Publicaciones, presentaciones, charlas, premios… Los últimos meses han sido muy activos, por lo que es buen momento ahora de dejar aquí el recurrente post de recopilación y marca en el camino como una idea de dónde estoy y en qué dirección voy. A ello:

COSAS QUE HAGO


  • Recientemente han visto la luz, además del artefacto-conjuro Luz simiente, dos relatos ciertamente importantes para mí, ya que tengo la sensación de que sientan las bases de lo que pretendo hacer a medio plazo, exponen más de lo que había sido capaz de exponer hasta ahora los temas y las formas y los dejes de los que estoy rodeado y con los que estoy operando, y han emanado de forma preciosa desde el extraño estado mental alterado en el que me sumí en algún punto a finales del año pasado después de que éste, de algún modo, dejase preñada a mi manera de escribir:

Un altar — publicado como regalo de bienvenida y declaración de intenciones para los suscriptores del Inner Circle de Orciny Press, es una pieza de horror cósmico trenzado con metafísica y política nihilistas que juega a la poética de la degradación y la intrascendencia de lo social y lo íntimo.

Extractos de una última instantánea — publicado en el número 7 de la revista SuperSonic, es una fantasmagoría fragmentaria y psicodélica que explora las calidades hauntológicas del cáncer, la soledad, la filosofía normativista, la hipernormalización y lo performativo.

 

 

  • Hace aproximadamente un mes, con la excusa del día dedicado a la editorial GasMask en la librería Gigamesh, impartí una larga y fructífera charla sobre teoría de la Hiperstición y el resto de temas alrededor de los que se arma Homo Tenuis:

 

 

COSAS QUE DICEN


 

 

 

Por supuesto, hay más cosas, más noticias, infinitos detalles ínfimos que quedan ahogados de inmediatez entre lo dicho, lo hecho a medias, lo hecho por completo y lo desechado, las redes sociales y los instrumentos del ahora mismo acelerado, pero aquello es el territorio sensible de los días y esto sólo pretende ser un mapa; y como tal, así queda. Seguimos.

(El pasado cinco de abril, para inaugurar la selección de Relatos del Mes de su Inner Circle, la editorial Orciny Press publicó Un altar, uno de mis últimos relatos, un texto al que tengo especial estima porque creo que sienta una primera piedra de lo que quiero construir con mi prosa a corto plazo, porque se siente como un paso largo en cualquiera que sea el camino que está tomado últimamente lo que hago.

Paralelamente a la escritura del relato, estuve también enredando con un poema en el que tratar exactamente los mismos temas y purgar concretamente las mismas inquietudes (llegando incluso a usar exactamente las mismas palabras en momentos puntuales) pero en un tono del todo distinto. Una suerte de remezcla intencional y argumental, una exploración del mismo terreno blando aunque desde otro medio, con otras herramientas. No tanto un complemento como un intento de experimentar lo mismo desde otro ángulo. Aquí queda:)

….

DEGRADADO MÚLTIPLE

Una etimología especulativa de la palabra terror (y, por asociación, terrorismo) la conecta con palabras como terreno y territorio

Hunter Dukes

Llegan imágenes de una muralla grave como agua pesada que enriquece la linde, una muralla que saja la secuencia óptima del paisaje. Se escota a la medida conveniente, aunque desproporcionada, ahora sangra a los que la tienen delante e imprime acequias y parte los arrabales de conventos y gremios extramuros. Orografía reposada en óxido para ser examinada y más tarde exterminada. Los engranajes húmedos de la desamortización mundial velan el retrato en su totalidad; individuos calificados de deformes y gibosos se parapetan al amanecer y al anochecer en ninguna parte otros momentos son rutina y servicio al escaparate de atracciones urbanasy se gritan unos a otros a otros a través de aspilleras invisibles. Las noticias de la jornada. El amontonamiento humano se descamina en la tortuosa madeja vial. De improviso es patente la presencia de humores lívidos derivados de la lepra de las casas, que no va a corregirse, su evidencia es intensiva, cojea en los cerebros, pringa y degrada.

La cadencia

de la migración

desaloja una masa concretísima

que repinta las ruinas pisoteadas, rasga esos panfletos caducados, desodoriza la basura

de algún modo, deja una impronta de dinamismo blando en el ritmo moroso

de los que ya estaban, de los que se quedan y atienden los mostradores de sus barracas

Mediodía. La feria condal es trasparente a sus clientes, deslucida como cobre ahumado. Alguien se desvanece el enésimo desvanecimiento hoy. ¿Hacia dónde? ¿Desde dónde?

La cadencia

quiso que —había— una vez la filosofía colectiva de los feriantes se expusiese incrustada de los fluorescentes y excesos cromáticos en la carrocería de las atracciones. Máscaras felicísimas, sonrisas cogidas con pinzas en los mofletes, uniformes bien remendados era obligatorio ponerse guapo; a tales efectos incluso se reconvirtió en gimnasio con las paredes de cristal una de las capillas absidiales de la catedral gótica que hasta la fecha sólo había resultado atractiva para las procesiones de visitantes del parque vestidos de negro perenne y rebozados en maquillaje funerario y que masticaban loto antes de la función de espiritismo callejero de las seis de la tarde. Aceite bronceador, fibra, aceite de colza desnaturalizado que fue a diluirse a la cala mediterránea, dieta demencial con base de cereales y verdura, micronutrientes, fruta de temporada —Alegría.

