A una semana de que Endo sea realidad material de pleno derecho, creo que lo único que me queda por apuntar antes de que empiece la ruta de presentaciones y demás es la lista de herramientas que tomé de la metafórica caja y a las que obligué a funcionar como a mí me dio la real gana en lugar de como se supone que deben hacerlo. En el anterior post conté qué quiero decir con ese zodiaco psicogeográfico. Este trata de arrojar luz sobre el cómo.

La primeras chispas que prendieron el fuego bajo lo que ya se estaba cociendo en frío en mi libreta de apuntes y en los rincones más sucios y húmedos de mi cabeza fueron tres obras que me dieron las tres citas que abren el libro:

El poema Destrucción de la mañana, de Josep María Fonollosa, que en su edición por parte de DVD Ediciones incluye además tres cartas del poeta que expanden la reflexión en el texto al respecto de la intrascendencia de la creación si no conlleva cierto riesgo para la personalidad…

En Destrucción de la mañana, Fonollosa establece una ecuación terrible: “He vivido” equivale a afirmar “He fracasado”, palabras válidas para resumir la condición humana en general y, específicamente, el esfuerzo de quienes pretenden salvarse del anonimato y la soledad construyendo una obra literaria o artística.

…proporcionándome así una figura imaginal perfecta en la que volcar mi relación personal, absolutamente subjetiva y moldeadora (a la vez que aniquiladora) de la personalidad, con Vilanova i la Geltrú.

El poema Nadie quiere estar con el cangrejo porque hace daño a todos con sus pinzas, de Maite Martí Vallejo, incluido en Todos vienen al funeral de Rick (RIL Editores), que es una exploración fantasmagórica, e impregnada de un feminismo exquisito, esta vez no de la interioridad de la relación personal con el territorio, sobre todo durante la infancia, adolescencia y primera madurez, sino de su exterioridad, de lo tejido con lo otro y con los otros, sus aislamientos, pequeños triunfos y fatales vergüenzas…

Lo sucedido a continuación no es propiedad de nadie; pero las personas que intervinieron en los hechos sí podrían ver vulnerada su intimidad.

…que me abrió un camino mental hacia la medida de la realidad a través del cuerpo pasado y de los cuerpos forzados a cambiar en favor del presente.

Y The Nude Brain, una entrevista a Kenji Siratori, autor con el que llevo años obsesionado y quien mejor define (por cómo lo hace, de un modo que es solo suyo) las ligaduras entre cuerpo, lenguaje (todos los lenguajes, incluidos el informático, el publicitario y el coercitivo, que también nos son connaturales) y el espacio que habitamos…

So my writing was born with the horizon of techno — I’m advocating nerve physics here — I process violence and sex as the reality of data — I take a view of my conceptual web with nerve experiences. The writing is linked to how I game this expanded hardweb for me — such a method that touches to my brain more cruelly.

…que fue la coartada táctica que necesitaba para encajar la reflexión sobre el cuerpo y los códigos que quería presentar en Endo.

Iniciado el incendio, solo quedaba ponerse a ello. Mientras escribo, uso muchísimas referencias a fin de que me aporten texturas, pero esto no es en absoluto un artificio, no busco piezas que encajen en el diseño sino que me obligo a permitir que las calidades de estas se mezclen con él. Y, por lo general, provienen de lo que me esté rodeando en el momento de trabajar en una nueva obra. En el caso de Endo tuvo mucho peso, especialmente en lo narrativo, en la composición de la forma, una cierta inmersión en los modos del manga y el anime, influencia que siempre ha estado ahí y que ahora se vuelve explícita. Me fascina la manera de narrar japonesa, radicalmente presente y tomada por la nihilidad, que siempre resulta contemporánea sin llegar a serlo nunca del todo, evitando fecharse de forma casi fanática incluso en sus encarnaciones más populares o aparentemente perecederas y de consumo inmediato. Es así como quiero manejarme en mi escritura, como llevo haciéndolo los últimos años, entre una densidad emanada de una nada metafísica, los equilibrios de fondo y forma que esta permite y su libertad inherente y superfértil.

A este respecto, las principales obras por las que gustoso me dejé contaminar fueron Mushishi, en la versión anime de Hiroshi Nagahama, Tenshi No Tamago, de Yoshitaka Amano y Mamoru Oshii, Anamorphosis, de Shintaro Kago, y Billy Bat, de Naoki Urasawa y Takashi Nagasaki.

