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Ya está en preventa (y, en cuatro proverbiales días, estará en las librerías) mi nuevo artefacto, Teratoma

 

Teratoma (del lat. cient. teratoma, y este del gr. τέρας, -ατος téras, -atos ‘monstruo’ y -oma ‘tumor’, ‘hinchazón’):
Tipo de tumor de células germinativas que puede contener varios tipos diferentes de tejidos, como pelo, músculo y hueso.
Instituto Nacional del Cáncer

Ya nada existe por sí mismo. Ahora todo es simulacro, semejanza de aquello que ha desaparecido y apenas se recuerda, abstracción, un mapa superpuesto al territorio. La Realidad ha devenido en una Virtualidad totalitaria, omnipresente, autogenerada y subordinada a la Casa de Alivio, la entidad divina diseñada tanto para cubrir las necesidades espirituales y materiales de los habitantes del mapa como para controlar sus destinos y regular sus pulsiones. Nodriza, juez y motor, la Casa de Alivio rige las ciudades de Hombre y Mujer; en cada ciudad hay una Casa y en cada Casa se encabe una ciudad.
En Barcelona, tres personajes transitan el simulacro como si de tres anomalías en el sistema se tratase: Fátima Astruc, a quien el fallecimiento de la que fuera su naturópata y confidente durante los últimos once años ha abocado a cuestionarse la conveniencia de seguir esforzándose por integrarse en la nueva normalidad de las cosas a pesar de su hipoxia, su obsesión por escribir una canción perfecta y su fobia a la Casa de Alivio; Deán Astruc, un médium psicogeográfico que, a diferencia de su hermana, puede entrar y salir de la Casa a placer y a quien la metrópolis está castigando por un aberrante delito que cometió en el pasado; y Cristina Sacanera, una mujer nacida en la Casa, luego expulsada para ejercer de santa patrona de uno de los barrios de la ciudad y que trata por todos los medios de renegar de ese rol que está a punto de destruirla.
Articulada como una adivinación, Teratoma es una novela experimental que se sirve de mecánicas inconscientes, psicodélicas, surrealistas y metatextuales para biopsiar el monstruoso y a la vez bello tumor en que el mundo se ha transformado.

 

Publicada por la magnífica editorial Orciny Press, Teratoma es, para mí (y, obvio, uno no puede ser en absoluto objetivo con estas cosas), mi obra más compleja y densa hasta la fecha, en la que he llevado al extremo mi habitual obsesión con el hecho de que el texto funcione más por asimilación que por comprensión explícita, a fin de proporcionar una experiencia de inmersión en la lectura más allá de la historia que cuenta; aquí se trata de transmitir al lector la sensación de estar recibiendo en bruto el flujo de información subconsciente y ectoplásmica que una pitonisa estuviese modulando en trance a partir de las imágenes que recibe de su bola de cristal.

Así, y como una de las posibles acepciones a su título, el libro contiene en su cápsula varios quistes formados por tipos de tejido narrativo distintos al tejido puramente ficcional que les circunda: deformaciones y juegos lingüísticos, teorías filosóficas de vanguardia, acertijos y experimentos mentales, referencias visuales y sonoras extrañas, reformulaciones metanarrativas e interferencias esotéricas, de las cuales apunto una selección a continuación:

Filosofía y experimentos de pensamiento

Realismo Especulativo: oposición a las formas dominantes de la filosofía pos-kantiana, a las “teorías del acceso”, o el “correlacionismo”, esto es, oposición a toda forma de des-absolutización del pensamiento, a toda filosofía que afirme la imposibilidad que tiene el pensamiento de acceder al en-sí de la realidad (el noúmeno). Defiende que el pensamiento es capaz del absoluto, entendiendo “pensamiento” no como algo intelectualista o cognitivista, sino en su sentido más amplio, el que reúne toda forma de subjetividad: imaginación, percepción, sensación, memoria, entendimiento, voluntad, etc, y lo absoluto, como lo no relativo al pensamiento, lo independiente al él, pero a lo que, no obstante, se puede acceder mediante el pensamiento.

El Basilisco de Roko: experimento mental que explora los riesgos potenciales de desarrollar una inteligencia artificial. Plantea que, en el futuro, una IA con acceso a recursos casi ilimitados desde una perspectiva humana pudiera decidir castigar de manera retroactiva a todos aquellos que de alguna manera no contribuyeron a su creación.

Teoría de la tensión tectónica: a raíz de la constatación de que ciertas tensiones en el interior de la corteza terrestre cerca de fallas sísmicas producen intensos campos electromagnéticos y fenómenos luminosos que han sido interpretados como brillantes objetos voladores no identificados, esta teoría propone que esos campos electromagnéticos podrían generar alucinaciones en el lóbulo temporal construidas sobre estereotipos de imágenes formados por la cultura popular, como ingenios, seres y criaturas extraterrestres o comunicaciones con los mismos.

Esquizoanálisis: teoría alternativa del psicoanálisis y, a la vez, contrapuesta a éste, que analiza e investiga los dispositivos de enunciación colectivos y/o individuales. La incidencia de las disposiciones de enunciación sobre las producciones semióticas y subjetivas en un contexto dado. La propuesta esquizoanalítica es evidenciar el pasaje de los sistemas de enunciados y estructuras subjetivas preformadas, hacia disposiciones de enunciación, que sean capaces de nuevas coordenadas de lecturas y de poner en existencia representaciones y proposiciones inéditas.

