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Archivo de la etiqueta: Superchería

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Veámoslo de esta forma…

Antes del Hombre, el ritual consistía en atar un dios muerto a un dios vivo, frente a frente… Desnudos, despojados de sus respectivos atributos… De tal modo que cada parte de uno estuviese en contacto con su contrapartida… Boca viva contra boca muerta, palma de la mano viva contra palma de la mano muerta, genitales vivos contra genitales muertos… Durante lo que durase el proceso de degradación del dios vivo, el Consejo Gaia seguía alimentándole con plegarias, fórmulas mnemotécnicas y artificios neurolingüísticos, bien mediante pictogramas, bien por transmisión oral… Porque el lenguaje y la comunicación no son un virus, sino su vehículo; el vehículo de los dioses, que sí son el agente infeccioso súper-multiplicable transmitido al Hombre… En determinado momento, los límites entre lo vivo y lo muerto se emborronaban, los gusanos y las toxinas derivadas de la descomposición formaban un puente pútrido que deshacía las diferencias superficiales entre el cadáver y el cuerpo aún latiente, estableciendo una continuidad indisoluble, una indistinción absoluta, entre ambos… Era entonces, sólo entonces, en ese infinito segundo de comunión, cuando se dejaba morir de hambre al dios vivo… Rápidamente, la doble carcasa machihembrada se ennegrecía y licuaba en una Negra Sangre de la Tierra que el Consejo Gaia inhumaba como una proyección de futuro, un modo quizá cruel pero eficaz de asegurar la supervivencia de lo que siempre fue y debe ser siempre… ¿Qué significa “supervivencia”, de todos modos? Si la vida es un factor constituyente, inherente a cada acción (sólo “hace” lo que está “vivo”), superarla, aun formando parte de ésta, para conservarla, no es más que una paradoja estúpida… Y así la Negra Sangre de la Tierra llegó al Hombre y a las máquinas del Hombre y a los objetos del Hombre… Polucionando, por supuesto, y delimitando políticas geológicas tras máscaras de monoteísmo y provocando guerras, pero también inspirando… El movimiento, el avance… Y acelerando la evolución con otros aspectos de dioses emparejados suspendidos en estados simultáneos (vivo/no-vivo)… Tanto tizne en las estatuas, que son una imagen idealizada de lo que fuesen, como anhelo y desvelo en el patrón que pugna por imponerse sobre el patrón Oro (ese Tejido Amarillo de la Tierra cuyas células invadir y volver cancerígenas) en la escala de valores del Hombre… Así en la atmósfera como en la endodoncia… Mediante la Negra Sangre de la Tierra se devuelve a la ciudad su quintaesencia, por la que esas entidades que se dejaron matar encuentran más significado y beneficio en sus restos exhumados (como objetos concretos, tangibles y reverenciables para el Hombre) que en lo abstracto de su divinidad; al fin, de tal modo, pueden copular y contaminar y, bajo su manto, tú y yo, ciudadanos, aquí, les replicamos.

El mar entrevisto a través del andamiaje. Amaina la tormenta, azul eléctrico bajo los rayos que ya caen muy lejos y gotas de lluvia tamborileando sobre el inmenso toldo que cubre la fachada de la casa en ruinas. Fantaseamos, inventamos. Sólo podemos ver el exterior a través de los minúsculos agujeros de imaginación en la lona. Siluetas en el cristal y sombras. Máscaras.  A veces las voces finadas pueden ser truenos.

Veréis…

Hace unos años (muchos, demasiados quizá…) gané un par o tres de concursos literarios. Justo entonces, justo cuando los meses de presentarse a convocatorias y de no llegar siquiera a finalista, justo cuando la frustración y cierto “aprendizaje” empezaron a dar fruto, dejé de participar. En este tiempo he urdido un montón de motivos más o menos filósoficos a esto, que van desde que no creo en los concursos, porque no creo que lo de la literatura sea una competición, hasta la más alocada y conspiranoica (y por eso más interesante) teoría de que absolutamente todos los concursos de este país, y de los demás también, qué coño, están amañados. A base de tropezar por ahí con variopintos personajes, y de meter el hocico en el mundillo, he acabado por tener un buen cartapacio de pruebas que sustentan firmemente éstas y hasta la chorrada más grande que jamás se me pueda ocurrir a este respecto, para explicar(me) por qué dejé de jugar al juego de los juntaletras, por qué no compro ningún libro que lleve escrito en la solapa que ha ganado tal o cual premio (aunque sí los robo; total, el único beneficiario que me importa ya ha cobrado, ¿no?),  por qué me da tanta rabia que el poco talento de que alguien pueda disponer se pague con cuatro duros y docenas de putadas y paladas de vergüenza, mucha propia pero casi toda ajena.

