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Archivo de la etiqueta: Topografía profunda

Trastorno del sueño durante el cual la persona dormida se levanta, camina, habla y se comporta como si estuviese despierta; los actos realizados no se recuerdan al despertar

 

Mis actos no pueden ser recordados porque no son míos —sometido al chantaje emocional de la textura y el sonido, enmudecido, perdido aquí, entre las voces, siempre la voz de lo otro, de aquellos que supuran desde la pared, que me buscan.

No hay caso en mí, solo lugar: nada que hablar.

 

 

 

Tal como el terreno conjuga de forma especulativa con el terror, espero —llegará la marcha triste a los nuevos barrios y me encontrará aquí, desnudo, manteniendo la puerta abierta.

Desaparecido: nada que hablar.

 

 

 

La carne en el hueco de lo global

que ha quedado atravesada e invalida

por cuanto espera.

En el hueco de lo global

se deslinda la mirada de la víctima por aquella calidad que no puede encajarse en lo único, en solo amor, tierno quebranto de lo que hemos sido ya en demasiadas ocasiones. En la palidez ausente de otro día que acaba embozado por la luz artificial. Dice: querido adversario, híncate en todo lo que sea vulnerable.

Desde el santuario —À la surface et dans les entrailles de la terre

Desde la posición rugosa, aún con margen, con mi margen, tu margen igual al almohadillado en las articulaciones de la situación, nótame, estamos. En una equidistancia para la que no hay pugna posible. En la ropa ajena guardada en cajones propios. Desde la abstracción, a la geometría —roer tu estela a escondidas, cruzar tu margen con mi margen, visitar el interior de la esfera y, rectificando, hallar la fiebre oculta que supuestamente nos motoriza.

Cómo se conserva la civilidad. Qué es capaz de mantenerla más o menos intacta, una inclusión en miel seca de panales olvidados, reino hueco del final de la acequia condal, antaño la surgidora y, un poco más allá, Clotum Melis cuando fue hospedería de peregrinos, hitos topográficos entre los que pasar, tú y yo, pronombres tan débiles como la adhesión a la verdad del acto documental al que ya no estamos sujetos, no, no habitas la plaza en la que naciste ni habito la plaza en la que nací sino uno la del otro, apropiadas de forma debida, deuda de pares parciales, tus escudos nobiliarios esgrafiados junto a mis estrellas de ocho puntas indican la vía, en respuesta, tras el mostrador de la bodega de Can Siset, destaca enmarcada la tesis del primogénito de la dueña —Element-selective of charge localization processes in manganite thin films

En ocasiones, se diría que el umbral a la villa esotérica de la psique rimada con su técnica porosa de trascendencia puede posicionarse en cualquier longitud capaz de boquear, y así exhalar, una identificación local. En mi barrio, el Clot, hondonada, sometido a vigilancia y con mis datos entregados de buen grado, esta hechura creada por ti y por mí ante la escisión —bêtise / bétail / everywarewolf

Una vía-signo, centrífuga, hacia la diferencia drástica

Una vía-signo, encajonada, al seguir en la embocadura

por tanto como dure la inercia consciente que nos desajusta. La Agartha tras tus costillas y aquellos a los que se llevó el sumidero devienen, pues, una verdad simple, la verdad que pellizco hasta quedar prendido de mi nada en absoluto, nuestra verdad sin fractura, por escogida, camino que coagula bajo las suelas y atrapa por los tobillos como un desenlace.

 

 

La corrupción, el núcleo resistente, la recreación, una vez que nada puede ser reparado sino acudiendo a su mismo origen y volviendo a formularlo como si de un mito se tratase, pero en ese caldo cámbrico no sólo ésta todo roto sino que se descompone y se duplica y está alineado, engendrado por la caída, en esbozos de consciencia y esquemas. La accesibilidad monótona del origen corrupto de todo, el caldo de la fórmula burbujea, ¿por qué quieres conocerme, si sabes que me posee una falla? El núcleo negro y durísimo, aguanta, la descomposición plausible de lo procesable hace que el origen sea más hondo que aquello que lo rodea, el descenso, la caída, en el pozo del que no voy a salir si no es resbalando por sus paredes, si lo más elevando resuena y reproduce lo más innoble y viceversa, debo convencerme de que abajo es arriba, el orden y significado de quién soy está condicionado por sus externalidades, los correlatos del fenómeno de mí, percibo mis percepciones y afuera apenas gatea un vacío inexistente —public void windowClosing(WindowEvent e) {

Porque la fenomenología de nosotros es como es, y será el ejercicio de futilidad de mí que apunte a nuestro fin —una vez que nada puede ser reparado sino acudiendo a su mismo origen y volviendo a formularlo como si de un mito se tratase

 

(Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 2069, y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin.