Poderes evidentes de cara a las galerías superficiales, fastos, alegría, alfombras de pétalo de geranio, brisa yodada que mesaba los cabellos de las muñecas de porcelana que en las tómbolas de la rambla principal se entregaban como premio de consolación a espontáneos deportista urbanos por su contribución a la dinamización de cada recodo, flato disimulado, con alegría, jarana en las terrazas y, abajo, barrenderos y buhoneros al rosa chicle y púrpura cardenalicio, recogiendo, alegres, recogiendo y recogiendo y guardando, por si venían mal dadas, que no, pero quizá, a saber, algún día —Alegría. Decreto.

Mientras, una maleta rellenada con los miembros cercenados y los intestinos aguijoneados de quemaduras de cigarrillo de una niña imposible de identificar era dejada sobre el río de cera que discurría desde las torres de cirios de la ermita de los gitanos hasta los desagües de la mismísima muralla.

La cadencia

aísla en sus moradas a los desvanecidos y a los que andan en proceso

de desplazamiento

del traslúcido objeto humano al adjetivo opaco

que lo mismo podría ser una sala para el sacrificio como una urna donde conservar nada

ante la nada inminente

 

En la migración la lengua se desterritorializa. El migrante pierde el suelo de la lengua, cae al subsuelo y el subsuelo no tiene límites

Josefina Ludmer

alguien se desvanece. Cruza de un motivo a otro hasta los confines de trueno del tráfico rodado y el tráfico de datos. Los detalles del desvanecimiento son engullidos por la inmediatez del suceso y cómo este queda explicitado en las marquesinas. Quedan el viento y los cielos cubiertos de ceniza, desorden de calzada, la hora punta y el ruido blanco que ha arrastrado al desvanecido lejos de los focos y atrás y a la izquierda de la silueta compacta de la feria desagua hacia una función sin límite aritmético, aquí con el resto de migrantes que se arrodillan y se recolocan las mordazas y se calzan las capuchas, pasto del frío de la niebla, ahora tienen un agujero que orbitar, que se encuentra sólo en su imaginación, y es sensato, ahora sí, y dan vueltas y vueltas y vueltas y vueltas en espiral centrífuga, conectados con hilos de hueso cariado a una estrella muerta como símbolo final de civilización, yacen irradiados de vacío, conceptos desmigajados, pólipos alienígenas con respecto a quiénes habían sido antes, con los pedúnculos estirados y enredados pero sujetos bien firme a sus tabernarios.

Al amparo del punto de control

el pueblo descamado

las fosas comunes flanqueando un altar

rejas de polvo que no se posa

pasto podrido en el refrigerador de seres reptantes que aguardan babeantes la pitanza que pudriesen con sus                                                                                                                                                                                                                                                            deposiciones

el mito quebrado, porque puede, quebrarse, esto es

sustancias y talles y complexiones falsas en busca de su repugnante reflejo

las espinas que crecen hacia el cosmos interior privado

la privación y la destrucción y el universo y su así en sus ritmos como en los nuestros

el coto de la liberación forzada

en la zanja y en la fosa la libertad alcanzada únicamente al conjugar distinto la misma dependencia

sin importar qué escribiésemos sobre nosotros ni qué opinasen ustedes de nuestra tristeza

El desvanecido se convence de que sus manos no son suyas, pues aunque éstas solían obedecerle también es cierto que en ocasiones asían y apretaban y exploraban y se crispaban sin que mediase orden consciente, y si sus manos no son suyas cabe suponer que sus brazos tampoco, ya que actuaban igual, doblándose para parar un golpe y rodeando el pecho al embate de una brisa inusualmente fresca, como sus pies y sus piernas, que a veces le llevaban en deriva caprichosa por rutas que él jamás hubiese embocado o se sacudían inquietas mientras él trataba de conciliar el sueño, como su estómago, que nunca reaccionaba igual a un mismo alimento, como sus pulmones, respirando por defecto, como sus ojos al parpadear de forma involuntaria, como su nombre, que había sido idea de sus abuelos, como su mente, caramba, cuando era incapaz de filtrar según qué pensamientos y le impedía ser el ciudadano feliz e inope y vivaracho en que aspiraba a convertirse aun atrapado en los raíles espectaculares de la feria… Ni un solo filamento de sí es suyo, por lo que el desvanecido no es ni va a ser, sino que simplemente ha estado siendo y, tan fácil como cae en la cuenta de ello, resuelve dejar de estarlo, deja de estar siendo y se desvanece en una imprecisión que ya sólo está siendo durante un instante inmediatamente pasado en la imaginación de quienquiera que tenga a bien leer este texto.

El espectáculo debe negar la historia, pues la historia demuestra que nada es ley, que todo es proceso y lucha. El espectáculo es el dominio de un eterno presente que pretende ser la última palabra de la historia.”

Anselm Jappe

Cada hombre y cada mujer es una estrella en el escenario. La feria explota sus habilidades.

Las valijas humanas, ordenadas por el espectáculo a lo largo de la calzada, se rasgan.

