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Archivo de la etiqueta: Relato

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Y el caos me llama es mi contribución a la antología Whitestar (ed. Palabristas), una obra coral que recoge 32 textos (relatos, poesía, experimentos formales varios…) dedicados a la música, la figura y la presencia de David Bowie y cuyos beneficios serán donados íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer.

Hoy, al cumplirse un año del fallecimiento del Duque Blanco, se nos pide a los colaboradores que compartamos un fragmento de nuestra pieza para el volumen, así que dejo aquí aproximadamente la mitad de mi relato, un artefacto industrial-psicodélico que pretende rizar el tributo para hacerlo extensible a Brion Gysin, influencia capital en cómo Bowie afrontaba la escritura de la letra de sus canciones y referente personal básico al que debía desde hace tiempo, como poco, un toque de sombrero…

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Y EL CAOS ME LLAMA

La escena de tortura como definición de la silueta en forma de responsabilidades vicarias y materiales, representantes, agentes, sin calificación por edad a la que aferrarse.

Encarnada en todo, muda.

Son los primeros años de la atemporalidad, una imposibilidad en la precisión de lo apreciable, papel de revista desde el que se añoran artefactos voladores que nunca se patentaron, gargantas cerradas de decepción; un poco más allá, en el televisor LED: la primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva como un portal estrecho y redondeado a la luz de plasma de una bombilla envuelta en celofán, representada en una habitación de hotel; en alguna parte: pelo, uñas y dientes pintados en tonos cobre, hilos, una conexión fallando, coaxiales no tanto sacudidos como mecidos por la marejada de datos: “la polla pingada de purpurina, lo que pasa cuando te follas a un unicornio”; cerca andan también las cabinas de bronceado en áreas de avituallamiento para los que han adoptado como hobby el monocultivo de marihuana en interiores, los armarios de los que se sale y se entra según haya quedado aplastado el peinado de cada cual la noche anterior.

Gérmenes transformadores de víctimas cubren como un paladar a las personas presas en Tetuán, que están incubando la temerosa anticipación de algún poco concreto desastre. Tanquetas del servicio de mantenimiento del Resonador patrullan la verja del Paseo de la Castellana arriba y abajo y arriba, y anuncian, en ruido de fondo al que el oído se acostumbra en menos de cinco minutos, durísimas sanciones a aquellos que tengan el poco criterio de tratar de cruzar a El Viso o Nueva España sin llevar en la solapa el distintivo de los empleados por la Catedral de los Medios Convencionales o sus empresas afluentes. A las seis de la mañana del sábado, sólo recorre las calles del distrito una piara de pretéritas formas circulares de encantamiento de la zona: traperos e higienistas del cable; mi hija tomándose una fotografía de fósforo en la que aparecerá a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga; tuberculosos que estudian con detenimiento esos pasquines políticos que lo mismo reniegan del invisibilismo de unos planos urbanísticos sobre los que no se levantará nada, como llaman a desconectar el mismísimo Resonador y activar el Clítoris, un clítoris cualquiera, abstracto de subversión; “juraría que las chabolas que aparecen no están exactamente al final de la calle Pinos Alta sino al final de las de Isabel Serrano, Sorgo y Alberdi, el Barrio del Pilar son los edificios de la derecha, no los del fondo y no corresponde exactamente con el límite de la ventilla sino de Valdeacederas con el Barrio del Pilar, en una foto aérea de 1993, la Avenida de Asturias se puede ver aún en la esquina inferior izquierda, fueron derribadas y ahora, en ese lugar, está la ampliación del Parque Rodríguez Sahagún”; los profundamente extrañados grupos de pecios del Plan Bidagor, gentes de negativo probable de bajo espectro al sepia fractal, palpan muretes y bancos y pilones y una intervención artística en forma de mirador de cilindros de hormigón comunicados por una estructura de escaleras esmaltadas en turquesa, cosas que no deberían estar ahí, superposiciones esotéricas del presente inmediato al miserable pasado ideal. Heme aquí, dando cortos exorcismos por una tarifa simbólica.