Como es de sobra sabido, también los videojuegos y el cine son una inmensa influencia en la que hago. Endo bebe esencialmente de las aguas turbias de Lone Survivor: The Director’s Cut, de Superflat Games, The Evil Within, de Tango Gameworks, What Remains of Edith Fich, de Giant Sparrow, A Ghost Story, de David Lowery, The Duke of Burgundy, de Peter Strickland y November, de Rainer Sarnet.

Y por último, la banda sonora. El proceso de escritura de los distintos borradores de Endo tuvo de fondo constante, en bucle, la discografía de Gnaw Their Tongues. Es la primera vez que uso los distintos discos de un mismo artista para que impregne una de mis obras largas, pero es que hay algo en los trabajos de Maurice de Jong, el multi-instrumentista parapetado tras el seudónimo, que se adecuaba a la perfección a los tonos y al ritmo del zodiaco que estaba tejiendo y me bombardeaba de paisajes sonoros que sobreimprimir a la deformación psicodélica del paisaje concreto sobre el que estaba escribiendo.

Como he dicho, Endo echa a rodar en una semana, ya está aquí, casi, en nada, desde la nada y desde todo esto. Tratadlo bien.

Ayer se anunció la preventa de mi nuevo artefacto (AQUÍ) y quizá hoy sea un buen día para dar algunas pistas más, mostrar en cierto modo cuáles son sus mimbres.

En primer lugar, cómo denominar La Cosa. Soy plenamente consciente de que eso del “artefacto” para referirse a un texto está más que gastado y empieza a tener los dos pies ya en ese cajón de abajo de todo, el que casi roza el suelo y está a rebosar de las mierdas que uno no sabe dónde colocar y simplemente aparta de la vista de los demás, donde se guardan los tópicos. Pero en este caso, me parece conveniente. En ningún momento entre los primeros esquemas y los últimos pulidos tras las correcciones de la editorial justo antes de ir a imprenta, he pensando en Endo como en una novela, menos aún como un ensayo, un ejercicio de prosa poética o cualquier otra forma de encapsulado formal ortodoxo. Endo es un zodiaco. Es una pieza circular en la que doce (+1) personajes dejan de serlo y se convierten en arquetipos; sus transformaciones y las consecuencias de éstas sobre el territorio que habitan son los engranajes que hacen que el texto gire sobre sí mismo y arme ese círculo que, idealmente, no se cerrará jamás. Un artefacto, pues.

Luego está la cuestión del territorio. Endo, el artefacto, tiene propósito de conjuro arrojado sobre la ciudad en la que me crié y de la que me marché hace ya veinte años: Vilanova i la Geltrú. Entre mi infancia y el momento de mi huida fui testigo privilegiado de cómo una ciudad, tan cargada de historias diminutas e inmensas como cualquier otra, de leyendas, de cuentos absurdos y de rumores terroríficos, se rendía a sus planificadores urbanísticos y responsables políticos y a la presión constante y resuelta ejercida por ambas fuerzas vivas con la intención de hacer de ella nada más que una ciudad dormitorio, un proverbial remanso de paz burguesa donde los jubilados de la clase media fuesen a pasar sus últimos veranos, los trabajadores apenas parasen por allí tras la jornada lejos de casa y quizá el fin de semana, las familias criasen a niños que no viesen satisfecha más necesidad cultural que la diseñada por el ayuntamiento y que, en caso de aspirar a más, tuviesen que huir lo más pronto posible, y todo estuviese bien y en calma y en manos de comerciantes, tradicionalistas, especuladores inmobiliarios y demás elementos retrógrados. Endo es un intento radicalmente personal e íntimo (y ciertamente poco humilde, sí) por reencantar el sitio y devolver a Vilanova parte de los fantasmas que ha expulsado del lugar que les corresponde.