El polvo de estrella-de-hombre y estrella-de-mujer se esparce y se descompone rápido.

Lo único que detenta sentido es aquello que se detiene.

Alguno de los pellejos de estos seres, ahora abandonados, aún contiene vida.

Pero es ímpetu atravesado de sistema, alambres brillantes y rizomas de terror.

Así despacha el desvanecimiento a sus feriantes, por sí solo.

Por sí solo, el desvanecimiento relega el remanente de vida al espectáculo.

Una forma de juego pura y sin acción real por el que los actores, como guardias fumándose un pitillo sin dejar sus puestos ni descolgarse los fusiles, son público en el espacio a la vez que espacio a ser ocupado por un público teórico, violencia inherente al sistema de tensiones dadas en el espacio público cuando éste es supervisado, un juego de relaciones telegénicas que por relatividad sólo permite que lo perceptible al ojo humano sean estrellas muertas, conflicto ambiental, Tierra material y campos de operaciones.

 

El próximo 20 de abril, Ediciones El Transbordador publica dentro de su colección SOYUZ, en edición física limitadísima a 100 ejemplares y descarga digital, mi penúltimo artefacto, Luz simiente:

“El vacío reducible. Las raras épocas en tu historia cuando el paño era retirado, el paño rancio de tu soledad y tu angustia, lo que era desalojado al adquirir pleno conocimiento de que el relato de quien creías ser sólo ocurría fuera de la conjetura en sí, cuando soltabas las riendas y el engaño era cambiado por un dejarse llevar. Tras de ti, el hormigón y el bramido y la permanencia de tu personalidad, en silencio. Tu boca cosida”

Una mujer deprimida deja su ciudad para instalarse en un pueblo perdido de la España profunda. Allí llevará a cabo el trabajo que le ofreciese un misterioso hombre viudo: hacerse cargo de las dos hijas de éste y ejercer de prostituta sagrada al servicio de los hombres y mujeres de la localidad. Instalada en el laberinto subterráneo que conecta tanto las casas como las áreas más o menos sólidas del inconsciente colectivo de los vecinos, y sometida a constantes abusos físicos y emocionales, la mujer entrará en contacto con las aterradoras potencias esenciales que mueven y cohesionan el mundo más allá de la supuesta civilización de la que ha escapado, contemplará cómo el juego de las niñas y la gestión entre las sombras de las oscuras pulsiones de hombres y mujeres dan forma al mismísimo Espacio-Tiempo, y aprenderá que el centro de la existencia siempre ha sido, es y será ella misma.

Con apariencia de novela corta enmarcada en el género del terror experimental, Luz simiente es también un largo poema-conjuro dirigido a ciertas fuerzas telúricas, subterráneas, femeninas y prehistóricas como un reconocimiento a su pervivencia; es una invitación a la insurrección contra la dictadura de los caudillos dioses solares que han llevado este mundo contemporáneo nuestro al borde de la nada; es un barajar las cartas del mito del eterno retorno, un acto de vandalismo hacia las reglas de la concepción lineal del tiempo y un juego de suma cero en el que todos los pares de contrarios enfrentados (la poesía y la rabiosa actualidad, el pueblo y la ciudad, el hombre y la mujer, lo adulto y lo infantil, la superficie y el subsuelo, la piedra y el plástico…) hacen trampas y saben que el otro las está haciendo también; es una historia de ascensión a través del abuso y el maltrato, de descenso a los abismos del amor y el compromiso, y de envenenamiento por sueño.

De la obra, Celia García López (editora de la publicación feminista La Madeja e incidental micro-prologuista del asunto) dice que

Acaso la palabra puede nombrar el terror. El miedo es mucho más profundo que la palabra que intenta nombrarlo. En este tiempo donde lo feo y lo terrible es cosa cotidiana, el lenguaje consume el hecho hasta convertirlo en norma esquizofrénica. Lo que no se debe hacer es lo que, sin embargo, sucede: asesinatos, violaciones, cuerpos que no valen nada. En este mundo de disociaciones entre el conjunto de normas aprendidas para el bien de la reproducción social y lo que acontece a cada instante intenta caminar el relato con un paso difícil, cargado de imágenes abyectas, de enumeraciones que te envuelven en una atmósfera siniestra, de complicidades que perpetúan el contrato sexual de abusos y privilegios, donde la repetición se convierte en tormento y asfixia. Visiones que se suceden, que te señalan lo que no se puede ver, lo que no puedes dejar de mirar.

