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Y el caos me llama es mi contribución a la antología Whitestar (ed. Palabristas), una obra coral que recoge 32 textos (relatos, poesía, experimentos formales varios…) dedicados a la música, la figura y la presencia de David Bowie y cuyos beneficios serán donados íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer.

Hoy, al cumplirse un año del fallecimiento del Duque Blanco, se nos pide a los colaboradores que compartamos un fragmento de nuestra pieza para el volumen, así que dejo aquí aproximadamente la mitad de mi relato, un artefacto industrial-psicodélico que pretende rizar el tributo para hacerlo extensible a Brion Gysin, influencia capital en cómo Bowie afrontaba la escritura de la letra de sus canciones y referente personal básico al que debía desde hace tiempo, como poco, un toque de sombrero…

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Y EL CAOS ME LLAMA

La escena de tortura como definición de la silueta en forma de responsabilidades vicarias y materiales, representantes, agentes, sin calificación por edad a la que aferrarse.

Encarnada en todo, muda.

Son los primeros años de la atemporalidad, una imposibilidad en la precisión de lo apreciable, papel de revista desde el que se añoran artefactos voladores que nunca se patentaron, gargantas cerradas de decepción; un poco más allá, en el televisor LED: la primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva como un portal estrecho y redondeado a la luz de plasma de una bombilla envuelta en celofán, representada en una habitación de hotel; en alguna parte: pelo, uñas y dientes pintados en tonos cobre, hilos, una conexión fallando, coaxiales no tanto sacudidos como mecidos por la marejada de datos: “la polla pingada de purpurina, lo que pasa cuando te follas a un unicornio”; cerca andan también las cabinas de bronceado en áreas de avituallamiento para los que han adoptado como hobby el monocultivo de marihuana en interiores, los armarios de los que se sale y se entra según haya quedado aplastado el peinado de cada cual la noche anterior.

Gérmenes transformadores de víctimas cubren como un paladar a las personas presas en Tetuán, que están incubando la temerosa anticipación de algún poco concreto desastre. Tanquetas del servicio de mantenimiento del Resonador patrullan la verja del Paseo de la Castellana arriba y abajo y arriba, y anuncian, en ruido de fondo al que el oído se acostumbra en menos de cinco minutos, durísimas sanciones a aquellos que tengan el poco criterio de tratar de cruzar a El Viso o Nueva España sin llevar en la solapa el distintivo de los empleados por la Catedral de los Medios Convencionales o sus empresas afluentes. A las seis de la mañana del sábado, sólo recorre las calles del distrito una piara de pretéritas formas circulares de encantamiento de la zona: traperos e higienistas del cable; mi hija tomándose una fotografía de fósforo en la que aparecerá a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga; tuberculosos que estudian con detenimiento esos pasquines políticos que lo mismo reniegan del invisibilismo de unos planos urbanísticos sobre los que no se levantará nada, como llaman a desconectar el mismísimo Resonador y activar el Clítoris, un clítoris cualquiera, abstracto de subversión; “juraría que las chabolas que aparecen no están exactamente al final de la calle Pinos Alta sino al final de las de Isabel Serrano, Sorgo y Alberdi, el Barrio del Pilar son los edificios de la derecha, no los del fondo y no corresponde exactamente con el límite de la ventilla sino de Valdeacederas con el Barrio del Pilar, en una foto aérea de 1993, la Avenida de Asturias se puede ver aún en la esquina inferior izquierda, fueron derribadas y ahora, en ese lugar, está la ampliación del Parque Rodríguez Sahagún”; los profundamente extrañados grupos de pecios del Plan Bidagor, gentes de negativo probable de bajo espectro al sepia fractal, palpan muretes y bancos y pilones y una intervención artística en forma de mirador de cilindros de hormigón comunicados por una estructura de escaleras esmaltadas en turquesa, cosas que no deberían estar ahí, superposiciones esotéricas del presente inmediato al miserable pasado ideal. Heme aquí, dando cortos exorcismos por una tarifa simbólica.

Grandiosos proyectos en curso dejan a la vista espinas altas como placas dorsales en el dinosaurio abatido de una plaza dura, alambre y fusible que capturan sobrecargas sintomatológicas; “como ése, el Dañador, futuro suegro de Maltrana, un furtivo que completa su dieta con lo que puede pillar saltando la valla del Pardo y entrando a cazar en la Propiedad Real”… Y se da la desaparición intermitente de un importante nódulo de Publimax: ahora el emisor de espectros sintéticos, efecto especial por el que los retazos fantasmales del sesgo histórico, ultra-manipulados obedeciendo a fines de propaganda institucional y voluntad museística impuestos al distrito, y que contrastan con lo exudado por los propios vecinos en distorsión por mal acople y retroalimentación, se esfuman; ahora son recuperado por los mismos personajes que el Publimax ha disparado al transeúnte, quienes, presas del pánico existencial de la acotación suelta al azar en el guión que el ayuntamiento preparase para ellos, embrujan los circuitos del aparato y le insuflan nuevos bríos; “el suburbio de Madrid es un hedor, una mezcla de hojalata, de solares con sórdidas chozas; sus habitantes son obreros, gente pobre; es una ciudad sin techo, un sumidero de miseria, hasta una vara de suciedad en el suelo, ratas, tifus, tuberculosis, promiscuidad; y, más que medicinas, necesitan los habitantes del suburbio pan, leche, alimentos”.