Textura:

Extracción de la piedra de la locura, El Bosco

Hojas muertas, Remedios Varo

Exploración de las fuentes del río Orinoco, Remedios Varo

El templo de la palabra, Leonora Carrington

Sin título, Luis Ángel Abad

Nueva Babilonia, Constant

Banda Sonora:

 

Teratoma es futurología, sexo, magia, filosofía, surrealismo de batalla,nihilismo posthumanista de guerrilla, política de la carne contra el simulacro y ciberpunk en la época de la hipernormalización, pero, sobre todo, es ya toda vuestra.

Publicaciones, presentaciones, charlas, premios… Los últimos meses han sido muy activos, por lo que es buen momento ahora de dejar aquí el recurrente post de recopilación y marca en el camino como una idea de dónde estoy y en qué dirección voy. A ello:

COSAS QUE HAGO


  • Recientemente han visto la luz, además del artefacto-conjuro Luz simiente, dos relatos ciertamente importantes para mí, ya que tengo la sensación de que sientan las bases de lo que pretendo hacer a medio plazo, exponen más de lo que había sido capaz de exponer hasta ahora los temas y las formas y los dejes de los que estoy rodeado y con los que estoy operando, y han emanado de forma preciosa desde el extraño estado mental alterado en el que me sumí en algún punto a finales del año pasado después de que éste, de algún modo, dejase preñada a mi manera de escribir:

Un altar — publicado como regalo de bienvenida y declaración de intenciones para los suscriptores del Inner Circle de Orciny Press, es una pieza de horror cósmico trenzado con metafísica y política nihilistas que juega a la poética de la degradación y la intrascendencia de lo social y lo íntimo.

Extractos de una última instantánea — publicado en el número 7 de la revista SuperSonic, es una fantasmagoría fragmentaria y psicodélica que explora las calidades hauntológicas del cáncer, la soledad, la filosofía normativista, la hipernormalización y lo performativo.

 

 

  • Hace aproximadamente un mes, con la excusa del día dedicado a la editorial GasMask en la librería Gigamesh, impartí una larga y fructífera charla sobre teoría de la Hiperstición y el resto de temas alrededor de los que se arma Homo Tenuis:

 

 

COSAS QUE DICEN


 

 

 

Por supuesto, hay más cosas, más noticias, infinitos detalles ínfimos que quedan ahogados de inmediatez entre lo dicho, lo hecho a medias, lo hecho por completo y lo desechado, las redes sociales y los instrumentos del ahora mismo acelerado, pero aquello es el territorio sensible de los días y esto sólo pretende ser un mapa; y como tal, así queda. Seguimos.

(El pasado cinco de abril, para inaugurar la selección de Relatos del Mes de su Inner Circle, la editorial Orciny Press publicó Un altar, uno de mis últimos relatos, un texto al que tengo especial estima porque creo que sienta una primera piedra de lo que quiero construir con mi prosa a corto plazo, porque se siente como un paso largo en cualquiera que sea el camino que está tomado últimamente lo que hago.

Paralelamente a la escritura del relato, estuve también enredando con un poema en el que tratar exactamente los mismos temas y purgar concretamente las mismas inquietudes (llegando incluso a usar exactamente las mismas palabras en momentos puntuales) pero en un tono del todo distinto. Una suerte de remezcla intencional y argumental, una exploración del mismo terreno blando aunque desde otro medio, con otras herramientas. No tanto un complemento como un intento de experimentar lo mismo desde otro ángulo. Aquí queda:)

….

DEGRADADO MÚLTIPLE

Una etimología especulativa de la palabra terror (y, por asociación, terrorismo) la conecta con palabras como terreno y territorio

Hunter Dukes

Llegan imágenes de una muralla grave como agua pesada que enriquece la linde, una muralla que saja la secuencia óptima del paisaje. Se escota a la medida conveniente, aunque desproporcionada, ahora sangra a los que la tienen delante e imprime acequias y parte los arrabales de conventos y gremios extramuros. Orografía reposada en óxido para ser examinada y más tarde exterminada. Los engranajes húmedos de la desamortización mundial velan el retrato en su totalidad; individuos calificados de deformes y gibosos se parapetan al amanecer y al anochecer en ninguna parte otros momentos son rutina y servicio al escaparate de atracciones urbanasy se gritan unos a otros a otros a través de aspilleras invisibles. Las noticias de la jornada. El amontonamiento humano se descamina en la tortuosa madeja vial. De improviso es patente la presencia de humores lívidos derivados de la lepra de las casas, que no va a corregirse, su evidencia es intensiva, cojea en los cerebros, pringa y degrada.

La cadencia

de la migración

desaloja una masa concretísima

que repinta las ruinas pisoteadas, rasga esos panfletos caducados, desodoriza la basura

de algún modo, deja una impronta de dinamismo blando en el ritmo moroso

de los que ya estaban, de los que se quedan y atienden los mostradores de sus barracas

Mediodía. La feria condal es trasparente a sus clientes, deslucida como cobre ahumado. Alguien se desvanece el enésimo desvanecimiento hoy. ¿Hacia dónde? ¿Desde dónde?

