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Y el caos me llama es mi contribución a la antología Whitestar (ed. Palabristas), una obra coral que recoge 32 textos (relatos, poesía, experimentos formales varios…) dedicados a la música, la figura y la presencia de David Bowie y cuyos beneficios serán donados íntegramente a la Asociación Española Contra el Cáncer.

Hoy, al cumplirse un año del fallecimiento del Duque Blanco, se nos pide a los colaboradores que compartamos un fragmento de nuestra pieza para el volumen, así que dejo aquí aproximadamente la mitad de mi relato, un artefacto industrial-psicodélico que pretende rizar el tributo para hacerlo extensible a Brion Gysin, influencia capital en cómo Bowie afrontaba la escritura de la letra de sus canciones y referente personal básico al que debía desde hace tiempo, como poco, un toque de sombrero…

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Y EL CAOS ME LLAMA

La escena de tortura como definición de la silueta en forma de responsabilidades vicarias y materiales, representantes, agentes, sin calificación por edad a la que aferrarse.

Encarnada en todo, muda.

Son los primeros años de la atemporalidad, una imposibilidad en la precisión de lo apreciable, papel de revista desde el que se añoran artefactos voladores que nunca se patentaron, gargantas cerradas de decepción; un poco más allá, en el televisor LED: la primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva como un portal estrecho y redondeado a la luz de plasma de una bombilla envuelta en celofán, representada en una habitación de hotel; en alguna parte: pelo, uñas y dientes pintados en tonos cobre, hilos, una conexión fallando, coaxiales no tanto sacudidos como mecidos por la marejada de datos: “la polla pingada de purpurina, lo que pasa cuando te follas a un unicornio”; cerca andan también las cabinas de bronceado en áreas de avituallamiento para los que han adoptado como hobby el monocultivo de marihuana en interiores, los armarios de los que se sale y se entra según haya quedado aplastado el peinado de cada cual la noche anterior.

Gérmenes transformadores de víctimas cubren como un paladar a las personas presas en Tetuán, que están incubando la temerosa anticipación de algún poco concreto desastre. Tanquetas del servicio de mantenimiento del Resonador patrullan la verja del Paseo de la Castellana arriba y abajo y arriba, y anuncian, en ruido de fondo al que el oído se acostumbra en menos de cinco minutos, durísimas sanciones a aquellos que tengan el poco criterio de tratar de cruzar a El Viso o Nueva España sin llevar en la solapa el distintivo de los empleados por la Catedral de los Medios Convencionales o sus empresas afluentes. A las seis de la mañana del sábado, sólo recorre las calles del distrito una piara de pretéritas formas circulares de encantamiento de la zona: traperos e higienistas del cable; mi hija tomándose una fotografía de fósforo en la que aparecerá a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga; tuberculosos que estudian con detenimiento esos pasquines políticos que lo mismo reniegan del invisibilismo de unos planos urbanísticos sobre los que no se levantará nada, como llaman a desconectar el mismísimo Resonador y activar el Clítoris, un clítoris cualquiera, abstracto de subversión; “juraría que las chabolas que aparecen no están exactamente al final de la calle Pinos Alta sino al final de las de Isabel Serrano, Sorgo y Alberdi, el Barrio del Pilar son los edificios de la derecha, no los del fondo y no corresponde exactamente con el límite de la ventilla sino de Valdeacederas con el Barrio del Pilar, en una foto aérea de 1993, la Avenida de Asturias se puede ver aún en la esquina inferior izquierda, fueron derribadas y ahora, en ese lugar, está la ampliación del Parque Rodríguez Sahagún”; los profundamente extrañados grupos de pecios del Plan Bidagor, gentes de negativo probable de bajo espectro al sepia fractal, palpan muretes y bancos y pilones y una intervención artística en forma de mirador de cilindros de hormigón comunicados por una estructura de escaleras esmaltadas en turquesa, cosas que no deberían estar ahí, superposiciones esotéricas del presente inmediato al miserable pasado ideal. Heme aquí, dando cortos exorcismos por una tarifa simbólica.

Grandiosos proyectos en curso dejan a la vista espinas altas como placas dorsales en el dinosaurio abatido de una plaza dura, alambre y fusible que capturan sobrecargas sintomatológicas; “como ése, el Dañador, futuro suegro de Maltrana, un furtivo que completa su dieta con lo que puede pillar saltando la valla del Pardo y entrando a cazar en la Propiedad Real”… Y se da la desaparición intermitente de un importante nódulo de Publimax: ahora el emisor de espectros sintéticos, efecto especial por el que los retazos fantasmales del sesgo histórico, ultra-manipulados obedeciendo a fines de propaganda institucional y voluntad museística impuestos al distrito, y que contrastan con lo exudado por los propios vecinos en distorsión por mal acople y retroalimentación, se esfuman; ahora son recuperado por los mismos personajes que el Publimax ha disparado al transeúnte, quienes, presas del pánico existencial de la acotación suelta al azar en el guión que el ayuntamiento preparase para ellos, embrujan los circuitos del aparato y le insuflan nuevos bríos; “el suburbio de Madrid es un hedor, una mezcla de hojalata, de solares con sórdidas chozas; sus habitantes son obreros, gente pobre; es una ciudad sin techo, un sumidero de miseria, hasta una vara de suciedad en el suelo, ratas, tifus, tuberculosis, promiscuidad; y, más que medicinas, necesitan los habitantes del suburbio pan, leche, alimentos”.