“When you cut into the present, the future leaks out”, leo en alguna parte.

Rebusco en mi mochila y extraigo, cuando el momento es el correcto, un ataúd de plástico no más largo que mi brazo y un rollo de papel de aluminio, del que corto pedazos que cuadro tomando la medida de un pliegue en diagonal. De los cuadrados hago cubos cerrados, coquetos acumuladores plateados. Tapo una papelera con el ataúd, que me sirve de expositor para estos joyeros imposibles y voceo las bondades de mi mercancía a la concurrencia, cuyo número se ha multiplicado exponencialmente conforme se ha ido avecinando el mediodía.

Tome usted uno de estos cubos, Caballero, ¿qué pensaría si le digo que son cabinas de desplazamiento para la gente diminuta que hay encerrada dentro de ellas, que si compra usted una de estas y la sacude, la sacude con todo lo que le den las fuerzas, hará que el interior se curve en determinada fase, a una frecuencia distinta de la frecuencia normal, distinta incluso de la frecuencia a la que vibran sus inoportunos convecinos al sepia fractal? ¿Quién no querría una mascota así? Esos duendecillos y duendecillas, aplicada la torsión apropiada sobre su ahora, le susurrarán leyes y recetas titubeantes, llenas de interferencias de emisiones provenientes del infierno, sí, del único e incomparable infierno, porque, entérese, entérese con las orejas de enterarse, a estas alturas, con usted en su cueva y a gusto y ocioso y sacudiendo la cajita como si no hubiese un mañana, el infierno será la idea de infierno que usted y los que son como usted tengan de ello; entérese: una trenza sin valor ninguno a la que irá porque en el fondo, muy en el fondo, quiere usted ir, y estos duendecillos y duendecillas le traen, ¡albricias!, una inminencia de castigo eterno en las fauces del naranja profundo del averno en forma de tarjeta de felicitación, para que vaya usted preparando los bártulos anímicos. Compre, Caballero, compre…

Banda sonora en la Catedral de los Medios Convencionales; televisión, radio, prensa online y offline, Aumentáformo y Publimax: “en Mil Mesetas, en lo que Brassier describe como manotazos que vinieron a continuación, en los inconscientes materiales tanatrópicos, de su estómago reptamos por la trampilla a la inevitabilidad de la esquizofrenia cósmica, en sus colegas, más que la mascarada de la que se sirve La Bella, están algunos periódicos haciendo referencia a la izquierda parlamentaria, la disolución en máquinas de silicio, bacterias, rayos cósmicos, en postulaciones continuas que son la historia del universo y, tras lo impersonal, lo colectivo, lo social, lo inevitable, nos parece que esta lucha ha tenido características de autodeterminación.

—¿Por qué la textura de las cosas pasa a través de mí por una tachadura de ausencia en los receptores, sin asirse, como lo demás, al aparato cognitivo? —pregunto.

Silbo una melodía tenue de réplicas y mala soldadura de otras melodías a medio oír y medio degustar, mientras aguardo en el andén a que los mozos de carga llenen el vagón de cola del tren de alta velocidad que tomaré hasta la siguiente estación en mi peregrinaje. Hacia el Resonador, sin más pausas y con los talones asaeteados por el acoso del monstruo que acabo de entrever al mirarme en la superficie reflectante del plafón en el que se muestran los horarios y destinos de los convoyes llevándose mercancía mal flambeada al blanco roto del PolvoLunar.

Una bestia se ha hecho con mi hija (“la escena de tortura como definición de la silueta, primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva, portal estrecho y redondeado a la luz de plasma, a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga”) y la retiene contra su pecho marchito y seco y que desnutre.

(Whitestar puede adquirirse en Lektu, en descarga digital, por 2.99€)

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El próximo 12 de octubre, GasMask Editores, en su colección Pop Kills, publica mi último libro, un artefacto que se siente como el cierre de un círculo y una suerte de punto de inflexión en lo que hago. Esta vez no se trata de una novela, un poemario o cualquier otra forma de infección conceptual en forma más o menos de ficción, sino que aquí el proceso (mis procesos) se invierte (n): Homo Tenuis se alimenta de ficciones y construcciones metafóricas, alegóricas y alucinatorias para generar un ensayo muy poco convencional alrededor de dos temas principales: la teoría de la Hiperstición y la figura del SlenderMan…

“El 31 de mayo de 2014, en Waukesha (Wisconsin), dos niñas de doce años de edad apuñalaron diecinueve veces a una compañera de clase. Al ser interrogadas, declararon que debían cometer aquel asesinato (que quedó milagrosamente en un intento) porque el SlenderMan, una criatura imaginaria concebida en un foro de Internet dedicado a los cuentos de terror y las leyendas urbanas, así se lo había pedido tras presentarse ante ellas y prometerles llevárselas consigo a su mansión en el bosque…”

Homo Tenuis es una obra de teoría-ficción centrada en la figura del SlenderMan (el“Hombre Esbelto”) como elemento ficcional que, habiendo trascendido su condición de leyenda urbana radicalmente nativa del siglo XXI a través de su naturalización y absorción en el consciente colectivo, ha dejado de ser verosímil para convertirse en verificable; esto es, el Slenderman como objeto hipersticioso, una superación de la superstición, una suerte de profecía cultural autocomplida.