Ray Bradbury)

 

Injertada en tu espalda, la alimaña de esmeralda clava las patas a lado y lado de las vértebras.

Desde tus despachos de lujuria, desde tu despacho de afectos que son sed y estaño y agua turbia, elasticidad e hipertensión y retorno, clave y llave y copa repleta de menstruo, deseo de sólo placer y ampliación de lo percibido a simple vista —Semen retentum venenum est, y del otro lado se dejan oír lamentaciones. Los aullidos traspasan y agujerean, convulsos, llegan y sacuden. Progresan como médula, garrapatean la necesidad impostada, el secreto los amamanta y mece, en el coro, tres astillas atraviesan la garganta del crucificado

—Móvil,

la alimaña agoniza por su simbología adjudicada

(A finales del siglo XIX, el proyecto y cuidado de la identidad personal como hecho subjetivo intransferible, como algo único a cada individuo aunque producto de casi infinitos impulsos conflictivos e influencias externas, se volvió una prioridad que desembocaría en la implantación del psicoanálisis como intérprete de las tensiones de esta nueva subjetividad y, por otro lado, la instauración de la idea de privacidad como espacio de seguridad introspectivo en el que el ciudadano-consumidor pudiese ordenar y resolver las propias contradicciones antes de decidir si exponer o no sus opiniones y costumbres en público, decidir cómo narrar de puertas afuera su relato personal)

 

La esperanza en nuestra conjunción es un sueño feo y aborrecible —νέκυια

En las condiciones presentes, de consignación, el funeral anómalo de ti, mi funeral, el entierro que prefigura la conservación de lo que podría haber sido exprimido de nosotros, cómo nuestras iniciales se hubiesen deslizado por un bordado en esponsales aparte de la racionalización que nos compele, la consignación del imperio de mí, mermado, el imperio de ti, dispuesto al viaje, me esperas, aunque demasiado poco y es tarde cuando crece un amanecer furioso y expuesto, hoy, después de las traiciones de anoche, y tu barrio y mi barrio siguen inalterados en una parte más honda que aquello que los rodea.

Pero el accidente nos reverdece —de la ronda de circunvalación que nos llevaba de uno a otro despunta un transportador que deja la calzada, sale y abre una senda cuyo término incluso podría resultar la anástasis —Wenn die Religion das Opium des Volkes, die Liebe ist das Opium des Sklaven, überbelichtet

 

A un no del cataclismo. Naipes sin sus colores originales, naipes actualizados, naipes que trabajan mejor por la sensibilidad moderna repartidos en el cenit divisorio de la probabilidad y de lo que está pasando. El cataclismo/la prospección, la función simbólica del orden. Ahora mismo cuando lo que se presupone es preeminente. Porque de las alternativas a lo que rápido se revela como tópico no queda rastro. Fueron arrebatadas y hechas desaparecer, esa es la marca (inevitabilidad del sufrimiento propio y ajeno, traición vicaria, fundamento de telenovela) —verdugo de la intuición, dándole al garrote de la imaginación castrada. En la tirada de tarot que achica los giros traslúcidos de la trama, rayas mate de alar nocturno. A su luz, lo inmoral, aprensiones que el hecho consensual mantiene prístinas. Aunque una deriva siniestra exija su derecho a ser tenida en cuenta. Régimen escarcha que atraviesa, doctrina cimentada en leucemia (la médula produce glóbulos blancos anormales que se dividen para hacer copias de sí), diseño de señal, va a la caza hasta la extenuación de los esquinados que aun así no se pliegan, el bendito diseño ladrón conduce las naves hasta los escollos infinitos una y otra y otra y aún otra vez, el algoritmo —réplicas fallidas de un transportador cognitivo injertan memes no sintientes en las ranuras de la ética.