En cuanto a las referencias, influencias y demás, Luz simiente bebe esencialmente del convulso estado mental al que me he visto abocado en los últimos meses, de mis investigaciones sobre el trabajo de Mircea Eliade en paralelo a la relectura profunda de la obra de Chantal Maillard y Birgitta Trotzig, y de las propuestas estéticas de Jaya Suberg

 

…Y, cómo no, el proceso de canalización y redacción tuvo su propia banda sonora enfocada a proporcionar textura adicional al texto:

Pharmakon, Bestial Burden:

https://pharmakon.bandcamp.com/album/bestial-burden

Trepaneringsritualen, Perfection & Permanence:

https://trepaneringsritualen.bandcamp.com/album/perfection-permanence

Anemone Tube/Dissecting Table, This Dismal World:

 https://anemonetube.bandcamp.com/album/this-dismal-world

De·Ta·Us·To·As, The Inverted Halls:

https://detaustoas.bandcamp.com/track/t-h-e-i-n-v-e-r-t-e-d-h-a-l-l-s

Luz simiente se presentará el mismo día 20 mediante dos actos paralelos: uno en la librería malagueña En Portada, que contará con la presencia de los editores y del escritor Juan-Antonio Fernández Madrigal; y otro en Barcelona, a las 19h. en la librería Chronos, cita en la que me acompañarán la escritora Beatriz García Guirado y el editor y escritor Hugo Camacho y durante la cual, entre los tres, trataremos de cerrar el conjuro y lanzarlo a las corrientes a las que debe ser lanzado.

Aquel lugar al que fuiste entonces. Donde dejar tu luz simiente.

¿Con qué lenguaje se expresa tu memoria? ¿Cómo la empequeñecerías y que cupiese en algo manejable?”

Desde el santuario —À la surface et dans les entrailles de la terre

Desde la posición rugosa, aún con margen, con mi margen, tu margen igual al almohadillado en las articulaciones de la situación, nótame, estamos. En una equidistancia para la que no hay pugna posible. En la ropa ajena guardada en cajones propios. Desde la abstracción, a la geometría —roer tu estela a escondidas, cruzar tu margen con mi margen, visitar el interior de la esfera y, rectificando, hallar la fiebre oculta que supuestamente nos motoriza.

Cómo se conserva la civilidad. Qué es capaz de mantenerla más o menos intacta, una inclusión en miel seca de panales olvidados, reino hueco del final de la acequia condal, antaño la surgidora y, un poco más allá, Clotum Melis cuando fue hospedería de peregrinos, hitos topográficos entre los que pasar, tú y yo, pronombres tan débiles como la adhesión a la verdad del acto documental al que ya no estamos sujetos, no, no habitas la plaza en la que naciste ni habito la plaza en la que nací sino uno la del otro, apropiadas de forma debida, deuda de pares parciales, tus escudos nobiliarios esgrafiados junto a mis estrellas de ocho puntas indican la vía, en respuesta, tras el mostrador de la bodega de Can Siset, destaca enmarcada la tesis del primogénito de la dueña —Element-selective of charge localization processes in manganite thin films

En ocasiones, se diría que el umbral a la villa esotérica de la psique rimada con su técnica porosa de trascendencia puede posicionarse en cualquier longitud capaz de boquear, y así exhalar, una identificación local. En mi barrio, el Clot, hondonada, sometido a vigilancia y con mis datos entregados de buen grado, esta hechura creada por ti y por mí ante la escisión —bêtise / bétail / everywarewolf

Una vía-signo, centrífuga, hacia la diferencia drástica

Una vía-signo, encajonada, al seguir en la embocadura

por tanto como dure la inercia consciente que nos desajusta. La Agartha tras tus costillas y aquellos a los que se llevó el sumidero devienen, pues, una verdad simple, la verdad que pellizco hasta quedar prendido de mi nada en absoluto, nuestra verdad sin fractura, por escogida, camino que coagula bajo las suelas y atrapa por los tobillos como un desenlace.

 

 

La corrupción, el núcleo resistente, la recreación, una vez que nada puede ser reparado sino acudiendo a su mismo origen y volviendo a formularlo como si de un mito se tratase, pero en ese caldo cámbrico no sólo ésta todo roto sino que se descompone y se duplica y está alineado, engendrado por la caída, en esbozos de consciencia y esquemas. La accesibilidad monótona del origen corrupto de todo, el caldo de la fórmula burbujea, ¿por qué quieres conocerme, si sabes que me posee una falla? El núcleo negro y durísimo, aguanta, la descomposición plausible de lo procesable hace que el origen sea más hondo que aquello que lo rodea, el descenso, la caída, en el pozo del que no voy a salir si no es resbalando por sus paredes, si lo más elevando resuena y reproduce lo más innoble y viceversa, debo convencerme de que abajo es arriba, el orden y significado de quién soy está condicionado por sus externalidades, los correlatos del fenómeno de mí, percibo mis percepciones y afuera apenas gatea un vacío inexistente —public void windowClosing(WindowEvent e) {

Porque la fenomenología de nosotros es como es, y será el ejercicio de futilidad de mí que apunte a nuestro fin —una vez que nada puede ser reparado sino acudiendo a su mismo origen y volviendo a formularlo como si de un mito se tratase

 

(Quizá porque nunca fue 19 de octubre de 2069, y ahora sí. Quizá porque esa fecha significa más que ninguna otra. Quizá porque este año las cosas son como son, en todo el mundo, y por eso es el fin.

Ray Bradbury)

 

Injertada en tu espalda, la alimaña de esmeralda clava las patas a lado y lado de las vértebras.

