dismorfia(“Manar”, collage de Mónica Ezquerra)

Hoy. Desde el amanecer marchito. La tromba de inapetencias y el regalo formulado. El estómago ahora gris de veisalgia, fustigado para que despierte al resto de vísceras y que éstas florezcan, asciendan hasta la garganta y enmarquen el fingimiento de una voz, esa voz arrebatada de nombres, fechas, símbolos verbales y demás datos inútiles, frustrada por el baratísimo pienso que debe consumir. Amanecer inapetente de la fórmula, la víscera y el ascenso, los datos de regalo, voces fingidas al despertar de los símbolos desde el arrebato, el estómago de la flor de ascenso que nombra los grises marchitos de hoy.

No generar mensaje alguno. No respirar. Primero, contenerse en la rosa de fuego entre pliegues calientes; en las mentiras, las leyes y la hiel. Después, contenerse en plegadas mentiras, en las leyes de la rosa, en el falso fuego del flambeado decorativo de la hiel. El rostro, sostenido con delicadeza entre las manos. El cuerpo, desplomado. Permeable a las densidades de la resistencia. A la concentración.

La inmensidad al final de la Historia. Lo que acecha en el ultimísimo instante. Despliega zarcillos espinosos que viajan atrás en el tiempo. Pinchan la línea. Hasta el momento primero, cuando todo lo que fue era un verbo que aún nadie sabe a qué refería. Cada punzada y cada corte es una modificación sustancial; una herida en la Historia provocada por el postrero desastre del futuro, a fin de que éste pueda acontecer. La luz desconectada del principio de autoconejillo de indias se vuelve pesada en esos agujeros a través de los cuales se desmigaja el pasado. Agua pesada en charcos de eventos; la petrificación y la radiación y las criaturas anaeróbicas que ahí habitan, todo ello se nutre de nuestra misma fuerza motriz. Ultimísimo corte de la Historia, pinchazo postrero en la sustancia de luz que lo que acecha hiere con modificaciones en viaje de espina, principio verbo de la punzada, el desastre inmenso despliega su peso por la línea primigenia.

Mañana. Como bloques rígidos de cuero al sol se cuartearán manadas de hombres y mujeres con nada por delante. Atrás, las cavidades talladas por bestias neurolingüísticas. La maldita opresión de botones. Y la velocidad inverosímil. No olvidaremos la velocidad inverosímil de las franjas en el diseño de la fosa común y en las franjas de diseño del argumento que llenará de cadáveres ese pozo. Las huellas en las caras internas de los muertos serán la única moneda de cambio. La ruina en que devendrá el presente sofisticará sus camuflajes para que sigamos creyéndolo inasible, incorruptible, una aberración matemática, el monstruo más esquivo… Monstruo bloque neurolingüístico de los cadáveres del presente por el que el olvido de las franjas talladas en la verosimilitud por bloques de velocidad oprimida en las matemáticas que morirá en los diseños comunes, olvidado diseño común de la muerte por camuflaje en el que el monstruo se cuarteará a la velocidad de los argumentos como huellas en la fosa, en el pozo del cadáver y en la cara de la bestia y en las sofisticadas monedas que, mañana, nos arruinarán…

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Ayer vio la luz, editado por el sello Antipersona,  Alcasseriana, una antología que no es sólo una antología sino un acto mágico, en parte intento de exorcismo, en parte análisis psicodélico y en parte ejercicio de la ficción en prácticamente todas sus formas posibles como llave y como arma.

Este libro es un descenso al abismo, un viaje al otro lado de la puerta que se abrió la noche del 13 de noviembre de 1992 en algún punto de una carretera comarcal. Alcàsser no es otro crimen más. Más allá de la conspiración y el delirio, Alcàsser es un trauma en la psique colectiva, una herida que permanece abierta. Nuestro agujero negro no está en Chernóbil, ni en Maine. No está en Amstetten ni Utøya. Está en Valencia. Siempre lo ha estado. Aquí se continuó y se empezó todo. Aquí está lo que devora. Lo indecible. Lo inabarcable. Lo que no se puede mirar ni habitar. Las casas vacías, los esqueletos de hormigón y las cruces en las vértebras. El miedo, el dolor y el conformismo. La pura patria.

Partiendo de la idea de que los crímenes de Alcàsser y lo muchísimo que les rodeó han favorecido y siguen favoreciendo las especulaciones más delirantes y gran cantidad de espectáculos en el mejor de los casos vergonzosos, y que quizá, pues, resultaría necesario aportar un acercamiento al tema desde una perspectiva voluntariamente apartada de todo esto, desde lo multiforme, polisémico e incluso esotérico, los culpables del artefacto hemos planteado una inmersión radicalmente subjetiva y libre en el caso y sus extensiones. Algunos creemos que aquellos asesinatos, de algún modo, funcionaron a modo de ritual, de sacrificio necesario para el advenimiento de un telón negro que cayó entonces sobre España y que aún nos cubre, un telón tejido con lo peor de la superchería, la ignorancia y la historia oscura de este país, con descontextualizaciones y cainismo y retorcidas transiciones virtuales de regímenes sociopolíticos, con sensacionalismo aberrante y teleirrealidad y especulación inmobiliaria. Otros, que el crimen fue una herida fruto de su tiempo y que precisamente por eso, por lo extraño de aquellos días, ésta sigue abierta y aún supura. La única regla que aquí se ha seguido a rajatabla ha sido la de respetar la figura, tanto esencial como construida, de las víctimas y su memoria. Lo demás, cualquier otra cosa, ha sido puesto sobre la mesa de disección, en los matraces de recombinación y bajo los juegos de lupas de aumento, para que cada cual formulase lo que creyese conveniente.