“When you cut into the present, the future leaks out”, leo en alguna parte.

Rebusco en mi mochila y extraigo, cuando el momento es el correcto, un ataúd de plástico no más largo que mi brazo y un rollo de papel de aluminio, del que corto pedazos que cuadro tomando la medida de un pliegue en diagonal. De los cuadrados hago cubos cerrados, coquetos acumuladores plateados. Tapo una papelera con el ataúd, que me sirve de expositor para estos joyeros imposibles y voceo las bondades de mi mercancía a la concurrencia, cuyo número se ha multiplicado exponencialmente conforme se ha ido avecinando el mediodía.

Tome usted uno de estos cubos, Caballero, ¿qué pensaría si le digo que son cabinas de desplazamiento para la gente diminuta que hay encerrada dentro de ellas, que si compra usted una de estas y la sacude, la sacude con todo lo que le den las fuerzas, hará que el interior se curve en determinada fase, a una frecuencia distinta de la frecuencia normal, distinta incluso de la frecuencia a la que vibran sus inoportunos convecinos al sepia fractal? ¿Quién no querría una mascota así? Esos duendecillos y duendecillas, aplicada la torsión apropiada sobre su ahora, le susurrarán leyes y recetas titubeantes, llenas de interferencias de emisiones provenientes del infierno, sí, del único e incomparable infierno, porque, entérese, entérese con las orejas de enterarse, a estas alturas, con usted en su cueva y a gusto y ocioso y sacudiendo la cajita como si no hubiese un mañana, el infierno será la idea de infierno que usted y los que son como usted tengan de ello; entérese: una trenza sin valor ninguno a la que irá porque en el fondo, muy en el fondo, quiere usted ir, y estos duendecillos y duendecillas le traen, ¡albricias!, una inminencia de castigo eterno en las fauces del naranja profundo del averno en forma de tarjeta de felicitación, para que vaya usted preparando los bártulos anímicos. Compre, Caballero, compre…

Banda sonora en la Catedral de los Medios Convencionales; televisión, radio, prensa online y offline, Aumentáformo y Publimax: “en Mil Mesetas, en lo que Brassier describe como manotazos que vinieron a continuación, en los inconscientes materiales tanatrópicos, de su estómago reptamos por la trampilla a la inevitabilidad de la esquizofrenia cósmica, en sus colegas, más que la mascarada de la que se sirve La Bella, están algunos periódicos haciendo referencia a la izquierda parlamentaria, la disolución en máquinas de silicio, bacterias, rayos cósmicos, en postulaciones continuas que son la historia del universo y, tras lo impersonal, lo colectivo, lo social, lo inevitable, nos parece que esta lucha ha tenido características de autodeterminación.

—¿Por qué la textura de las cosas pasa a través de mí por una tachadura de ausencia en los receptores, sin asirse, como lo demás, al aparato cognitivo? —pregunto.

Silbo una melodía tenue de réplicas y mala soldadura de otras melodías a medio oír y medio degustar, mientras aguardo en el andén a que los mozos de carga llenen el vagón de cola del tren de alta velocidad que tomaré hasta la siguiente estación en mi peregrinaje. Hacia el Resonador, sin más pausas y con los talones asaeteados por el acoso del monstruo que acabo de entrever al mirarme en la superficie reflectante del plafón en el que se muestran los horarios y destinos de los convoyes llevándose mercancía mal flambeada al blanco roto del PolvoLunar.

Una bestia se ha hecho con mi hija (“la escena de tortura como definición de la silueta, primera doble penetración vaginal de una actriz escuálida, pálida, atractiva, portal estrecho y redondeado a la luz de plasma, a lomos de un enorme cerdo, casi doscientos quilos, oiga”) y la retiene contra su pecho marchito y seco y que desnutre.

(Whitestar puede adquirirse en Lektu, en descarga digital, por 2.99€)

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Tras pasar por el Festival Internacional de Cine de Locarno, se estrena hoy en España Nuestra amiga la luna, cortometraje co-escrito por mí y su director, Velasco Broca. Y aterriza de la que considero es la mejor forma posible: como obra a competición en la sección oficial del Festival Internacional de Cine de Sitges

Hadji es un joven hindú con limitaciones físicas que vive humildemente a orillas del río Ganges. Tras perder lo poco que tiene, es aceptado como discípulo por un guía espiritual de origen ruso. Esta alianza dará lugar a unos extravagantes episodios que tendrán su repercusión, a través de un principio sincrónico, en otros puntos de occidente.