Desde tus despachos de lujuria, desde tu despacho de afectos que son sed y estaño y agua turbia, elasticidad e hipertensión y retorno, clave y llave y copa repleta de menstruo, deseo de sólo placer y ampliación de lo percibido a simple vista —Semen retentum venenum est, y del otro lado se dejan oír lamentaciones. Los aullidos traspasan y agujerean, convulsos, llegan y sacuden. Progresan como médula, garrapatean la necesidad impostada, el secreto los amamanta y mece, en el coro, tres astillas atraviesan la garganta del crucificado

—Móvil,

la alimaña agoniza por su simbología adjudicada

(A finales del siglo XIX, el proyecto y cuidado de la identidad personal como hecho subjetivo intransferible, como algo único a cada individuo aunque producto de casi infinitos impulsos conflictivos e influencias externas, se volvió una prioridad que desembocaría en la implantación del psicoanálisis como intérprete de las tensiones de esta nueva subjetividad y, por otro lado, la instauración de la idea de privacidad como espacio de seguridad introspectivo en el que el ciudadano-consumidor pudiese ordenar y resolver las propias contradicciones antes de decidir si exponer o no sus opiniones y costumbres en público, decidir cómo narrar de puertas afuera su relato personal)

 

La esperanza en nuestra conjunción es un sueño feo y aborrecible —νέκυια

En las condiciones presentes, de consignación, el funeral anómalo de ti, mi funeral, el entierro que prefigura la conservación de lo que podría haber sido exprimido de nosotros, cómo nuestras iniciales se hubiesen deslizado por un bordado en esponsales aparte de la racionalización que nos compele, la consignación del imperio de mí, mermado, el imperio de ti, dispuesto al viaje, me esperas, aunque demasiado poco y es tarde cuando crece un amanecer furioso y expuesto, hoy, después de las traiciones de anoche, y tu barrio y mi barrio siguen inalterados en una parte más honda que aquello que los rodea.

Pero el accidente nos reverdece —de la ronda de circunvalación que nos llevaba de uno a otro despunta un transportador que deja la calzada, sale y abre una senda cuyo término incluso podría resultar la anástasis —Wenn die Religion das Opium des Volkes, die Liebe ist das Opium des Sklaven, überbelichtet

 

A un no del cataclismo. Naipes sin sus colores originales, naipes actualizados, naipes que trabajan mejor por la sensibilidad moderna repartidos en el cenit divisorio de la probabilidad y de lo que está pasando. El cataclismo/la prospección, la función simbólica del orden. Ahora mismo cuando lo que se presupone es preeminente. Porque de las alternativas a lo que rápido se revela como tópico no queda rastro. Fueron arrebatadas y hechas desaparecer, esa es la marca (inevitabilidad del sufrimiento propio y ajeno, traición vicaria, fundamento de telenovela) —verdugo de la intuición, dándole al garrote de la imaginación castrada. En la tirada de tarot que achica los giros traslúcidos de la trama, rayas mate de alar nocturno. A su luz, lo inmoral, aprensiones que el hecho consensual mantiene prístinas. Aunque una deriva siniestra exija su derecho a ser tenida en cuenta. Régimen escarcha que atraviesa, doctrina cimentada en leucemia (la médula produce glóbulos blancos anormales que se dividen para hacer copias de sí), diseño de señal, va a la caza hasta la extenuación de los esquinados que aun así no se pliegan, el bendito diseño ladrón conduce las naves hasta los escollos infinitos una y otra y otra y aún otra vez, el algoritmo —réplicas fallidas de un transportador cognitivo injertan memes no sintientes en las ranuras de la ética.

Por donde pisan no vuelve a crecer el goce, quedan sus huellas como priones latentes

el goce

río de hierro líquido aún por descubrir en el polo

sublimados desde el no-cuerpo programático que los constreñía,

los sentidos del avatar montan por toda la eternidad en escaleras mecánicas

en entornos artificiales, más y al mismo tiempo menos errantes,

gestionados por drogas que controlan la subida y la bajada, catalizados,

consumiendo y siendo consumidos por una inexorable y rica economía

de lo sensorial, tasados por el píxel

 

 

Los pantanos de poniente, desecados en el siglo XIX y que dieron paso a las huertas y las bacinas de emigrantes fabriles, el Gorg, eje de pivote hoy tomado por los coches que se enfrían en el aparcamiento del pabellón de deportes (límite de pinar guiado, pasajes de ventilación de la avenida d’Alfons XIII y la del Marqués de Mont-Roig); el metalizado de las nubes conjunta la escena, ruta de El Loco hacia La Estrella hacia La Templanza hacia El Juicio, La Torre centra el foco en el rayo que la hiende y Los Amantes optan por saltar hacia La Rueda hundida en el fango, huir del desastre yendo al deceso, aquí donde antes no se podía edificar por la amenaza de piratería —tantos frentes marítimos catalanes han sido antes denominados Ribes Roges, riveras de arena y piedra carmesí por la dedicación con la que los piratas limpiaban sus espadas en la orilla, cada incursión en el pillaje un siguiente puñado de tinte, un cuenco de linfa cobriza, sal y espuma y regreso al lodo, polvo de aluminio ahora. ¿Cómo interpretar el macrocosmos de la Topografía y la Historia del contexto en el que las cartas son barajadas de nuevo, en relación con las mismas cartas, si no a través de la fibra que conecta con la cuestión deontológica? Lluvia, agujas en las rejillas, un charco espeja tres chimeneas humeantes, el olor del yodo hace más empalagosa la humedad, la playa en invierno desde décadas atrás hace las veces de símil de la introspección que no comprende hacia dónde dirigir el espéculo —¿qué entradas cabe dilatar ya? ¿Por qué cavidad va a ser bienvenido lo que se intuye pero sigue deforme en la comisura de lo concebible?