A partir de una introducción en el concepto de hiperstición tal como éste se entiende en el campo de la teoría cultural de vanguardia, y de la autopsia del objeto hipersticioso, se formula un estudio del modo en que ciertas ideas, por mucho que en un principio se presenten como aterradores espejismos, son capaces de demostrarse lo suficientemente poderosas como para transformar el mundo y todo lo contenido en él de forma en absoluto metafórica.

De la mano del Hombre Esbelto, en dirección a una hipotética mansión en los bosques del imaginario global, el presente libro cartografía un territorio poblado de mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera, artificios publicitarios y discursos económicos de la coerción, conjuros lovecraftianos, prospecciones transhumanistas, revoluciones electrónicas y lémures cantores.

Tejido como un collage de técnicas y modelos narrativos experimentales que van desde el artículo filosófico a la prosa poética pasando por el método paranoicocrítico daliniano, la micro-ficción, el esquizoanálisis deleuziano o el hiperrelato de terror, Homo Tenuis resulta un artefacto polisémico que trasciende el ensayo formal para articular sus tesis, cuestiones y conclusiones de forma más evocativa que explicativa, en un intento por provocar en el lector la experiencia más inmersiva posible.

Algo eminentemente teórico, pero a la vez íntimo… Llevo estudiando la teoría de la Hiperstición desde la primera vez que usé una aproximación a sus postulados para mi Ciencia Raíz, y desde entonces no sólo ha sido una herramienta de ensamblaje básica para mis novelas Aceldama y Pasaje a las Dehesas de Invierno, sino también un cimiento esencial y plataforma de lanzamiento para media docena de mis relatos y experimentos narrativos, y el tema central de dos extensas conferencias (la que impartí en la MirCon 2014 y mi contribución a las Jornadas de Metal Extremo de Vitoria-Gasteiz)… En cuanto al SlenderMan, es para mí un ente esotérico ejemplar que dice mucho, muchísimo, de los tiempos que nos han tocado vivir, con el que he tenido la relativa fortuna de tener contacto explícito y onírico tras haberlo invocado en las calles de Aceldama y en las de mi barrio, y una suerte de tótem adoptado a través del que entender mi propia relación con la Alucinación y los canales relativos de la Realidad… El libro, además, está empapado de la mayor parte de aquellos autores, pensadores y conceptos que han venido influenciándome y obsesionándome durante los últimos diez o doce años: Anna Kavan, William Burroughs, Layla Martínez, Doris Lessing, Donna Haraway, Kenji Siratori, Reza Negarestani, Nick Land, María Eugenia Esté, Bruce Bégout, Deleuze y Guattari, Germán Sierra, William Gibson, R.W. Chambers, H.P. Lovecraft, Felipe Fernández Armesto, Teresa Aguilar García, el paréntesis de Gutemberg, el arte glitch, la necropolítica, la psiconautica, el transhumanismo…

TABLA DE CONTENIDOS

INTRODUCCIÓN

CONJURO DEL HOMBRE ESBELTO

_Hiperstición: una definición

_SlenderMan: El Hombre Esbelto

ENDORCISMO SUPERMASIVO

_Hiperstición: difuminado del pasaje Real/Imaginario

_Mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera: La Ley de Moore: Los Fantasmas Semióticos: El Stalker

_Ficción publicitaria y la Bolsa de Valores: coerción

ENTES SIN ROSTRO

_Hiperstición: la dimensión oculta

_El Rey de Amarillo: Nyarlathotep: SlenderMan

_Hombre Esbelto: Rastreable: Ente: Exterior

_Caos: Evento: Extinción: Recarga: Terror

CIENCIA FICCIÓN NEGASÓNICA DE COMBATE

_Hiperstición: mística radioactiva

_Cthulhuceno: el Cíborg: el Transhumano: el Monstruo

_K: Persistente revolución electrónica: Hielo intravenoso del futuro: Neuro-arquitecturas aberrantes

BIBLIOGRAFÍA

Como se podrá comprobar, Homo Tenuis es una obra de esencia literaria, no sólo en cuanto a su forma sino en tanto he procurado mantener fuera de sus tesis y giros todo lo que tenga que ver con cualquier manifestación hipersticiosa fuera de la palabra escrita; a modo de reivindicación, he obviado referir más que de forma puntual al cine, la música, los videojuegos o la televisión para centrarme en la literatura de género, la poesía, la filosofía de vanguardia, las creepypastas, el periodismo de investigación y otros canales de contagio por vía de la escritura que, considero, a día de hoy poseen tanta capacidad de subversión y poder de cambio e inferencia mágica en bruto como lo han tenido desde que se garabateo en el polvo la primera frase (si no más, considerando cómo ahora mismo la escritura se ve obligada a mutar y acelerar su plasticidad para afrontar las interferencias de lo audiovisual, lo radicalmente inmediato y los sistemas de educación coercitiva impuestos por los poderes fácticos…