Mi aportación al volumen es un texto titulado Santos de la Piedra, en el que he planteado un acercamiento psicogeográfico a una hipotética Alcàsser futura que, a causa de una serie de fenómenos paranormales que tienen su raíz en los hecho del 13 de noviembre de 1992, ha sido cercada y puesta en cuarentena; allí, una investigadora, una mujer sin piel y, por tanto, sin siquiera mecanismos explícitos que la protejan de la asimilación absoluta de su entorno, sienta testimonio de cómo se desata la naturaleza esencial de la ciudad durante los días que duran las fiestas en honor a sus santos patrones, San Abdón y San Senén.

Allí fui la carente de piel, despojada de la piel que ya ha ardido, la desollada, sin barrera, y así lo otro estuvo en mí en igual medida que yo en lo otro.

(Alcàsser huele a polvo, a cobre, a fosfato cálcico, ceniza de hueso. Un poco a aceite, a rebozado y frito y servido en platos de plástico, y un mucho a rocío sobre las ramas tronchadas de los naranjos y los caquis. Pero esos olores permanecen incomunicados dentro de la alambrada que cerca el pueblo… Tendida al filo del barranco de Picassent, al este, cortando la Autovía del Mediterráneo, imposibilitando los accesos desde el sur por la CV-4153 hasta el límite oeste, ascendiendo por la Acequia Real para cerrarse, cerrar la hechura de la jaula, en la punta norte, pasados los polígonos… Porque absolutamente todo en Alcàsser debe ser, por decreto, aislado de sus vecinos y contenido en una cuarentena sensorial simbólica como una censura a la voz del cáncer, tras una tirita de brillos metálicos sobre la gangrena amable con la que los alcaceros, habituados a no ver ya el enrejado, afrontan su encierro. Por el bien común. Allí)

Alcasseriana es producto de un proceso largo y arduo, a ratos doloroso, a ratos peligroso, a ratos aterrador y a ratos, para qué negarlo, divertidísimo. Como todo lo importante, en definitiva. Personalmente, considero un privilegio el poder acompañar en este viaje a Tania Terror, Juan Camós, Yolanda Espiñeira, Gustavo A. Ruiz, Tony Fuentes, Álex Portero, José Puente, Francisco Javier Casado, Carlos G. de Marcos,  Layla Martínez, Gabriella Campbell y Máquina Líquida, y sólo me queda esperar que este monstruo que hemos armado eche a andar como queríamos y llegue donde debe.

De momento, puede adquirirse aquí: https://antipersona.org/2016/06/01/alcasseriana/

 

 

K

(una evocación)

 

Una ciudad alegre e intacta, llena de luz, de color y de libertad, ausencia de peligro, el cálido sol…

Los rostros irradian felicidad… La sensación de despreocupación produce euforia… El pasado queda olvidado y, con él, el largo, penoso y peligroso viaje y la pesadilla anterior… Mientras ocurría, nada había parecido real salvo esa pesadilla, como si el mundo perdido hubiera sido fruto de la imaginación o de un sueño… Ahora ese mundo, que reaparece, es la única realidad sólida…

Hay teatros, cines, restaurantes y hoteles, tiendas donde se venden toda clase de artículos libremente, sin cupones… El contraste es asombroso; el alivio, arrollador; la reacción, demasiado fantástica…

Se produce una especie de delirio, de alegría demente… La gente canta y baila por las calles, los desconocidos se abrazan… Toda la ciudad está engalanada como para una fiesta: hay flores por todas partes, farolillos de papel y bombillas de colores suspendidas en los árboles, los edificios aparecen iluminados, parques y jardines lucen elaborados adornos… La vibrante música de baile no cesa nunca…

Al anochecer se disfruta del espectáculo de los fuegos artificiales… Durante la noche estallan en el cielo encendidas estrellas y largos cohetes, que se reflejan en la oscura agua del puerto antes de hundirse en ella…

Los festejos se suceden: carnavales, batallas de flores, bailes, regatas, conciertos y procesiones… Nadie quiere que le recuerden lo que sucede en otras partes del mundo… Los rumores que llegan de fuera quedan suprimidos por orden del Cónsul, que ha asumido la responsabilidad de mantener la ley y el orden, “hasta el restablecimiento del statu quo”…

Según las nuevas normas, hablar de la catástrofe es delito… La norma es no querer saber…

Comprender la euforia ciega y no condenarla…

Y yo… Como una bola de menudencias indigeribles espero en las fauces del búho a ser expulsada hacia el vacío…

En un extremo, la seguridad, lo familiar, la anestesia de la rutina, de los días consagrados a tareas aprobadas; una vida protegida y vegetal, sin riesgos ni emociones, que bien mirado no es vida en absoluto… Mientras que el otro extremo se desvanece en lo peligroso y desconocido: nubes amenazadoras se acumulan ahí, fríamente….