Nuestra amiga la luna es el resultado de un trabajo de cuatro años de idas y venidas, altibajos, alegrías y peleas que sería imposible detallar en su totalidad no ya en un post sino en un libro entero; por el camino han quedado tres guiones de largometraje con sus correspondientes borradores y revisiones, de los que Velasco Broca ha sabido destilar a la perfección las esencias para, usando la cámara y su peculiar y fascinante forma de entender el cine a modo de filtro, dar a luz a una bomba semiótica y ontológica que condensa lo que queríamos contar en aquellas tres películas y, a la vez, es mayor, mucho mayor, que la suma de ellas…

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Del corto se ha dicho que

es capaz de tejer líneas espacio-temporales que unen pasados y presentes (sí, en plural, porque la acción ocurre en distintos lugares y en tiempos a veces confusos), que conectan A Costa da Morte con las ciudades de la India a través de un eje vertical y luminoso que refuerza la idea de que en este mismo planeta son capaces de convivir realidades tan opuestas que parecen pertenecer a universos completamente distintos

, que

la disposición del espectador a interactuar con las imágenes ha de ser máxima, si existe la intención de que relacionemos todo lo que se ve, hay que partir de un necesario elemento que juegue como pista, nada nos lo va a indicar, ligeras sutilezas como el desdoblamiento o los colores de las ropas. Si una acción en un lugar provoca la contraria o la reacción en otro extremo del planeta acerca la propuesta a lo místico o a lo extrasensorial

y que

integra elementos propios del surrealismo, las fábulas orientales, la religiosidad ancestral, la música popular y la fantasía humorística más inesperada. La película no solo conecta con una tradición centenaria de ese cine español que se ha movido al margen de lo institucional

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Planteado como una versión libre del Himno de la Perla, una de las parábolas más bellas del cristianismo primitivo siriaco sobre la cristalización del alma/idea, la divina trinidad, la gnosis elevada y el olvido, Nuestra amiga la luna es un pequeño filme de Ciencia-Ficción, es una bofetada noir, un ejercicio esotérico, un documental bastardo y una comedia descacharrada. De apenas 15 minutos. Es experimental pero opera en lo sentimental y en lo hondo. Es un viaje a los espacios. También un reflejo ciertamente preciso de lo que sus autores somos y pretendemos ser…

En lo personal, cierra varios círculos (algunos de ellos concéntricos, otros excéntricos y orbitales de ciertos puntos de fuga psicológicos) y significa la culminación de un periodo de absorción y sublimación de influencias que se inició cuando, tras seguir durante mucho tiempo su carrera con devoción absoluta, me tomé la libertad de mandar a Velasco un ejemplar de uno de mis libros, hecho que abrió entre nosotros un portal transarmónico por el que ahora se cuela nuestra criatura…

No quepo en mí de gozo.

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El próximo 12 de octubre, GasMask Editores, en su colección Pop Kills, publica mi último libro, un artefacto que se siente como el cierre de un círculo y una suerte de punto de inflexión en lo que hago. Esta vez no se trata de una novela, un poemario o cualquier otra forma de infección conceptual en forma más o menos de ficción, sino que aquí el proceso (mis procesos) se invierte (n): Homo Tenuis se alimenta de ficciones y construcciones metafóricas, alegóricas y alucinatorias para generar un ensayo muy poco convencional alrededor de dos temas principales: la teoría de la Hiperstición y la figura del SlenderMan…

“El 31 de mayo de 2014, en Waukesha (Wisconsin), dos niñas de doce años de edad apuñalaron diecinueve veces a una compañera de clase. Al ser interrogadas, declararon que debían cometer aquel asesinato (que quedó milagrosamente en un intento) porque el SlenderMan, una criatura imaginaria concebida en un foro de Internet dedicado a los cuentos de terror y las leyendas urbanas, así se lo había pedido tras presentarse ante ellas y prometerles llevárselas consigo a su mansión en el bosque…”

Homo Tenuis es una obra de teoría-ficción centrada en la figura del SlenderMan (el“Hombre Esbelto”) como elemento ficcional que, habiendo trascendido su condición de leyenda urbana radicalmente nativa del siglo XXI a través de su naturalización y absorción en el consciente colectivo, ha dejado de ser verosímil para convertirse en verificable; esto es, el Slenderman como objeto hipersticioso, una superación de la superstición, una suerte de profecía cultural autocomplida.

A partir de una introducción en el concepto de hiperstición tal como éste se entiende en el campo de la teoría cultural de vanguardia, y de la autopsia del objeto hipersticioso, se formula un estudio del modo en que ciertas ideas, por mucho que en un principio se presenten como aterradores espejismos, son capaces de demostrarse lo suficientemente poderosas como para transformar el mundo y todo lo contenido en él de forma en absoluto metafórica.