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Y esto es (casi) todo lo que es Homo Tenuis, ahora ya proverbialmente más vuestro que mío. Desde ayer pueden reservarse ejemplares en la tienda online de la editorial (la precompra incluye, como regalo exclusivo para los primeros en hacerse con la cosa, una edición en folleto del cuaderno de dibujos de Morgan Geyser, una de las niñas perpetradoras de lo que ha venido a llamarse “el crímen de SlenderMan”), en Cyberdark y en Hombrecillos Verdes. Ahí está. Sumérjanse en ello con cautela.

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Hoy desvelamos una sorpresa. Hoy sale al mundo una de las cosas más peculiares en las que he tenido el placer de enredarme. De la mano de la distribuidora de fanzines/organización religiosa ANTIPERSONA, aparece, brotado de un rincón excéntrico en el no-espacio mental combinado de Ellos y Yo, Polybius.

 

El videojuego Polybius, presentado en forma de arcade tradicional, fue lanzado al mercado en 1981 por una compañía desconocida llamada Sinneslöschen. Su distribución fue escasa, apenas unas pocas salas recreativas de los suburbios de Portland, Estados Unidos. La simplicidad del juego y la superioridad de los gráficos y el sonido lo convirtieron en un videojuego tremendamente adictivo. No obstante, sus efectos eran demoledores en el subconsciente del jugador: brotes epilépticos, mareos, pérdidas de memoria, náuseas, alucinaciones, terrores nocturnos. Se han documentado incluso intentos de suicidio propiciados por los mensajes subliminales del juego: murmullos ininteligibles que brotaban sin obedecer a ninguna lógica interactiva, gritos aterradores y quejidos de dolor. Después de que un niño de ocho años falleciese de un ataque epiléptico, las máquinas fueron retiradas de los salones recreativos y Polybius desapareció para siempre. El propio nombre de la compañía ya era una advertencia: en alemán Sinneslöchen significa “pérdida de los sentidos”.

 

Polybius (el libro) es un breve y muy poco ortodoxo ensayo no sólo sobre Polybius (el mito) sino sobre el potencial infeccioso, vía hiperstición, de la leyendas urbanas generadas desde un contexto tan particular y poderoso como los videojuegos, sobre el impacto que los nuevos lenguajes generados por éstos tienen en la narrativa consensual del hecho cultural y sobre cómo el Jugador puede llegar a integrar de forma protésica esos lenguajes y usarlos de filtro con los que retocar y aumentar su contemporáneo y su cotidianidad.

 

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En una reivindicación del videojuego como forma artística de pleno derecho y, por tanto, acto mágico capaz de operar cambios en la Realidad mediante la Voluntad y la Alucinación, Polybius (el libro) aprovecha el análisis de Polybius (el objeto hipersticioso) para articular un relato esotérico y excéntrico en el que teoría, ficción, autobiografía, poesía, psicodelia y psicotronía se confunden y tratan de provocar el mismo efecto de aniquilación de lo que damos por sentado, inyectar la misma maldición, que se supone se pretendía provocar e inyectar mediante Polybius (el arma original), ahora buscando no el control del Jugador y la sumisión de éste a los poderes fácticos sino la liberación de ese “edificio exosomático de lo humano” del que tantas veces hemos hablado ya aquí, la presentación de un plan de fuga de la cárcel de Lo Real Materialista.

 

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Apenas cien páginas de genuino ejercicio de MindFuck. Para vosotros.

Está siendo un otoño de lo más movido, así que se impone echar el freno un segundo y armar la periódica lista de cosas que hago, cosas que dicen que hago, dónde aparezco, dónde estoy y qué se cuece. Ahí vamos.

COSAS QUE HAGO

Mutilació del Pas de Ball, con guión de Francisco Jota-Pérez y dibujos de Juan Francisco Mota, es una serie de historias cortas, en blanco y negro, autoconclusivas aunque con un nexo temático común.

Asentados en las bases teóricas de la hauntología, la new aesthetic y la teoría glitch, los relatos que conforman el proyecto pretenden ser una modernización de los tradicionales cuentos de fantasmas, llevando el género hacia la experimentación, el drama y la especulación filosófica para sacarlo de su marco habitual, proyectar ciertas preocupaciones contemporáneas y situar al lector en un juego de fantasmagorías dentro de fantasmagorías.