La cadencia

quiso que —había— una vez la filosofía colectiva de los feriantes se expusiese incrustada de los fluorescentes y excesos cromáticos en la carrocería de las atracciones. Máscaras felicísimas, sonrisas cogidas con pinzas en los mofletes, uniformes bien remendados era obligatorio ponerse guapo; a tales efectos incluso se reconvirtió en gimnasio con las paredes de cristal una de las capillas absidiales de la catedral gótica que hasta la fecha sólo había resultado atractiva para las procesiones de visitantes del parque vestidos de negro perenne y rebozados en maquillaje funerario y que masticaban loto antes de la función de espiritismo callejero de las seis de la tarde. Aceite bronceador, fibra, aceite de colza desnaturalizado que fue a diluirse a la cala mediterránea, dieta demencial con base de cereales y verdura, micronutrientes, fruta de temporada —Alegría.

Poderes evidentes de cara a las galerías superficiales, fastos, alegría, alfombras de pétalo de geranio, brisa yodada que mesaba los cabellos de las muñecas de porcelana que en las tómbolas de la rambla principal se entregaban como premio de consolación a espontáneos deportista urbanos por su contribución a la dinamización de cada recodo, flato disimulado, con alegría, jarana en las terrazas y, abajo, barrenderos y buhoneros al rosa chicle y púrpura cardenalicio, recogiendo, alegres, recogiendo y recogiendo y guardando, por si venían mal dadas, que no, pero quizá, a saber, algún día —Alegría. Decreto.

Mientras, una maleta rellenada con los miembros cercenados y los intestinos aguijoneados de quemaduras de cigarrillo de una niña imposible de identificar era dejada sobre el río de cera que discurría desde las torres de cirios de la ermita de los gitanos hasta los desagües de la mismísima muralla.

La cadencia

aísla en sus moradas a los desvanecidos y a los que andan en proceso

de desplazamiento

del traslúcido objeto humano al adjetivo opaco

que lo mismo podría ser una sala para el sacrificio como una urna donde conservar nada

ante la nada inminente

 

En la migración la lengua se desterritorializa. El migrante pierde el suelo de la lengua, cae al subsuelo y el subsuelo no tiene límites

Josefina Ludmer

alguien se desvanece. Cruza de un motivo a otro hasta los confines de trueno del tráfico rodado y el tráfico de datos. Los detalles del desvanecimiento son engullidos por la inmediatez del suceso y cómo este queda explicitado en las marquesinas. Quedan el viento y los cielos cubiertos de ceniza, desorden de calzada, la hora punta y el ruido blanco que ha arrastrado al desvanecido lejos de los focos y atrás y a la izquierda de la silueta compacta de la feria desagua hacia una función sin límite aritmético, aquí con el resto de migrantes que se arrodillan y se recolocan las mordazas y se calzan las capuchas, pasto del frío de la niebla, ahora tienen un agujero que orbitar, que se encuentra sólo en su imaginación, y es sensato, ahora sí, y dan vueltas y vueltas y vueltas y vueltas en espiral centrífuga, conectados con hilos de hueso cariado a una estrella muerta como símbolo final de civilización, yacen irradiados de vacío, conceptos desmigajados, pólipos alienígenas con respecto a quiénes habían sido antes, con los pedúnculos estirados y enredados pero sujetos bien firme a sus tabernarios.

Al amparo del punto de control

el pueblo descamado

las fosas comunes flanqueando un altar

rejas de polvo que no se posa

pasto podrido en el refrigerador de seres reptantes que aguardan babeantes la pitanza que pudriesen con sus                                                                                                                                                                                                                                                            deposiciones

el mito quebrado, porque puede, quebrarse, esto es

sustancias y talles y complexiones falsas en busca de su repugnante reflejo

las espinas que crecen hacia el cosmos interior privado

la privación y la destrucción y el universo y su así en sus ritmos como en los nuestros

el coto de la liberación forzada

en la zanja y en la fosa la libertad alcanzada únicamente al conjugar distinto la misma dependencia

sin importar qué escribiésemos sobre nosotros ni qué opinasen ustedes de nuestra tristeza

El desvanecido se convence de que sus manos no son suyas, pues aunque éstas solían obedecerle también es cierto que en ocasiones asían y apretaban y exploraban y se crispaban sin que mediase orden consciente, y si sus manos no son suyas cabe suponer que sus brazos tampoco, ya que actuaban igual, doblándose para parar un golpe y rodeando el pecho al embate de una brisa inusualmente fresca, como sus pies y sus piernas, que a veces le llevaban en deriva caprichosa por rutas que él jamás hubiese embocado o se sacudían inquietas mientras él trataba de conciliar el sueño, como su estómago, que nunca reaccionaba igual a un mismo alimento, como sus pulmones, respirando por defecto, como sus ojos al parpadear de forma involuntaria, como su nombre, que había sido idea de sus abuelos, como su mente, caramba, cuando era incapaz de filtrar según qué pensamientos y le impedía ser el ciudadano feliz e inope y vivaracho en que aspiraba a convertirse aun atrapado en los raíles espectaculares de la feria… Ni un solo filamento de sí es suyo, por lo que el desvanecido no es ni va a ser, sino que simplemente ha estado siendo y, tan fácil como cae en la cuenta de ello, resuelve dejar de estarlo, deja de estar siendo y se desvanece en una imprecisión que ya sólo está siendo durante un instante inmediatamente pasado en la imaginación de quienquiera que tenga a bien leer este texto.