«Todo lugar tiende al cambio, por más que sus fuerzas vivas se opongan»

El otro eje psicogeográfico de Endo, que al tiempo (y si nos dejamos llevar por la necesidad de denominación genérica) encaja al texto en la etiqueta de obra de horror, es el pueblo abandonado de Jafra, muy cerca y a la vez lejísimos de la ciudad y uno de los lugares más peculiares de Catalunya, tan cargado de connotaciones históricas, ficcionales y esotéricas que es imposible no notar algo allí (si no, que se lo pregunten a los muchos aficionados al misterio y lo oculto que acuden en peregrinación al sitio y a los que el sitio toma el pelo cada vez), no intuir corrientes y fugas y, en lo que a Endo concierne, no interpretarlo como una suerte de desagüe fantasmagórico, de pila en la que pescar fácil aquello con lo que realizar el reencantamiento.

«Porque ninguna fuerza viva puede nada contra la fuerza ciega del cambio»

Endo empieza así…

Agente parcialmente purgacional, en parte purificada, está en pie tres minutos antes de la medianoche para que le dé tiempo de echar a correr, y no hay sueño, el sueño es ese desconocido inesperado, si únicamente el sueño fuese ese desconocido inesperado…

Virginia no tendría que abrazarse a la perpetua huida, la enfermedad que no va a remitir, que no merma por mucho que deje de pensar en ella, en la enfermedad, no en ella misma, en Virginia, que se ha entretenido demasiado y ahora se ve obligada a escapar por el terrado.

Sube y usa la llave de la comunidad y cruza con tres zancadas largas el patio que corona el edificio y salta la celosía que separa este del terrado en el bloque adyacente.

Y usa otra llave.

Robada, quizá.

Estira las piernas, fuertes, gatea, le sobreviene un escalofrío, quiere decir algo pero acalla la lengua laxa que a esta hora es el único idioma que puede y sabe salir de sus labios, no tiene por qué dar explicaciones, quizá un día las dé, pero no será hoy, ahora desciende escalones, de dos en dos, ágil. ¿Y si la atrapa?

Y acaba así…

Camila se sopesa y entrecierra, se despide, ha mirado ya aquello que dependía de ser mirado para dejar de ser desconocido, late lentísima, su nido negro desploma los techos bajos del barrio, achica corazonadas secundarias y queda solo la víscera de ella aquí, un anillo de obsidiana en el anular de cada uno y en cada uno se posa ella, y Camila, en el centro de una multitud imaginada y que sin embargo ya empieza a dispersarse, flota, coge una mano con la otra y gira ejecutando un círculo, uno muy concreto, el circulo que no cerrará por un milímetro y cuya representación explica el vacío.

A pesar de su voluntad de conjuro (o, para el caso, de mi voluntad de conjurar), Endo no pretende más que ser una experiencia (esto es, que mi voluntad ya no importa, porque el libro ya es más vuestro que mío). El endorcismo propuesto depende de vosotras y vosotros y vuestra experiencia en él.

«Sirvan estas líneas como advertencia: Endo vibra en clave de psicomancia convulsa y manipuladora. Nigromante disfrazado de samaritano, psicópata que analiza al psicólogo, imán de repulsión grotesca. Un trabajo de psicogeografía carnal y abstracta. Un ritual centrípeto y facetado, conjuro de gravitación inversa hacia el asfalto familiar. Cuando te sumerjas en estas páginas, no estarás leyendo EndoEndo te estará leyendo a ti. Fin de la advertencia.»

Sére Skuld, norna, intérprete, compositora, artista plástica y bruja del caos.

«Endo es un ritual,  un ensayo maestro sobre la sistémica de los lugares que se nos presentan como físicos, pero en realidad no lo son. Sobre cómo los patrones arquetípicos interdependientes se perfeccionan en un círculo vital para permanecer para siempre enfermamente sanos. Endo es un exorcismo a toda una comunidad, a un sistema, a una manera de entender el mundo, a la cosmovisión del lugar dónde permanecía atrapada la fuerza originaria del niño que un día fue el autor, con la misión de desatar a las puertas del año 2020 las energías ocultas bajo la línea que conecta Jafre con Adarró, la antimateria que nos llevará a la inflación, al universo primordial»

David Espínola, líder de Pares.

(imagen de cubierta de Matthew Revert)

Orciny Press lanza hoy la preventa de mi nuevo monstruo, Endo, un zodiaco psicogeográfico:

Todo lugar tiende al cambio, por más que sus fuerzas vivas se opongan. Y la pequeña ciudad costera de Vilanova i la Geltrú no es una excepción. La llegada de un desconocido inesperado, criatura mítica que solo existe por cuanto no existe, obliga a que doce de los habitantes del municipio y sus alrededores se transformen en arquetipos y que sus acciones operen a su vez modificaciones drásticas sobre la naturaleza esencial de la ciudad. Porque ninguna fuerza viva puede nada contra la fuerza ciega del cambio.