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  • Durante todo el mismo mes de septiembre, en entregas semanales, fue apareciendo en Láudano Magazine mi serie de artículos dedicados al ejercicio práctico del Ocultismo Noumenal con la excusa de una experiencia de juego-inmersión en la saga de videojuegos Bioshock, Siempre hay un faro, Siempre hay una ciudad y Siempre hay un hombre; ciclo al que ya dediqué una entrada AQUÍ

Realismo especulativo, transhumanismo, ontología cyborg y ontología orientada al objeto y ontología plana, teoría de la hiperstición, futurología, topografía profunda, shock por futuro, horror cósmico, conspiranoia, ciencia ficción, magia del caos, aceleracionismo, poesía y prosa experimental.

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Un relato de terror “slasher”, puro género, deconstruido y reformulado con la intención de convertirlo en un cuento que transmita otro tipo de terror (condicional, suspensivo y, sí, de nuevo, ocultista y noumenal).

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En una hondonada inmediata trata de mostrar el Averno como un lugar en el que la identidad y, por extensión, el lenguaje, se quiebran, se deshacen y se vuelven incognoscibles; donde los niños malos tiene sexo con ángeles que les enseñarán qué significan la obsesión y la decepción; donde todo, absolutamente todo, son juegos de dominación de suma cero.

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Un peculiar trabajo de no-ficción, un ensayo en cómic sobre la miniserie británica “Utopía”, dibujado por Vicente Montalbá, y que es más bien un panfleto mezclando hiperstición con conspiranoia en las trincheras del Hecho y las trincheras de la Alucinación.

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  • Y ya de cara al próximo mes de noviembre, coincidiendo con la edición de este año de la Hispacón, Esdrújula publicará también El Laberinto Mecánico, antología digital y gratuita (que será primero exclusiva para los inscritos al evento, y luego podrá descargarse desde la misma tienda online de la editorial y desde Lektu), a la que aporto Máquinas de Gracia (una adivinación)

Dustism, teología, New-Age, terremotos y fantasmas.

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COSAS QUE DICEN

If in Aceldama (Origami) Francisco Jota-Pérez submerges the reader in psicogeography and boxing, in Pasaje a las dehesas de invierno (Esdrújula) he builds a psychological drama powered by urban witchcraft and “extreme” topography.

  • Y ya empiezan a brotar por ahí las primeras reseñas de Pasaje a las Dehesas de Invierno:
    • De Álex Portero, en Ángulo Muerto:
    • La novela narra, esencialmente, un viaje trascendente que pone en movimiento: género, sexualidad, magia, hipnagogia, tecnologías del yo, estados alterados de conciencia, topografía profunda, psicogeografía, amor, muerte, pérdida y expiación.

    • De Ekaitz Ortega, en C:
    • El paseo por una ciudad que se mueve entre lo gótico y la más absurda modernidad; la variable que incluye el punto de vista de la bruja, o el autor; sumada a la narración en presente, ofrecen un dinamismo que traslada al lector entre sus amplias avenidas y las esquinas más abruptas.

    • De Javier Vayá, en La Huella Digital:
    • Pasaje a las dehesas de invierno exige lectores comprometidos con la verdadera literatura, dispuestos a abrazar complejas y angustiosas oscuridades, a hundirse en el fango de la pérdida y el dolor. Pero también, por supuesto, a transgredir dogmas en esta sublime búsqueda de la transcendencia personal en una de las más hermosas e inusitadas historias de amor que recuerdo.

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Ahí estamos. Por aquí vamos. Adelante.

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Este pasado verano, me he dedicado a darle forma a algo a lo que he llamado Ocultismo Noumenal (expresión fusilada sin pudor a Eugene Thacker… a quien no creo que le importe demasiado, o eso espero, esta apropiación, la verdad), una amalgama de filosofía teórico-práctica como un intento de dar coherencia a gran parte de mis temas habituales, de más o menos estructurarlos en un sistema de ideas: realismo especulativo, transhumanismo, ontología cyborg y ontología orientada al objeto y ontología plana, teoría de la hiperstición, futurología, topografía profunda, shock por futuro, horror cósmico, conspiranoia, ciencia ficción, magia del caos, aceleracionismo, poesía y prosa experimental.

Aquí mismo, en el blog, ya se han podido ver algunos ejemplos de hacia dónde iba la cosa, así como se verá en algunas de mis colaboraciones en varias revistas y antologías que saldrán al mundo durante los próximos meses, pero el ejemplo más claro de ejercicio práctico y formulación de ese Ocultismo Noumenal, algo así como un manifiesto, se puede encontrar ya en la serie de artículos que la revista online Láudano Magazine ha venido publicando semanalmente durante este septiembre.

Siempre hay un faro, Siempre hay una ciudad y Siempre hay un hombre son tres piezas que, juntas, funcionan como un ensayo extraño al respecto de los temas comentados algo más arriba, aplicados al análisis por inmersión profunda en la saga de juegos BIOSHOCK, no tanto “periodismo videojueguil gonzo” (aunque algo de eso tiene) como, repito, un ejercicio práctico de Ocultismo Noumenal.

Dejo a continuación los enlaces a los tres trabajos, para que hagáis con ellos lo que gustéis:

 

SIEMPRE HAY UN FARO

“¿A qué crees que podrías aspirar tú siendo una Forma Inhumana alterada irreversiblemente por la prótesis ficcional?”