El espectáculo debe negar la historia, pues la historia demuestra que nada es ley, que todo es proceso y lucha. El espectáculo es el dominio de un eterno presente que pretende ser la última palabra de la historia.”

Anselm Jappe

Cada hombre y cada mujer es una estrella en el escenario. La feria explota sus habilidades.

Las valijas humanas, ordenadas por el espectáculo a lo largo de la calzada, se rasgan.

El polvo de estrella-de-hombre y estrella-de-mujer se esparce y se descompone rápido.

Lo único que detenta sentido es aquello que se detiene.

Alguno de los pellejos de estos seres, ahora abandonados, aún contiene vida.

Pero es ímpetu atravesado de sistema, alambres brillantes y rizomas de terror.

Así despacha el desvanecimiento a sus feriantes, por sí solo.

Por sí solo, el desvanecimiento relega el remanente de vida al espectáculo.

Una forma de juego pura y sin acción real por el que los actores, como guardias fumándose un pitillo sin dejar sus puestos ni descolgarse los fusiles, son público en el espacio a la vez que espacio a ser ocupado por un público teórico, violencia inherente al sistema de tensiones dadas en el espacio público cuando éste es supervisado, un juego de relaciones telegénicas que por relatividad sólo permite que lo perceptible al ojo humano sean estrellas muertas, conflicto ambiental, Tierra material y campos de operaciones.

 

El próximo 20 de abril, Ediciones El Transbordador publica dentro de su colección SOYUZ, en edición física limitadísima a 100 ejemplares y descarga digital, mi penúltimo artefacto, Luz simiente:

“El vacío reducible. Las raras épocas en tu historia cuando el paño era retirado, el paño rancio de tu soledad y tu angustia, lo que era desalojado al adquirir pleno conocimiento de que el relato de quien creías ser sólo ocurría fuera de la conjetura en sí, cuando soltabas las riendas y el engaño era cambiado por un dejarse llevar. Tras de ti, el hormigón y el bramido y la permanencia de tu personalidad, en silencio. Tu boca cosida”

Una mujer deprimida deja su ciudad para instalarse en un pueblo perdido de la España profunda. Allí llevará a cabo el trabajo que le ofreciese un misterioso hombre viudo: hacerse cargo de las dos hijas de éste y ejercer de prostituta sagrada al servicio de los hombres y mujeres de la localidad. Instalada en el laberinto subterráneo que conecta tanto las casas como las áreas más o menos sólidas del inconsciente colectivo de los vecinos, y sometida a constantes abusos físicos y emocionales, la mujer entrará en contacto con las aterradoras potencias esenciales que mueven y cohesionan el mundo más allá de la supuesta civilización de la que ha escapado, contemplará cómo el juego de las niñas y la gestión entre las sombras de las oscuras pulsiones de hombres y mujeres dan forma al mismísimo Espacio-Tiempo, y aprenderá que el centro de la existencia siempre ha sido, es y será ella misma.

Con apariencia de novela corta enmarcada en el género del terror experimental, Luz simiente es también un largo poema-conjuro dirigido a ciertas fuerzas telúricas, subterráneas, femeninas y prehistóricas como un reconocimiento a su pervivencia; es una invitación a la insurrección contra la dictadura de los caudillos dioses solares que han llevado este mundo contemporáneo nuestro al borde de la nada; es un barajar las cartas del mito del eterno retorno, un acto de vandalismo hacia las reglas de la concepción lineal del tiempo y un juego de suma cero en el que todos los pares de contrarios enfrentados (la poesía y la rabiosa actualidad, el pueblo y la ciudad, el hombre y la mujer, lo adulto y lo infantil, la superficie y el subsuelo, la piedra y el plástico…) hacen trampas y saben que el otro las está haciendo también; es una historia de ascensión a través del abuso y el maltrato, de descenso a los abismos del amor y el compromiso, y de envenenamiento por sueño.

De la obra, Celia García López (editora de la publicación feminista La Madeja e incidental micro-prologuista del asunto) dice que

Acaso la palabra puede nombrar el terror. El miedo es mucho más profundo que la palabra que intenta nombrarlo. En este tiempo donde lo feo y lo terrible es cosa cotidiana, el lenguaje consume el hecho hasta convertirlo en norma esquizofrénica. Lo que no se debe hacer es lo que, sin embargo, sucede: asesinatos, violaciones, cuerpos que no valen nada. En este mundo de disociaciones entre el conjunto de normas aprendidas para el bien de la reproducción social y lo que acontece a cada instante intenta caminar el relato con un paso difícil, cargado de imágenes abyectas, de enumeraciones que te envuelven en una atmósfera siniestra, de complicidades que perpetúan el contrato sexual de abusos y privilegios, donde la repetición se convierte en tormento y asfixia. Visiones que se suceden, que te señalan lo que no se puede ver, lo que no puedes dejar de mirar.