Grandiosos proyectos en curso dejan a la vista espinas altas como placas dorsales en el dinosaurio abatido de una plaza dura, alambre y fusible que capturan sobrecargas sintomatológicas; “como ése, el Dañador, futuro suegro de Maltrana, un furtivo que completa su dieta con lo que puede pillar saltando la valla del Pardo y entrando a cazar en la Propiedad Real”… Y se da la desaparición intermitente de un importante nódulo de Publimax: ahora el emisor de espectros sintéticos, efecto especial por el que los retazos fantasmales del sesgo histórico, ultra-manipulados obedeciendo a fines de propaganda institucional y voluntad museística impuestos al distrito, y que contrastan con lo exudado por los propios vecinos en distorsión por mal acople y retroalimentación, se esfuman; ahora son recuperado por los mismos personajes que el Publimax ha disparado al transeúnte, quienes, presas del pánico existencial de la acotación suelta al azar en el guión que el ayuntamiento preparase para ellos, embrujan los circuitos del aparato y le insuflan nuevos bríos; “el suburbio de Madrid es un hedor, una mezcla de hojalata, de solares con sórdidas chozas; sus habitantes son obreros, gente pobre; es una ciudad sin techo, un sumidero de miseria, hasta una vara de suciedad en el suelo, ratas, tifus, tuberculosis, promiscuidad; y, más que medicinas, necesitan los habitantes del suburbio pan, leche, alimentos”.

“When you cut into the present, the future leaks out”, leo en alguna parte.

Rebusco en mi mochila y extraigo, cuando el momento es el correcto, un ataúd de plástico no más largo que mi brazo y un rollo de papel de aluminio, del que corto pedazos que cuadro tomando la medida de un pliegue en diagonal. De los cuadrados hago cubos cerrados, coquetos acumuladores plateados. Tapo una papelera con el ataúd, que me sirve de expositor para estos joyeros imposibles y voceo las bondades de mi mercancía a la concurrencia, cuyo número se ha multiplicado exponencialmente conforme se ha ido avecinando el mediodía.

Tome usted uno de estos cubos, Caballero, ¿qué pensaría si le digo que son cabinas de desplazamiento para la gente diminuta que hay encerrada dentro de ellas, que si compra usted una de estas y la sacude, la sacude con todo lo que le den las fuerzas, hará que el interior se curve en determinada fase, a una frecuencia distinta de la frecuencia normal, distinta incluso de la frecuencia a la que vibran sus inoportunos convecinos al sepia fractal? ¿Quién no querría una mascota así? Esos duendecillos y duendecillas, aplicada la torsión apropiada sobre su ahora, le susurrarán leyes y recetas titubeantes, llenas de interferencias de emisiones provenientes del infierno, sí, del único e incomparable infierno, porque, entérese, entérese con las orejas de enterarse, a estas alturas, con usted en su cueva y a gusto y ocioso y sacudiendo la cajita como si no hubiese un mañana, el infierno será la idea de infierno que usted y los que son como usted tengan de ello; entérese: una trenza sin valor ninguno a la que irá porque en el fondo, muy en el fondo, quiere usted ir, y estos duendecillos y duendecillas le traen, ¡albricias!, una inminencia de castigo eterno en las fauces del naranja profundo del averno en forma de tarjeta de felicitación, para que vaya usted preparando los bártulos anímicos. Compre, Caballero, compre…

Banda sonora en la Catedral de los Medios Convencionales; televisión, radio, prensa online y offline, Aumentáformo y Publimax: “en Mil Mesetas, en lo que Brassier describe como manotazos que vinieron a continuación, en los inconscientes materiales tanatrópicos, de su estómago reptamos por la trampilla a la inevitabilidad de la esquizofrenia cósmica, en sus colegas, más que la mascarada de la que se sirve La Bella, están algunos periódicos haciendo referencia a la izquierda parlamentaria, la disolución en máquinas de silicio, bacterias, rayos cósmicos, en postulaciones continuas que son la historia del universo y, tras lo impersonal, lo colectivo, lo social, lo inevitable, nos parece que esta lucha ha tenido características de autodeterminación.

—¿Por qué la textura de las cosas pasa a través de mí por una tachadura de ausencia en los receptores, sin asirse, como lo demás, al aparato cognitivo? —pregunto.