 

SIEMPRE HAY UNA CIUDAD

“De la honda sima de tu discontinuidad con lo Real, esa que te ha estancado en un shock por futuro —y te ha llevado a diferenciarte irracionalmente de, por ejemplo, las máquinas con las que cohabitas, los sistemas algorítmicos con los que convives y las herramientas en paridad con las cuales evolucionas—, surgen inteligencias metonímicas que, al parecer, son las únicas capaces de cruzar a un lado y otro de tus espacios interior y exterior.”

 

SIEMPRE HAY UN HOMBRE

“Lógica-ficción: la suspensión de la reciprocidad entre fenómeno y noúmeno te sitúa, Ocultista Noumenal, en la senda de un posthumanismo crítico por el cual al abismo insondable que el hombre, debido a sus limitaciones intrínsecas, apenas puede testimoniar de manera parcial y puntual, se le opone un ser evolucionado en paralelo y equivalencia con sus herramientas materiales y ficcionales; Dios aún no existe; todavía no ha sucedido, más que como profecía con el ferviente deseo de ser autocumplida”

 

Vuestros son.

 

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Para bien o para mal, no hay disensión al respecto del origen del tratamiento:“Avatar therapy for persecutory auditory hallucinations: What is it and how does it work?”, publicado el 4 de marzo de 2013 en la revista Psychosis: Psychological, Social and Integrative Approaches y firmado por Julian Leff, Geoffrey Williams, Mark Huckvale, Maurice Arbuthnot y Alex P. Leff.

El artículo postulaba:

Hemos desarrollado una nueva terapia basada en modelos informáticos que permiten al paciente crear un avatar de la entidad, humana o no-humana, que creen les está acosando. El papel del terapeuta es el de animar a dicho paciente a entablar un diálogo con su avatar, teniendo a su disposición una batería de programas que modifican a la proyección de forma que, en el transcurso de apenas seis sesiones de 30 minutos, ésta devenga controlada por el paciente y pase de mostrarse abusiva a ser un ente amable y comprensivo.

El estudio fue evaluado según un protocolo de pruebas de control aleatorio en cruce parcial. Un grupo pasó directo a la sección de “terapia inmediata”. El otro siguió en cuidados clínicos estándar durante 7 semanas y luego fue integrado al trabajo con avatares en “terapia pospuesta”.

Durante la investigación se hizo patente en ambos grupos una significativa reducción de la frecuencia e intensidad de las voces, así como en su omnipotencia y malevolencia, e incluso varios individuos tuvieron una reacción dramática, con sus alucinaciones auditivas cesando por completo tras pocas interacciones.

La media de tamaño del efecto de la terapia fue del 0,8.

 

Y LAS VOCES SIN BOCA SABOREARON EL MIEDO

Somos accesorios, vaya, ahora mismo atajando por el Parque del Clot, Shambala de barricadas y ocupaciones facciosas: un 18 de julio de 1936 que se radia en tirabuzones, en el lugar de encuentro de los miembros del grupo NOSOTROS, Gregorio Jover, Juan García Oliver, Buenaventura Durruti, Antonio Ortiz, Francisco Ascaso, Ricardo Sanz, Aurelio Fernández y José Pérez Ibáñez, “el Valencia”. Transarmonía sintética de nueve hombres ahorcados con cordeles de hilo dorado en cadalsos de orden público. Argamasa, contrafuertes de cualquier cosa, neumáticos. Un transporte de tropas pedestre, el emplazamiento a la contra-sedición. Los rostros de tiza de NOSOTROS en la ronda de los Escultores Claperós. Esta vía de diferencias barométricas del barrio es tanto un prodigio de planificación cívica como una solución residuo de otras intentonas de no reducir el alfoz a nido en el que los anarquistas críen a sus polluelos a base de regurgitar santos y señas por los siglos de los siglos, amén; y crea así un microclima de desazón que no se deja ser satisfecha ni por el centro comercial a la izquierda ni por el parque, con sus canchas de baloncesto y su frontón teatralizando las bondades del cemento, a la derecha; desazón completamente irracional, aunque ahí está: las ganas de amontonar cascotes y tablones, las ganas de resistir, junto con las ganas de comprar lo que sea como dádiva para los custodios del brevísimo viaje, y las ganas de, a la mierda, echar un ojo por encima del hombro y acabar en estatua de sal, por qué no. Las primeras noticias del Alzamiento Nacional se han enquistado aquí, y han dejado el terreno sin leyes… Como si los centros sólo fuesen definidos por sus periferias, se aleja recorriendo espacios aéreos que chisporrotean de la misma forma que Uno supone deben chisporrotear los cerebros de ciertos científicos, y atiende al mandato de lo que se transforma desde el molde de la escultura compuesta de circuitos y condensadores de exomemoria. Desearía no haber acumulado tanto conocimiento por el mero ansia de acumular, y saber desenvolverse mejor entre las búsquedas indexadas, el geoposicionamiento interesado con el que los comercios y los lugares de interés turístico doblegan a los mapas, pero qué se le va a hacer… De momento, el Árbol Nariz y otros experimentos en alta tecnología posthumana le hablan de las razones por las que no es el corazón el que bombea esa excrescencia ósea complementaria, queratina sobrante, sino la fuerza de la necesidad —la energía que la estructura misma es capaz de admitir—, la dinámica de la necesidad de espacios de uso común… El Pistolero de Miquel Mir, licenciado de las Patrullas de Control, nos pasa rozando, sin reparar en nosotros, concentrado en sirenas que no suenan, rezongando… “Ya se sabe, desde siempre, y para eso no hacen falta ni vanguardias ni píos, sino los habituales siervos de la burguesía ilustrada, que todos los anarquistas son, por definición, ladrones y asesinos. Y eso dicen, eso, eso dicen de mí, eso. Entre el tópico y la infamia”… ¿pero por qué no suenan las sirenas?, porque está la algarabía de los niños jugando al fútbol y la algarabía de los que aún se atreven a tomarse un refresco y algo para picar en las mesas al fresco de los bares de la ronda, por un lado, y, por otro, las broncas que los clientes de tus padres y los clientes de sus imitadores le están echando a las ninfas turistas que, mapa en ristre, preguntan por los Ritos de Primavera en el parque. En toda Barcelona, los parques son botín de guerra, parecen haberse diseñado para su fosilización, para coronar almanaques en los que señalar fechas concretas. Estamos pensando en escuadrones de aeroplanos colocados sobre una táctica contra la arquitectura, sus pilotos guiándose por las zonas verdes, tasando las barricadas. Balas de cargadores en fusiles expropiados. Ejércitos de desarrapados, soldados que más parecen los náufragos de un buque de combate, militantes cenetistas. Una veintena de los más curtidos, probados en mil luchas callejeras, suben a los camiones del sindicato. Antonio Ortiz y Ricardo Sanz montan una ametralladora en la parte trasera de la plataforma del camión que abre la marcha. Las sirenas de las fábricas textiles de Poblenou, a un kilómetro de aquí, ululan huelga general e insurrección revolucionaria. Bandera rojinegra.