En cuanto a las referencias, influencias y demás, Luz simiente bebe esencialmente del convulso estado mental al que me he visto abocado en los últimos meses, de mis investigaciones sobre el trabajo de Mircea Eliade en paralelo a la relectura profunda de la obra de Chantal Maillard y Birgitta Trotzig, y de las propuestas estéticas de Jaya Suberg

 

…Y, cómo no, el proceso de canalización y redacción tuvo su propia banda sonora enfocada a proporcionar textura adicional al texto:

Pharmakon, Bestial Burden:

https://pharmakon.bandcamp.com/album/bestial-burden

Trepaneringsritualen, Perfection & Permanence:

https://trepaneringsritualen.bandcamp.com/album/perfection-permanence

Anemone Tube/Dissecting Table, This Dismal World:

 https://anemonetube.bandcamp.com/album/this-dismal-world

De·Ta·Us·To·As, The Inverted Halls:

https://detaustoas.bandcamp.com/track/t-h-e-i-n-v-e-r-t-e-d-h-a-l-l-s

Luz simiente se presentará el mismo día 20 mediante dos actos paralelos: uno en la librería malagueña En Portada, que contará con la presencia de los editores y del escritor Juan-Antonio Fernández Madrigal; y otro en Barcelona, a las 19h. en la librería Chronos, cita en la que me acompañarán la escritora Beatriz García Guirado y el editor y escritor Hugo Camacho y durante la cual, entre los tres, trataremos de cerrar el conjuro y lanzarlo a las corrientes a las que debe ser lanzado.

Aquel lugar al que fuiste entonces. Donde dejar tu luz simiente.

¿Con qué lenguaje se expresa tu memoria? ¿Cómo la empequeñecerías y que cupiese en algo manejable?”

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Y el caos me llama es mi contribución a la antología Whitestar (ed. Palabristas), una obra coral que recoge 32 textos (relatos, poesía, experimentos formales varios…) dedicados a la música, la figura y la presencia de David Bowie y cuyos beneficios serán donados íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer.

Hoy, al cumplirse un año del fallecimiento del Duque Blanco, se nos pide a los colaboradores que compartamos un fragmento de nuestra pieza para el volumen, así que dejo aquí aproximadamente la mitad de mi relato, un artefacto industrial-psicodélico que pretende rizar el tributo para hacerlo extensible a Brion Gysin, influencia capital en cómo Bowie afrontaba la escritura de la letra de sus canciones y referente personal básico al que debía desde hace tiempo, como poco, un toque de sombrero…

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Y EL CAOS ME LLAMA

La escena de tortura como definición de la silueta en forma de responsabilidades vicarias y materiales, representantes, agentes, sin calificación por edad a la que aferrarse.

Encarnada en todo, muda.

Son los primeros años de la atemporalidad, una imposibilidad en la precisión de lo apreciable, papel de revista desde el que se añoran artefactos voladores que nunca se patentaron, gargantas cerradas de decepción; un poco más allá, en el televisor LED: la primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva como un portal estrecho y redondeado a la luz de plasma de una bombilla envuelta en celofán, representada en una habitación de hotel; en alguna parte: pelo, uñas y dientes pintados en tonos cobre, hilos, una conexión fallando, coaxiales no tanto sacudidos como mecidos por la marejada de datos: “la polla pingada de purpurina, lo que pasa cuando te follas a un unicornio”; cerca andan también las cabinas de bronceado en áreas de avituallamiento para los que han adoptado como hobby el monocultivo de marihuana en interiores, los armarios de los que se sale y se entra según haya quedado aplastado el peinado de cada cual la noche anterior.

Gérmenes transformadores de víctimas cubren como un paladar a las personas presas en Tetuán, que están incubando la temerosa anticipación de algún poco concreto desastre. Tanquetas del servicio de mantenimiento del Resonador patrullan la verja del Paseo de la Castellana arriba y abajo y arriba, y anuncian, en ruido de fondo al que el oído se acostumbra en menos de cinco minutos, durísimas sanciones a aquellos que tengan el poco criterio de tratar de cruzar a El Viso o Nueva España sin llevar en la solapa el distintivo de los empleados por la Catedral de los Medios Convencionales o sus empresas afluentes. A las seis de la mañana del sábado, sólo recorre las calles del distrito una piara de pretéritas formas circulares de encantamiento de la zona: traperos e higienistas del cable; mi hija tomándose una fotografía de fósforo en la que aparecerá a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga; tuberculosos que estudian con detenimiento esos pasquines políticos que lo mismo reniegan del invisibilismo de unos planos urbanísticos sobre los que no se levantará nada, como llaman a desconectar el mismísimo Resonador y activar el Clítoris, un clítoris cualquiera, abstracto de subversión; “juraría que las chabolas que aparecen no están exactamente al final de la calle Pinos Alta sino al final de las de Isabel Serrano, Sorgo y Alberdi, el Barrio del Pilar son los edificios de la derecha, no los del fondo y no corresponde exactamente con el límite de la ventilla sino de Valdeacederas con el Barrio del Pilar, en una foto aérea de 1993, la Avenida de Asturias se puede ver aún en la esquina inferior izquierda, fueron derribadas y ahora, en ese lugar, está la ampliación del Parque Rodríguez Sahagún”; los profundamente extrañados grupos de pecios del Plan Bidagor, gentes de negativo probable de bajo espectro al sepia fractal, palpan muretes y bancos y pilones y una intervención artística en forma de mirador de cilindros de hormigón comunicados por una estructura de escaleras esmaltadas en turquesa, cosas que no deberían estar ahí, superposiciones esotéricas del presente inmediato al miserable pasado ideal. Heme aquí, dando cortos exorcismos por una tarifa simbólica.