Presa del pánico, intento conservar el equilibrio, sin moverme; pero si es inevitable resbalar, por lo menos que sea hacia el infierno conocido: una vida vegetal, sin excitación ni emociones, no quiero ningún cambio, el aburrimiento es lo más seguro, lo mejor… No puedo soportar ningún nuevo peligro…

Pero es que no hay contacto entre ELLOS, ninguna posible conexión… El ser extraño, cuán remoto parece…

Se me antoja irreal… Sólo una forma y un color y una rara cabeza redonda, una efigie moviéndose por el mundo….

El desapego es admirable, nunca te defrauda, es el único objetivo que vale la pena, pero es impracticable… Es demasiado bueno para personas como yo… Es demasiado ideal para cualquier ser humano que esté estropeado por todo este tipo de locas emociones en las que de tiempo en tiempo me enredo…

Eso es lo que veo en mi imagen… Siempre la desolación, siempre el esplendor, la soledad, la oposición, los árboles antiguos, las aves que no habitan ningún otro país, las montañas volcánicas, el barro que burbujea y ríe… Y siempre, en todas partes, extrañeza…

La frente lavada y luego marcada del ANIMAL SOCIAL… Esperad… Los simios y las sombras delimitan un círculo negro en la acera…

Espejo negro… Por el que el juguete que respira deberá pasar a la experiencia de desgarramiento y aniquilación del YO… Acompasa los mensajes de texto con los mensajes de audio y vida plásmida en la televisión y los múltiples dispositivos de simulación de irrealidad en red… El ANIMAL SOCIAL encara el estímulo como puede, aceptando el calloso cordón simbiótico, umbilical aunque tóxico, que emana del logotipo corporativo… Imagen de marca… MARCA PAÍS que se presenta como la proverbial mentira que a fuerza de ser repetida se vuelve verdad… Aunque aquí y hoy es sólo un constructo…

El caso del ANIMAL SOCIAL es llevar encastada en la frente ahora la MARCA PAÍS… Sale a la calle creyendo tomarla… Todo tan falso que a la puesta de sol se decreta que el simulacro va a ser la próxima realidad impuesta… El zeitgeist establecido a parches y parches y parches y parches y parches…

YO disiento, pero poco y en voz baja, plenamente consciente de que mi historia es sólo otra en una sociedad… Vendida… Necesitada de retomar las ideas y estéticas del pasado, sobre todo del vivido recientemente pero lo suficientemente lejos como para que haya dado Tiempo a idealizarlo…

Apocalipsis Sucedáneo sucediendo fuera del Tiempo… Sólo puede ser mantenido a raya mediante una sobreexposición a los residuos de un pasado idílico…

La humanidad mira hacia atrás en busca de un santuario, porque mirar en otra dirección es encontrarse lo desconocido traicionero…

YO ANIMAL SOCIAL presa en el contexto hauntológico… En la jaula de Faraday… Y la MARCA PAÍS como progreso desfasado, hortera: empeño por las fronteras cuando, cruzando el espejo negro, el mundo sensible es vapor… Antes agua… El ANIMAL SOCIAL sin embargo aferrado a la materia sólida… A que fuera del Tiempo no hay nada y tal que así se debe vivir… Conforme… Y la imagen pública es un palimpsesto que empieza a transparentar…

La pinza de nervios que supura… La pinza de nervios supura la máquina de nuestra historia rota… Se narra como engranajes goteando al filo de lo fácil que sería acabar siendo un creyente en la desconexión… Y nuestra actitud normal se basa en una ficción simbólica… Ningún mecanismo externo regula la experiencia fenoménica del YO salvo tú… MARCA PAÍS atrapada en las viejas guerras, diversos infiernos sirven de círculos concéntricos a la ansiedad… MARCA PAÍS existe por el carácter terrorífico del tema del doble y la emergencia del sujeto como apercepción trascendental pura: pero el ANIMAL SOCIAL… Desmarcado…escribe ahora:

Digan lo que digan, la Cultura es nuestra.