De la mano del Hombre Esbelto, en dirección a una hipotética mansión en los bosques del imaginario global, el presente libro cartografía un territorio poblado de mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera, artificios publicitarios y discursos económicos de la coerción, conjuros lovecraftianos, prospecciones transhumanistas, revoluciones electrónicas y lémures cantores.

Tejido como un collage de técnicas y modelos narrativos experimentales que van desde el artículo filosófico a la prosa poética pasando por el método paranoicocrítico daliniano, la micro-ficción, el esquizoanálisis deleuziano o el hiperrelato de terror, Homo Tenuis resulta un artefacto polisémico que trasciende el ensayo formal para articular sus tesis, cuestiones y conclusiones de forma más evocativa que explicativa, en un intento por provocar en el lector la experiencia más inmersiva posible.

Algo eminentemente teórico, pero a la vez íntimo… Llevo estudiando la teoría de la Hiperstición desde la primera vez que usé una aproximación a sus postulados para mi Ciencia Raíz, y desde entonces no sólo ha sido una herramienta de ensamblaje básica para mis novelas Aceldama y Pasaje a las Dehesas de Invierno, sino también un cimiento esencial y plataforma de lanzamiento para media docena de mis relatos y experimentos narrativos, y el tema central de dos extensas conferencias (la que impartí en la MirCon 2014 y mi contribución a las Jornadas de Metal Extremo de Vitoria-Gasteiz)… En cuanto al SlenderMan, es para mí un ente esotérico ejemplar que dice mucho, muchísimo, de los tiempos que nos han tocado vivir, con el que he tenido la relativa fortuna de tener contacto explícito y onírico tras haberlo invocado en las calles de Aceldama y en las de mi barrio, y una suerte de tótem adoptado a través del que entender mi propia relación con la Alucinación y los canales relativos de la Realidad… El libro, además, está empapado de la mayor parte de aquellos autores, pensadores y conceptos que han venido influenciándome y obsesionándome durante los últimos diez o doce años: Anna Kavan, William Burroughs, Layla Martínez, Doris Lessing, Donna Haraway, Kenji Siratori, Reza Negarestani, Nick Land, María Eugenia Esté, Bruce Bégout, Deleuze y Guattari, Germán Sierra, William Gibson, R.W. Chambers, H.P. Lovecraft, Felipe Fernández Armesto, Teresa Aguilar García, el paréntesis de Gutemberg, el arte glitch, la necropolítica, la psiconautica, el transhumanismo…

TABLA DE CONTENIDOS

INTRODUCCIÓN

CONJURO DEL HOMBRE ESBELTO

_Hiperstición: una definición

_SlenderMan: El Hombre Esbelto

ENDORCISMO SUPERMASIVO

_Hiperstición: difuminado del pasaje Real/Imaginario

_Mitos de la Mecanosfera y la Electrosfera: La Ley de Moore: Los Fantasmas Semióticos: El Stalker

_Ficción publicitaria y la Bolsa de Valores: coerción

ENTES SIN ROSTRO

_Hiperstición: la dimensión oculta

_El Rey de Amarillo: Nyarlathotep: SlenderMan

_Hombre Esbelto: Rastreable: Ente: Exterior

_Caos: Evento: Extinción: Recarga: Terror

CIENCIA FICCIÓN NEGASÓNICA DE COMBATE

_Hiperstición: mística radioactiva

_Cthulhuceno: el Cíborg: el Transhumano: el Monstruo

_K: Persistente revolución electrónica: Hielo intravenoso del futuro: Neuro-arquitecturas aberrantes

BIBLIOGRAFÍA

Como se podrá comprobar, Homo Tenuis es una obra de esencia literaria, no sólo en cuanto a su forma sino en tanto he procurado mantener fuera de sus tesis y giros todo lo que tenga que ver con cualquier manifestación hipersticiosa fuera de la palabra escrita; a modo de reivindicación, he obviado referir más que de forma puntual al cine, la música, los videojuegos o la televisión para centrarme en la literatura de género, la poesía, la filosofía de vanguardia, las creepypastas, el periodismo de investigación y otros canales de contagio por vía de la escritura que, considero, a día de hoy poseen tanta capacidad de subversión y poder de cambio e inferencia mágica en bruto como lo han tenido desde que se garabateo en el polvo la primera frase (si no más, considerando cómo ahora mismo la escritura se ve obligada a mutar y acelerar su plasticidad para afrontar las interferencias de lo audiovisual, lo radicalmente inmediato y los sistemas de educación coercitiva impuestos por los poderes fácticos…