Grandiosos proyectos en curso dejan a la vista espinas altas como placas dorsales en el dinosaurio abatido de una plaza dura, alambre y fusible que capturan sobrecargas sintomatológicas; “como ése, el Dañador, futuro suegro de Maltrana, un furtivo que completa su dieta con lo que puede pillar saltando la valla del Pardo y entrando a cazar en la Propiedad Real”… Y se da la desaparición intermitente de un importante nódulo de Publimax: ahora el emisor de espectros sintéticos, efecto especial por el que los retazos fantasmales del sesgo histórico, ultra-manipulados obedeciendo a fines de propaganda institucional y voluntad museística impuestos al distrito, y que contrastan con lo exudado por los propios vecinos en distorsión por mal acople y retroalimentación, se esfuman; ahora son recuperado por los mismos personajes que el Publimax ha disparado al transeúnte, quienes, presas del pánico existencial de la acotación suelta al azar en el guión que el ayuntamiento preparase para ellos, embrujan los circuitos del aparato y le insuflan nuevos bríos; “el suburbio de Madrid es un hedor, una mezcla de hojalata, de solares con sórdidas chozas; sus habitantes son obreros, gente pobre; es una ciudad sin techo, un sumidero de miseria, hasta una vara de suciedad en el suelo, ratas, tifus, tuberculosis, promiscuidad; y, más que medicinas, necesitan los habitantes del suburbio pan, leche, alimentos”.

“When you cut into the present, the future leaks out”, leo en alguna parte.

Rebusco en mi mochila y extraigo, cuando el momento es el correcto, un ataúd de plástico no más largo que mi brazo y un rollo de papel de aluminio, del que corto pedazos que cuadro tomando la medida de un pliegue en diagonal. De los cuadrados hago cubos cerrados, coquetos acumuladores plateados. Tapo una papelera con el ataúd, que me sirve de expositor para estos joyeros imposibles y voceo las bondades de mi mercancía a la concurrencia, cuyo número se ha multiplicado exponencialmente conforme se ha ido avecinando el mediodía.

Tome usted uno de estos cubos, Caballero, ¿qué pensaría si le digo que son cabinas de desplazamiento para la gente diminuta que hay encerrada dentro de ellas, que si compra usted una de estas y la sacude, la sacude con todo lo que le den las fuerzas, hará que el interior se curve en determinada fase, a una frecuencia distinta de la frecuencia normal, distinta incluso de la frecuencia a la que vibran sus inoportunos convecinos al sepia fractal? ¿Quién no querría una mascota así? Esos duendecillos y duendecillas, aplicada la torsión apropiada sobre su ahora, le susurrarán leyes y recetas titubeantes, llenas de interferencias de emisiones provenientes del infierno, sí, del único e incomparable infierno, porque, entérese, entérese con las orejas de enterarse, a estas alturas, con usted en su cueva y a gusto y ocioso y sacudiendo la cajita como si no hubiese un mañana, el infierno será la idea de infierno que usted y los que son como usted tengan de ello; entérese: una trenza sin valor ninguno a la que irá porque en el fondo, muy en el fondo, quiere usted ir, y estos duendecillos y duendecillas le traen, ¡albricias!, una inminencia de castigo eterno en las fauces del naranja profundo del averno en forma de tarjeta de felicitación, para que vaya usted preparando los bártulos anímicos. Compre, Caballero, compre…

Banda sonora en la Catedral de los Medios Convencionales; televisión, radio, prensa online y offline, Aumentáformo y Publimax: “en Mil Mesetas, en lo que Brassier describe como manotazos que vinieron a continuación, en los inconscientes materiales tanatrópicos, de su estómago reptamos por la trampilla a la inevitabilidad de la esquizofrenia cósmica, en sus colegas, más que la mascarada de la que se sirve La Bella, están algunos periódicos haciendo referencia a la izquierda parlamentaria, la disolución en máquinas de silicio, bacterias, rayos cósmicos, en postulaciones continuas que son la historia del universo y, tras lo impersonal, lo colectivo, lo social, lo inevitable, nos parece que esta lucha ha tenido características de autodeterminación.

—¿Por qué la textura de las cosas pasa a través de mí por una tachadura de ausencia en los receptores, sin asirse, como lo demás, al aparato cognitivo? —pregunto.

Silbo una melodía tenue de réplicas y mala soldadura de otras melodías a medio oír y medio degustar, mientras aguardo en el andén a que los mozos de carga llenen el vagón de cola del tren de alta velocidad que tomaré hasta la siguiente estación en mi peregrinaje. Hacia el Resonador, sin más pausas y con los talones asaeteados por el acoso del monstruo que acabo de entrever al mirarme en la superficie reflectante del plafón en el que se muestran los horarios y destinos de los convoyes llevándose mercancía mal flambeada al blanco roto del PolvoLunar.