¿Por qué, pues, estoy encerrada en esta pesadilla de violencia, aislamiento y crueldad?… Dado que el universo sólo existe en mi mente, debo haber creado este lugar odioso, asqueroso como es… Vivo sola en mi mente y sola estoy siendo aplastada hasta la asfixia, emparedada por los muros que he creado… Lo único que sé es que debo escapar de estas alucinaciones y este festivo horror… No puedo soportar mi atroz prisión ni un momento más…

Solo he descubierto una manera de escapar y, sin que haga falta que lo diga, no la he olvidado…

Nunca más podré ser como era cuando el tiempo aún era…

Esa YO que yacía en la crecida hierba de junio y chupaba los dulces tallos del césped… Que vivía la vida de una amante, una pintora, una persona real, que no era burlada por las aves cantoras…

El ser heredado por mis ancestros, la persona en que debí convertirme, ha sido irremediablemente mutilada y despedazada, su frágil balance de pensamientos y sentimientos destruidos, maltratados…

Se sumerge de nuevo… El ser heredado… Y YO escucho el crujido de sus huesos… Todo un torrente de huesos sale a borbotones, chorrea como cataratas, como fuentes de sangre… En un segundo el balde está lleno y se derrama en el suelo… El doctor casualmente empuja un cojín para tapar la inundación y se aleja… Limpiándose las manos en su pañuelo.

 

 

FJP

(texto recitado durante el ritual de evocación de Anna Kavan el pasado 19 de marzo de 2016, durante la celebración del ArtParador en la librería Papers-Contenciós Postcavourià)

 

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Hoy desvelamos una sorpresa. Hoy sale al mundo una de las cosas más peculiares en las que he tenido el placer de enredarme. De la mano de la distribuidora de fanzines/organización religiosa ANTIPERSONA, aparece, brotado de un rincón excéntrico en el no-espacio mental combinado de Ellos y Yo, Polybius.

 

El videojuego Polybius, presentado en forma de arcade tradicional, fue lanzado al mercado en 1981 por una compañía desconocida llamada Sinneslöschen. Su distribución fue escasa, apenas unas pocas salas recreativas de los suburbios de Portland, Estados Unidos. La simplicidad del juego y la superioridad de los gráficos y el sonido lo convirtieron en un videojuego tremendamente adictivo. No obstante, sus efectos eran demoledores en el subconsciente del jugador: brotes epilépticos, mareos, pérdidas de memoria, náuseas, alucinaciones, terrores nocturnos. Se han documentado incluso intentos de suicidio propiciados por los mensajes subliminales del juego: murmullos ininteligibles que brotaban sin obedecer a ninguna lógica interactiva, gritos aterradores y quejidos de dolor. Después de que un niño de ocho años falleciese de un ataque epiléptico, las máquinas fueron retiradas de los salones recreativos y Polybius desapareció para siempre. El propio nombre de la compañía ya era una advertencia: en alemán Sinneslöchen significa “pérdida de los sentidos”.

 

Polybius (el libro) es un breve y muy poco ortodoxo ensayo no sólo sobre Polybius (el mito) sino sobre el potencial infeccioso, vía hiperstición, de la leyendas urbanas generadas desde un contexto tan particular y poderoso como los videojuegos, sobre el impacto que los nuevos lenguajes generados por éstos tienen en la narrativa consensual del hecho cultural y sobre cómo el Jugador puede llegar a integrar de forma protésica esos lenguajes y usarlos de filtro con los que retocar y aumentar su contemporáneo y su cotidianidad.

 

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En una reivindicación del videojuego como forma artística de pleno derecho y, por tanto, acto mágico capaz de operar cambios en la Realidad mediante la Voluntad y la Alucinación, Polybius (el libro) aprovecha el análisis de Polybius (el objeto hipersticioso) para articular un relato esotérico y excéntrico en el que teoría, ficción, autobiografía, poesía, psicodelia y psicotronía se confunden y tratan de provocar el mismo efecto de aniquilación de lo que damos por sentado, inyectar la misma maldición, que se supone se pretendía provocar e inyectar mediante Polybius (el arma original), ahora buscando no el control del Jugador y la sumisión de éste a los poderes fácticos sino la liberación de ese “edificio exosomático de lo humano” del que tantas veces hemos hablado ya aquí, la presentación de un plan de fuga de la cárcel de Lo Real Materialista.

 

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Apenas cien páginas de genuino ejercicio de MindFuck. Para vosotros.

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En 1886, John William Waterhouse pinta El Círculo Mágico. En 1989, Francis Fukuyama publica El Fin de la Historia y El Último Hombre. En 1993, Sarah Kane escribe Blasted. En 2016, la compañía STRIGA representa Hambre… Sólo son fechas, números y anécdotas como mojones, figuras animales que se enroscan en la Historia, eso que estamos programados para ver en forma de línea, en forma de vara, cuando es mucho más parecido a una pila de cadáveres que no deja de crecer…

Atiende: la voz de una bruja atraviesa el mismísimo centro del universo. Se desplaza: “antes eras una historia fea y dolorosa, pero eras una historia; ahora sólo hueles mal”, “la hechicera mantiene encendido el caldero mientras traza el círculo que bien puede protegerla de influencias no deseadas o bien atraer a alguna entidad sobrenatural en su interior. Hacia la mujer se acercan los cuervos y el sapo. La escena se sitúa en un lugar desolado, tal vez un cementerio donde no faltan la cueva infernal y la presencia de sombríos mausoleos”, “el fin de la historia será un tiempo muy triste. La lucha por el reconocimiento, la voluntad de arriesgar la vida de uno por un fin puramente abstracto, la lucha ideológica mundial que pone de manifiesto bravura, coraje, imaginación e idealismo serán reemplazados por cálculos económicos, la eterna solución de problemas técnicos, las preocupaciones acerca del medio ambiente y la satisfacción de demandas refinadas de los consumidores. En el período post-histórico no habrá arte ni filosofía”… Dice.