Silbo una melodía tenue de réplicas y mala soldadura de otras melodías a medio oír y medio degustar, mientras aguardo en el andén a que los mozos de carga llenen el vagón de cola del tren de alta velocidad que tomaré hasta la siguiente estación en mi peregrinaje. Hacia el Resonador, sin más pausas y con los talones asaeteados por el acoso del monstruo que acabo de entrever al mirarme en la superficie reflectante del plafón en el que se muestran los horarios y destinos de los convoyes llevándose mercancía mal flambeada al blanco roto del PolvoLunar.

Una bestia se ha hecho con mi hija (“la escena de tortura como definición de la silueta, primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva, portal estrecho y redondeado a la luz de plasma, a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga”) y la retiene contra su pecho marchito y seco y que desnutre.

(Whitestar puede adquirirse en Lektu, en descarga digital, por 2.99€)

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Transcomunicación Instrumental

(Hace un par de años, inspirado por la serie de ilustraciones del artista Álvaro Barcala titulada The Red Cathedral y por varias lecturas sobre mediúmnica y espiritismo en los primeros años del siglo XX, escribí Transcomunicación Instrumental, un relato protagonizado por una versión alucinada de la célebre médium Eusapia Paladino que iba a ser incluido en una antología sobre retrofuturismo y psicodelia. El volumen no se editó nunca, pero la historia llegó a manos de la gente de la editorial Nevsky, quienes tuvieron a bien traducirlo al inglés para que formase parte de su recopilación Best of Spanish Steampunk, publicada a principios de este 2015. Y ya que esta noche he vuelto a soñar con el Niño de Histamina y con el Ingenio de Bogras, dos de los elementos clave que sustentan el cuento, me ha parecido de recibo compartir aquí la versión original del texto, para que Eusapia, el Niño y el Ingenio os habiten a vosotros también, si gustáis. Feliz lectura) 

Está siendo un otoño de lo más movido, así que se impone echar el freno un segundo y armar la periódica lista de cosas que hago, cosas que dicen que hago, dónde aparezco, dónde estoy y qué se cuece. Ahí vamos.

COSAS QUE HAGO

Mutilació del Pas de Ball, con guión de Francisco Jota-Pérez y dibujos de Juan Francisco Mota, es una serie de historias cortas, en blanco y negro, autoconclusivas aunque con un nexo temático común.

Asentados en las bases teóricas de la hauntología, la new aesthetic y la teoría glitch, los relatos que conforman el proyecto pretenden ser una modernización de los tradicionales cuentos de fantasmas, llevando el género hacia la experimentación, el drama y la especulación filosófica para sacarlo de su marco habitual, proyectar ciertas preocupaciones contemporáneas y situar al lector en un juego de fantasmagorías dentro de fantasmagorías.

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  • Durante todo el mismo mes de septiembre, en entregas semanales, fue apareciendo en Láudano Magazine mi serie de artículos dedicados al ejercicio práctico del Ocultismo Noumenal con la excusa de una experiencia de juego-inmersión en la saga de videojuegos Bioshock, Siempre hay un faro, Siempre hay una ciudad y Siempre hay un hombre; ciclo al que ya dediqué una entrada AQUÍ

Realismo especulativo, transhumanismo, ontología cyborg y ontología orientada al objeto y ontología plana, teoría de la hiperstición, futurología, topografía profunda, shock por futuro, horror cósmico, conspiranoia, ciencia ficción, magia del caos, aceleracionismo, poesía y prosa experimental.

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Un relato de terror “slasher”, puro género, deconstruido y reformulado con la intención de convertirlo en un cuento que transmita otro tipo de terror (condicional, suspensivo y, sí, de nuevo, ocultista y noumenal).

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En una hondonada inmediata trata de mostrar el Averno como un lugar en el que la identidad y, por extensión, el lenguaje, se quiebran, se deshacen y se vuelven incognoscibles; donde los niños malos tiene sexo con ángeles que les enseñarán qué significan la obsesión y la decepción; donde todo, absolutamente todo, son juegos de dominación de suma cero.

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Un peculiar trabajo de no-ficción, un ensayo en cómic sobre la miniserie británica “Utopía”, dibujado por Vicente Montalbá, y que es más bien un panfleto mezclando hiperstición con conspiranoia en las trincheras del Hecho y las trincheras de la Alucinación.