Endo es un zodiaco psicodélico que cuenta la historia alternativa y circular de Vilanova i la Geltrú a través de sus fantasmas y da voz a las leyendas y ansiedades del territorio para que estas lo recreen a su imagen y semejanza, lo reencanten y den a luz a un lugar distinto, nuevo, terrorífico y bello.

Ya está aquí, todo vuestro.

«Sirvan estas líneas como advertencia: Endo vibra en clave de psicomancia convulsa y manipuladora. Nigromante disfrazado de samaritano, psicópata que analiza al psicólogo, imán de repulsión grotesca. Un trabajo de psicogeografía carnal y abstracta. Un ritual centrípeto y facetado, conjuro de gravitación inversa hacia el asfalto familiar. Cuando te sumerjas en estas páginas, no estarás leyendo Endo… Endo te estará leyendo a ti. Fin de la advertencia.»

Sére Skuld

En las últimas semanas han coincidido dos intervenciones radiofónicas de un servidor a propósito de Homo Tenuis:

Algo flota en el aire cuando las coincidencias aceleran. Levanten la mirada del suelo y vean.

«Ojalá hubiese habido más oscuridad aquella madrugada. Esa sensación, el descenso, la anticipación del odio que guiase el tirón, el olor a gasolina, a nitroglicerina y algodón en los portales en los que la procesión había dejado su marca. Algo más allá, la fragancia del papel recién impregnado de cola, el ruido sordo e interno de las proclamas escritas y el tacto acuoso y áspero de los rezagados cuando se tendían la mano para levantarse unos a otros. Habíamos vencido a los lobos y cantábamos, nuestra señora del cadalso había ardido y las calles se empinaban de nuevo bajo nosotros, nuestros pies volvían a sentir el desnivel».

Los miembros del Inner Circle de Orciny Press reciben desde hoy mismo uno de mis nuevos relatos, «Agalma»: licantropía, resistencia, arte y el saberse obsoleto, hacer las paces con ello y pasar el testigo a la siguiente que vaya a correr en dirección al abismo.

Hace ya un año que traduzco de forma profesional, y en este tiempo la traducción se ha convertido en una parte grande de mi actividad. Además, he tenido la infinita fortuna de empezar desde arriba, sin renuncias, enredando con autores de un calibre sobresaliente y obras que casan a la perfección con mis propias coordenadas. Ha sido un año como un torbellino, en el que las alegrías y el orgullo por el trabajo bien hecho atropellaban a las angustias y las inseguridades, los cálculos de la fórmula correcta al respeto fanático por el material original y el ansia por aprender a las jornadas eternas frente a la pantalla y rodeado de diccionarios y material de referencia.

Recopilo aquí hoy el resultado de todo ello, lo que ya ha visto la luz y lo que está por verla en breve, para tenerlo junto, y aprovecho para agradecer públicamente la confianza que los editores de cada obra han depositado en mí desde el primer día, casi un tiro a ciegas. Espero haber estado a la altura y, sobre todo, seguir creciendo en esta dirección, subiendo por esta cuesta hacia vaya usted a saber dónde pero qué bonito aunque oscuro es el paisaje.

Tiempo a la sombra de aquello demasiado grande para ser visto, de Michael Kazepis, y Dibujos animados en el Bosque de las Suicidas, de Leza Cantoral

(incluidos en Monstruos bizarros, ed. Orciny Press)

«Se levantó a duras penas y golpeó la puerta con los puños, pero nadie acudió. Esperó un rato, se rindió, y pintó DESINTEGRACIÓN en la pared de ladrillo junto a la entrada. Miró hacia arriba, vio unas salpicaduras rojas en la ventana, la música se suavizó, algo más distante. El zumbido en su cabeza arreció. Las luces se apagaron en el apartamento de arriba; dirigió la mirada más allá de ellas. Las estrellas se estaban apagando también»

Rutilante cadáver especulativo [El horror de la filosofía, vol. 2], de Eugene Thacker (ed. Materia Oscura)