 

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En El Fin de la Historia, Francis Fukuyama celebra la victoria absoluta del capitalismo y anuncia el advenimiento de un estado homogéneo universal, la muerte de la pretensión ideológica de representar diferentes y más altas formas de sociedad humana, y asegura todo esto justo después de la caída de los últimos regímenes socialistas de la Europa Occidental… Sarah Kane da a luz a Blasted mientras la Guerra de los Balcanes resuena con un chirrido metálico en el fondo del pozo negro de su depresión; el conflicto está por todas partes y la autora lo abraza porque, en el socavón de su trastorno y en el tiempo putrefacto por el que su generación es menospreciada de continuo y en la sombra que el “estado del bienestar” arroja sobre las esquinas de su espacio geopolítico, es muchísima mejor idea arrimarse al maltratador explícito, el de hostia y penetración forzada y mira que eres subnormal, antes que al yanqui-japonés hijo de la gran puta que, con una sonrisa perfecta, pretende chulearte hasta que ardas mediante una novísima forma de prostitución perfectamente burocratizada… El Círculo Mágico de John William Waterhouse muestra al Último Hombre, que es, como siempre fue y siempre será, una mujer (“y las mujeres no olvidamos nunca”), delimitando el territorio del hechizo que está a punto de realizar mediante un círculo de fuego trazado con su vara; aquí dentro va a canalizar todo poder de intelecto, clarividencia, intuición, razón, lógica y naturaleza que sea capaz de manejar; fuera quedan el aliento perverso del Apocalipsis disparado en cuenta atrás desde la Creación misma, la enfermedad de transmisión sexual de los ciegamente apegados a su condición humana y material y que ignoran que existe una Fuerza Telúrica Inhumana subyacente a Todo, que lo atraviesa Todo, que se desplaza por Todo, independiente, irracional y más fuerte que Todo, musical, amoral y amante, un vacío equilibrado en blanco-negro del espíritu del Mundo, idiota, ¿no lo ves? El pan de la bruja, y fuera quedas también tú, seas quien seas… STRIGA diseña una escenografía para Hambre que es un circuito cuyos componentes (Cate, Ian y El Miliciano, una traducción funcional de los personajes de Blasted, pero también el juego de luces climáticas sobre el escenario, el vestuario, el atrezzo y los efectos de sonido) hacen circular las energías opacas del Fin de la Historia (el abuso, el deseo condicionado por lo político, el prejuicio, el rango y la inocencia y la vida, en general, mancillada por El Capital) de la forma más eficiente posible para que éstas vayan a desaguar, alimentar y reciclarse en la Fuerza Telúrica Inhumana que la compañía invoca al fondo de la escena, y que ese Espíritu del Mundo transformará en canción, en matemá(g/t)ica grácil, exorcista; el circuito es un ritual; que tiene lugar dentro del Círculo Mágico ahora redefinido para cerrarse en negación y paradójica exposición de este contemporáneo radical nuestro en el que la crisis económica, la tensión entre géneros, la imposición de la equidistancia racional, lo políticamente correcto hasta el asesinato de la inteligencia, el argumento mediocre como arma y la telegenia visten los ropajes del sapo, el cuervo, la calavera, la roca inamovible y la fuerza sólo aparentemente imparable… Tú, atiende: piensa en cómo podría cerrarse una herida con miel, no con grapas, suturas o costra…

Atiende: Psique abre su caja dorada, y dentro sólo hay mierda. Aun así, Psique está, presente, y su caja sigue siendo de oro: “la hechicera es más o menos clásica, por lo demás la escena podría suceder en cualquier época, pues el cuadro recoge los invariantes de la brujería”, “en el período post-histórico no habrá arte ni filosofía, simplemente la perpetua vigilancia del museo de la historia humana”, “tienes que salir de tu puto país para acabar la vida igual que la empezaste: sobre un montón de mierda”… Dice.