Una bestia se ha hecho con mi hija (“la escena de tortura como definición de la silueta, primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva, portal estrecho y redondeado a la luz de plasma, a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga”) y la retiene contra su pecho marchito y seco y que desnutre.

(Whitestar puede adquirirse en Lektu, en descarga digital, por 2.99€)

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El próximo 12 de octubre, GasMask Editores, en su colección Pop Kills, publica mi último libro, un artefacto que se siente como el cierre de un círculo y una suerte de punto de inflexión en lo que hago. Esta vez no se trata de una novela, un poemario o cualquier otra forma de infección conceptual en forma más o menos de ficción, sino que aquí el proceso (mis procesos) se invierte (n): Homo Tenuis se alimenta de ficciones y construcciones metafóricas, alegóricas y alucinatorias para generar un ensayo muy poco convencional alrededor de dos temas principales: la teoría de la Hiperstición y la figura del SlenderMan…

“El 31 de mayo de 2014, en Waukesha (Wisconsin), dos niñas de doce años de edad apuñalaron diecinueve veces a una compañera de clase. Al ser interrogadas, declararon que debían cometer aquel asesinato (que quedó milagrosamente en un intento) porque el SlenderMan, una criatura imaginaria concebida en un foro de Internet dedicado a los cuentos de terror y las leyendas urbanas, así se lo había pedido tras presentarse ante ellas y prometerles llevárselas consigo a su mansión en el bosque…”

Homo Tenuis es una obra de teoría-ficción centrada en la figura del SlenderMan (el“Hombre Esbelto”) como elemento ficcional que, habiendo trascendido su condición de leyenda urbana radicalmente nativa del siglo XXI a través de su naturalización y absorción en el consciente colectivo, ha dejado de ser verosímil para convertirse en verificable; esto es, el Slenderman como objeto hipersticioso, una superación de la superstición, una suerte de profecía cultural autocomplida.

A partir de una introducción en el concepto de hiperstición tal como éste se entiende en el campo de la teoría cultural de vanguardia, y de la autopsia del objeto hipersticioso, se formula un estudio del modo en que ciertas ideas, por mucho que en un principio se presenten como aterradores espejismos, son capaces de demostrarse lo suficientemente poderosas como para transformar el mundo y todo lo contenido en él de forma en absoluto metafórica.

De la mano del Hombre Esbelto, en dirección a una hipotética mansión en los bosques del imaginario global, el presente libro cartografía un territorio poblado de mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera, artificios publicitarios y discursos económicos de la coerción, conjuros lovecraftianos, prospecciones transhumanistas, revoluciones electrónicas y lémures cantores.

Tejido como un collage de técnicas y modelos narrativos experimentales que van desde el artículo filosófico a la prosa poética pasando por el método paranoicocrítico daliniano, la micro-ficción, el esquizoanálisis deleuziano o el hiperrelato de terror, Homo Tenuis resulta un artefacto polisémico que trasciende el ensayo formal para articular sus tesis, cuestiones y conclusiones de forma más evocativa que explicativa, en un intento por provocar en el lector la experiencia más inmersiva posible.

Algo eminentemente teórico, pero a la vez íntimo… Llevo estudiando la teoría de la Hiperstición desde la primera vez que usé una aproximación a sus postulados para mi Ciencia Raíz, y desde entonces no sólo ha sido una herramienta de ensamblaje básica para mis novelas Aceldama y Pasaje a las Dehesas de Invierno, sino también un cimiento esencial y plataforma de lanzamiento para media docena de mis relatos y experimentos narrativos, y el tema central de dos extensas conferencias (la que impartí en la MirCon 2014 y mi contribución a las Jornadas de Metal Extremo de Vitoria-Gasteiz)… En cuanto al SlenderMan, es para mí un ente esotérico ejemplar que dice mucho, muchísimo, de los tiempos que nos han tocado vivir, con el que he tenido la relativa fortuna de tener contacto explícito y onírico tras haberlo invocado en las calles de Aceldama y en las de mi barrio, y una suerte de tótem adoptado a través del que entender mi propia relación con la Alucinación y los canales relativos de la Realidad… El libro, además, está empapado de la mayor parte de aquellos autores, pensadores y conceptos que han venido influenciándome y obsesionándome durante los últimos diez o doce años: Anna Kavan, William Burroughs, Layla Martínez, Doris Lessing, Donna Haraway, Kenji Siratori, Reza Negarestani, Nick Land, María Eugenia Esté, Bruce Bégout, Deleuze y Guattari, Germán Sierra, William Gibson, R.W. Chambers, H.P. Lovecraft, Felipe Fernández Armesto, Teresa Aguilar García, el paréntesis de Gutemberg, el arte glitch, la necropolítica, la psiconautica, el transhumanismo…

TABLA DE CONTENIDOS

INTRODUCCIÓN

CONJURO DEL HOMBRE ESBELTO

_Hiperstición: una definición

_SlenderMan: El Hombre Esbelto

ENDORCISMO SUPERMASIVO

_Hiperstición: difuminado del pasaje Real/Imaginario

_Mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera: La Ley de Moore: Los Fantasmas Semióticos: El Stalker