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  • Y ya de cara al próximo mes de noviembre, coincidiendo con la edición de este año de la Hispacón, Esdrújula publicará también El Laberinto Mecánico, antología digital y gratuita (que será primero exclusiva para los inscritos al evento, y luego podrá descargarse desde la misma tienda online de la editorial y desde Lektu), a la que aporto Máquinas de Gracia (una adivinación)

Dustism, teología, New-Age, terremotos y fantasmas.

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COSAS QUE DICEN

If in Aceldama (Origami) Francisco Jota-Pérez submerges the reader in psicogeography and boxing, in Pasaje a las dehesas de invierno (Esdrújula) he builds a psychological drama powered by urban witchcraft and “extreme” topography.

  • Y ya empiezan a brotar por ahí las primeras reseñas de Pasaje a las Dehesas de Invierno:
    • De Álex Portero, en Ángulo Muerto:
    • La novela narra, esencialmente, un viaje trascendente que pone en movimiento: género, sexualidad, magia, hipnagogia, tecnologías del yo, estados alterados de conciencia, topografía profunda, psicogeografía, amor, muerte, pérdida y expiación.

    • De Ekaitz Ortega, en C:
    • El paseo por una ciudad que se mueve entre lo gótico y la más absurda modernidad; la variable que incluye el punto de vista de la bruja, o el autor; sumada a la narración en presente, ofrecen un dinamismo que traslada al lector entre sus amplias avenidas y las esquinas más abruptas.

    • De Javier Vayá, en La Huella Digital:
    • Pasaje a las dehesas de invierno exige lectores comprometidos con la verdadera literatura, dispuestos a abrazar complejas y angustiosas oscuridades, a hundirse en el fango de la pérdida y el dolor. Pero también, por supuesto, a transgredir dogmas en esta sublime búsqueda de la transcendencia personal en una de las más hermosas e inusitadas historias de amor que recuerdo.

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Ahí estamos. Por aquí vamos. Adelante.

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EL MAGO EN LA PIRÁMIDE INACABADA

  (Hará cosa de unos tres años, nos pidieron a unos cuantos escritores “raros” un relato breve inspirado en el personaje de Conan el Bárbaro para el dossier dedicado a Robert E. Howard con el que la revista Quimera pretendía homenajear la publicación, por parte de Ediciones Cátedra, de una lujosísima antología de los mejores cuentos y novelas cortas del autor. Por cuestiones que ahora no vienen al caso, dicho dossier no llegó a ver la luz jamás, y mi contribución a éste, “El Mago en la Pirámide Inacabada”, se fue directa al fondo de la sima en mi disco duro a la que arrojo estas cosas. Hoy, sin embargo, ha reflotado, y me ha parecido buena idea colgar aquí la pieza, en su versión definitiva tras la impoluta corrección que le aplicó en su día Luis Gámez, para que le dé el aire y por si a alguien le apetece echarle un vistazo a lo que pasó cuando mis inquietudes y estilo chocaron de frente con los del señor Howard. Feliz lectura)

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Para bien o para mal, no hay disensión al respecto del origen del tratamiento:“Avatar therapy for persecutory auditory hallucinations: What is it and how does it work?”, publicado el 4 de marzo de 2013 en la revista Psychosis: Psychological, Social and Integrative Approaches y firmado por Julian Leff, Geoffrey Williams, Mark Huckvale, Maurice Arbuthnot y Alex P. Leff.

El artículo postulaba:

Hemos desarrollado una nueva terapia basada en modelos informáticos que permiten al paciente crear un avatar de la entidad, humana o no-humana, que creen les está acosando. El papel del terapeuta es el de animar a dicho paciente a entablar un diálogo con su avatar, teniendo a su disposición una batería de programas que modifican a la proyección de forma que, en el transcurso de apenas seis sesiones de 30 minutos, ésta devenga controlada por el paciente y pase de mostrarse abusiva a ser un ente amable y comprensivo.

El estudio fue evaluado según un protocolo de pruebas de control aleatorio en cruce parcial. Un grupo pasó directo a la sección de “terapia inmediata”. El otro siguió en cuidados clínicos estándar durante 7 semanas y luego fue integrado al trabajo con avatares en “terapia pospuesta”.