 

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Hambre sacude al espectador de un lado a otro de la narrativa en su historia sin discriminar si éste está atento no sólo a lo que se está contando sino también al desplazamiento de las coordenadas psicológicas propias que el ritual impone; la velocidad de escape de este hecho es tal, que quiebra el tradicional prejuicio, impuesto y totalmente falaz, de que pasado lo terrible sólo hay redención o estancamiento somático; rompe la barrera del sonido del terror y desvela que al otro lado hay una cristósfera, hola, qué tal, que lleva ahí desde mucho antes que desde siempre, y que a la cristósfera le trae sin cuidado dónde trazamos las líneas o por qué señalamos falsos finales… Hace casi un cuarto de siglo, El Fin de la Historia y el Último Hombre y Blasted coinciden en el tiempo; la pieza de Kane es despachada con críticas como “desagradable festín de porquería” y llamadas a la censura, mientras el libro de Fukuyama es aplaudido a rabiar, aceptado con efusivas sacudidas de cabeza y palmaditas en la espalda y reivindicado como Verdad suprema, saludable y, sino inmutable, si fácil material para una profecía neoliberal autocumplida. A día de hoy, Francis Fukuyama ha sido apartado de cualquier escuela filosófica académica sensata o relevante; ha sido refutado, criticado y descalificado tantas veces, por tantos pensadores de primer nivel, que incluso se ha visto obligado a reconocer haberse equivocado de plano en sus previsiones y deducciones y a pedir perdón (mal y tarde) por todo el daño socioeconómico causado por su discurso. Sarah Kane está muerta. Se suicidó, ahorcándose con los cordones de sus zapatos, dos semanas después de cumplir los 28 años. Y es considerada de forma prácticamente unánime una de las grandes firmas del teatro anglosajón, sus obras están entre las más veces representadas por toda Europa, ha sido traducida a diez idiomas… El Círculo Mágico de John William Waterhouse manda señales que alteran la continuidad espaciotemporal desde los sótanos de la Tate Gallery londinense, donde permanece fuera de exposición a perpetuidad… Atiende: no es sólo la voz de la bruja la que atraviesa Todo…

Durante los cinco sábados que ha tenido este pasado enero, STRIGA ha estado ejecutando el ritual operístico que es Hambre con todas las entradas agotadas para cada representación. Sólo son números… La Fuerza Telúrica Inhumana mea en cuclillas ante las puertas del museo de la historia humana. Sólo es una figura animal… Sarah Kane delimita el territorio de un hechizo mediante un círculo de fuego trazado con su vara. Sólo es una anécdota… Los cadáveres de Francis Fukuyama y John William Waterhouse, sus rostros verdes y cubiertos de moscas, descansan en la cúspide de una pila de la que tú mismo formarás parte en cualquier momento. Pero, mientras tanto…

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(fotografías de Lua Quiroga Paúl y Juan Díaz Díez)

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Hacia el cierre del Paréntesis de Gutenberg… Las historias que nos contamos sentados en corros concéntricos se adhieren a la arquitectura de la realidad y la actualizan… Esa realidad como discurso performativo que se autorrealiza… No existe una oposición neta entre lo “real” y lo “imaginario”, sino un pasaje borroso; cuanto más se carga un agregado semiótico de significados y usos sociales, más real llega a ser, y en cierto momento será imposible distinguir qué era real al principio y qué ha llegado a serlo, partiendo de una base compuesta sólo de signos.

Los corros concéntricos… Es sábado por la noche, entre colegas, celebramos mi cumpleaños, estamos sentados alrededor de una mesa sobre la que descansan nuestros teléfonos móviles junto con las varias latas de cerveza que ya hemos vaciado. Nos contamos historias cara a cara, mirándonos a los ojos, al tiempo que otros le están contando las suyas a nadie en particular, con la vista fija en la pantalla del portátil, en la pantalla táctil o en el monitor plano, al otro lado del espejo negro a través del cual se accede a la Red… Fácil, nosotros también vamos a hacerlo en cuanto la conversación se suspenda unos segundos para coger aire y resituarse… Es entonces cuando el vecino del piso de arriba se pone a hacer agujeros con el taladro, en plena noche, mientras algo más allá los niños duermen, un sábado… Mi amigo Óscar aprovecha para recoger el hilo del coloquio y nos habla de un videojuego, Party Hard:

El juego arranca con un hombre que, a las tres de la madrugada, al no poder conciliar el sueño por el fiestón que tienen montado los de arriba, sube a incorporarse a la fiesta y, bueno, los mata a todos. De formas muy creativas. Y luego, ya que está, sale a la ciudad a seguir poniendo en su sitio a todos esos fiesteros que no dejan dormir a sus vecinos. Es principalmente un juego de sigilo: lo más importante es que la policía no nos pille en pleno asesinato en masa. La principal forma de matar del Asesino de la Fiesta es la clásica cuchillada, pero claro, no podemos liarnos a navajazos en mitad de la pista de baile. Tenemos que ser pacientes, acechar a los fiesteros solitarios, a las parejitas que se alejan de la multitud o al pobre desgraciado que va a servirse una copa a la cocina; y después alejarnos rápidamente del cuerpo para que el borracho de turno no sume dos y dos al vernos cuchillo en mano al lado de un cadáver.

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Lógica slasher, sigilo, algo divertido y que viene completamente al pelo… Me fascina (y, últimamente, obsesiona) el modo en que el pernicioso hechizo de la Realidad Dogmática de lo Antrópico se deshace, sublima y muta desde sus más oscuros y terroríficos bordes exteriores… No puede ser de otro modo, de hecho: lo que está ahí afuera no es más que la negrísima metáfora alusiva a nuestra incapacidad, como humanos-humanistas, de salvar el vacío entre Lo Real y Nuestro Pensamiento de Lo Real… Ejemplo: Slenderman, el monstruo de Gutenberg; Slenderman y su naturaleza de ficción autorrealizada.