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Y esto es (casi) todo lo que es Homo Tenuis, ahora ya proverbialmente más vuestro que mío. Desde ayer pueden reservarse ejemplares en la tienda online de la editorial (la precompra incluye, como regalo exclusivo para los primeros en hacerse con la cosa, una edición en folleto del cuaderno de dibujos de Morgan Geyser, una de las niñas perpetradoras de lo que ha venido a llamarse “el crímen de SlenderMan”), en Cyberdark y en Hombrecillos Verdes. Ahí está. Sumérjanse en ello con cautela.

dismorfia(“Manar”, collage de Mónica Ezquerra)

Hoy. Desde el amanecer marchito. La tromba de inapetencias y el regalo formulado. El estómago ahora gris de veisalgia, fustigado para que despierte al resto de vísceras y que éstas florezcan, asciendan hasta la garganta y enmarquen el fingimiento de una voz, esa voz arrebatada de nombres, fechas, símbolos verbales y demás datos inútiles, frustrada por el baratísimo pienso que debe consumir. Amanecer inapetente de la fórmula, la víscera y el ascenso, los datos de regalo, voces fingidas al despertar de los símbolos desde el arrebato, el estómago de la flor de ascenso que nombra los grises marchitos de hoy.

No generar mensaje alguno. No respirar. Primero, contenerse en la rosa de fuego entre pliegues calientes; en las mentiras, las leyes y la hiel. Después, contenerse en plegadas mentiras, en las leyes de la rosa, en el falso fuego del flambeado decorativo de la hiel. El rostro, sostenido con delicadeza entre las manos. El cuerpo, desplomado. Permeable a las densidades de la resistencia. A la concentración.

La inmensidad al final de la Historia. Lo que acecha en el ultimísimo instante. Despliega zarcillos espinosos que viajan atrás en el tiempo. Pinchan la línea. Hasta el momento primero, cuando todo lo que fue era un verbo que aún nadie sabe a qué refería. Cada punzada y cada corte es una modificación sustancial; una herida en la Historia provocada por el postrero desastre del futuro, a fin de que éste pueda acontecer. La luz desconectada del principio de autoconejillo de indias se vuelve pesada en esos agujeros a través de los cuales se desmigaja el pasado. Agua pesada en charcos de eventos; la petrificación y la radiación y las criaturas anaeróbicas que ahí habitan, todo ello se nutre de nuestra misma fuerza motriz. Ultimísimo corte de la Historia, pinchazo postrero en la sustancia de luz que lo que acecha hiere con modificaciones en viaje de espina, principio verbo de la punzada, el desastre inmenso despliega su peso por la línea primigenia.

Mañana. Como bloques rígidos de cuero al sol se cuartearán manadas de hombres y mujeres con nada por delante. Atrás, las cavidades talladas por bestias neurolingüísticas. La maldita opresión de botones. Y la velocidad inverosímil. No olvidaremos la velocidad inverosímil de las franjas en el diseño de la fosa común y en las franjas de diseño del argumento que llenará de cadáveres ese pozo. Las huellas en las caras internas de los muertos serán la única moneda de cambio. La ruina en que devendrá el presente sofisticará sus camuflajes para que sigamos creyéndolo inasible, incorruptible, una aberración matemática, el monstruo más esquivo… Monstruo bloque neurolingüístico de los cadáveres del presente por el que el olvido de las franjas talladas en la verosimilitud por bloques de velocidad oprimida en las matemáticas que morirá en los diseños comunes, olvidado diseño común de la muerte por camuflaje en el que el monstruo se cuarteará a la velocidad de los argumentos como huellas en la fosa, en el pozo del cadáver y en la cara de la bestia y en las sofisticadas monedas que, mañana, nos arruinarán…

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Ayer vio la luz, editado por el sello Antipersona,  Alcasseriana, una antología que no es sólo una antología sino un acto mágico, en parte intento de exorcismo, en parte análisis psicodélico y en parte ejercicio de la ficción en prácticamente todas sus formas posibles como llave y como arma.

Este libro es un descenso al abismo, un viaje al otro lado de la puerta que se abrió la noche del 13 de noviembre de 1992 en algún punto de una carretera comarcal. Alcàsser no es otro crimen más. Más allá de la conspiración y el delirio, Alcàsser es un trauma en la psique colectiva, una herida que permanece abierta. Nuestro agujero negro no está en Chernóbil, ni en Maine. No está en Amstetten ni Utøya. Está en Valencia. Siempre lo ha estado. Aquí se continuó y se empezó todo. Aquí está lo que devora. Lo indecible. Lo inabarcable. Lo que no se puede mirar ni habitar. Las casas vacías, los esqueletos de hormigón y las cruces en las vértebras. El miedo, el dolor y el conformismo. La pura patria.