Durante la investigación se hizo patente en ambos grupos una significativa reducción de la frecuencia e intensidad de las voces, así como en su omnipotencia y malevolencia, e incluso varios individuos tuvieron una reacción dramática, con sus alucinaciones auditivas cesando por completo tras pocas interacciones.

La media de tamaño del efecto de la terapia fue del 0,8.

 

Y LAS VOCES SIN BOCA SABOREARON EL MIEDO

Somos accesorios, vaya, ahora mismo atajando por el Parque del Clot, Shambala de barricadas y ocupaciones facciosas: un 18 de julio de 1936 que se radia en tirabuzones, en el lugar de encuentro de los miembros del grupo NOSOTROS, Gregorio Jover, Juan García Oliver, Buenaventura Durruti, Antonio Ortiz, Francisco Ascaso, Ricardo Sanz, Aurelio Fernández y José Pérez Ibáñez, “el Valencia”. Transarmonía sintética de nueve hombres ahorcados con cordeles de hilo dorado en cadalsos de orden público. Argamasa, contrafuertes de cualquier cosa, neumáticos. Un transporte de tropas pedestre, el emplazamiento a la contra-sedición. Los rostros de tiza de NOSOTROS en la ronda de los Escultores Claperós. Esta vía de diferencias barométricas del barrio es tanto un prodigio de planificación cívica como una solución residuo de otras intentonas de no reducir el alfoz a nido en el que los anarquistas críen a sus polluelos a base de regurgitar santos y señas por los siglos de los siglos, amén; y crea así un microclima de desazón que no se deja ser satisfecha ni por el centro comercial a la izquierda ni por el parque, con sus canchas de baloncesto y su frontón teatralizando las bondades del cemento, a la derecha; desazón completamente irracional, aunque ahí está: las ganas de amontonar cascotes y tablones, las ganas de resistir, junto con las ganas de comprar lo que sea como dádiva para los custodios del brevísimo viaje, y las ganas de, a la mierda, echar un ojo por encima del hombro y acabar en estatua de sal, por qué no. Las primeras noticias del Alzamiento Nacional se han enquistado aquí, y han dejado el terreno sin leyes… Como si los centros sólo fuesen definidos por sus periferias, se aleja recorriendo espacios aéreos que chisporrotean de la misma forma que Uno supone deben chisporrotear los cerebros de ciertos científicos, y atiende al mandato de lo que se transforma desde el molde de la escultura compuesta de circuitos y condensadores de exomemoria. Desearía no haber acumulado tanto conocimiento por el mero ansia de acumular, y saber desenvolverse mejor entre las búsquedas indexadas, el geoposicionamiento interesado con el que los comercios y los lugares de interés turístico doblegan a los mapas, pero qué se le va a hacer… De momento, el Árbol Nariz y otros experimentos en alta tecnología posthumana le hablan de las razones por las que no es el corazón el que bombea esa excrescencia ósea complementaria, queratina sobrante, sino la fuerza de la necesidad —la energía que la estructura misma es capaz de admitir—, la dinámica de la necesidad de espacios de uso común… El Pistolero de Miquel Mir, licenciado de las Patrullas de Control, nos pasa rozando, sin reparar en nosotros, concentrado en sirenas que no suenan, rezongando… “Ya se sabe, desde siempre, y para eso no hacen falta ni vanguardias ni píos, sino los habituales siervos de la burguesía ilustrada, que todos los anarquistas son, por definición, ladrones y asesinos. Y eso dicen, eso, eso dicen de mí, eso. Entre el tópico y la infamia”… ¿pero por qué no suenan las sirenas?, porque está la algarabía de los niños jugando al fútbol y la algarabía de los que aún se atreven a tomarse un refresco y algo para picar en las mesas al fresco de los bares de la ronda, por un lado, y, por otro, las broncas que los clientes de tus padres y los clientes de sus imitadores le están echando a las ninfas turistas que, mapa en ristre, preguntan por los Ritos de Primavera en el parque. En toda Barcelona, los parques son botín de guerra, parecen haberse diseñado para su fosilización, para coronar almanaques en los que señalar fechas concretas. Estamos pensando en escuadrones de aeroplanos colocados sobre una táctica contra la arquitectura, sus pilotos guiándose por las zonas verdes, tasando las barricadas. Balas de cargadores en fusiles expropiados. Ejércitos de desarrapados, soldados que más parecen los náufragos de un buque de combate, militantes cenetistas. Una veintena de los más curtidos, probados en mil luchas callejeras, suben a los camiones del sindicato. Antonio Ortiz y Ricardo Sanz montan una ametralladora en la parte trasera de la plataforma del camión que abre la marcha. Las sirenas de las fábricas textiles de Poblenou, a un kilómetro de aquí, ululan huelga general e insurrección revolucionaria. Bandera rojinegra.