Los monstruos de Gutenberg… La noche del sábado duermo mal, me despierto a las tres de la madrugada; no es nada nuevo y, en mí, está relacionado con los episodios de parálisis del sueño que sufro de vez en cuando y mi peculiar relación con ellos… Por supuesto, en una esquina de mi cabeza resuenan continuamente esas teorías relativas al Tiempo Muerto y La Hora del Diablo… “Las 3 a.m. es el momento en que la actividad paranormal entra en su máximo apogeo”; “Jesucristo murió a las 15:00h, siendo las 03:00 a.m. la hora opuesta, en un claro desafío de los demonios hacia la ‘imagen’ de Cristo burlándose de la Santísima Trinidad”; “según algunas investigaciones, se producen muchas muertes entre las 03:00 a.m. y las 05:00 a.m., ya que en este momento el sistema inmunológico del cuerpo es más vulnerable. Entre estas horas, los enfermos terminales o personas muy ancianas son más propensas a pasar al ‘otro lado’ debido a que el cuerpo se debilita energéticamente”; “el Tiempo Muerto no es más que una representación de nuestro miedo colectivo a la oscuridad. Durante ese período de la noche nuestros sentidos se agudizan, ya que somos mucho más conscientes de nuestro entorno y estamos en guardia, en busca de peligros potenciales; esto es una traducción evolutiva de nuestra lucha innata o de nuestros instintos”… Paso el domingo ordenando ideas y echando un par de partidas a The Evil Within (la última obra de Shinji Mikami, la cual, al menos en sus primeros niveles, juega esencialmente con los símbolos del gore, la huida, el desplazamiento de Lo Real, el fuego, el faro y la metamorfosis); me olvido por completo de lo que hablamos la noche anterior, aunque a última hora recibo un correo de Óscar con el trailer de Party Hard; lo dejo para el día siguiente. Vuelvo a dormir mal, en parte porque a mi hija le ha sobrevenido un ataque de llanto entre las dos y las tres de la mañana.

Los monstruos de Gutenberg… Llevo dos semanas investigando todo lo que tenga que ver con Jeff the Killer, algo así como “el nuevo Slenderman”:

Una creepypasta, como Slenderman (“historias cortas de horror recogidas y compartidas a través de Internet con la intención de asustar o inquietar al lector. El nombre se deriva de la jerga de Internet ‘copypaste’, que se refiere al texto que ha sido copiado y pegado por los usuarios en los foros de discusión en múltiples ocasiones. Son similares a las leyendas urbanas, aunque no siempre tienden a tomar la forma de texto escrito o narración, algunas creepypastas toman en forma de imágenes, videos o videojuegos, supuestamente encantados”), que narra el relato de Jeff Woods, un muchacho de 14 años de edad quien es invitado a una fiesta de cumpleaños sólo para ser atacado por otros tres adolescentes que ya llevaban un tiempo acosándole en la calle y el colegio. Durante la agresión, Jeff es cubierto con lejía y alcohol y luego es prendido fuego. Tras el ataque, el chico pierde la cordura, se corta los párpados para volverse incapaz de cerrar los ojos cuando se mira al espejo, y desfigura su boca en una sonrisa perpetua.

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Llamémoslo sugestión… tanto la noche del sábado como la noche del domingo, desvelado, el rostro de Jeff the Killer se me aparece en los márgenes del campo visual, en el pasillo, de camino al lavabo. El encantamiento por documentación obsesiva está surtiendo efecto… Según algunas de las muchas deformaciones y reformulaciones aplicadas a la historia de Jeff, el chaval, en un arranque de manía homicida, mató a sus padres y su hermano a las 3 a.m. de una noche especialmente oscura y turbia a causa del revuelo causado por la fiesta celebrándose en la casa de los vecinos de la familia… Resonancia, trauma, tragedia y las tres de la madrugada… Deformación y reformulación también del hechizo de la Realidad Dogmática de lo Antrópico.

Lunes… Me despiertan el vecino y su taladro; con el primer café, abro el correo de Óscar, veo el trailer y ahí está él, Jeff; todos los elementos compositivos de la hiperstición puestos a sus pies, el fragor de la batalla contra lo sensato y lo mensurable… Corre por la Red la falsa noticia de que un chico disfrazado de Jeff the Killer se coló a las tres de la madrugada en una fiesta y mató a todos los presentes a modo de ritual enfocado a la invocación al plano real del mismo Jeff; hay YouTubers titulando los vídeos de sus partidas a Party Hard “cómo ser un buen Jeff the Killer”; algo en pasillo suelta una risita apagada y susurra “vete a dormir”… Y las miles de figuradas hogueras interconectadas frente a las que nos acomodamos para contarnos cuentos de miedo, chisporrotean de sincronicidad.