Partiendo de la idea de que los crímenes de Alcàsser y lo muchísimo que les rodeó han favorecido y siguen favoreciendo las especulaciones más delirantes y gran cantidad de espectáculos en el mejor de los casos vergonzosos, y que quizá, pues, resultaría necesario aportar un acercamiento al tema desde una perspectiva voluntariamente apartada de todo esto, desde lo multiforme, polisémico e incluso esotérico, los culpables del artefacto hemos planteado una inmersión radicalmente subjetiva y libre en el caso y sus extensiones. Algunos creemos que aquellos asesinatos, de algún modo, funcionaron a modo de ritual, de sacrificio necesario para el advenimiento de un telón negro que cayó entonces sobre España y que aún nos cubre, un telón tejido con lo peor de la superchería, la ignorancia y la historia oscura de este país, con descontextualizaciones y cainismo y retorcidas transiciones virtuales de regímenes sociopolíticos, con sensacionalismo aberrante y teleirrealidad y especulación inmobiliaria. Otros, que el crimen fue una herida fruto de su tiempo y que precisamente por eso, por lo extraño de aquellos días, ésta sigue abierta y aún supura. La única regla que aquí se ha seguido a rajatabla ha sido la de respetar la figura, tanto esencial como construida, de las víctimas y su memoria. Lo demás, cualquier otra cosa, ha sido puesto sobre la mesa de disección, en los matraces de recombinación y bajo los juegos de lupas de aumento, para que cada cual formulase lo que creyese conveniente.

Mi aportación al volumen es un texto titulado Santos de la Piedra, en el que he planteado un acercamiento psicogeográfico a una hipotética Alcàsser futura que, a causa de una serie de fenómenos paranormales que tienen su raíz en los hecho del 13 de noviembre de 1992, ha sido cercada y puesta en cuarentena; allí, una investigadora, una mujer sin piel y, por tanto, sin siquiera mecanismos explícitos que la protejan de la asimilación absoluta de su entorno, sienta testimonio de cómo se desata la naturaleza esencial de la ciudad durante los días que duran las fiestas en honor a sus santos patrones, San Abdón y San Senén.

Allí fui la carente de piel, despojada de la piel que ya ha ardido, la desollada, sin barrera, y así lo otro estuvo en mí en igual medida que yo en lo otro.

(Alcàsser huele a polvo, a cobre, a fosfato cálcico, ceniza de hueso. Un poco a aceite, a rebozado y frito y servido en platos de plástico, y un mucho a rocío sobre las ramas tronchadas de los naranjos y los caquis. Pero esos olores permanecen incomunicados dentro de la alambrada que cerca el pueblo… Tendida al filo del barranco de Picassent, al este, cortando la Autovía del Mediterráneo, imposibilitando los accesos desde el sur por la CV-4153 hasta el límite oeste, ascendiendo por la Acequia Real para cerrarse, cerrar la hechura de la jaula, en la punta norte, pasados los polígonos… Porque absolutamente todo en Alcàsser debe ser, por decreto, aislado de sus vecinos y contenido en una cuarentena sensorial simbólica como una censura a la voz del cáncer, tras una tirita de brillos metálicos sobre la gangrena amable con la que los alcaceros, habituados a no ver ya el enrejado, afrontan su encierro. Por el bien común. Allí)

Alcasseriana es producto de un proceso largo y arduo, a ratos doloroso, a ratos peligroso, a ratos aterrador y a ratos, para qué negarlo, divertidísimo. Como todo lo importante, en definitiva. Personalmente, considero un privilegio el poder acompañar en este viaje a Tania Terror, Juan Camós, Yolanda Espiñeira, Gustavo A. Ruiz, Tony Fuentes, Álex Portero, José Puente, Francisco Javier Casado, Carlos G. de Marcos,  Layla Martínez, Gabriella Campbell y Máquina Líquida, y sólo me queda esperar que este monstruo que hemos armado eche a andar como queríamos y llegue donde debe.

De momento, puede adquirirse aquí: https://antipersona.org/2016/06/01/alcasseriana/

 

 

K

(una evocación)

 

Una ciudad alegre e intacta, llena de luz, de color y de libertad, ausencia de peligro, el cálido sol…

Los rostros irradian felicidad… La sensación de despreocupación produce euforia… El pasado queda olvidado y, con él, el largo, penoso y peligroso viaje y la pesadilla anterior… Mientras ocurría, nada había parecido real salvo esa pesadilla, como si el mundo perdido hubiera sido fruto de la imaginación o de un sueño… Ahora ese mundo, que reaparece, es la única realidad sólida…

Hay teatros, cines, restaurantes y hoteles, tiendas donde se venden toda clase de artículos libremente, sin cupones… El contraste es asombroso; el alivio, arrollador; la reacción, demasiado fantástica…

Se produce una especie de delirio, de alegría demente… La gente canta y baila por las calles, los desconocidos se abrazan… Toda la ciudad está engalanada como para una fiesta: hay flores por todas partes, farolillos de papel y bombillas de colores suspendidas en los árboles, los edificios aparecen iluminados, parques y jardines lucen elaborados adornos… La vibrante música de baile no cesa nunca…