Aquel que ve cómo el cero se iguala al caos del que —siguiendo una ruta fija— emana el orden de la cifra, se fija en la inversión de las cosas cuando éstas van hacia el trópico salado, acaso un mediodía, violentado por la pista sonora de esas cabezas de guerra adolescente que braman mala compasión con una retórica arrebatada a lo que antes fue belleza, educación y belleza, trascendencia y educación y belleza, y ha devenido —por desidia, al fin y al cabo: la energía que la estructura misma es capaz de admitir, ¿podrá proporcionarnos suficiente calor? ¿Y suficiente impulso?— más mal que bien el cántico de tritón de una ética tan torticera que debe irse reformulando e implementando campaña tras campaña. Uno, que se permite sentir la atracción arquetípica por las formas circulares, es la forma que busca el cristal y el hormigón. Sileno ebrio tras la contaminación de las fuentes de las que suele beber ríos. A través de las desgastadas juntas entre los ladrillos de los muros del palacio que es cada hogar, se intuye, se oye y se huele, una muchedumbre verde, roja y ámbar de criaturas miméticas… Un Atleta vierte por el pezón derecho un líquido que se transforma en un botellín de Coca-Cola®, el cual, a su vez, se convierte en un auricular —transductor que recibe una señal eléctrica originada en la Idea— que se licua en tinta putrefacta,

directa al torrente,

más densa que la información

y por eso flota;

del otro Atleta emerge, por la espalda, la excrescencia de un hombre nuevo y escasamente esperanzador. Del suelo que ambos sobreflotan, nacen fuegos fatuos que han sufrido un drástico cambio de estado para volverse arena en un desierto de lo factible y lo mensurable. Ambos peleles de estopa flanquean la torre fundacional y se mecen al antojo del súbito viento de la guerra que inspirase a Dalí tales ángeles de la poética del hilo conductor entre el símbolo y el monoteísmo.

La guerra civil le dio una dentellada al barrio que ya no cicatrizará: el Informalisme fue un estado de shock, la carrera olímpica fue un malentendido quejumbroso. En esta ciudad, más que recortar los titulares y encolarlos a cuadros cubistas para poder dilucidar la verdad, la ventaja se obtiene al recoser esos recortes en algo que se pueda vestir, como una túnica. Es un gesto quizá barroco, pero necesario.

 

 

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Referencias: 

Tanta era la vivesa de la concideració, ab gran desitg que totas las criaturas me trapitjassen, obligant-me en lo exterior del cos fer la acció de abaixar-me de manera que una vegada o dos me fou precís posar la cara en terra, tal era lo conexament de ma vilesa, suciedat y nada.

Teresa Mir i March, Rahó de l’Esperit (facsímil, c.1715)

 

La técnica de deconstrucción de la feminidad y de aprendizaje de la masculinidad de Diane Torr reposa sobre un método teatral, sobre la descomposición de la acción aprendida (la marcha, el habla, sentarse, levantarse, la mirada, fumar, comer, sonreír…) en unidades básicas (distancia entre las piernas, apertura de los ojos, movimiento de las cejas, velocidad de los brazos, amplitud de la sonrisa, etc.), que son examinadas como signos culturales de la construcción del género. Mi técnica toma elementos de su análisis preformativo de la acción, pero, en realidad, reposa sobre un método más próximo a la reeducación corporal postraumática y a la producción política de la subjetividad a partir de la elaboración de una narración colectiva.