_Ficción publicitaria y la Bolsa de Valores: coerción

ENTES SIN ROSTRO

_Hiperstición: la dimensión oculta

_El Rey de Amarillo: Nyarlathotep: SlenderMan

_Hombre Esbelto: Rastreable: Ente: Exterior

_Caos: Evento: Extinción: Recarga: Terror

CIENCIA FICCIÓN NEGASÓNICA DE COMBATE

_Hiperstición: mística radioactiva

_Cthulhuceno: el Cíborg: el Transhumano: el Monstruo

_K: Persistente revolución electrónica: Hielo intravenoso del futuro: Neuro-arquitecturas aberrantes

BIBLIOGRAFÍA

Como se podrá comprobar, Homo Tenuis es una obra de esencia literaria, no sólo en cuanto a su forma sino en tanto he procurado mantener fuera de sus tesis y giros todo lo que tenga que ver con cualquier manifestación hipersticiosa fuera de la palabra escrita; a modo de reivindicación, he obviado referir más que de forma puntual al cine, la música, los videojuegos o la televisión para centrarme en la literatura de género, la poesía, la filosofía de vanguardia, las creepypastas, el periodismo de investigación y otros canales de contagio por vía de la escritura que, considero, a día de hoy poseen tanta capacidad de subversión y poder de cambio e inferencia mágica en bruto como lo han tenido desde que se garabateo en el polvo la primera frase (si no más, considerando cómo ahora mismo la escritura se ve obligada a mutar y acelerar su plasticidad para afrontar las interferencias de lo audiovisual, lo radicalmente inmediato y los sistemas de educación coercitiva impuestos por los poderes fácticos…

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Y esto es (casi) todo lo que es Homo Tenuis, ahora ya proverbialmente más vuestro que mío. Desde ayer pueden reservarse ejemplares en la tienda online de la editorial (la precompra incluye, como regalo exclusivo para los primeros en hacerse con la cosa, una edición en folleto del cuaderno de dibujos de Morgan Geyser, una de las niñas perpetradoras de lo que ha venido a llamarse “el crímen de SlenderMan”), en Cyberdark y en Hombrecillos Verdes. Ahí está. Sumérjanse en ello con cautela.

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Hoy desvelamos una sorpresa. Hoy sale al mundo una de las cosas más peculiares en las que he tenido el placer de enredarme. De la mano de la distribuidora de fanzines/organización religiosa ANTIPERSONA, aparece, brotado de un rincón excéntrico en el no-espacio mental combinado de Ellos y Yo, Polybius.

 

El videojuego Polybius, presentado en forma de arcade tradicional, fue lanzado al mercado en 1981 por una compañía desconocida llamada Sinneslöschen. Su distribución fue escasa, apenas unas pocas salas recreativas de los suburbios de Portland, Estados Unidos. La simplicidad del juego y la superioridad de los gráficos y el sonido lo convirtieron en un videojuego tremendamente adictivo. No obstante, sus efectos eran demoledores en el subconsciente del jugador: brotes epilépticos, mareos, pérdidas de memoria, náuseas, alucinaciones, terrores nocturnos. Se han documentado incluso intentos de suicidio propiciados por los mensajes subliminales del juego: murmullos ininteligibles que brotaban sin obedecer a ninguna lógica interactiva, gritos aterradores y quejidos de dolor. Después de que un niño de ocho años falleciese de un ataque epiléptico, las máquinas fueron retiradas de los salones recreativos y Polybius desapareció para siempre. El propio nombre de la compañía ya era una advertencia: en alemán Sinneslöchen significa “pérdida de los sentidos”.

 

Polybius (el libro) es un breve y muy poco ortodoxo ensayo no sólo sobre Polybius (el mito) sino sobre el potencial infeccioso, vía hiperstición, de la leyendas urbanas generadas desde un contexto tan particular y poderoso como los videojuegos, sobre el impacto que los nuevos lenguajes generados por éstos tienen en la narrativa consensual del hecho cultural y sobre cómo el Jugador puede llegar a integrar de forma protésica esos lenguajes y usarlos de filtro con los que retocar y aumentar su contemporáneo y su cotidianidad.

 

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En una reivindicación del videojuego como forma artística de pleno derecho y, por tanto, acto mágico capaz de operar cambios en la Realidad mediante la Voluntad y la Alucinación, Polybius (el libro) aprovecha el análisis de Polybius (el objeto hipersticioso) para articular un relato esotérico y excéntrico en el que teoría, ficción, autobiografía, poesía, psicodelia y psicotronía se confunden y tratan de provocar el mismo efecto de aniquilación de lo que damos por sentado, inyectar la misma maldición, que se supone se pretendía provocar e inyectar mediante Polybius (el arma original), ahora buscando no el control del Jugador y la sumisión de éste a los poderes fácticos sino la liberación de ese “edificio exosomático de lo humano” del que tantas veces hemos hablado ya aquí, la presentación de un plan de fuga de la cárcel de Lo Real Materialista.

 

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Apenas cien páginas de genuino ejercicio de MindFuck. Para vosotros.