Área limítrofe del destello rosa, comer de la simiente, negar la mayor hasta su consecuencia

en las llagas de la decisión tomada por otro

la simiente

el cultivo blando y el lugar rígido desde el que echar de menos

lo que ya no crece porque ha sido transformado en una precipitación

residual de la atemporalidad imperante y el grito atrapado en la burbuja de afinidad,

las muchas máscaras superpuestas que conforman el marco

la turbulencia de la estática, en su reflejo vale mirarse, quizá, y de ese ruido

inferir como fabulosas criaturas de leyenda urbana

aunque heridas por la pose

la hondonada

estratos, arcos de histeria en los que se comban viejos poderes

aquellos que se gangrenan bajo las tablas, en silencio, lo que no cabe

la hondonada, otra

—Antoni Montserrat, rector de Santa María, 1789:

los matriculados, por ser tantos en número, disminuyen el de los jornaleros que se necesitan para el cultivo de estas tierras, los que suplen forasteros que vienen…

y no lográndose remediar aquí la falta, se va despoblando la montaña en detrimento del estado—

 

 

Crecer desde las aristas al núcleo, porciones amontonadas, ínfimas elevaciones provocadas por lo que se escinde del bloque principal, monolítico. En los uniformes desteñidos por la claridad de la duda, madejas de nada particular, tachadas de egoísmo. La tirada en Cruz Celta —el naipe central es la parte oculta del consultante, cubierto por el naipe del reto inmediato; cuatro arcanos alrededor, en sentido horario: el de los objetivos, el del pasado/consecuencia (por sobreflotación de las urdimbres del lapso y la fase y el momento), el de las alianzas y el de la inevitable prospección (el cataclismo, a un no condicional); cuatro arcanos en columna, a la derecha del cartomante, de abajo a arriba: uno para las esperanzas y recursos, otro para los obstáculos, uno para las reticencias y otro a modo de consejo y conclusión. Se nubla el pensar fuera de y todo es marco, aun cuando al fondo centellean dos brasas siamesas como el empellón directo al sexo de la hormona gastada por el uso y la desidia. Lo subterráneo también debería comportarse en detrimento del estado.

Cómo la antisistematización se va estructurando semejante a la formación

de un esqueleto: osteoblastos que depositan regulaciones a la multiplicidad sensorial

radix et principium sensuum externorum—

osteoclastos que reabsorben hasta el asco

cañas, cieno y acetaminofenos

el esqueleto

interioridad errada en sus significaciones

según la voz del asistente, recibida por vibración craneal, no cuenta el castigo sino el entendimiento

Psique abre su caja dorada, y dentro sólo hay inmundicia

aun así, Psique está, presente, y su caja sigue siendo de oro

 

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Y el caos me llama es mi contribución a la antología Whitestar (ed. Palabristas), una obra coral que recoge 32 textos (relatos, poesía, experimentos formales varios…) dedicados a la música, la figura y la presencia de David Bowie y cuyos beneficios serán donados íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer.

Hoy, al cumplirse un año del fallecimiento del Duque Blanco, se nos pide a los colaboradores que compartamos un fragmento de nuestra pieza para el volumen, así que dejo aquí aproximadamente la mitad de mi relato, un artefacto industrial-psicodélico que pretende rizar el tributo para hacerlo extensible a Brion Gysin, influencia capital en cómo Bowie afrontaba la escritura de la letra de sus canciones y referente personal básico al que debía desde hace tiempo, como poco, un toque de sombrero…

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Y EL CAOS ME LLAMA

La escena de tortura como definición de la silueta en forma de responsabilidades vicarias y materiales, representantes, agentes, sin calificación por edad a la que aferrarse.

Encarnada en todo, muda.

Son los primeros años de la atemporalidad, una imposibilidad en la precisión de lo apreciable, papel de revista desde el que se añoran artefactos voladores que nunca se patentaron, gargantas cerradas de decepción; un poco más allá, en el televisor LED: la primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva como un portal estrecho y redondeado a la luz de plasma de una bombilla envuelta en celofán, representada en una habitación de hotel; en alguna parte: pelo, uñas y dientes pintados en tonos cobre, hilos, una conexión fallando, coaxiales no tanto sacudidos como mecidos por la marejada de datos: “la polla pingada de purpurina, lo que pasa cuando te follas a un unicornio”; cerca andan también las cabinas de bronceado en áreas de avituallamiento para los que han adoptado como hobby el monocultivo de marihuana en interiores, los armarios de los que se sale y se entra según haya quedado aplastado el peinado de cada cual la noche anterior.

