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Archivo de la etiqueta: Porno

 

000 — MILF

Vital para el protocolo de pulsión de muerte en las marquesinas agorafóbicas… alma/gramática explícita del espectáculo… la MILF (sin editar, formato de video comprimido, baja resolución, iluminación característica de un mediodía de agosto) juguetea con esa especie de citoplasma yonqui entre sus piernas que son las suaves indiscreciones… ciudad-catedral de huesos torcidos cuyo firmamento se comba por lo blando del material compositivo, aquí dentro caben todas las apreciaciones subjetivas (son las víctimas colaterales de la democracia; cada juntura un voto)… las criaturas del sistema/cráter cazan este fin de semana, más víctimas, inflemos el imaginario con nuevas representaciones de la España oscurantista, seamos más papistas que jugar a la galleta con la hostia consagrada, la infección se archiva a base de hipervínculos en los circuitos emocionales temporales, un buffer de milagros de tercera categoría, mañana olvidaremos el fetiche y a por otro, más víctimas… Biocapturador, toma otra Cola Light.

 

001 — DESAYUNO CON PERLAS

Las mucosas toman aire y el esfínter se dilata para dejar pasar las PERLAS una a una a una a una y todas engarzadas… un collar, uno grande y libre, que sale del tracto digestivo y va a decorar este desayuno sexual de mañana del lunes… sintaxis/materia corregida para estómagos pacatos… hay una recreación que sólo puede verse con las persianas bajadas: descubrimiento de nuevas actrices porno pilladas en la calle; se produce el trueque, hay una sonrisa; puede dolerte un instante preclaro, poco más, sangre helada de vampiro somático; cayendo en las mayores barbaridades, en el entorno reconocible de la idiosincrasia cañí, configuramos entre todos los estetas una forma de masturbarse que hable nuestro idioma… humanidad ácida nos desangela durante el período refractario, pero está el humor y las tejedoras de chistes: tres hermanas muertas en aquel atentado al centro comercial; tres primitas secuestradas por su tío, violadas y descuartizadas y cremadas en la barbacoa de la finca de veraneo;  tres vacantes extranjeras, borrachas, entrando en la discoteca equivocada… y otra PERLA… si el collar ciñe y ahoga, afloja el broche.

 

002 — ANTIBÚSQUEDAS INDEXADAS

En un índice cuya masa corporal tiende a aumentar hasta infinito, los juguetitos de asesinato se aparean para dar forma a un sex-shop del averno abierto las veinticuatro horas… son sólo instantáneas de la ciudad de hueso, el barrio cartílago… contexto/realidad-túnel ajusta el diafragma para perder definición en los bordes, no hay temperatura… clima: cero grados, ni frío ni calor… mujer, española, un metro sesenta y nueve centímetros, sesenta y cuatro quilos, cabello caoba, ojos almendra: especificada la antibúsqueda universal (opción tamizar elementos pegajosos), compone, compost-mortem, terror de la mente universal, arquetipo estacionario que repite universalidad, no hay flashes saliendo lentamente de mentiras compulsivas, fealdad gruñidora de pueblos agonizantes… preparados para fumar el gas de carbón rojo selenita de una ficción que se pela con el sonido de la plaga… consume el imaginario las cosechas de buenos propósitos pero no queda más que rezar… al osito pintado en la caja de cereales de marca blanca que, desde ahí, te guiña el ojo; responde. Responde.

 

003 — FOLLAR-COMPRAR

Disemina soles por la periferia del engorro de ser sólo un transeúnte, sólo una cara más en el metro, liberado de pensamientos libérrimos, buenérrimos, el ritmo abstruso de las sístoles y diástoles del convoy de la rutina es salpimentado por las fuerzas de atracción irregular para/con la publicidad implantada este ciclo… las cartelas venden ese acusado gusto por el intercambio lúbrico explícito que, para algunos, es síntoma de la primera preocupación por la extinción absoluta de la especie; por mucho que te cuenten que la relación follar-comprar está más que estudiada… hasta el tópico, y algo más hondo… el replicante emocional que jadea como debe, cruel emulador de una relación real, tan desgastados los protocolos que así debe ser o, cuanto menos, eso parece que debe ser… aprendidas las lecciones amatorias de las películas, porque siquiera la intimidad de nuestros padres nos ha parecido nunca motivo de atención, así nos va… suplicando cada noche a pesar del cansancio, a pesar de la fiebre, a pesar de la inconveniencia, a pesar de los planes de futuro… clon del alma/programa escanea y sólo admite cierta cantidad de rechazos… un órgano que no encaja… un proceso autoinmune de la vida en pareja, el matrimonio, el rollo… tirar de la manta para arropar esos nervios vivos… médium del cuerpo humano sensible hoy; así mañana… tan grotesco y fétido como se puede ser, conéctate ahora.