Por donde pisan no vuelve a crecer el goce, quedan sus huellas como priones latentes

el goce

río de hierro líquido aún por descubrir en el polo

sublimados desde el no-cuerpo programático que los constreñía,

los sentidos del avatar montan por toda la eternidad en escaleras mecánicas

en entornos artificiales, más y al mismo tiempo menos errantes,

gestionados por drogas que controlan la subida y la bajada, catalizados,

consumiendo y siendo consumidos por una inexorable y rica economía

de lo sensorial, tasados por el píxel

 

 

Los pantanos de poniente, desecados en el siglo XIX y que dieron paso a las huertas y las bacinas de emigrantes fabriles, el Gorg, eje de pivote hoy tomado por los coches que se enfrían en el aparcamiento del pabellón de deportes (límite de pinar guiado, pasajes de ventilación de la avenida d’Alfons XIII y la del Marqués de Mont-Roig); el metalizado de las nubes conjunta la escena, ruta de El Loco hacia La Estrella hacia La Templanza hacia El Juicio, La Torre centra el foco en el rayo que la hiende y Los Amantes optan por saltar hacia La Rueda hundida en el fango, huir del desastre yendo al deceso, aquí donde antes no se podía edificar por la amenaza de piratería —tantos frentes marítimos catalanes han sido antes denominados Ribes Roges, riveras de arena y piedra carmesí por la dedicación con la que los piratas limpiaban sus espadas en la orilla, cada incursión en el pillaje un siguiente puñado de tinte, un cuenco de linfa cobriza, sal y espuma y regreso al lodo, polvo de aluminio ahora. ¿Cómo interpretar el macrocosmos de la Topografía y la Historia del contexto en el que las cartas son barajadas de nuevo, en relación con las mismas cartas, si no a través de la fibra que conecta con la cuestión deontológica? Lluvia, agujas en las rejillas, un charco espeja tres chimeneas humeantes, el olor del yodo hace más empalagosa la humedad, la playa en invierno desde décadas atrás hace las veces de símil de la introspección que no comprende hacia dónde dirigir el espéculo —¿qué entradas cabe dilatar ya? ¿Por qué cavidad va a ser bienvenido lo que se intuye pero sigue deforme en la comisura de lo concebible?

Área limítrofe del destello rosa, comer de la simiente, negar la mayor hasta su consecuencia

en las llagas de la decisión tomada por otro

la simiente

el cultivo blando y el lugar rígido desde el que echar de menos

lo que ya no crece porque ha sido transformado en una precipitación

residual de la atemporalidad imperante y el grito atrapado en la burbuja de afinidad,

las muchas máscaras superpuestas que conforman el marco

la turbulencia de la estática, en su reflejo vale mirarse, quizá, y de ese ruido

inferir como fabulosas criaturas de leyenda urbana

aunque heridas por la pose

la hondonada

estratos, arcos de histeria en los que se comban viejos poderes

aquellos que se gangrenan bajo las tablas, en silencio, lo que no cabe

la hondonada, otra

—Antoni Montserrat, rector de Santa María, 1789:

los matriculados, por ser tantos en número, disminuyen el de los jornaleros que se necesitan para el cultivo de estas tierras, los que suplen forasteros que vienen…

y no lográndose remediar aquí la falta, se va despoblando la montaña en detrimento del estado—

 

 

Crecer desde las aristas al núcleo, porciones amontonadas, ínfimas elevaciones provocadas por lo que se escinde del bloque principal, monolítico. En los uniformes desteñidos por la claridad de la duda, madejas de nada particular, tachadas de egoísmo. La tirada en Cruz Celta —el naipe central es la parte oculta del consultante, cubierto por el naipe del reto inmediato; cuatro arcanos alrededor, en sentido horario: el de los objetivos, el del pasado/consecuencia (por sobreflotación de las urdimbres del lapso y la fase y el momento), el de las alianzas y el de la inevitable prospección (el cataclismo, a un no condicional); cuatro arcanos en columna, a la derecha del cartomante, de abajo a arriba: uno para las esperanzas y recursos, otro para los obstáculos, uno para las reticencias y otro a modo de consejo y conclusión. Se nubla el pensar fuera de y todo es marco, aun cuando al fondo centellean dos brasas siamesas como el empellón directo al sexo de la hormona gastada por el uso y la desidia. Lo subterráneo también debería comportarse en detrimento del estado.

Cómo la antisistematización se va estructurando semejante a la formación

de un esqueleto: osteoblastos que depositan regulaciones a la multiplicidad sensorial

radix et principium sensuum externorum—

osteoclastos que reabsorben hasta el asco

cañas, cieno y acetaminofenos

el esqueleto

interioridad errada en sus significaciones

según la voz del asistente, recibida por vibración craneal, no cuenta el castigo sino el entendimiento

Psique abre su caja dorada, y dentro sólo hay inmundicia

aun así, Psique está, presente, y su caja sigue siendo de oro