo estaba intentando convencer entre balbuceos al mismísimo cantante de Suîte Momo de que su novia era una puta, mientras él me daba palmaditas en la espalda y me mandaba a la cama con una sonrisa, la misma sonrisa que ayer mismo ensombrecía el brillo de la progresión de acorde de La, Sol menor, Mi menor, La, en su guitarra para zurdos. Pero eso es el pasado. Un pasado sucio y molesto sólo cuando escuece la irremediable llegada a los treinta. Ya lo dije una vez: nos gustan las guitarras porque son cosas brillantes que meten mucho ruido; los acordes y la melodía nos remiten a un estado preverbal, tiran de la madeja de la memoria hasta mucho antes de la infancia. Eso es todo lo que debería contar del pasado. Ruido y Brillo. Aquí, ahora, estamos enredando con la buena música POP. La buena música POP habla de hacer la vida real aún más real; ultravívida y trascendente. Sí, eso es lo único que debería contar en la música POP.

Esto no es un ensayo, ni una crítica, ni un testimonio. Más bien un pasadizo entre la buena, buenísima música POP de Suîte Momo y el cajón en el hemisferio izquierdo de mi cerebro en el que ésta retoza con fantasmas y conciencias y archivos contaminados e intuiciones.

Suîte Momo, para mí, están ahora en el subsuelo. En ese subsuelo a lo Dostoievsy en el que sólo importa el uno, lo individual, el placer intransferible que reverbera hacia TODO lo demás como reverberan los parches de la batería enmudecida al final de la última canción al recibir la última oleada de feedback. Ese subsuelo a lo Eisturzenden Neubauten -y seguimos enredando con POP de primer nivel-, poblado de aparentes huerfanos del sistema -el sistema Orwelliano que nos da cucharadas de mierda para convertirnos en un cordero más, y trata de hacer pasar por música POP aberraciones Triunfales diseñadas como Operaciones castrenses y cantautores forrados de billetes del Monopoly-, esos huérfanos que bailan en sótanos la danza eterna de lo básico: bajo, batería, guitarra, voz y un espíritu sensible que recombine los elementos; la base alquímica de la música POP. Olvídate de Radiohead, de Manta Ray, de Los Planetas, de Smashing Pumpkins, de Screaming Trees, de John Watts… las influencias se precipitan por miles al subsuelo, están ahí, pero las corrientes eléctricas subterráneas las transforman en otra cosa. ¿Puedo decir otra vez que esa “otra cosa” es igual a pura música POP -POP:copiar, pegar y remodelar:ultravívido, ¿recuerdas?

Suîte Momo ascenderán, más tarde o más temprano. Eso no creo que nadie que les haya escuchado con un mínimo de atención se atreva a dudarlo. Pero sólo será un ascenso “de facto”, una constatación. Aquí, en el subsuelo, donde uno siempre acaba por decidir que se está mucho mejor que en el ático, ya se les ha encumbrado a una suerte de Valhalla interpersonal, onanista -si se prefiere llamarlo así-, un Olimpo bonsai que se vuelve dolorosamente importante -dolor:miedo:incertidumbre, ¿recuerdas?- en tardes de domingo de auriculares a plena potencia y arcoiris que sólo abarcan el espectro infinito de los grises; como factótums para la escalada, Danny -siempre Danny- y Dani y Alexis y Toni e Isaac, títeres sin cuerdas sacados de la cajita de cartón en la que cabe un universo entero.

Desde aquí, humildemente, gracias por el POP derramado. Y el aún por derramar.