Y aun así todos estos motivos son mentira. Verdades a medias, apenas, en el mejor de los casos.

La Verdad, con V mayúscula, es que dejé de participar en concursos literarios porque cada vez que lo hacía sentía como si una parte de mi ya maltrecha alma se deshiciese y muriese.

Ya, ya sé que suena dramático. Exagerado. Mucho. Y que quizá estuvieseis esperando una gran consigna incontestable-zen-punk-visionaria. Pero eso es lo que hay y no sé cómo explicarlo mejor. Así lo sentía, tanto física como intelectualmente. Eso era lo que había y no tenía visos de paliarse o mejorar, y a mi alma cada vez le iba peor. Por eso me bajé del tren de los chanchullos.

¿Qué? ¿Que por qué me da por explicar esto ahora?

Veréis…

Hace unos días (pocos, creo, pero ¿quién puede estar seguro, en los tiempos que corren?) recibí una invitación para participar en el Primer Certamen de Poesía de Serie B, convocado por LABoral Centro de Arte y Creación Industrial, la Semana Negra de Gijón y El Gaviero Ediciones. No voy a extenderme aquí con en qué consiste el asunto, porque para eso os he dejado un enlace a las bases del premio, pero sí que voy a reconocer que el tema me interesó. Me interesó, sobre todo, porque se supone que es uno de mis temas y, sobre otras cosas, porque varios colegas muy, muy apreciados han declarado que van a participar. Me interesó tanto, de hecho, que me mandé un poco a mí mismo a la mierda y me planteé seriamente ponerme a ello. Craso error.

El primero en llegar, nada más tomar la decisión, fue el señor Te Imaginas:

“¿Te imaginas que ganas y te cae un viaje gratis a Gijón, a recoger el premio, y 1.200 euretes, que sólo Dios sabe cuántisima falta te hacen?”

“¿Te imaginas cuánto currículum podría sumarte el ganar una cosa así?”

Al poco, le siguió el no menos ominoso señor Lameculos:

“¿Qué querrá leer el jurado?”

“¿Qué puedo escribir, que sea absolutamente incontestable y, claro, GANE?”

“¿Cómo puedo solucionar las dos preguntas anteriores siendo fiel a los mimbres característicos del laureado autor de Antifuente (como si eso significase algo…)?”

Por último, ahí estaba esta mañana, muy digno él con su torcida sonrisa de bastardo, esperándome al lado del escritorio, el señor Bloqueo.

Hijo de puta.

Por primera vez en dos o tres años (ahora que lo pienso, desde la última vez que respondí a una convocatoria… aunque ésta era más bien un encargo y para algo tan guapo como el cuarto número de Paura…), esta mañana, después de agachar la cabeza para que el señor Bloqueo se dedicase sin trabas a sus capirotazos rituales, he pasado dos horas mirando fijamente a la pantalla en blanco. Incapaz de escribir una maldita palabra. O lo que es peor: escribiendo media docena de ellas para luego borrarlas y volver a empezar.

Y otra vez esa sensación. La de algo agarrotándose dentro, más adentro que las tripas o el corazón. La de estar perdiendo un pedazo de algo que últimamente andabas bastante convencido de que ya no tenías. La sensación de ser un inútil y no tener ni pajolera idea de nada, por muy creído que te lo tengas. La sensación de haber perdido antes siquiera de haber visto el tablero de juego.

Todo por un concursillo de mierda.

Joder.

No puedo ser el único en todo el mundo (en todo el mundillo) que piense así. No soy tan original y la ciencia estadística seguro que está de mi parte. No tengo porque plegarme a estas jodiendas.

Así que me he puesto a escribir esto, e inmediatamente me he sentido mejor. Se supone que para cosas así sirve un blog, y maldita sea si no acaba de servirme a mí de mucho.

Se denomina ruido rosa a una señal o un proceso con un espectro de frecuencias tal que su densidad espectral de potencia es proporcional al recíproco de su frecuencia.

Su contenido de energía por frecuencia disminuye en 3 dB por octava. Esto hace que cada banda de frecuencias de igual anchura (en octavas) contenga la misma energía total.