Aquel que ve cómo el cero se iguala al caos del que —siguiendo una ruta fija— emana el orden de la cifra, se fija en la inversión de las cosas cuando éstas van hacia el trópico salado, acaso un mediodía, violentado por la pista sonora de esas cabezas de guerra adolescente que braman mala compasión con una retórica arrebatada a lo que antes fue belleza, educación y belleza, trascendencia y educación y belleza, y ha devenido —por desidia, al fin y al cabo: la energía que la estructura misma es capaz de admitir, ¿podrá proporcionarnos suficiente calor? ¿Y suficiente impulso?— más mal que bien el cántico de tritón de una ética tan torticera que debe irse reformulando e implementando campaña tras campaña. Uno, que se permite sentir la atracción arquetípica por las formas circulares, es la forma que busca el cristal y el hormigón. Sileno ebrio tras la contaminación de las fuentes de las que suele beber ríos. A través de las desgastadas juntas entre los ladrillos de los muros del palacio que es cada hogar, se intuye, se oye y se huele, una muchedumbre verde, roja y ámbar de criaturas miméticas… Un Atleta vierte por el pezón derecho un líquido que se transforma en un botellín de Coca-Cola®, el cual, a su vez, se convierte en un auricular —transductor que recibe una señal eléctrica originada en la Idea— que se licua en tinta putrefacta,

directa al torrente,

más densa que la información

y por eso flota;

del otro Atleta emerge, por la espalda, la excrescencia de un hombre nuevo y escasamente esperanzador. Del suelo que ambos sobreflotan, nacen fuegos fatuos que han sufrido un drástico cambio de estado para volverse arena en un desierto de lo factible y lo mensurable. Ambos peleles de estopa flanquean la torre fundacional y se mecen al antojo del súbito viento de la guerra que inspirase a Dalí tales ángeles de la poética del hilo conductor entre el símbolo y el monoteísmo.

La guerra civil le dio una dentellada al barrio que ya no cicatrizará: el Informalisme fue un estado de shock, la carrera olímpica fue un malentendido quejumbroso. En esta ciudad, más que recortar los titulares y encolarlos a cuadros cubistas para poder dilucidar la verdad, la ventaja se obtiene al recoser esos recortes en algo que se pueda vestir, como una túnica. Es un gesto quizá barroco, pero necesario.

 

 

(Descarga el texto -PDF- aquí:  GLITCH_PDI)

 

Usted está aquí… Finales de 2013 y lo que llevamos de este 2014 están resultando de una intensidad abrumadora, así que más o menos vuelve a imponerse el trazar una aproximación a lo que he hecho, lo que estoy haciendo y lo que haré, aunque sólo sea para poner algo de orden en lo que de lo mío va goteando por las redes sociales y demás… Que todos los jugadores muestren sus cartas. Devolvedlo todo devolvedlo todo devolvedlo todo. Jugáoslo todo devolvedlo todo jugáoslo todo. Que todos lo vean… Y no podría estar más agradecido a cualquiera que sea la fuerza que hace que los proyectos vayan llegando, germinen y prosperen, cimentando una pista por la que mis temas y razones de hacer se deslizan firmes y contentos, en direcciones a veces inesperadas pero, hasta ahora, satisfactorias como la mentira mejor blindada. Así pues… He aquí un planisferio