Gérmenes transformadores de víctimas cubren como un paladar a las personas presas en Tetuán, que están incubando la temerosa anticipación de algún poco concreto desastre. Tanquetas del servicio de mantenimiento del Resonador patrullan la verja del Paseo de la Castellana arriba y abajo y arriba, y anuncian, en ruido de fondo al que el oído se acostumbra en menos de cinco minutos, durísimas sanciones a aquellos que tengan el poco criterio de tratar de cruzar a El Viso o Nueva España sin llevar en la solapa el distintivo de los empleados por la Catedral de los Medios Convencionales o sus empresas afluentes. A las seis de la mañana del sábado, sólo recorre las calles del distrito una piara de pretéritas formas circulares de encantamiento de la zona: traperos e higienistas del cable; mi hija tomándose una fotografía de fósforo en la que aparecerá a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga; tuberculosos que estudian con detenimiento esos pasquines políticos que lo mismo reniegan del invisibilismo de unos planos urbanísticos sobre los que no se levantará nada, como llaman a desconectar el mismísimo Resonador y activar el Clítoris, un clítoris cualquiera, abstracto de subversión; “juraría que las chabolas que aparecen no están exactamente al final de la calle Pinos Alta sino al final de las de Isabel Serrano, Sorgo y Alberdi, el Barrio del Pilar son los edificios de la derecha, no los del fondo y no corresponde exactamente con el límite de la ventilla sino de Valdeacederas con el Barrio del Pilar, en una foto aérea de 1993, la Avenida de Asturias se puede ver aún en la esquina inferior izquierda, fueron derribadas y ahora, en ese lugar, está la ampliación del Parque Rodríguez Sahagún”; los profundamente extrañados grupos de pecios del Plan Bidagor, gentes de negativo probable de bajo espectro al sepia fractal, palpan muretes y bancos y pilones y una intervención artística en forma de mirador de cilindros de hormigón comunicados por una estructura de escaleras esmaltadas en turquesa, cosas que no deberían estar ahí, superposiciones esotéricas del presente inmediato al miserable pasado ideal. Heme aquí, dando cortos exorcismos por una tarifa simbólica.

Grandiosos proyectos en curso dejan a la vista espinas altas como placas dorsales en el dinosaurio abatido de una plaza dura, alambre y fusible que capturan sobrecargas sintomatológicas; “como ése, el Dañador, futuro suegro de Maltrana, un furtivo que completa su dieta con lo que puede pillar saltando la valla del Pardo y entrando a cazar en la Propiedad Real”… Y se da la desaparición intermitente de un importante nódulo de Publimax: ahora el emisor de espectros sintéticos, efecto especial por el que los retazos fantasmales del sesgo histórico, ultra-manipulados obedeciendo a fines de propaganda institucional y voluntad museística impuestos al distrito, y que contrastan con lo exudado por los propios vecinos en distorsión por mal acople y retroalimentación, se esfuman; ahora son recuperado por los mismos personajes que el Publimax ha disparado al transeúnte, quienes, presas del pánico existencial de la acotación suelta al azar en el guión que el ayuntamiento preparase para ellos, embrujan los circuitos del aparato y le insuflan nuevos bríos; “el suburbio de Madrid es un hedor, una mezcla de hojalata, de solares con sórdidas chozas; sus habitantes son obreros, gente pobre; es una ciudad sin techo, un sumidero de miseria, hasta una vara de suciedad en el suelo, ratas, tifus, tuberculosis, promiscuidad; y, más que medicinas, necesitan los habitantes del suburbio pan, leche, alimentos”.

“When you cut into the present, the future leaks out”, leo en alguna parte.

Rebusco en mi mochila y extraigo, cuando el momento es el correcto, un ataúd de plástico no más largo que mi brazo y un rollo de papel de aluminio, del que corto pedazos que cuadro tomando la medida de un pliegue en diagonal. De los cuadrados hago cubos cerrados, coquetos acumuladores plateados. Tapo una papelera con el ataúd, que me sirve de expositor para estos joyeros imposibles y voceo las bondades de mi mercancía a la concurrencia, cuyo número se ha multiplicado exponencialmente conforme se ha ido avecinando el mediodía.

Tome usted uno de estos cubos, Caballero, ¿qué pensaría si le digo que son cabinas de desplazamiento para la gente diminuta que hay encerrada dentro de ellas, que si compra usted una de estas y la sacude, la sacude con todo lo que le den las fuerzas, hará que el interior se curve en determinada fase, a una frecuencia distinta de la frecuencia normal, distinta incluso de la frecuencia a la que vibran sus inoportunos convecinos al sepia fractal? ¿Quién no querría una mascota así? Esos duendecillos y duendecillas, aplicada la torsión apropiada sobre su ahora, le susurrarán leyes y recetas titubeantes, llenas de interferencias de emisiones provenientes del infierno, sí, del único e incomparable infierno, porque, entérese, entérese con las orejas de enterarse, a estas alturas, con usted en su cueva y a gusto y ocioso y sacudiendo la cajita como si no hubiese un mañana, el infierno será la idea de infierno que usted y los que son como usted tengan de ello; entérese: una trenza sin valor ninguno a la que irá porque en el fondo, muy en el fondo, quiere usted ir, y estos duendecillos y duendecillas le traen, ¡albricias!, una inminencia de castigo eterno en las fauces del naranja profundo del averno en forma de tarjeta de felicitación, para que vaya usted preparando los bártulos anímicos. Compre, Caballero, compre…

Banda sonora en la Catedral de los Medios Convencionales; televisión, radio, prensa online y offline, Aumentáformo y Publimax: “en Mil Mesetas, en lo que Brassier describe como manotazos que vinieron a continuación, en los inconscientes materiales tanatrópicos, de su estómago reptamos por la trampilla a la inevitabilidad de la esquizofrenia cósmica, en sus colegas, más que la mascarada de la que se sirve La Bella, están algunos periódicos haciendo referencia a la izquierda parlamentaria, la disolución en máquinas de silicio, bacterias, rayos cósmicos, en postulaciones continuas que son la historia del universo y, tras lo impersonal, lo colectivo, lo social, lo inevitable, nos parece que esta lucha ha tenido características de autodeterminación.