«Y así el ser humano descubre, al fin, que su existencia ha dependido siempre de su no-existencia, que muere en el momento que vive y que, quizá, no hacemos más que acarrear un cadáver que a su vez lleva de acá para allá esa taciturna materia gris que de vez en cuando se pregunta si acaso las igualmente taciturnas estrellas que ocupan cada firmamento a cada escala también ocupan este rutilante cadáver especulativo»

Cartografías de lo absoluto, de Alberto Toscano y Jeff Kinkle (ed. Materia Oscura)

«Contamos con incisivas descripciones marxistas de las causalidades económicas tras la crisis y con detalladas investigaciones etnográficas del exótico mundo de los fondos de inversión y las obligaciones de deuda garantizada. Y, sin embargo, andamos muy escasos de modos de examinar detenidamente “los problemas de la historia, los problemas de la biografía y los problemas de la estructura social en los que la biografía y la historia se cruzan”, citando a C. Wright Mills, de forma que nos permita localizar las palancas estratégicas de las que él mismo nos habló. Las finanzas siguen siendo insidiosamente ubicuas y refractarias a la totalización»

Próximamente…

Filosofía, porno y gatitos, de Stoya (ed. Orciny Press)

«La gente me ve con frecuencia como una representación bidimensional y retuerce mi escala de tiempo para que se adapte a la narrativa en sus cabezas. Proyectan sobre mí su vergüenza o su necesidad de inspiración. A veces, acompañadas una u otra de una desconcertante cantidad de odio o admiración brillando en sus ojos. Resulta deshumanizador, pero son gajes del oficio»

Tentáculos más largos que la noche [El horror de la filosofía, vol.3], de Eugene Thacker (ed. Materia Oscura)

«El imperativo fantasmagórico: todo lo irreal debe aparecer. El imperativo fantasma: actúa como si todo lo real fuese irreal»

Actúa como si todo lo real fuese irreal. En efecto.

Seguimos.

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El próximo 28 de enero sale a la venta, en formato físico y digital simultáneamente, la reedición-pero-no-pero-sí de mi ensayo Homo Tenuis.

¿Y qué es eso de una «reedición-pero-no-pero-sí»? Veamos… A mediados del pasado año, la editorial Gasmask dejó de funcionar como tal para pasar a convertirse en el sello dentro de Ediciones El Transbordador que albergaría la colección de no-ficción. Se perfilaron detalles, se retocaron contratos, se llegó a acuerdos y, en el proceso de traspaso de una editorial a la otra de los títulos vigentes, se dio la circunstancia de que la primera edición de Homo Tenuis se había agotado y que aún existía demanda de él, por lo que se imponía una segunda. El problema (esencialmente legal) radicaba en que El Transbordador no podía reeditar algo que no había editado originalmente y en que Gasmask, en fin, ya no existía como tal. Así, y dándose la circunstancia de que ambos editores tienen el libro en altísima estima, se optó por una nueva «primera edición». Que no es una reedición, pero sí lo es.

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Esa nueva edición consiste en el texto original, revisado y maquetado de nuevo para adaptarlo a su versión digital y darle un aspecto algo más fresco, e incluye, como extra a la versión anterior, Ocultismo noumenal: seis textos sobre psicodelia oscura, una recopilación de artículos alrededor de los mismos temas explorados en el ensayo principal, concretamente «La forma inhumana», «Sed Contra» y «Bienes dañados», tres piezas experimentales sobre nihilismo y psicodelia publicados anteriormente en este mismo blog, y «Siempre hay un faro», «Siempre hay una ciudad» y «Siempre hay un hombre», mis tres colaboraciones para Láudano Magazine en forma de análisis de la trilogía de videojuegos Bioshock en clave de transhumanismo, realismo especulativo y teoría de la hiperstición.

Ni que decir tiene que estoy orgullosísimo de que mi único ensayo hasta la fecha haya gustado como lo ha hecho (con muy buenas reseñas por parte de lectores bastante exigentes, menciones en otros ensayos y estudios, nominaciones a un par de premios y demás) y vaya a tener una segunda vida, engalanada además con dos detalles que, para mí (y probablemente solo para mí), significan muchísimo: que su publicación vaya a coincidir, en fecha y casa, con la de la esperadísima novela de Pilar Pedraza, «Pánikas», y que la ilustración de cubierta del nuevo-pero-viejo monstruo sea obra de Joel Pérez, mi hijo mayor.

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A por ello.