* El pasado noviembre,  Albis Off publicó en su web El Penúltimo Almuerzo, una suerte de split, una revistilla pensada para ser impresa en casa, plegada y grapada de forma que se obtenga un fanzine tamaño bolsillo con un par de cuentos largos: “A Través de las Galaxias Heridas”, de Alexis Brito Delgado, y mi “A Espaldas del Más Allá”:

alquigrandePorque, vamos a ver, a vosotros  también os han contado que esto es una tercera guerra mundial, ¿verdad? ¿Sí? Pues no. Lo de las guerras mundiales es pura narrativa del siglo XX. Sólo en el siglo XX se podía dar el concepto “guerra mundial”. Este nuestro es el siglo XXI y, en todo caso, lo que nos ha tocado padecer es un reseteo, un inicio de la cuenta otra vez, otra vez la primera guerra mundial. Mirad las armas que manejamos. ¿Sabéis en qué año estamos? ¿A que no? Eso es información clasificada, en manos de los poderes fácticos y sólo para ellos. Mirad el resto de armas, no sólo las inmediatas. ¿Cómo se declaró la guerra? ¡Por desplazamientos de mercado! ¿Quién quiere potencia nuclear cuando puede arrasar con miseria? Pináculos de información corrupta, heridas a los procesos lógicos, mucha, mucha confusión, personalidades múltiples de contraespionaje, doble telepatía autoinmune, telequinesia funcional y neurosis de desayuno, comida y cena. Los infinitos hijos de Tánatos; de ellos es la realidad hoy.

 

* Entrado ya el nuevo 2014, la revista Obituario tuvo a bien invitarme a colaborar en su número 10, dedicado a conmemorar la efeméride de la defunción de Albert Camus, para lo cual aporté una ficción breve titulada “Malconfort”:

índice El cadáver de Albert, deshuesado y vuelto a coser, descansaba sobre la mesa de disección; un saco de blanda forma humana en piel, carne y entrañas, desprovisto de rasgos, cetrino aunque dotado de una deliciosa fragancia tras haber sido ungido, como mandaba la tradición, en aceite de almizcle blanco y agua de rosas. Plantada junto al lecho metálico de aquella capilla ardiente, la estructura ósea extrañada del ya no hombre, lavada y desinfectada, observaba sin ojos con los que ver lo que fuese su vestimenta terrenal

 

* Hoy mismo, la editorial Rubeo ha anunciado la salida el próximo 18 de febrero de El Viejo Terrible y otros cuentos inquietantes, una antología (física, esta vez) en homenaje a H.P. Lovecraft, a la que aporto mi “Cero Zen / Trapezoedro”, un artefacto en el que las entidades y otras fobias del escritor de Providence se diluyen entre sampleados, quiebros narrativos y física teórica retorcida a ritmo de dubstep:

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Mucho se especularía después sobre la desaparición de Cero Zen nada más finalizar el álbum considerado hoy pináculo de la hibridación entre música electrónica y teología-ficción, de la retro transferencia emocional entre elementos ajenos y obsesiones propias, llegándose incluso a insinuar que el artista había dado con la forma de desvanecerse al hacerse uno con el código fuente de su obra para componer a perpetuidad insanas escenas y profecías de tú a tú, ultrapersonalizadas, en las galerías sensibles de las cabezas de cada uno de sus oyentes; pero sin duda lo más urgente ahora, a la luz de los recientes acontecimientos en Pohnpei y la catástrofe de Finisterre, es diseccionar tal legado y tratar de entender aquello que Cero Zen previó, de qué nos está avisando su enigma lírico.

 

* También para finales de frebrero está anunciado el primer número de la fantástica revista Láudano, en la que participaré con “Ciclo de Deceso y Excepción”, una pieza necrófila y ritual:

1689497_443942652408618_1679769547_nAhí aprendí que un médium no es otra cosa que un espectador de excepción en la pantomima robótica de un simulacro de vida eterna, la valla publicitaria que ayuda a fomentar la mentira de la cesura entre animado-inanimado, un adicto a la telegenia de lo mórbido. Ahí me reconocí y dio comienzo mi desintoxicación.