—¿Por qué la textura de las cosas pasa a través de mí por una tachadura de ausencia en los receptores, sin asirse, como lo demás, al aparato cognitivo? —pregunto.

Silbo una melodía tenue de réplicas y mala soldadura de otras melodías a medio oír y medio degustar, mientras aguardo en el andén a que los mozos de carga llenen el vagón de cola del tren de alta velocidad que tomaré hasta la siguiente estación en mi peregrinaje. Hacia el Resonador, sin más pausas y con los talones asaeteados por el acoso del monstruo que acabo de entrever al mirarme en la superficie reflectante del plafón en el que se muestran los horarios y destinos de los convoyes llevándose mercancía mal flambeada al blanco roto del PolvoLunar.

Una bestia se ha hecho con mi hija (“la escena de tortura como definición de la silueta, primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva, portal estrecho y redondeado a la luz de plasma, a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga”) y la retiene contra su pecho marchito y seco y que desnutre.

(Whitestar puede adquirirse en Lektu, en descarga digital, por 2.99€)

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Tras pasar por el Festival Internacional de Cine de Locarno, se estrena hoy en España Nuestra amiga la luna, cortometraje co-escrito por mí y su director, Velasco Broca. Y aterriza de la que considero es la mejor forma posible: como obra a competición en la sección oficial del Festival Internacional de Cine de Sitges

Hadji es un joven hindú con limitaciones físicas que vive humildemente a orillas del río Ganges. Tras perder lo poco que tiene, es aceptado como discípulo por un guía espiritual de origen ruso. Esta alianza dará lugar a unos extravagantes episodios que tendrán su repercusión, a través de un principio sincrónico, en otros puntos de occidente.

Nuestra amiga la luna es el resultado de un trabajo de cuatro años de idas y venidas, altibajos, alegrías y peleas que sería imposible detallar en su totalidad no ya en un post sino en un libro entero; por el camino han quedado tres guiones de largometraje con sus correspondientes borradores y revisiones, de los que Velasco Broca ha sabido destilar a la perfección las esencias para, usando la cámara y su peculiar y fascinante forma de entender el cine a modo de filtro, dar a luz a una bomba semiótica y ontológica que condensa lo que queríamos contar en aquellas tres películas y, a la vez, es mayor, mucho mayor, que la suma de ellas…

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Del corto se ha dicho que

es capaz de tejer líneas espacio-temporales que unen pasados y presentes (sí, en plural, porque la acción ocurre en distintos lugares y en tiempos a veces confusos), que conectan A Costa da Morte con las ciudades de la India a través de un eje vertical y luminoso que refuerza la idea de que en este mismo planeta son capaces de convivir realidades tan opuestas que parecen pertenecer a universos completamente distintos

, que

la disposición del espectador a interactuar con las imágenes ha de ser máxima, si existe la intención de que relacionemos todo lo que se ve, hay que partir de un necesario elemento que juegue como pista, nada nos lo va a indicar, ligeras sutilezas como el desdoblamiento o los colores de las ropas. Si una acción en un lugar provoca la contraria o la reacción en otro extremo del planeta acerca la propuesta a lo místico o a lo extrasensorial

y que

integra elementos propios del surrealismo, las fábulas orientales, la religiosidad ancestral, la música popular y la fantasía humorística más inesperada. La película no solo conecta con una tradición centenaria de ese cine español que se ha movido al margen de lo institucional

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Planteado como una versión libre del Himno de la Perla, una de las parábolas más bellas del cristianismo primitivo siriaco sobre la cristalización del alma/idea, la divina trinidad, la gnosis elevada y el olvido, Nuestra amiga la luna es un pequeño filme de Ciencia-Ficción, es una bofetada noir, un ejercicio esotérico, un documental bastardo y una comedia descacharrada. De apenas 15 minutos. Es experimental pero opera en lo sentimental y en lo hondo. Es un viaje a los espacios. También un reflejo ciertamente preciso de lo que sus autores somos y pretendemos ser…

En lo personal, cierra varios círculos (algunos de ellos concéntricos, otros excéntricos y orbitales de ciertos puntos de fuga psicológicos) y significa la culminación de un periodo de absorción y sublimación de influencias que se inició cuando, tras seguir durante mucho tiempo su carrera con devoción absoluta, me tomé la libertad de mandar a Velasco un ejemplar de uno de mis libros, hecho que abrió entre nosotros un portal transarmónico por el que ahora se cuela nuestra criatura…

No quepo en mí de gozo.