Beatriz Preciado, Testo Yonqui (Espasa Calpe, 2008)

 

En algún punto de la larga andadura de la raza humana se ha producido una especie de divorcio entre el Yo y el Nosotros, una especie de desprendimiento espantoso, y yo (que no soy yo, sino parte de un todo compuesto de seres humanos, como ellos de mí) floto aquí en el aire, como sobre el lomo de un ave blanca, con la sensación que estoy regresando (…), sí, regresando al vórtice del terror…

Doris Lessing, Instrucciones para un Descenso al Infierno (Seix Barral, 1974)

 

Te he seguido como nos persiguen los días / Con la seguridad de irlos dejando en el camino / De algún día repartir sus ramas / Por una mañana soleada de poros abiertos / Columpiándose de cuerpo a cuerpo / Te he seguido como a veces perdemos los pies / Para que una nueva aurora encienda nuestros labios / Y ya nada pueda negarse / Y ya todo sea un mundo pequeño rodando las escalinatas / Y ya todo sea una flor doblándose sobre la sangre…

Emilio Adolfo Westphalen, Las Ínsulas Extrañas (Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2003)

 

El objeto hipersticioso no es un mero producto del constructo social, sino que es algo ‘conjurado’ a la realidad mediante la forma en que nos acercamos a ello.

Nick Land, Abstract Culture: Meltdown (CCR.net)

 

La preocupación popular por la falta de certeza en el futuro que provocan los rápidos cambios, no son sólo producto de la ignorancia. Más bien equivalen al cuadro sintomático de un mundo al borde del ‘shock por futuro’”.

Felipe Fernández-Armesto, Civilizations (The Free Press, 2001)

 

Sólo hay, pues, la oscura claridad de las estrellas que viene del lejano pasado de la noche de los tiempos, la débil claridad, y es ella la que nos permite aprehender lo real, ver, comprender nuestro entorno actual, ya que ella misma proviene de una lejana memoria visual sin la cual no hay acto de mirada…

Paul Virilio, Máquinas de Visión (Cátedra, 1998)

 

El Repta-Tuberías (Go-Juice), nombre en código para el vehículo autónomo que pasa de contrabando máquinas de guerra islámicas a las civilizaciones occidentales –por otra parte, es de hecho la lenta penetración de otras entidades narrativas del petróleo en las profundidades rectales de toda orientación política, ya sea formuladas desde plataformas religiosas o no…”

Reza Negarestani, Cyclonopedia (Re.Press, 2008)

 

(Las Casas Bajas del Clot) …se construyeron en 1837 con la espada de Damocles sobre sus tejados. Ya antes de levantarse pesó sobre ellas el llamado derecho de evicción: cada propietario tenía la obligación de derribarlas y llevarse los escombros en caso de guerra. La proximidad del Fuerte Pio (Fort Pienc) era la causa. La amenaza persistió durante décadas.

Blanca Espacio, Los Supervivientes del Clot (Taller d’Historia del Clot, 2013)

 

En todos tiempos, ó en sus diferentes épocas, ha sido siempre Barcelona dechado de virtudes, escuela de costumbres y empresas, y modelo de escelencias y hazañas. En la pureza de su fe aventaja á muchas ciudades, pues que en ella predicó Santiago, fundando la iglesia y dejando en ella de primer obispo a Teodosio; en la cultura de las ciencias fue maestra Barcelona con su universidad; en suelo es otra Babilonia, como la llamó un poeta…

Antonio de Bofarull, Guía-Cicerone de Barcelona (facsímil, 1847)

 

En el Universo, como hemos reconocido al principio, es la vida lo que constituye el fenómeno central –y, en la vida, el pensamiento- y en el pensamiento la ordenación colectiva de todos los pensamientos en sí mismos. Pero he aquí que, por una cuarta opción, nos encontramos llevados a decidir que, más profundo todavía, es decir, en el corazón mismo del fenómeno social, está en marcha una especie de ultra-socialización…

Pierre Teilhard de Chardin, La Aparición del Hombre (Taurus, 1958)

 

Texturas:

dali18drones-eye-viewHäxan (1922) Filmografinr: 1922/0610374014_10206183090884369_1915186385065666264_nUntitled_painting_by_Zdzislaw_Beksinski_19845242511514_fbe3dc55db_bmapa clot10375566_670952376311970_1779193687_n38C48BF8F11006446_10206251109344788_7842102541821349222_nel clot bcnmed-hoteles-diagonal-hotel-pasillo-habitaciones-106

 

 

Banda Sonora:

 

Fugas:

Espectros e Inductores (óleo sobre tela, 116,6 x 78,7cm.), en Obituario nº 22

Ligadura de Prolongación, en Revista Kokoro nº 9