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Archivo de la etiqueta: Sortes

 

Se integra en armonía con los ciclos de todo el entorno cercano buscando sustentabilidad. La muerte marca el logro de integridad, o la falta de integridad en el contexto de los ciclos más integradores (el de la Tierra, por ejemplo), no tanto porque el tiempo desaparezca, sino porque nuestra percepción no toma cuenta del mismo y no proyecta la energía hacia un estado potencial (supuesto futuro). La “eternidad” es lograr que desaparezca de la mente la idea del tiempo y la obsesión que ella tiene de proyectar hacia el futuro la energía sin resolver guardada en la memoria. Sobreidentificado con la propia mente (el ego mecánico), es imposible percibir la realidad del tiempo.

Miradas patógenas gritan nuestro amor contagioso por la mañana que es arrepentimiento —por mucho que el neoncito nos una de pensamiento— de vuelta a casa. Deberíamos parar ahora que el tiempo se ha doblado para darnos espacio alrededor. Física de estupidez enamorada se nos acurruca en los genitales.

Claro que puede simplemente ser un pulso, falsa alarma, sentados aquí como semáforos y mirándonos a los ojos cuando deberíamos estar estructurando un discurso que vestir, exacto, trajes de memes de combate. Imbéciles adolescentes de estricnina, heterocíclicos como bisexuales y haciéndole daño al prójimo sólo porque sabemos, porque podemos, porque esta cosa es demasiado pequeña como para que dure por siempre.

Esa trajana artesanía de los cuentos góticos sobre paseos marítimos en rojo sangre, Burdeos víscera, sin percatarse de que lo diacrítico precisamente subyace entre el monte y el valle delineados a tuneladora bajo la armadura empírica de las ciudades…

Tres vertical, estática, ocho horizontal, bostezo, quince vertical… Juego óptimo, que en este contexto significa “imposible de ser derrotado más de lo que se puede esperar estadísticamente”, lo cual no implica que los alfileres en mis ojos de botón… muñequito vudú… y sus estrategias aleatorias sean lo mejor para conseguir ventaja frente a un contrincante subóptimo, dos contrincantes subóptimos, tres contrincantes subóptimos… Y vuelta a empezar…

Desde los recovecos de la fiebre, el trasgo obtiene todos los datos necesarios casi de un solo beso, las abrasiones del insomnio en el encurtido muerto de las bolsas de sus ojos, vista fija en la película porno durante horas, el careado de lo demodé en sus muelas, el instinto de goce vuelto pulsión.

—El número de formas en que dos cuerpos humanos se pueden unir es finito. Así que, haz las matemáticas.

El mundo nació… de Cero. El momento en que Cero se convierte en Uno es el momento en que Todo despierta a la vida. Uno se convierte en Dos. Dos en Diez. Diez en Cien. Devolver Todo al Uno no resuelve nada. Mientras Cero perviva, Uno volverá a crecer hasta Cien de nuevo. Una y otra vez. Nuestro objetivo debería ser eliminar el Cero. Patearlo hasta Nunca. Hasta Nada. Ningún Cero.