Por el contrario, el ruido blanco, que tiene la misma intensidad en todas las frecuencias, transporta más energía total por octava cuanto mayor es la frecuencia de ésta. Por ello, mientras el timbre del ruido blanco es silbante como un escape de vapor (“Pssss…” de punk bajo en el que se reflejan los rostros de todos tus muertos), el ruido rosa es más apagado al oído (“Shhhh…” al borde de la extinción, sábanas cubriendo ectoplasma a media noche).

El perfil del espectro de un ruido rosa es plano y horizontal cuando el eje de las frecuencias sigue una escala logarítmica graduada en octavas.

El espectro del ruido rosa es semejante al espectro medio acumulado de la música sinfónica, o de instrumentos armónicos como el piano o el órgano.

El nombre “ruido rosa” obedece a una analogía con la luz blanca (que es una mezcla de todos los colores) que, después de ser coloreada de forma que se atenúen las frecuencias más altas (los azules y violetas) resulta un predominio de las frecuencias bajas (los rojos). Así pues, el ruido rosa es ruido blanco coloreado de manera que es más pobre en frecuencias altas (sonidos agudos).

Si mezclases a una pista 1000 canciones, lo que obtendrías sería ruido rosa. Es decir, la media del espectro de toda la música.

El ruido rosa es Shamhala, lo creas o no. La autopista ouija de lo que se supone no existe.

A la mierda el 2009…

Mis propósitos para el 2010 que empieza mañana: beber aún más, fumar el doble y comer aún menos, acceder a todos los medios posibles con los que volverme loco y críptico y puede que incluso dejar de escribir. Visto desde fuera, puede parecer que el gran metapropósito sea, en realidad, suicidarme despacio y con letra sucia, pero nada más lejos. Sólo es que, si me tengo que quedar con algo de este asqueroso año que termina, me quedo con haber aprendido a esperar menos que nada, de nadie y bajo ninguna circunstancia. Pongámonos en lo peor, y a silbar.

Que te den, 2009.

Lo mejor es que 2010, cuatro números que suenan a CiFi molona, además, lo va a tener muy fácil para estar a la altura.

El Anciano está intubado y Yago en el agujero. Un mono que mira raro, este Yago, subido a su escalera y bajando. Huele a azufre, un poco a lo Dachau. Langostas como aeroplanos de una Ciencia Ficción que no escribo chocan contra los cristales. Al perro del nuevo vecino de la acera de enfrente le han salido dos cabezas extra. Piensa mitológicamente, actúa como si no pasase nada. Un grupito de estorninos tísicos picotean ahora la piel muerta tras la metamorfosis del chucho.

El lunes, como dijo el bardo, la Tierra murió gritando. Mientras yo soñaba contigo.

El infierno, por lo visto, según la radio y esta somera información directa de miércoles, está lleno. Por eso los muertos vuelven a la vida y echan tragos de agua de las calaveras rebosantes de lluvia de aquellos que no tuvieron la suerte de llegar después del overbooking definitivo. Se reparten los despojos con las hormigas, que están ahí, bien y atentas y fuertes y en formación cerrada. Todas las plazas son la Plaza de los Bichos.

Como dijo el bardo, la Tierra murió gritando. Mientras yo soñaba contigo. Una buena forma de decantar, anestesiado, al final.

Espera… Tres rayos, un trueno. Otro trueno. Lejos, otro. Las estrellas se fundieron anteayer. Así comenzó. Temen que la luna caiga en cualquier momento. Lluvia, luego granizo, luego meteoritos, luego cemento al azul vivo. El día de furia, en pausa entre el paréntesis de dos titulares. Los supervivientes se parecen todos a oficinistas Michael Douglas con pistolas de pintura. Y es que el paintball estuvo de moda justo media hora antes del final. Lo último que abandonaremos, cariño, es la estética. Ojos rojos de barro. Cara de poker con quemaduras de tercer grado. Es tendencia con todas las tendencias caducadas ya.

Lo peor es que, como dijo el bardo, la Tierra murió gritando. Mientras yo soñaba contigo. Una buena forma de decantar, anestesiado, al final. Seguro que fue un buen sueño. Lástima que no me acuerde.

Por si alguien dudaba acerca de dónde está el calibre que marca lo que es ser más papista que el papa, si alguien quiere saber qué pasa cuando alguien que no tiene ni puta idea de un tema opina sobre él, si alguien quiere ponerle cara a la palabra “rancio”… Ahí está Vicente Molina Foix hablando de cómics:

Foix_Comic

Via Es Muy de Cómic.

(y yo me pregunto: ¿debajo de qué piedra ha vivido este hombre los últimos treinta años?)