Jeff_The_Killer_sleep

Degi Hari

El próximo sábado 16 de enero, en el marco de las II Jornadas de Metal Extremo de Vitoria-Gasteiz, impartiré la conferencia Ocultismo Noumenal: propuesta para una metafísica extrema, cuyo resumen vendría a ser como sigue:

Uno de los problemas centrales de la filosofía contemporánea, y especialmente de la filosofía prospectiva, futurológica, es la superación de la correlación entre Objeto y Sujeto y la consecuente incapacidad para suspender la discontinuidad entre el noúmeno (la cosa-en-sí, la intuición intelectual no-sensorial) y el fenómeno (la cosa representada en relación a las formas sensoriales del espacio y el tiempo).

En la presente charla se propone una forma de metafísica extrema que, expresada como Ocultismo Noumenal, agrupe un conjunto de conocimientos y prácticas antifilosóficas y especulativas, tales como la teoría de la hiperstición, la idea de la tecnogénesis, el transhumanismo crítico, la ontología orientada a objetos, la psicogeografía y la magia ritual, a fin de penetrar y dominar los secretos del noúmeno para, en última instancia, disolver la discontinuidad noumena/phenomena y plantear la superación del antropocentrismo y el humanismo tradicional como requisito básico para la evolución del pensamiento humano.

Así pues, a modo de introducción y también para poner a disposición del público asistente algo de información de consulta adicional, dejo aquí la bibliografía utilizada para la confección del guión de la charla, así como varias sugerencias de lectura

 

Libros:

Fanged Noumena, Nick Land (ed. Urbanomic / Sequence Press, 2011)

Cyclonopedia: Complicity with Anonymous Materials, Reza Negarestani (ed. Re.Press, 2008)

Capitalist Realism, Mark Fisher (ed. Zero Books, 2009)

Civilizaciones, Felipe Fernández Armesto (ed. Taurus, 2002)

Nihil Unbound, Ray Brassier (ed. Palgrave macmillan, 2010)

En el polvo de este planeta, Eugene Thacker (ed. Materia Oscura, 2015)

Historia de la filosofía oculta, Alexandrian (ed. Valdemar, 2014)

La Cuarta Discontinuidad. La coevolución de hombres y máquinas, Bruce Mashliz (Alianza Editorial, 1995)

Ciencia, cíborgs y mujeres. La reinvención de la naturaleza, Donna J. Haraway  (Ediciones Cátedra, 1995)

Natural Born Cyborgs: Minds, Technologies, and the Future of Human Inteligence, Andy Clark (Oxford University Press, 2004)

Ontología Cyborg. El cuerpo en la nueva sociedad tecnológica, Teresa Aguilar García (Gedisa Editorial, 2008)

Alien Phenomenology, Ian Bogost (Univ. of Minnesota Press, 2012)

Persuasive Games: the expressive power of videogames, Ian Bogost (The MIT Press, 2010)

Towards Speculative Realism, Graham Harman (ed. Zero Books, 2010)

The Quadruple Object, Graham Harman (ed. Zero Books, 2011)

Guerrilla Metaphysics: phenomenology and the carpentry of things, Graham Harman (ed. Open Court, 2005)

Weird Realism: Lovecraft and Philosophy, Graham Harman (ed. Zero Books, 2012)

 

Artículos:

“Abstract Culture: Meltdown”, de Nick Land. En CCRU.net

“Accelerationism”, de Ray Brassier. En moskvax.wordpress.com

“Renegade Academia”, de Simon Reynolds. En virtualfutures.co.uk

“Hyperstition: an introduction; Delphi Carstens interviews Nick Land”. En merliquify.com

“Hipersticiones y Quimeras”, de Gerardo Sifuentes. En Facto!

Ontología cyborg en perspectiva compleja desde la biología filosófica“, de Oscar José Fernández. En Ontogenia.cl

Una historia del pensamiento transhumanista“, de Nick Bostrom. En Argumentos de Razón Técnica nº14

La ruptura de la cuarta discontinuidad. Trazos para una filosofía de la técnica y la tecnología“, de María Eugenia Esté. Ensayo ganador del Premio Federico Riu a la Investigación Filosófica 1999

Antesalas del Posthumanismo“, de OBSERVER. En La Industria del Placer

“On the Horror of Phenomenology”, “The Corpse Bride: thinking with nigredo”, “Spectral Dilemma”, de Graham Harman, Reza Negarestani y Quentin Meillasoux. En Collapse Vol. IV

“Substraction and Contraction”, “Speculative Realism”, “Responses to a series of questions”, de Quentin Meillasoux, Ray Brassier, Iain Hamilton Grant, Graham Harman y Gilles Deleuze. En Collapse Vol. III

 

Vídeo:

 

Por último, cabe señalar que tanto la imagen que preside este post como las fotografías que se proyectarán de fondo durante la conferencia son obra del artista, poeta y terapeuta Marco Antonio Raya.

A por ello.

 

 

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