Al anochecer se disfruta del espectáculo de los fuegos artificiales… Durante la noche estallan en el cielo encendidas estrellas y largos cohetes, que se reflejan en la oscura agua del puerto antes de hundirse en ella…

Los festejos se suceden: carnavales, batallas de flores, bailes, regatas, conciertos y procesiones… Nadie quiere que le recuerden lo que sucede en otras partes del mundo… Los rumores que llegan de fuera quedan suprimidos por orden del Cónsul, que ha asumido la responsabilidad de mantener la ley y el orden, “hasta el restablecimiento del statu quo”…

Según las nuevas normas, hablar de la catástrofe es delito… La norma es no querer saber…

Comprender la euforia ciega y no condenarla…

Y yo… Como una bola de menudencias indigeribles espero en las fauces del búho a ser expulsada hacia el vacío…

En un extremo, la seguridad, lo familiar, la anestesia de la rutina, de los días consagrados a tareas aprobadas; una vida protegida y vegetal, sin riesgos ni emociones, que bien mirado no es vida en absoluto… Mientras que el otro extremo se desvanece en lo peligroso y desconocido: nubes amenazadoras se acumulan ahí, fríamente….

Presa del pánico, intento conservar el equilibrio, sin moverme; pero si es inevitable resbalar, por lo menos que sea hacia el infierno conocido: una vida vegetal, sin excitación ni emociones, no quiero ningún cambio, el aburrimiento es lo más seguro, lo mejor… No puedo soportar ningún nuevo peligro…

Pero es que no hay contacto entre ELLOS, ninguna posible conexión… El ser extraño, cuán remoto parece…

Se me antoja irreal… Sólo una forma y un color y una rara cabeza redonda, una efigie moviéndose por el mundo….

El desapego es admirable, nunca te defrauda, es el único objetivo que vale la pena, pero es impracticable… Es demasiado bueno para personas como yo… Es demasiado ideal para cualquier ser humano que esté estropeado por todo este tipo de locas emociones en las que de tiempo en tiempo me enredo…

Eso es lo que veo en mi imagen… Siempre la desolación, siempre el esplendor, la soledad, la oposición, los árboles antiguos, las aves que no habitan ningún otro país, las montañas volcánicas, el barro que burbujea y ríe… Y siempre, en todas partes, extrañeza…

La frente lavada y luego marcada del ANIMAL SOCIAL… Esperad… Los simios y las sombras delimitan un círculo negro en la acera…

Espejo negro… Por el que el juguete que respira deberá pasar a la experiencia de desgarramiento y aniquilación del YO… Acompasa los mensajes de texto con los mensajes de audio y vida plásmida en la televisión y los múltiples dispositivos de simulación de irrealidad en red… El ANIMAL SOCIAL encara el estímulo como puede, aceptando el calloso cordón simbiótico, umbilical aunque tóxico, que emana del logotipo corporativo… Imagen de marca… MARCA PAÍS que se presenta como la proverbial mentira que a fuerza de ser repetida se vuelve verdad… Aunque aquí y hoy es sólo un constructo…

El caso del ANIMAL SOCIAL es llevar encastada en la frente ahora la MARCA PAÍS… Sale a la calle creyendo tomarla… Todo tan falso que a la puesta de sol se decreta que el simulacro va a ser la próxima realidad impuesta… El zeitgeist establecido a parches y parches y parches y parches y parches…

YO disiento, pero poco y en voz baja, plenamente consciente de que mi historia es sólo otra en una sociedad… Vendida… Necesitada de retomar las ideas y estéticas del pasado, sobre todo del vivido recientemente pero lo suficientemente lejos como para que haya dado Tiempo a idealizarlo…

Apocalipsis Sucedáneo sucediendo fuera del Tiempo… Sólo puede ser mantenido a raya mediante una sobreexposición a los residuos de un pasado idílico…

La humanidad mira hacia atrás en busca de un santuario, porque mirar en otra dirección es encontrarse lo desconocido traicionero…

YO ANIMAL SOCIAL presa en el contexto hauntológico… En la jaula de Faraday… Y la MARCA PAÍS como progreso desfasado, hortera: empeño por las fronteras cuando, cruzando el espejo negro, el mundo sensible es vapor… Antes agua… El ANIMAL SOCIAL sin embargo aferrado a la materia sólida… A que fuera del Tiempo no hay nada y tal que así se debe vivir… Conforme… Y la imagen pública es un palimpsesto que empieza a transparentar…

La pinza de nervios que supura… La pinza de nervios supura la máquina de nuestra historia rota… Se narra como engranajes goteando al filo de lo fácil que sería acabar siendo un creyente en la desconexión… Y nuestra actitud normal se basa en una ficción simbólica… Ningún mecanismo externo regula la experiencia fenoménica del YO salvo tú… MARCA PAÍS atrapada en las viejas guerras, diversos infiernos sirven de círculos concéntricos a la ansiedad… MARCA PAÍS existe por el carácter terrorífico del tema del doble y la emergencia del sujeto como apercepción trascendental pura: pero el ANIMAL SOCIAL… Desmarcado…escribe ahora:

Digan lo que digan, la Cultura es nuestra.