 

* Por último, y dejando lo más gordo para el final, la editorial Origami, mi nueva casa oficial, publicará en breve lo que será mi quinta novela, la primera tras el Tríptico Linde: Aceldama, una obra más lírica que formalmente narrativa, un ensayo-ficción personalísimo en forma de collage multirreferencial de cyberpunk, teoría cultural futurológica y muchísima psicogeografía, y a la que dedicaré por entero la próxima entrada:

Conecte usted, estimado lector, como jugando a unir los puntos, los McDonald´s de su ciudad y, al igual que pasa con los McDonald´s de Aceldama, comprobará que el entramado obtenido es más nítido de lo esperado: una estrella de cinco puntas, un símbolo masónico, los planos para una torre de alta tensión… Repita el procedimiento con Domino´s y Starbucks… ¿Qué se le aparece? Sea lo que sea, dice más de usted de lo que usted mismo es capaz de admitirse. Corredores fantasma no gregarios visitan cafeterías y proveedores de precocinados caseros para microondas, garitos de zumos y ensaladas y pastelerías de perfume extranjero condimentando con tino el sistema de calefacción. Se teletransportan para evitar los derroteros del prejuicio. A diferencia de usted, no describen nada sobre el territorio.

 

Aquí, usted está; pero no sólo aquí… Y, de momento, esto es lo que hay. Por supuesto, como siempre, quedan cosas en el aire y en la recámara y cosas de las que aún no se puede hablar, pero que, si en algún momento cristalizan, serán sin duda motivo de tanta alegría como todo lo de más arriba… Aún no se ha precipitado fuera de curso… Noticias por llegar y un seguir adelante. Sigamos, pues… Gracias por su visita, vuelva pronto

Hace unos meses, el fabuloso artista Álvaro Barcala y un servidor estuvimos trabajando en una colaboración extraña, un proyecto preñado de intimidad y tejido con todos los intereses compartidos por ambos, recurrentes en nuestras conversaciones y en base a los cuales habíamos trabado amistad: la magia, el mito, el futurismo, Ballard, lo sagrado y lo mundano en el arte, el fetichismo y la tecnología social.

Algo que dice así:

“Érase una vez…

una Niña de futuro desecho por las costuras, una virgen del satélite, sin rasgos reseñables más allá de la beatería que le dejó las rodillas peladas y las marcas visibles… cicatrices gnósticas… de un pasado de abandono a las escaleras de un convento de Hermanas Clarisas de las Fibrilas Amiloideas, de unas fiebres y unas piedras en el vientre… Érase una vez una Niña que caminaba por su cuenta y riesgo y a la sombra de un cierto invierno nuclear…”

Colapsorama es un cuento ilustrado para adultos que, a la manera de los relatos de la infancia, pretende funcionar como un tapiz tejido de ideas morales, políticas, espirituales y culturales. Una fábula en la que texto e imagen se retroalimentan, dando lugar a diferentes niveles de lectura; en la que a través de un lenguaje simbólico y aparentemente onírico se muestran problemas muy concretos de nuestra sociedad actual, que el personaje protagonista desvela con su sola presencia, por medio de la observación, como si de una cámara cinematográfica sensible y consciente se tratase.

Colapsorama es la historia de una niña, Cénit, y del viaje iniciático que es su paso a la edad adulta, análogo al proceso de degradación de la forma de civilización que habita, por el que la civilización misma despierta a la iluminación del individuo y la voluntad. Para ello, narración e ilustración se trenzan en un lenguaje alegórico en consonancia, inventando una nueva iconografía mitológica; la iconografía de los mitos del colapso.

Hoy, Álvaro y yo decidimos que esto ya no sea más sólo nuestro. Colapsorama, este maridaje entre texto e imagen en el que tanto hemos volcado los dos, debe salir al mundo y ver la luz, todas las luces; debe abandonar la choza de nuestras cabezas y nuestros bocetos y nuestros ordenadores y nuestras mejores intenciones, para echar a andar hacia donde sea; pero no queremos que entre en los bretes y retruécanos de los procesos habituales de publicación, de ser evaluado a destiempo y sin ganas, no queremos que acabe en un cajón, o la espera ad infinitum de que alguien apueste por ponerle una etiqueta con el precio.

Por todo esto, y tres o cuatro cosas más, hemos optado por regalarlo.

Desde hoy, Colapsorama está disponible en iSuu, gratis, para lectura, descarga o lo que buenamente os plazca hacer con ello. También podéis bajar el Pdf desde COLAPSORAMA y leerlo, perderos en él, imprimirlo, fotocopiarlo o compartirlo.

Desde ya mismo, es vuestro. Ahí va, con toda nuestra satisfacción y orgullo y la esperanza de que lo disfrutéis tanto como hemos disfrutado nosotros pariéndolo. Así sea.