 

 

“A widespread taste for pornography means that nature is alerting us to some threat of extinction.” – JG Ballard

Que traducido vendría a decir: “Un extendido gusto por la pornografía significa que la naturaleza nos está advirtiendo de cierta amenaza de extinción”. Y, con esto en mente, CLICK AQUÍ.

A veces las cosas simplemente encajan. Encajan en el mismo día, encajan en la misma hora, encajan a la velocidad centrípeta del sumidero que nos lleva a la extinción. Feliz Apocalipsis, nenes.

Tres formas distintas de entender el sexo en este convulso principio de siglo nuestro, todas ellas (por suerte) con la vista puesta en el futuro:

* Esta misma semana se ha presentado “Ponme la mano aquí”, el nuevo libro de la dibujante, escritora y directora porno, Sandra Uve.

* Acaba de aparecer también el tercer número de Devora Rand, un nuevo concepto de revista porno en el que se dan la mano lo explícito, lo artístico y demás desviaciones.

* Y, al fin, enero del 2009 será recordado (y si no, al tiempo) como el momento en que el sexo virtual, tal como nos lo han venido prometiendo los gurús más cerdos de la Ciencia-Ficción durante los últimos cincuenta años, dio un salto cuántico hacia delante. El advenimiento de RealTouch.

Y Adán, el muy imbécil, se queda ahí colgado. Viéndose a sí mismo en la pantalla. Más en standby que en loop. Anclado a la silla de despacho, fusionado brazo con reposabrazo. Los minúsculos altavoces bajo la carcasa del portátil babean la voz sin corcheas de Adán y yo siento un poco de vergüenza por él y por la mentira desacompasada del one hit wonder que le asignaron para el espectáculo de la noche anterior. Adán está desnudo, de resaca y rojo. Yo vestida y esperando una explicación. Ahora las graban y las cuelgan en Internet. Las actuaciones, quiero decir, no las explicaciones. Todas y cada una de esas píldoras individuales de tres minutos de fama karaoke. Con menos de un día de delay. Anoche Adán se emborrachó y salió a celebrar nosequé y se arrancó a berrear frente a una jauría de desconocidos escrotos sudorosos del jueves noche. Fiesteros del jueves noche. Lemmings arrastrando detrás una legión de anómalos ritmos circadianos que desafían la tradicional estructura semanal capitalista. Adocenados por el disfrute común. Su público. Un pulso magnético cuando sus ojos y el estribillo se toparon con mis ojos y el puente antes de la última estrofa en el tema que su voz desollaba. Entre los Lemmings, yo. Y él sobre el escenario. Rockstar de sampler y micrófono barato. Bajo mis uñas escondo cuchillas de precisión quirúrgica. Parte de un diseño que le robé a la imaginación de William Gibson. Adán clica play otra vez. Una y otra vez y otra vez desde el punto cero del mediodía, cuando han colgado su vídeo en la red y él se ha quedado desnudo. Uso mis bisturís-cyborg para rasgarme las vestiduras y luego le rasco la espalda y luego retraigo el armamento cuerpo a cuerpo y escarbo entre sus nalgas hasta encontrar el punto de entrada/salida de su ano. Recuerdo que anoche comentó que le gustaban los masajes en la próstata. Su pene se yergue casi como por rutina. Me parapeto tras el respaldo de la silla y hundo en su esfínter dos dedos de una mano. Le masturbo con la otra. Su única reacción es subir el volumen de los estertores como bandazos pop de segunda mano en el portátil. A pantalla completa. Jadea cuando cierro la masturbación en un puño y la punta de una cutícula metálica le pincha suavemente el duodeno. Se corre sobre el teclado mientras su yo telegénico lanza un grito triunfal que da pie a un solo de sintetizador. La cúspide de su orgasmo es un espejo. Hammer-on/Pull-off. Adán sale de su estupor sólo para preguntarme quién soy. Quiere saber quién soy yo realmente. Se refiere a mi yo intrínseco. Y es un final tan absurdo para la escenita que acabamos de montar, que esta vez la vergüenza es propia. Su egocentrismo es arena del tiempo precipitándose. Jodido imbécil. Bocazas. Por eso destapo la coartada de su naturaleza anodina preguntándole a mi vez si acaso no va a invitarme a comer fuera. Fuera de este paraíso de estática mal sintonizada, se entiende. No quiero que se sienta especial. No se lo merece. No lo es.