¿Por qué, pues, estoy encerrada en esta pesadilla de violencia, aislamiento y crueldad?… Dado que el universo sólo existe en mi mente, debo haber creado este lugar odioso, asqueroso como es… Vivo sola en mi mente y sola estoy siendo aplastada hasta la asfixia, emparedada por los muros que he creado… Lo único que sé es que debo escapar de estas alucinaciones y este festivo horror… No puedo soportar mi atroz prisión ni un momento más…

Solo he descubierto una manera de escapar y, sin que haga falta que lo diga, no la he olvidado…

Nunca más podré ser como era cuando el tiempo aún era…

Esa YO que yacía en la crecida hierba de junio y chupaba los dulces tallos del césped… Que vivía la vida de una amante, una pintora, una persona real, que no era burlada por las aves cantoras…

El ser heredado por mis ancestros, la persona en que debí convertirme, ha sido irremediablemente mutilada y despedazada, su frágil balance de pensamientos y sentimientos destruidos, maltratados…

Se sumerge de nuevo… El ser heredado… Y YO escucho el crujido de sus huesos… Todo un torrente de huesos sale a borbotones, chorrea como cataratas, como fuentes de sangre… En un segundo el balde está lleno y se derrama en el suelo… El doctor casualmente empuja un cojín para tapar la inundación y se aleja… Limpiándose las manos en su pañuelo.

 

 

FJP

(texto recitado durante el ritual de evocación de Anna Kavan el pasado 19 de marzo de 2016, durante la celebración del ArtParador en la librería Papers-Contenciós Postcavourià)

 

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Hoy desvelamos una sorpresa. Hoy sale al mundo una de las cosas más peculiares en las que he tenido el placer de enredarme. De la mano de la distribuidora de fanzines/organización religiosa ANTIPERSONA, aparece, brotado de un rincón excéntrico en el no-espacio mental combinado de Ellos y Yo, Polybius.

 

El videojuego Polybius, presentado en forma de arcade tradicional, fue lanzado al mercado en 1981 por una compañía desconocida llamada Sinneslöschen. Su distribución fue escasa, apenas unas pocas salas recreativas de los suburbios de Portland, Estados Unidos. La simplicidad del juego y la superioridad de los gráficos y el sonido lo convirtieron en un videojuego tremendamente adictivo. No obstante, sus efectos eran demoledores en el subconsciente del jugador: brotes epilépticos, mareos, pérdidas de memoria, náuseas, alucinaciones, terrores nocturnos. Se han documentado incluso intentos de suicidio propiciados por los mensajes subliminales del juego: murmullos ininteligibles que brotaban sin obedecer a ninguna lógica interactiva, gritos aterradores y quejidos de dolor. Después de que un niño de ocho años falleciese de un ataque epiléptico, las máquinas fueron retiradas de los salones recreativos y Polybius desapareció para siempre. El propio nombre de la compañía ya era una advertencia: en alemán Sinneslöchen significa “pérdida de los sentidos”.

 

Polybius (el libro) es un breve y muy poco ortodoxo ensayo no sólo sobre Polybius (el mito) sino sobre el potencial infeccioso, vía hiperstición, de la leyendas urbanas generadas desde un contexto tan particular y poderoso como los videojuegos, sobre el impacto que los nuevos lenguajes generados por éstos tienen en la narrativa consensual del hecho cultural y sobre cómo el Jugador puede llegar a integrar de forma protésica esos lenguajes y usarlos de filtro con los que retocar y aumentar su contemporáneo y su cotidianidad.

 

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En una reivindicación del videojuego como forma artística de pleno derecho y, por tanto, acto mágico capaz de operar cambios en la Realidad mediante la Voluntad y la Alucinación, Polybius (el libro) aprovecha el análisis de Polybius (el objeto hipersticioso) para articular un relato esotérico y excéntrico en el que teoría, ficción, autobiografía, poesía, psicodelia y psicotronía se confunden y tratan de provocar el mismo efecto de aniquilación de lo que damos por sentado, inyectar la misma maldición, que se supone se pretendía provocar e inyectar mediante Polybius (el arma original), ahora buscando no el control del Jugador y la sumisión de éste a los poderes fácticos sino la liberación de ese “edificio exosomático de lo humano” del que tantas veces hemos hablado ya aquí, la presentación de un plan de fuga de la cárcel de Lo Real Materialista.

 

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Apenas cien páginas de genuino ejercicio de MindFuck. Para vosotros.